Ser joven en los nuevos años ‘90: el boom de la fotografía analógica en nuevas generaciones

Por Victoria Rinaudo

En una casa en barrio Ludueña, sobre la caja en la parte de arriba de un placard, yace un canasto lleno de álbumes de fotos. De vez en cuando Rocío los baja, cuando se aburre de escuchar a su madre senil, y se los muestra a su propia hija. Quizás la nena
nunca olvide el momento en que vio por primera vez fotos de la juventud de su madre, en traje de baño: un cuerpo con las mismas curvas que el suyo sentado en una piedra.

Ese día Martina X se dio cuenta que la calidad de la cámara era idéntica a la que había conseguido para su viaje a la costa con sus amigas. Y se propuso que ella también quiere ser así. Descubrió entonces una nueva forma de describir una imagen: “Pareces
la mamá de alguien en los ‘90”. Ella no es fotógrafa. Tampoco lo es Ornella, o Morena, o Ángeles. Pero todas han tenido en sus manos una cámara analógica. Todas han girado la perilla del rollo, han presionado el botón, han capturado un momento que quizás en veinte años enseñan a sus hijas. Son parte del movimiento de renacimiento de la fotografía analógica.

Se trata de un fenómeno de popularidad que surgió en los últimos 5 años. El recepcionista de revelado Fotolandia no tiene tiempo de dar una entrevista, pero entre cliente y cliente admite que  han notado una nueva ola de jóvenes que ingresan a la tienda para dejar sus rollos y pagar lo que sea por hacerlos revelar.

Dice que sí, que viene gente joven, curiosos que, según él, no saben nada y quieren aprender. Cree que sigue siendo un hobbie de nicho, indie, pero que su consumo está en aumento en comparación con otros años.

La fotografía es, y siempre fue, un pasatiempo caro, pero, como con muchas cosas más, el precio en nuestro país está exacerbado. Cuando Morena viajó en un crucero por el Mediterraneo, compró nueve rollos por el precio de tres en Argentina. No compró
más porque tenía miedo que se los saquen en los aeropuertos.

Para ella, las analogías son una especie de juego. No se trata solo de sacar una foto linda para subir a Instagram. No es un maratón de cincuenta fotos una tras otra para que una salga bien. Es una sorpresa, un riesgo. Es intentos fallidos de rollos que no
sirvieron, es apostar por una foto que por lo general “suele estar guiada por la intuición”. Algunas de las fotos son de ella misma, en un espejo. O de un tío suyo, tomando cerveza con el cielo brillante de fondo, o un mar azul rodeado de casitas
blancas.

Por qué cada una de ellas se interesaron por este modo de la fotografía en la era digital. Cada una tiene una respuesta, todas con una dirección similar. No se trata de intentar hasta que la foto sea perfecta. No es sobre apariencias, ni sobre una imagen construida. “La representación de lo análogo es espontánea, por lo que les transmite una sensación de genuinidad”, resume …

Cada vez que sacan una foto, lo hacen con la intención de que cuando la reciban, luego del revelado, esa foto refleje lo que para ellas es la vida, lo que quieren recordar de su juventud. Automáticamente relacionan el aspecto de lo análogo con el pasado,
con algo ya vivido que, por la naturaleza del tiempo, ya no existe. Todas, al hablar al respecto, usaron la misma palabra: nostalgia.

Cuando se preparan para irse de vacaciones, o van a algún evento, además de llevar sus efectos personales, llevan con sí la frescura típica del paso a la adultez. Llevan ganas de salir y de conocer. Y en esas ganas se incluye la necesidad de registrar; de
mostrar tanto para sí como para el resto lo que ven, lo que hacen, lo que les gusta. La cámara analógica constituye parte de la identidad, parte del proceso de descubrimiento y de percepción del yo que se desarrolla con el crecimiento.

Quizás es por eso que Martina saca fotos de fotos y de cámaras y de espejos. Por eso lleva la cámara de viaje, por eso paga fortuna por el revelado; porque sabe que sus acciones reflejan quién es, sabe que puede construir la persona que quiere ser. Sabe
que cuando tenga veinte o treinta años más, va a sonreír cuando vea las fotos que sacaba y va a recordar haber visto las de su madre sobre una piedra.