Por Denis Sampablo
Un espacio de moda y cultura que se va abriendo en identidad y conexión para distintas generaciones. En la esquina de San Martín y Córdoba, persiste el ruido que solo quien vive en Rosario conoce:- ese ritmo incesante que en muchas ocasiones se percibe como vacío. Sin embargo, ciertas personas encuentran un desvío, un corredor que es más que una simple vía de tránsito para acortar camino: el Pasaje La Nación.
Por el pasaje corre una red de diseñadores rosarinos unidos por el sueño de llevar el nombre de su ciudad con orgullo. Una red de calidez y reciprocidad que atraviesa sus vidrieras, una red que implica la ayuda en momentos de conflictos con talleres e incluso el apoyo indiscutible al momento de abandonar este espacio único de diseño. Y que al contrario de lo que piensan, no fue descubierta por ellos, se fue dando de una manera espontánea, sin intenciones, simplemente por la mera coincidencia que fue formando el año 2020, el año que resultó ser clave para la conformación de este espacio de diseño que resulto en la propuesta perfecta para combinar el arte y el diseño Rosarino.
Lo que define este espacio es la sensación de que el tiempo se ha roto, generando un ambiente decididamente atemporal. Su impacto no es superficial; la gente que encuentra este pasillo muchas veces lo utilizan para agilizar, pero algunas si se
detienen a observar.
“Me lo mostró un amigo y ya no puedo dejar de venir cuando estoy cerca”, cuenta German Delmonte, un residente de la ciudad de Totoras, Santa Fe.
“Me gusta tanto el diseño que se encuentra en este pasaje que tuve que mudarme a Funes para no comprar más. ANTI POP es la marca que más consumo, yo al igual que mis amigas”, dice con entusiasmo y los ojos llenos de brillo Natalia Santana -una mujer de unos 35 años nacida en Rosario. Los diseñadores han roto la frontera entre disciplinas, incorporando el lenguaje digital y el diseño gráfico a la indumentaria.
El Pasaje San Martín se posiciona actualmente como un referente de moda híbrida en la ciudad, donde distintos locales integran influencias artísticas, musicales y culturales en sus propuestas. Cada tienda construye su propia identidad propia,
invitando a recorrer un espacio donde la indumentaria expresa la voz dinámica de la ciudad. Esta hibridez se materializa en colecciones que combinan profesiones como la arquitectura, la música electrónica, el tatuaje y el arte contemporáneo, con la
participación de creadores como Julio Mena, La Cast y Anie Gabilote. A ello se suman influencias de la cultura japonesa y de la identidad local, una mezcla poco frecuente en el ámbito de la indumentaria, que convierte al pasaje en un verdadero refugio creativo. Una característica que merece ser señalada, merece más atención, reconocimiento, ser apuntados y darle voz a todos los deseos impuestos dentro de este pasaje.
Dos chicos salen del local de Lucas Aldana, dueño de Socialisbueno -una de las primeras marcas en posicionarse en esta galería- uno con una bolsa y un packaging igual de pintoresco que sus paredes, repletas de cuadros que plasman en ellos este
registro de lo cotidiano, lo simple y lo artístico. El amigo junto al chico se lo veía más contento que el propio comprador, siguieron caminando y saludaron al diseñador de “Lacreme”, Franco Perez.
“Hermano, ¿cómo va? ¿todo bien?”, se escucha, como si se convirtiera en el elemento esencial de todo paseo rosarino. A la vez esta particularidad se refleja dentro de las tiendas, su esencia, sus nombres, que a la vista parecen que carecen de una carga significativa, pero su origen resulta particular. Es “Bicha” en este caso, la marca de Celeste Sanchez una comunicadora social que
utiliza técnicas como el storytelling en sus colecciones.
Celeste encontró en la ropa de su abuela el punto clave de inspiración para un proyecto profundamente arraigado en lo afectivo: “BICHA” el apodo y la identidad de su abuela. Celeste comenta: “Nunca fue conocida por otro nombre” Lo que comenzó como un gesto de cariño se transformó en una marca con identidad propia. En 2020, decidió crear sus primeras prendas de diseño . “Una prenda puede generar alegría, puede cambiarte el día. Me hizo clic que la ropa no es solo material, también puede
hacerte sentir más vos”, cuenta.
Esta familiaridad de Bicha se extiende, por una parte integrando a su hermano, Facundo Sanchez, e incluso también hacia una colaboración donde parte del porcentaje de todas esas prendas fueron donados a una organización de Buenos Aires llamada Archivo de la Memoria Trans ,una organización que vela para sostener y reivindicar la memoria transgénero.
No hace falta recorrer tantos metros para que tu retina, ya descansada, se vuelva a iluminar y llenar de colores, porque a pocos metros del local de Cele se encuentran las chicas de VULVAR, Yasmin Sanz y Luisina Addad – dos amigas unidas por el
amor al arte y licenciadas en la carrera bellas artes, ellas logran enmarcar su identidad en un color identificatorio: el rosa.Su local teñido de estampas coloreadas con este mismo tono y sus complementarios le permiten destacar en esta galería, estampas que fusionan lo argentino – como su cápsula “mayo” haciendo referencia al sol de mayo argentino- y le permiten plasmar sus colaboraciones e ideas en ellas.
Si el pasaje rompe el tiempo, los diseñadores rompen las categorías, entendiendo que la moda es tanto tela como concepto, tanto técnica ancestral como código digital. El fast fashion una problemática que las marcas de diseño rosarino combaten
activamente también es plasmado en esta galería. Franco de “Lacreme” incluso lanzó una colección llamada Fashion Funeral; en 2024 para denunciar cómo el fast fashion estaba “matando un poco el mundo de la moda”. Sin embargo, la apuesta
por el consumo local trasciende la mera crítica al fenómeno global. La producción rosarina es reconocida como una fuente de trabajo local, donde el resultado es visible de manera inmediata: al dar trabajo a pequeños talleres y ver cómo los
vecinos, amigos, y gente con la que trabajan mejoran sus talleres y su espacio de trabajo.
Las prendas encontradas en Pasaje la Nación tienen un precio elevado a comparación de locales vecinos como lo son “Pola Nola” u “Othilia”; marcas que manejan precios surrealistas – desde 4mil pesos una remera- donde la ropa se vuele
descartable luego de unos tres usos. La diferencia que enmarcan unos 35 mil pesos entre una prenda de calidad local y estas marcas de “fast fashion”, no es solo tela, es atención, durabilidad, y levantar las banderas de la ciudad de una forma implícita,
tal y como lo cita Agostina Castellani, dueña y diseñadora de ANTI POP.
Los alquileres dentro del pasaje comienzan desde los 200mil pesos, y a pesar de la realidad del país los diseñadores deciden invertir puntualmente en esta galería.Haciendo lo posible para no dejar este tan particular lugar que nos propone
la ciudad.
En este nicho de diseño, la valoración no se mide solo en términos de precio, sino en el concepto y la identidad. Los diseñadores entienden que están ofreciendo “otra cosa”. Lucas Aldana de Socialisbueno lo resume en una postura clara: “Nosotros
vendemos efecto, otro precio, pero también es otro concepto”.
Y si bien este esfuerzo es entendido por la comunidad – ya que en Rosario existe mucha conciencia del diseño local- no encuadra a toda la ciudad, sigue habiendo gente que prefiere consumir fast fashion por una cuestión netamente de costos, pero que a pesar de valorar el diseño en la ciudad no lo consume.
“En Rosario hay diseño, pero también hay convicción. Hay que militar este tipo de proyectos, sostenerlos, acompañarnos. No es fácil, pero vale la pena”, asegura Celeste.