Trabajo final de Macarena Jazmín Demartini

PRESENTACIÓN DEL TEMA:

El suceso que he elegido para este trabajo es el quizás no tan conocido “Supe en Escena”. El mismo es una representación teatral que realizan los alumnos de la Escuela Superior de Comercio “Libertador General San Martín”. Los mismos participan del taller de teatro que el mismo colegio ofrece, a cargo de la dirección del profesor de Teatro Alejandro Pérez Leiva.

Me sentí motivada a elegir este tema puesto que he participado cinco años de mi secundaria en este taller y le he tomado un gran cariño. Mi intención era obtener toda la información que me fuera posible sobre el hecho, así como sobre la historia de la muestra, debido a que siempre he sentido un gran interés por lo que fueron los inicios del “Supe en Escena”.

Fuentes de información utilizadas:

Las fuentes de información que utilicé para realizar este trabajo se resumen en una sola entrevista que tuve con el director de la muestra, el profesor de Teatro Alejandro Pérez Leiva. Podría también mencionar que el hecho de haber participado tanto tiempo en la muestra me ha dado ciertos conocimientos sobre la misma. Ya sea directa o indirectamente estos me han sido útiles para la realización de este trabajo.

 Medio de publicación y audiencia:

El medio de publicación será la revista “Costados” de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. En este medio participan estudiantes de dicha casa y aquellas personas que estén interesadas. La audiencia está compuesta principalmente por estudiantes universitarios y, si bien la venta se centra en la facultad de la cual proviene, también se pueden encontrar algunos ejemplares revoloteando por otras facultades.

 

CRÓNICA:

MUESTRA ANUAL DE TEATRO: “EL SUPE EN ESCENA”

“El Supe en Escena” se llevó a cabo el 28 de Octubre en la sala Mateo Booz. El escenario se llenó de actores adolescentes a cargo de la dirección del profesor de Teatro Alejandro Pérez Leiva. Todas las butacas de la sala fueron ocupadas.

El cielo estaba nublado y la ciudad comenzaba a ser invadida por las gotas de la incipiente lluvia. Algunos corrían para evitar mojarse y otros caminaban a su propio ritmo puesto que ya se habían resignado. Después de todo, un poco de agua no hace daño, ¿no? En la cuadra de San Lorenzo entre Alvear y Boulevard Oroño todas las pisadas se dirigían al mismo lugar. La Sala Mateo Booz había abierto sus puertas. Dos horas antes, los participantes de una de las muestras de teatro de la ciudad de Rosario que logra llenar las 600 butacas del teatro desde 1994, habían ingresado para arreglarse, maquillarse, cambiarse, relajarse y solucionar todos aquellos pequeños imperfectos propios de cualquier puesta en escena.

El 28 de octubre del 2012, el público ingresaba al teatro y así comenzaba a formarse una larga cola compuesta por los rostros más variados. Abuelas y abuelos, hermanos, primos, amigos, estudiantes secundarios y ex-participantes del taller, padres y docentes estaban reunidos en la sala de entrada del teatro por una misma razón: la muestra del taller de teatro de la Escuela Superior de Comercio “Libertador General San Martín”, denominada “El Supe en Escena”, iba a comenzar en apenas unos minutos.

Todos deseaban ver aquellas obras que los 49 actores, bajo la dirección del profesor de Teatro Alejandro Pérez Leiva, habían creado durante todo el año. Los sábados a la mañana, los grupos divididos por año se reunían en el colegio a ensayar una hora por elenco. Los martes a la noche era el turno del grupo de los más grandes. Estos últimos, al saber que se trataba no sólo de su última obra en “El Supe en Escena” sino también de su último año en la secundaria, presentaron las ideas más locas y descabelladas en escena. Los siete estudiantes estaban dispuestos a dejarlo todo arriba del escenario y disfrutar de su último día sobre las tablas de la Mateo Booz con la bandera de “El Supe en Escena” en el corazón.

Las rejas que separaban a los espectadores de las butacas comenzaron a abrirse y, sin ningún apuro y tratando de mantener la calma, todos empezaron a subir. Algunos optaron por la platea alta y otros por la platea baja, en el camino hubo encuentros y saludos. Había demasiada gente como para poder distinguir a todos y las caras conocidas parecían salir hasta de las propias paredes del teatro.

La sala comenzó a cobrar vida y los asientos fueron ocupados. Sobre el escenario se podían observar una mesa y tres sillas por un lado y, en el otro costado, dos solitarios asientos. Esa era la escenografía que abría la muestra y con la cual los más pequeños, quienes por primera vez pisaban las tablas, debían trabajar.

 Apenas el público se acomodó, la música hizo acto de presencia y todos los murmullos fueron silenciados. La muestra había comenzado.

Los niños encantaron al público, se llevaron los más fuertes aplausos y generaron las risas más tiernas entre los espectadores. Su obra, resumida bajo el título “Grassa”, mostraba diferentes situaciones de enamoramiento, desde las más comunes y frecuentes hasta aquellas más extrañas y divertidas. Los más pequeños le robaron el corazón a los espectadores como sólo ellos podían hacerlo. Saludaron y disfrutaron su momento, lo habían hecho y no podían hacer nada más que sentirse orgullosos.

Las luces se apagaron y llegó el primer cambio de escenografía. Los que acababan de actuar debían correr y acomodar los distintos elementos que el próximo grupo iba a usar. Una vez que todo estuvo en su lugar bajaron del escenario y se quedaron a un costado. Era el turno de 2º año. Sus participantes desarrollaron pequeñas escenas con diversos personajes que los únicos tres actores que conformaban el elenco interpretaron. En todas predominaba la falta de atención entre los personajes, no se escuchaban y si lo hacían, se ignoraban. Así defendieron su título: “¡¡¡Dame Bola!!!”. Reverencia, aplausos, correr y bajar del escenario.

La tercera obra, un poco más atrevida, se desarrollaba tanto en el escenario como en los pasillos de la sala. El título era “¿Los perdimos o se perdieron?”. Estas escenas no hacían más que, a través del humor -como todas las obras-, defender una postura y dejar algo en qué pensar. La primera escena, quizás una de las más aclamadas y aplaudidas, consistía en una representación simbólica de la libreta académica de un estudiante. En la misma se observaban sus logros, sus fallos y las locuras propias de un adolescente reflejadas en las amonestaciones. A lo largo de toda la obra se hablaba de la vida del joven en relación a sus preocupaciones, a sus presiones, a todo el peso que la gente deposita sobre ellos y a aquellos padres que le dicen que no deben hacer lo que ellos hicieron cuando adolescentes sino lo que ellos dicen. El final fue más que emotivo cuando los 11 actores presentaron diversos carteles que rezaban orgullo, responsabilidades, miedos, entre otros, para dejar sólo en escena felicidad, juventud y futuro. Un mensaje claro y directo que despertó en cada uno de los espectadores diferentes emociones.

La cuarta obra presentó distintas sesiones de terapia en las cuales las cosas evidentemente no funcionaban bien. Todos fueron enviados a una sesión grupal en la cual buscaron la paz interna que la mayoría no pudo encontrar. Así, “Lo que Freud no vio” le robó gran cantidad de carcajadas al público. Apagón y la última obra hizo acto de presencia.

Los jóvenes de quinto se jugaron a lo largo de toda la obra. Hicieron subir al escenario a algunos espectadores y reclamaron la participación del público a cada instante. Una gran parodia llevada al extremo de lo absurdo de todos aquellos programas que se observan hoy en día en la televisión.

Al final, todos los actores subieron al escenario y rápidamente su director los siguió. Había comenzado el clásico discurso final que daba lugar al cierre de la muestra. Alejandro Pérez Leiva agradeció a la sala, a las autoridades del colegio y a la cooperadora del mismo que aportó el dinero que faltaba -$3000- para alquilar el teatro. Fueron los participantes del taller quienes, gracias a la venta de una rifa que tenía como premio una orden de compra de $200 en Royal, lograron recaudar $3000 para poder concretar el alquiler de la sala.

Los últimos en hablar, los estudiantes de quinto año, agradecieron al profesor y señalaron que el taller se ha convertido en un ambiente en el cual uno puede expresarse y también dejar -en cada muestra- algo que no es lo mismo para cada uno de los espectadores.

El cierre consistió en los actores de “El Supe en Escena” tomados de la mano junto con el director, los de quinto en el medio -a modo de despedida-, saltando y gritando -como debe ser en el teatro-: ¡Mierda, mierda, mierda!

 

TEXTO ARGUMENTATIVO:

LOS JÓVENES SE EXPRESAN

Los talleres artísticos en los colegios secundarios cumplen un papel fundamental en la vida de los estudiantes. Aprender a expresarse es tan importante como adquirir el conocimiento que la escuela quiere brindar. Sin presiones ni restricciones los jóvenes se hacen escuchar.

Con el paso de los años los colegios secundarios se han convertido en el segundo hogar de todos los adolescentes que asisten a los mismos. No sólo son centros en los cuales se comparten y se crean conocimientos junto con el joven estudiante sino que también son los lugares donde las primeras amistades son formadas y los primeros amores encontrados. Lo académico se encuentra dentro de estas instituciones así como lo artístico y expresivo tienen un espacio en ellas. Hoy en día, los talleres forman parte de casi todos los colegios. Ya sea a través de la pintura, del teatro, de la música, del baile o de cualquier otro arte, los estudiantes se permiten liberarse y despojarse de las responsabilidades y limitaciones para decir, a grito pelado si es necesario, lo que quieren decir.

Durante los años del secundario, los estudiantes pueden sentirse muy agobiados por las presiones sufridas tanto dentro como fuera del colegio. Algunos de ellos suelen recurrir a estos talleres con el objeto de distenderse y de expresar lo que sienten. Un claro ejemplo es el taller de teatro perteneciente a la escuela Superior de Comercio “Libertador General San Martín”. El mismo se divide en grupos de acuerdo a los años y se centra en la construcción de obras en función de la necesidad expresiva de cada uno de ellos. Es así como se genera un equipo de trabajo en el cual todos cooperan unos con otros mientras que el profesor no es más que un guía en el camino del aprendizaje artístico. Su función tan solo se enfoca en orientar y, en muchas situaciones, contener a los adolescentes que acuden al taller.

La intención de este espacio se centra en la creación de obras de teatro a través de la propuesta de un tema y, posteriormente, la improvisación del mismo. Los estudiantes pasan 7 meses, aproximadamente, preparando su puesta en escena, coordinándose entre ellos y esforzándose por llevar a cabo su cometido. Además, algo que no está de más destacar, es que los alumnos se comprometen con el taller y, no sólo se juntan a practicar durante horas por fuera del horario del taller o pasan ratos buscando la música perfecta para la escena adecuada, sino que también son ellos quienes se encargan del alquiler del teatro. Cada año, reúnen un gran monto de dinero, obtenido a través de la venta de una rifa, para alquilar la Sala Mateo Booz, en la cual se presentan anualmente en el mes de octubre y la cual siempre está contenta de recibirlos. Esto favorece su capacidad para trabajar en grupo y, además, les da una buena noción de lo que es la responsabilidad, algo que los acompañará durante el resto de sus vidas.

La muestra del taller de teatro, “El Supe en Escena”, ha pasado a formar parte de Rosario. No perdura únicamente en los buenos recuerdos que los estudiantes se llevan de su transcurso en el Superior de Comercio sino también en la mente de aquellos espectadores que alguna vez acudieron a las muestras. Más allá del esfuerzo humano que se encuentra detrás de cada una de las obras siempre hay un mensaje que se envía, a veces más directo y otras veces no tanto, con la intención de generar algo en el público. Lo cierto es que los jóvenes tienen mucho para decir y así lo hacen en estos talleres. No es un dato menor que lo hagan a través de la comedia puesto que no cabe duda que es desde la perspectiva del humor desde la cual es más fácil tratar las problemáticas sociales y conflictos humanos actuales.

Indudablemente estos espacios artísticos en los colegios secundarios son necesarios dentro de lo que hoy es Rosario. Su importancia va más allá de lo que es enseñar un arte sino que tiene mucho que ver con enseñarle al joven, quien se encuentra limitado por todo su entorno, que expresarse libremente es posible y que así deben hacerlo. Estos talleres se han convertido en el espacio que les pertenece a los jóvenes y en el cual siempre serán bien recibidos.