Por Florencia Brahim*
La mañana empezó con la típica carrera contra el reloj, una se confía que llega… y llega, pero tarde. Fue de sol brillante, de esos que te obligan a achinar los ojos en la caminata hacia la Siberia. Llegué y ocupé un lugar, y ya desde la primera frase Marce nos aterrizó en lo importante “la entrevista es la más pública de las conversaciones privadas”.
Fue donde arrancó todo: Una entrevista no es solo preguntar, es también mirar. Mirar los detalles, el entorno, los gestos. Porque entrevistar por Whatsapp puede servir para un dato rápido, pero nunca va a dar lo mismo que estar frente al otro, ver la escena, escuchar los silencios.
El otro gran eje: escuchar. No basta con llegar con preguntar armadas y dispararlas como metralleta. Escuchar evita repetir, abre puertas a nuevas preguntas y permite detectar detalles que no pensábamos importantes. Halperin lo dice muy claro:”la entrevista es como aplicar un suave somnífero”, lograr que la persona hable sin inhibirse ni olvidarse que está siendo escuchada por muchos.
La entrevista entonces, es trabajo antes, durante y después.
Cuando hablamos de antes, nos referimos a investigar a fondo. Elegir bien a quién entrevistar, preparar preguntas abiertas, contactar con respeto, tener una “sólida retaguardia”. Durante, no requiere leer el cuestionario de preguntas como un robot, sino conversar, manejar silencios, no opinar ni juzgar, estar atento al tiempo y a los desvíos; cuidar el espacio (público, seguro, sin ruido). Se graba, sí, pero toma nota y siempre con previo aviso. Después nos toca desgrabar, según Marce es el trabajo más tedioso pero que es muy importante y nos enseña. También debemos de subrayar, etiquetar y ordenar la información. La entrevista se edita: no es foto literal de lo dicho, sino un texto pensado exclusivamente para nuestro público lector, “el ángel guardián de la entrevista” citando nuevamente a Halperin.
Para este momento de la clase, se vuelve a recalcar que lo que vamos a entregar en nuestro trabajo final no es “una entrevista” a secas, sino una crónica, nutrida de muchas voces. La entrevista es contenido, pero por sobre todo es una herramienta: para recoger testimonios, para hacer hablar a quienes nunca son escuchados. Y también para hacerlo con respeto: dejar la puerta abierta, volver si hace falta, devolver el trabajo a quienes confiaron en nosotros. En el trabajo final vamos a tener que combinar crónica, entrevista y argumentación.
El sol seguía ahí, pegando fuerte en las ventanas del aula. Y mientras salíamos, quedó flotando esa idea, la entrevista es “arte del vínculo” porque en el fondo lo que hacemos es abrir un espacio para que otros hablen y que nosotros tengamos la tarea (y la responsabilidad) de transformar esas voces en algo que valga la pena leer.