Regalo textual Nº 14

Esta semana, fue Luca quien nos trajo un regalo textual: un fragmento del libro Trinidad, publicado en 1976, de  Leon Uris.

 

Daddo procedió a ponerse cómodo, sacando un gran jarro de whisky de no sé dónde y
bebiendo unos generosos sorbos. Luego, movió la cabeza, examinando a Tomas Larkin, y
ofreció el jarro a Conor. El muchacho por poco se asfixia con un ataque de tos al esforzarse
por retener en el estómago aquel veneno, aunque sintiéndose halagado al ver que le
trataban como a un hombre.
—¿No te habló nunca de la gran hambre?
—No, en realidad no.


Como la mayoría de chiquillos, había oído hablar del hambre a jirones. Dichos del hambre,
comidas del hambre, miedos del hambre… Todo suelto, deshilachado en hebras
misteriosas. Cuando se entraba en detalles, Tomas Larkin, invariablemente, cerraba los
labios.
—Vivimos —decía Daddo— con cierto número de habitaciones en nuestro interior. La mejor
habitación está abierta a la familia y a los amigos, y en ella mostramos nuestro semblante
más bonito. Otra habitación, el dormitorio, es más personal, y en ella admitimos a muy
pocas personas. Hay otra habitación en la que no dejamos entrar a nadie… ni siquiera a
nuestras esposas e hijos, porque es la habitación de los pensamientos más íntimos, que
nunca compartimos con nadie. Queda todavía otra habitación tan escondida que ni nosotros
mismos entramos jamás en ella. En esta última encerramos todos los misterios que no
podemos solucionar y los pesares que deseamos olvidar. Cuando Kilty murió, abrió esta
última habitación interior de Tomas Larkin, y toda la amargura encerrada allí ha salido fuera.