El penúltimo regalo lo llevó Cristian Ayala. Llegó puntual a la clase para ser leído pero nos demoramos en publicarlo.
Acá va…
Parte 1
En la antigüedad, Durin, el dragón de las sombras, codiciaba la paz de la que disfrutaba Mondstadt, la ciudad de los vientos. Por ello, salió de su escondite para profanar la tierra.
Las alas negras de Durin eclipsaron la luz del sol, y liberaron unas nubes de humo tóxicas.
Tanto fue así que ni siquiera los mil vientos pudieron contener la peste y putrefacción.
Entonces, una lluvia negra cayó del cielo. El estruendo del aguacero ahogó los gritos y lamentos de la gente.
La agonía del pueblo despertó al Dios del Viento, cuyo corazón se llenó de desesperación.
Así pues, invocó a Valin, el dragón del viento, y, envueltos en una tormenta, atravesaron los cielos venenosos.
El gran dragón gritó antes de lanzarse a la batalla y crear una grieta en el nocivo nimbo que había creado el dragón de las sombras.
El Dragón del Viento movió sus alas para crear un rápido torbellino que destruyó las nubes tóxicas.
Valin agarró al dragón oscuro con sus poderosas garras y lo elevó a una altura a la que ni siquiera las nubes eran capaces de llegar.
La lluvia venenosa se dispersó tan pronto como sobrepasaron las nubes, y el ardiente cielo se convirtió en el campo de batalla de ambos dragones.
Finalmente, los colmillos bendecidos de Valin atravesaron la garganta de Durin., tras lo que desgarró su corazón corrupto por medio de sus gigantescas garras.
El monstruo al que los pecadores alimentaron, lleno de eterno pesar, cayó de los ahora inmaculados cielos sobre el pico de una montaña nevada.
Así, la gente del Dios de los Vientos permaneció sana y salva gracias a la feroz batalla que había tenido lugar en las alturas del cielo.
Parte 2
Él tuvo un sueño muy, muy largo…
Soñó que iba con todos sus hermanos a un lugar muy lejano en el que la hierba era verde y se cantaban canciones con sentimiento.
Soñó que cantaba junto a las buenas gentes de esa tierra y bailaba en el aire junto a un dragón tan hermoso como una piedra preciosa.
Cuando abrió los ojos, estaba en medio de una tormenta sobre las montañas.
La verde tierra estaba manchada de sangre y fuego
y el tumulto ahogaba la canción del Dios bardo.
Y el hermoso dragón, como un amante tierno,
le hundía los colmillos en el cuello.
“Adiós, madre. Mi viaje terminó”.
“Dormir en la nieve reluciente no está nada mal”.
“Adiós, hermoso bardo. Adiós, hermoso dragón”.
“Si nos encontramos en otro momento, en otro lugar…
podremos bailar y cantar”.
Eso pensó el niño llamado Durin mientras exhalaba su último suspiro.
“La bendición que corre por mis venas y la hermosa vista del universo oscuro que me dio la vida son ahora para ustedes”.
(Es, según entendí, la narración que se produce a partir de un videojuego)