Cecilia Reviglio nació en Rosario en la década del ’70. Escribe desde antes de aprender las letras. Copiando a su hermana mayor que ya sabía escribir, llenaba cuadernos y papeles de unas nubecitas que acomodaba unas al lado de otras para después leerlas en voz alta.
De grande, escribe artículos de investigación, escritos para sus estudiantes, clases y también, desde hace diez años, textos de ficción, cuentos, sobre todo, aunque hace algunas semanas presentó “una novelita”, como le gusta llamarla que publicó el año pasado.
Su trabajo principal es dar clases. Redacción 1 y Taller de tesina en la carrera de Comunicación Social; Análisis del discurso en el profesorado de Lengua y Literatura y; Metodología de la investigación en algunas carreras de posgrado. El aula de clase es, tal como dice, uno de los lugares donde es más feliz. Aunque empezó su carrera universitaria —Comunicación Social— porque quería trabajar de periodista en un diario, algunas experiencias de trabajo durante sus estudios la hicieron cambiar de opinión. Ya graduada, al tiempo que trabajaba en comunicación institucional en el estado municipal, se formaba como docente e investigadora. Desde el año 2007 se dedica exclusivamente a enseñar, investigar y escribir.
La cátedra de Redacción 1 es su lugar en la facultad desde que cursó la materia. Al año siguiente concursó para ser ayudante alumna y cuando se recibió, en 2001, pasó a ser jefa de trabajos prácticos. En 2013, se convirtió en profesora Adjunta de la cátedra. Tuvo dos grandes maestras —que hoy siguen siendo sus amigas y referentes— en esto de ser docente: una fue Male Sánchez, antigua profesora Adjunta y cuyo lugar ocupó en la cátedra después de que Male se jubilara. La otra, la antigua titular, Ana María Margarit, de quien fue ayudante muchos años.
Su otro trabajo, relacionado con la docencia, es la investigación. Sus proyectos se enmarcan en el Centro de Investigaciones en Mediatizaciones de la facultad y en el Consejo de investigadores de la universidad y desde hace dos años participa de un proyecto donde investigan sobre nuevas escrituras. Del trabajo de investigación le entusiasma que siempre puede saber y conocer cosas nuevas, que muchas veces, esa actividad es colectiva, y que varias veces al año, hay encuentros de investigadores donde se discuten los avances de los proyectos y se intercambian ideas. Toda producción de conocimiento es colectiva y eso le gusta. Investigar también supone escribir para comunicar los resultados de esas investigaciones, pero también, mientras tanto, para pensar y ordenar ese pensamiento. Y escribir le gusta. Le gusta mucho, entre otras cosas, porque la obliga a pensar sobre el lenguaje, una de sus grandes pasiones.
Con los años, de todos modos, se volvió más lectora que escritora: la biblioteca municipal Estrada le hizo conocer la historia del Patito Coletón (no recuerda el autor o autora) y “Un globo de luz anda suelto”, de Alma Maritano; en la casa de su abuela había una bolsa de tela a cuadritos azul y blanca con libros de cuento y en su casa, leía un poco los libros de su hermana y otro poco los que eran de ella. Su preferido: Nicolodo viaja al país de la cocina, de Graciela Montes. Después, fue la saga que siguió a “Un globo de luz…”, las historias de Anne, de Sisí, las mujercitas de Louise May Alcott y el teatro de García Lorca.
De sus lecturas de adulta, elige para mencionar La vida breve de Onetti, De A para X de John Berger, y En breve cárcel de Sylvia Molloy. Aunque estas lecturas son matizadas con muchas otras que hace para trabajar: ensayos, investigaciones, entrevistas. De esos, elige los textos del semiólogo francés Roland Barthes y la obra periodística del argentino Rodolfo Walsh.