Regalos textuales Nº 7: esta vez en la voz y la escritura de tres compañeras

En la clase de esta semana, los regalos textuales fueron los textos que Morena, María y Valentina escribieron como respuesta a la consigna del ejercicio Nº 4. Pasen, lean y disfruten…

Y ahora todos sabrán el porqué de mi elección
Por Morena Clohesey
Yo estaba en el colegio, en cuarto año de la secundaria, muy contenta, riéndome con mis amigas cuando escuché a la profesora decir: “comenzaremos con la lectura de una nueva novela que tendrán que leer para dentro de dos semanas”. Su anuncio inmediatamente generó en mí una cara de desagrado, hasta que mencionó su nombre “La lluvia sabe por qué”. Leer no era de esas actividades que me gustaba hacer, pero esta novela con su nombre me conquistó. Vi algo en ese título que adelantaba que sería un buen libro. Y así fue.
“La lluvia sabe por qué” es una obra literaria escrita por María Fernanda Heredia, publicada en noviembre de 2017.
La historia narra sobre cómo dos adolescentes de dieciséis años, Lucía y Antonio, sobrellevan la soledad, cada uno por razones diferentes. Esta angustia, soledad y dolor que sienten los personajes, serán un punto en común. Y en esas tormentas por las que atraviesan, la lluvia se encargará de unirlos.
Es una novela extraordinaria, que puede llevarse al mundo real y formar parte de la historia de cualquier ser humano. Las comparaciones que hace con la lluvia y la tormenta de cada uno son increíbles, difícil de explicar. Y no solo eso, sino que detrás de todos aquellos problemas narra una preciosa historia de amor. El escritor hizo que me metiera definitivamente en la historia. Ahora, de grande, pude reflexionar respecto a ciertos temas que son cruciales en la sociedad, tales como el bullying, la soledad, la violencia y el maltrato.
Esta lectura jugó un papel muy importante en mi vida, ya que a partir de ella cambió mi punto de vista acerca de lo que es leer, y hoy puedo decir que es una actividad totalmente maravillosa, que se volvió una de las prácticas más cotidianas de mi día a día.
Me gustaría cerrar con una frase del libro:
“En la vida no vamos a poder evitar los nudos; el secreto es saber qué hacer con ellos, y qué sentido le damos. Es a través de los nudos que vamos tejiendo la vida”.

Mis inicios en lectura del género fantástico
por María De Gottardi

Una de mis primeras lecturas fue la del libro “Harry Potter y la Piedra Filosofal”, de JK Rowling. El inicio de una de las mejores sagas de la historia. Tenía alrededor de 6 años y mis tíos, quienes no solo se encargaron de enseñarme sobre la cultura pop, también me transmitieron su pasión por la lectura. Claramente ambos eran aficionados por cualquier producción de origen anglosajón. Fue mi tía Agus quien me prestó el libro: lo leí en poco tiempo, su trama logró atraparme.
Durante ese mismo año, mi abuela solía quedarse en mi casa y teníamos la costumbre de a leer antes de dormir. Me acuerdo de estar hojeando los primeros capítulos cuando me extrañó una palabra escrita en inglés (“muggle”), así que detuve la lectura por un momento y le consulté a mi abuela qué significaba. No tenía idea, era la primera vez que ambas escuchábamos aquella palabra.
Me enamoré de la historia, así que me fueron prestando los libros siguientes, hasta llegar al último. A medida que iba descubriendo ese mundo mágico diseñado por la autora, también fui comprando alguno de los libros para que quedaran en mi casa, y por supuesto, fui viendo todas las películas. Todavía recuerdo la sorpresa que me llevé, al ver que la piedra filosofal que se describía, no era similar a las piedras que yo observaba en un juego en línea de la plataforma “Mundo Gaturro”, sino que estaba representada en la película de una forma totalmente distinta a la que había imaginado.
Fueron pasando los años y volví a leer cada uno de los libros; hasta el día de hoy, ese mundo de fantasía me sigue transportando a un lugar seguro, repleto de recuerdos de mi niñez. No me canso de descubrir la historia una y otra vez, por más que ya conozca el final. En ese mundo también encuentro consejos valiosos, porque no viene mal recordar cada tanto, lo mágica que puede ser la vida.

En busca de un libro
por Valentina Cabruja

Estoy en busca de un libro. No me pregunten cuál es, porque no lo sé. Yo creo recordarlo como “El chico del espejo”. De todas formas, aún no sé si ese es su título, o quién es su autor. Tampoco se, a pesar de mi confianza a mi memoria, si ese libro siquiera existe, o si es un relato popular que no puede llamarse “libro” como tal.
Déjenme explicarles: yo era tan solo una niña, y mi mamá una genia. Recuerdo que ella formó mi fascinación por la lectura. Yo tenía dos, tres años, y lloraba en la madrugada. Entonces ella me daba pilas de libros infantiles, y yo dejaba de llorar. Ni siquiera recuerdo cuál fue el primer libro que leí, pero sí, cuál rogaba para que ella me lea, todas las tardes antes de dormir.
Ella me contaba esta historia mientras yo me quedaba dormida frente a un espejo. Me susurraba las palabras, mientras me acariciaba el pelo, y yo miraba mi reflejo. Resulta que era un niño, que al mirarse en su espejo, ve que quien está del otro lado, no era él. Y en la historia, este niño atraviesa el espejo, invitado por su amigo, y se va a vivir aventuras. Recuerdo imaginar. Imaginarme. Esas palabras que se volvían historia, y que cada día iba memorizando, me llevaban a mí a desear ser esa niña que se encuentra con su doble del otro lado. Fue la primera vez (aunque no la última), donde me encontré dentro de la historia.
Definitivamente fue mi cuento favorito cuando era chiquita, y uno de los que marcó mi pasión por leer y escuchar historias. Siempre le preguntaba a mi mamá como seguía el relato. El final, se encuentra dentro de mis sueños, porque nunca llegué despierta a escucharlo.
Quizá es un cuento insignificante, perdido en la masividad de cuentos creados para niños, algunos más conocidos que otros. Pero este, particularmente, no lo logre olvidar nunca. Si lo conocen, no duden en avisarme: estoy en busca de un libro.