Esta semana, compartimos un texto de la periodista Cecilia Absatz, publicado en su newsletter, Viejo Smoking.
Aplastada por la pereza (fragmento), en Viejo Smoking, Newsletter de Cecilia Absatz (Edición del domingo 19/3/23)
Puedo estar, como todos, destruida por el calor; algo deprimida si se quiere por esto o aquello que no viene al caso; aplastada por la pereza. Pero si logro sentarme a la máquina, en pocos minutos no digo que me voy a sentir feliz de inmediato pero tampoco voy a recordar nada del malestar anterior. Pasa, con la escritura, que no se trata solo de encontrar una bella historia, una idea atractiva, una prosa elegante. Hay mucho más. Más interesante y más difícil. Es la investigación. No me refiero a investigar un hecho histórico o el funcionamiento de una molécula o la estadística de un fenómeno social. Se trata de investigar lo que pasa dentro de tu cabeza. Porque lo que pasa dentro de tu cabeza suele ser más bien una sensación, una especie de nube que se siente en el estómago o que ronda difusa en torno de tu mente. Es algo crucial para tu pensamiento pero no está del todo claro qué es. Sin embargo es preciso ponerlo en palabras. Esa es la investigación. Para ponerlo en palabras es necesario entrar en esa nube y desentrañarla, no es fácil. Porque es vaga y ambigua, porque hay algo ahí que en última instancia tiene que ver con la verdad. Es decir, encontrar la verdad. Una verdad interior, no la clave de un tratado filosófico.
A esa verdad se refiere Proust al final de su obra, en el último tomo, cuando enseña a escribir y dice que de eso se trata la literatura. Es una verdad que por lo general no lo deja a uno bien parado y por eso es tan difícil de reconocer. Albertina no era simpática; él estaba enamorado de ella, que no es lo mismo. Aun cuando no se trate de escribir literatura, cuando hablamos sencillamente del acto de escribir, desde una novela fabulosa hasta la lista de compras para el mercado (como una que leí, deslumbrante, de Silvina Ocampo) ya sea un cuaderno personal para conversar con uno mismo o llorar en privado, hay un trabajo en la escritura que va más allá de articular sujeto, verbo y predicado. En todo caso se trata de descubrir quién de veras es el sujeto, cuál es el verbo que le cabe y en qué predicamento se encuentra.