Por Sofía Maidana
Ha llegado el día, ¡nos despedimos!
Terminamos, pero el trabajo sigue…
Hoy fue nuestra última clase de Redacción I: la cita ha, definitivamente, llegado a su fin. Comenzamos leyendo los borradores del texto argumentativo necesario para aprobar el TPF. Marce fue dando las devoluciones con su disciplina tierna, de la misma forma en que lo hizo todo el año. La problemática que se repetía en casi todos era la misma: persuadir al lector, invitarlo a ser parte.
Entre risas forzadas terminó la lectura exigente y llegó la parte emotiva. A principios de año, en la primera clase, Belu Lattuca (nuestra ayudante de cátedra) nos había repartido a cada uno un papel con la consigna de escribir un breve texto para nuestros “yo de diciembre”. Así fue como comenzó a devolverlos, uno tras otro. La lectura personal de cada uno de ellos dio fin a un ciclo de mala muerte: al final, seguimos estando vivos.
Pero el momento sensible no terminó ahí. Marce comenzó a preguntarnos cómo nos había marcado la materia. Los comentarios giraron en torno a los cambios en la autoexigencia, en la forma de escribir y sobre todo, a una de las enseñanzas más fuertes que nos dejó la profe: no se escribe para uno, se escribe para un otro. Cuando el texto no es leído, termina por morir.
Este año aprendimos muchísimas cosas valiosas, pero también nos estresamos un montonazo. En esas dos polaridades, estuvimos acompañados siempre. Gracias a Marcela por enseñarnos con rigor y amorosidad, y a Belu y Marina por estar disponibles cada vez que las necesitábamos (muchas veces, a último momento).
Y también, gracias a nosotros, por habernos brindado apoyo emocional en esos momentos en que sentíamos que era el fin del mundo, jaja.
Terminaron las clases pero el trabajo sigue, se aproxima la entrega del TPF: 22 de Noviembre.
Muchísima suerte a todos, recuerden todo lo que aprendimos en este largo camino, y que Dios (Belu y Marina) los ayuden!