PRESENTACIÓN DEL TEMA Y MEDIO DE PUBLICACIÓN:
A continuación se presenta un texto narrativo (una crónica) y un trabajo argumentativo respecto a uno de los referentes del rock argentino, la banda Divididos, conformada actualmente por Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella.
Luego de presenciar uno de los conciertos realizados por dicho grupo (hecho relatado en la crónica) y de indagar un poco sobre la historia de la banda y su música, pareció ser un tema adecuado al tipo de trabajo que se proponía en el taller de Redacción 1.
Los integrantes de Divididos (Ricardo Mollo y Diego Arnedo) pertenecían a Sumo, una de las bandas de rock con mayor repercusión en argentina y en muchos otros países. Luego de la muerte de su líder, Luca Prodan, Sumo se dividió. La banda en cuestión fue fruto de esto.
Su estilo musical, sus letras y la línea que mantienen los “herederos de Sumo” desde sus comienzos inspiraron un texto argumentativo que trata a la comercialización –considerada en sentido más restringido- como un fenómeno actual que perjudica a muchas bandas de música y principalmente en el género del rock.
El siguiente artículo se planificó para ser publicado en TodoRock, una revista semanal de música de Rosario destinada a una audiencia cuya localización geográfica es la ciudad de Rosario y alrededores. El medio informa sobre los conciertos y novedades del mundo de la música. Además incluye notas, textos de opinión, entrevistas y más contenidos que refieren principalmente al rock.
CRÓNICA:
“LA APLANADORA” DE NUEVO EN EL ANFITEATRO
Divididos en Rosario
Dos horas y media del mejor rock en el Anfiteatro Municipal. Divididos y un show vibrante que recorrió toda la discografía. Presentaron lo nuevo y recordaron tiempos en los que “Sumo” hacía rock.
La noche del 3 de noviembre en el Anfiteatro del parque Urquiza resultó ser perfecta otra vez. El clima, la concurrencia y las ansias de escuchar a uno de los grupos de rock con mayor historia en la Argentina se potenciaron para generar un clima cálido, afectivo y efervescente. Divididos agotó entradas; los rosarinos no dudaron en presenciar, una vez más, la actuación en vivo de Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella.
Los ex integrantes de Sumo y su joven y talentoso baterista, no se hicieron esperar. No había pasado un minuto de las diez de la noche cuando Mollo y Arnedo se colgaban sus instrumentos, luego de un sentido abrazo que pareció penetrar en el público con un sentimiento de reencuentro, al mismo tiempo que Ciavarella ocupaba su lugar en la batería. Chicos, jóvenes y adultos parados en las tribunas, expectantes prepararon sus oídos, sabían con lo que se iban a encontrar, Divididos promete gran calidad de shows y un mejor sonido.
Comenzaron con Capo capón y luego el álbum Narigón de siglo proporcionó la primera trilogía de temas de la noche. Primero Tanto anteojo, seguido de Elefantes en Europa y Casi estatua fue el último tema antes de que Mollo dijera entre risas y con un tono irónico: “Es nuestra tocata número 10 en este anfiteatro”. Todos los espectadores saltaban, algunos gritando, otros simplemente moviendo las cabezas al compás de la música con una sonrisa de disfrute, parecían admirar la música. “No empezamos todavía” fue el pie para el inicio de Mantecoso de Amapola del ’66. El primer sólo de bajo de Arnedo trajo de la mano a Sábado, luego de una amplia versión de Perro fuck.
El sonido demoledor de la banda arrasó desde el comienzo, pero ahora era el momento de un pequeño descanso, de sentarse y tomar un respiro para recibir al único invitado de la noche, el guitarrista Diego Floretín, quien los acompañó en Sisters, del álbum Acariciando lo áspero. El público se veía relajado, varios cerraron los ojos y se dejaron llevar por el ritmo. Siguieron con Regest, que estuvo “dedicada a un tano que se nos fue, pero nunca se fue”, refiriéndose a Luca Prodan y reviviendo siempre parte de la historia que los caracteriza. Par mil llegó después para terminar de empañar los ojos de varios de los presentes.
Poco a poco fueron retomando el ritmo acompañados por su audiencia que, luego del momento de relax, ya estaban listos para seguir. Volvieron al ’88 con Che, qué esperás y siguieron con El Arriero y Amapola del ‘66. Sucio y desprolijo renovó las energías por completo, un tema que acompaña el repertorio de la banda desde que grabaron el homenaje a Pappo.
Living de Trincheras fue la única novedad de la noche, y es parte del soundtrack de la película “Infancia Clandestina” de Benjamín Ávila, la cual es protagonizada por la esposa de Ricardo Mollo, Natalia Oreiro. Un tema nuevo y “refrescante”, según las propias palabras del cantante. Luego volvió al ’96 con El 38 para cerrar la segunda fase de la presentación.
El infaltable Paraguay vino acompañado por Ala delta y Azulejo, canciones que el público espera en todos sus recitales y que canta con mayor fuerza en cada ocasión, como en este caso. La era de la boludez también estuvo presente con Paisano de Hurlingham y Rasputín. Ya concluyendo, fue Next week, otro clásico de Sumo, el que dio fin al vibrante concierto.
La aplanadora del rock no sólo tuvo una actuación espléndida en lo que respecta a la performance, al repertorio de canciones y al sonido aplastante que tanto resalta en el rock argentino, sino que además compartió una noche inmejorable con su público, el buen humor, la predisposición y el afecto que Mollo transmitió durante las dos horas y media que duró el show, generaron un clima especial. No sólo estaban presentes los fanáticos que cantaban cada canción con una memoria y una energía imparable, sino que también los conciertos de los “herederos de Sumo” convocan a personas que no buscan más disfrutar de su música, que conocen su trayectoria y la calidad de espectáculos que brindan a su audiencia. Así Divididos plasmó, el sábado, la vigencia de un rock que viene desde hace décadas y que, con un sonido que hace vibrar a los espectadores, trae con él tanta fuerza como en aquellos viejos primeros años.
TEXTO ARGUMENTATIVO:
EL ROCK: SU RELACIÓN CON LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
El rock nació como un tipo de música que representaba los valores e intereses de una juventud que quería ocupar su lugar. Era una herramienta mediante la cual los jóvenes se identificaban, se imponían, y reflejaban sus estados de ánimo, sus sentimientos y su forma de ver al mundo.
Actualmente aquella esencia que lo caracterizaba se encuentra tergiversada en consecuencia de lo que llamaremos “la industria de la música”. Ésta concibe una nueva versión de aquello que nació como un arte, como una forma de expresión de la juventud, transformándola en un producto efímero que hay que vender hasta agotarlo por completo.
A partir de aquí, ¿podríamos decir que la comercialización es un fenómeno que deglute la esencia original del rock y lo convierte en un producto de mercado? Consideraremos el significado de comercialización como un fenómeno económico mediante el cual se crean y se introducen productos, en este caso musicales, al mercado con un fin puramente lucrativo que excede todo compromiso social y/o político.
La comercialización es un fenómeno que nace de la influencia de los sellos discográficos que buscan que las bandas produzcan lo que el público quiere escuchar, melodías atractivas que convoquen a la audiencia, y letras que no necesariamente contengan un significado social, sino que más bien sean fáciles de memorizar, que la gente recuerde y que tenga ganas de escuchar. Esto no sólo asegura las ventas sino que, al moldear el estilo de música en función de lo que la gente prefiere, atrae a una esfera más global de público.
El hecho de que aumenten las ventas y, por tanto, la ganancia, posibilita el lanzamiento de nuevos discos en lapsos de tiempo más cortos. La comercialización lleva a la banda a una etapa de auge en donde su música se vuelve una moda que consume gran parte de la sociedad.
Sin embargo, el aumento en las ventas presenta un costo más alto. Cuando se comienza a producir rock con un fin puramente monetario éste pierde su esencia en el camino. En sus inicios el rock se distinguió de otros géneros musicales principalmente por la fuerte crítica hacia el sistema dominante, por los cuestionamientos sociales y políticos que planteaba en sus letras, constituyendo una especie de subcultura que inicia un proceso de construcción de identidades en los jóvenes y un cambio de valores sociales que trascendió a lo largo de décadas. Pero hoy en día sus raíces se desgastan por este fenómeno económico. Al comercializarse de esta manera, el rock se somete a la industria, queda inmerso en el sistema de manera que ya no lo cuestiona, lo integra, y por consiguiente pierde su cualidad fundamental.
Aquella etapa de auge que tan positiva se muestra para el bolsillo de las productoras, convierte al artista en un producto de mercado con fecha de vencimiento. Si bien sus canciones se venden más, poseen una vigencia de corto plazo. Se convierten en modas que no trascienden en el tiempo, se consumen y se agotan más rápidamente, se desechan y se reemplazan por algo más novedoso. Es esto lo que obliga al artista a sacar discos permanentemente.
Al ser un producto tan efímero, el artista, bajo la acción coactiva del sello discográfico, busca innovar una y otra vez, hasta llegar al límite en el que ya no tiene nada más para ofrecer al mercado. Se consume a sí mismo. Así, a lo largo del camino no sólo pierde credibilidad por parte de los fanáticos que se identificaban y se sentían representados por su arte, sino que se desvanece el estilo propio que lo caracterizó desde un principio. Y, lo que es peor, pierde la esencia misma del género musical al que pertenecía y que lo distinguía de los demás. Ya no es un medio trasgresor que representa a jóvenes que quieren hacerse escuchar, que realizan juicios de valor respecto al sistema que se les impone, sino que cae bajo el velo de la cultura social y política de la que tanto esfuerzo hacía por alejarse.
En un reportaje realizado por Semanario Voces, Aníbal Rolón, docente de Ciencias de la Comunicación que investiga actualmente sobre el rock nacional, afirma: “Hay muchas formas de plantear ideologías en el rock. Son de carácter contracultural y están dirigidas contra los sistemas de dominación. Pero también muchos grupos fueron absorbidos por el propio sistema”. Es necesario aclarar que este fenómeno, si bien se impuso fuertemente en el movimiento del rock nacional (y en muchos otros géneros musicales), no fue absoluto. La banda de rock “Divididos”, por ejemplo, cuando lanzó el tema “Qué ves” de su álbum “La era de la boludez”, éste se convirtió en un éxito, el mismo Ricardo Mollo, en una entrevista que le realiza su amigo Roberto Pettinato, afirma: “fue fuerte porque todas las personas que no se te acercaban se te empezaron a acercar”. A partir de esta reacción se dedicaron a “descomponer un disco” y crearon el álbum “Otroletravaladna” con un estilo “diametralmente opuesto al anterior”, justamente porque “la presión general” insistía en que compongan un disco con los mismos acordes que el anterior. De manera que aquel público que se había acercado por el “hit” del album anterior se alejó al escuchar esto, opuesto por completo a lo que se esperaba. Esto es lo que los diferencia de muchas otras bandas, siguen una línea independientemente de las pretensiones de las productoras y del público.
Mollo puntualiza: “La música es lo que te sale, sino pertenecés al sistema de una manera que no te gusta pertenecer, te ponés conservador.” Estos casos se dan particularmente cuando el artista reafirma permanentemente su vocación y su posición a través de su arte, de su estilo, lo cual renueva una y otra vez a un público que sigue esa misma línea ideológica. “Veo por ejemplo a pibes de 10 o 11 años con remeras de Sumo y a mi me pone contento, muy contento, porque hay algo que no murió”, cuenta Ricardo en otra de sus entrevistas.
Podemos afirmar entonces la hipótesis que planteamos al principio. La comercialización es un fenómeno que deglute y tergiversa la esencia del rock. Salvo en casos particulares: “Sumo no es música perecedera, es música para siempre, como los Beatles o como Jimi Hendrix” o como Divididos, en los que el estilo y la identidad del género perduran y se afirman con mayor fuerza; pero esto depende principalmente del artista y de cómo se posicione frente a la influencia que la industria ejerce sobre él.
Es necesario reivindicar los valores originales del rock para evitar la disolución del género que, como asegura Aníbal Rolón, “forma parte de una construcción colectiva que forja identidad en la juventud contra la debilidad y la corrupción que se da en la órbita de las instituciones oficiales, con las cuales la juventud no se siente identificada ni representada”.
Esta identidad es la que debe fortalecerse, imponerse. Los jóvenes no son el futuro, son el presente, y el rock es un sentimiento que sienta sus raíces en una juventud preocupada por cambiar un presente que consideraba exclusivo. Ese sentimiento es el que tiene que perdurar, trascender en el tiempo. Como afirma Mollo: “la juventud tiene muchos caminos, por eso hay artistas, hay abogados, hay militares que crecen. Pero lo que sí veo, que por lo menos hay un lugarcito más hacia lo espiritual, más hacia buscar algo más de todo este sistema…”.
BIBLIOGRAFÍA:
http://elmundoentrelasmanosvirtual.blogspot.com.ar/2008/07/ricardo-mollo-habl-de-todo_2911.html
http://www.memoriadeuninquieto.com.ar/entrevista%20mollo.htm
http://haganruido.blogspot.com.ar/2012/07/roberto-pettinato-entrevistando-ricardo.html
http://musik.com.ar/3404/entrevista-completa-al-indio-solari.html