Regalo textual nº 15: Todo lo que crece, de Clara Obligado

Todo lo que crece. Clara Obligado (2022). Madrid: Páginas de Espuma.

Fragmento

Mi padre me enseñó la importancia de las planas, yo le regalo a mi neto un bulbo de Jacinto para que lo vea brotar. Veo su carita de asombro y me recuerdo a su edad, observando cómo asoma la flor roja de un geranio. Le explico qué son los lixiviados, le muestro cómo trabajan las lombrices. Le cuento que charlo con la palmera que se asoma a la ventana. Bruno planta y me escucha, en su media lengua repite nombres en latín. Como hice con mis hijas, jugamos a aprender palabras intrincadas. Sé que no tengo tiempo para saber qué pasará con su vida, de modo que intenta transmitirlo lo que le pueda servir. Soy una narradora, un eslabón, una rama. Está cavando con un palito. Entierra una semilla. ¿Me recordará?

Le cuento que parte de su familia viaje de muy lejos y vuelve a la memoria el capítulo de la Odisea, esa historia de un regreso imposible, los diez años que dura la guerra hacen del héroe un extraño. Así, cuando Odiseo regresa al hogar, solo lo reconoce su perro. Su padre no sabe quién es, pero el astuto Odiseo encuentra un salvoconducto privado:
“Si lo deseas, te enumeraré los árboles que una vez me regalaste en este bien cultivado huerto: pues yo, que era niño, te seguía y te los iba pidiendo uno tras otro; y al pasar por entre ellos, me los mostrabanas y me decís su nombre. Fueron trece perales, diez manzanos y cuarenta higueras; y m ofreciste, además, cincuenta plantas de cepas”.
Y el padre, conmovido, lo abrazó.
Evoco estas historias que se repiten desde que el mundo es mundo, el tópico del retorno del héroe. Con menos fanfarria, las mujeres también regresamos a una naturaleza que nos recuerda su esencia de madre.
Juan Ramón Jiménez dijo: “Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando”.
¿Qué puedo desearles yo a mis nietos? Mientras termino de escribir formulo un deseo: si algún día realizan un viaje de regreso, espero haberles mostrado un camino. Sentada junto a Bruno, en el jardín, de esta manera tan doméstica, me permito habitar ese gran error que es la esperanza.