Meterse en el barro para transformar realidades

En un barrio marcado por su mala fama, la Asociación Civil Los Tigres se involucra en las realidades y muestra otras perspectivas a los chicos por medio del deporte. 

Por Justina Rubio.

 

“A mí me cambió la vida, fue un nuevo comienzo”. Así describe Sergio Verón, becado en Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER), el haber empezado a ir los a Los Tigres.

Los Tigres es una asociación civil que utiliza “el deporte como excusa” para llegar a las personas y darles otra perspectiva a sus realidades. Comenzó en el barrio El Gráfico, al noroeste de la ciudad de Rosario, y hoy está en cuatro barrios distintos de la ciudad: Cabín 9, Empalme, Santa Lucía y el pionero Gráfico.

“Los Tigres somos un grupo de personas que tratamos de llevar el deporte a distintos lugares. Tigres es una o dos veces por semana, dos, tres horas, es abrir otra ventana y decirles, ‘Che, obviamente esta es tu realidad, pero mira que de este lado no vas a estar solo y vas a tener una compañía, que en lo difícil que va a ser vamos a estar’ ”, dice Nanci, coordinadora de Los Tigres.

Luego agrega: “A veces la gente te dice: ‘Uy los barrios en los que están, están en cuatro barrios jodidos’. Pero el trabajo en sí de Los tigres es ese, meterte en el barro para transformar realidades”.   

En el barrio El Gráfico su mala fama se esconde tras casas de techo de chapa, almacenes que sólo tienen cigarrillos y una pila de basura por cada esquina. Al avanzar por el barrio todo se hace angosto, más pequeño, las calles mutan a pasillos y las casas se apilan unas sobre otras, hasta que luego de unas cuadras, sobre un terreno baldío, un contenedor de colores reza “Tigres”.

Los Tigres del Gráfico tiene como día de encuentro los sábados, donde enseñan hockey y rugby, y además hay un taller de arte. Su manera de trabajar es en red, se trabaja en conjunto con los centros de salud del barrio, con las escuelas a las que asisten los chicos, con trabajadoras sociales. Al respecto Nanci dice que trabajar de esta forma te potencia porque con la individualidad no se logra nada.  

También agrega que dentro de este trabajo a veces el ideal es pensar que si los chicos van a Los Tigres se solucionan los problemas o se los saca de la calle, pero que la realidad no siempre es así.

“Muchos de nuestros chicos han caído en cosas que no tendrían que ser, como ser soldaditos, como consumo, como robos. Es complicado porque es pelear contra chicos muy chicos que cargan una soberbia importante y que tienen plata al instante. Es pelear contra gigantes, pero es saber que estamos”, cuenta.

La edad de concurrencia a Los Tigres es desde los cinco a los trece años aproximadamente. A partir de los catorce los chicos suelen dejar de ir, por lo que se trata de fidelizarlos a un club como institución y de esa forma cambiarles la cabeza; que conozcan otras disciplinas, la responsabilidad, el compromiso, el hecho de que existen otras realidades.

Sergio, que también trabaja como voluntario allí, cuenta que él comenzó a ir a Los Tigres por sus hermanas y que si bien al principio no le convencía tanto, actualmente los considera como su familia y ha aprendido muchísimo gracias a ellos. “A mí me hizo entender nuevas cosas; cómo se trata a las personas, el respeto, el compañerismo, la solidaridad”, explica.

Pero también muchos chicos han dejado de ir por el contexto del barrio. “A lo largo de los años han pasado montones de chicos y algunos no los vimos más, muchos los hemos perdido con muertes violentas”, expresa Nanci para luego hacer un silencio. Evocativa, agrega: “Hemos tenido muchos casos de asesinatos, nos pasó hace un par de años que en dos meses perdimos casi cuatro padres o madres. Perder a una figura tan importante de forma violenta; que te golpeen la puerta de tu casa y le metan seis tiros, encontrar descuartizada a tu mamá en un pozo… Hay que trabajar un montón ahí”.

Sergio dice que luego de esta ola de asesinatos el grupo se achicó mucho e incluso algunas profesoras dejaron de ir por miedo a la violencia que se estaba viviendo en el barrio.

Pero además de esto, la deserción a raíz del narcotráfico también se da por las “familias golondrinas”. Familias que están establecidas, que los chicos van a Los Tigres, son parte y de un momento para el otro dejan de ir. “Vos tenés chicos que vienen, vienen, vienen y un día te desaparecen y cuando averiguas se tuvieron que ir porque hubo tal bronca”, cuenta Nanci.

Además del deporte, Los Tigres tratan de que la escuela también sea uno de los focos a trabajar. Nanci cuenta que suele ser difícil porque muchos chicos tienen que salir a trabajar y no hay un acompañamiento familiar. “A veces la escuela es más cercana que las familias, muchos chicos vienen solos. Para nosotros el orden de prioridades es primero la escuela, después el deporte”, explica.

Las becas que da Los Tigres también ayudan a que los chicos del barrio puedan terminar la escuela. A quienes están becados se les hace un seguimiento, se les pide la libreta para ver como va, se les da un tutor si lo necesitan, y se trabaja en conjunto con el programa de la municipalidad “Infancias Protegidas” y con el Fondo de Becas para Estudiantes (Fonbec). De esta forma, tratan de que puedan terminar la escuela y que el día de mañana puedan seguir estudiando o trabajando.

“Muchas veces los chicos crecen pensando que no van a salir de esa, que si tu papa es un changa del mercado, que si tu papá es soldadito, vos a tener que seguir siendo eso para mantener. Pero nosotros les mostramos que hay otras realidades, otras formas de pensar la vida”, dice Nanci.

Por eso Los Tigres representa un sostén para el barrio, un lugar a donde acudir cuando se necesita alguien que te escuche, una inspiración a que más personas de Rosario se involucren y tomen participación. Y si bien no termina con las problemáticas del barrio, el hecho de tener un espacio a donde poder ir demuestra que trabajando el mundo se puede hacer un lugar más justo, que la vida se puede mirar desde otros lugares y que se puede, como Sergio, volver a empezar.