por Alfonsina Fantín*
“Cerrá esa ventana que parecemos en vidriera” decía mi abuela y así ponía una traba a las miradas indiscretas. Mi abuela no leyó el curioso e interesante texto de Roberto Arlt pero sabía de la indiscreción a que llama una ventana iluminada y abierta en la noche. Será por eso que tengo esa manía de mirar dentro de los hogares que no toman recaudos para guardar su intimidad, como revancha a la orden familiar. ¿O será la tan humana curiosidad que me empuja? Lo cierto es que una ventana abierta siempre me atrae.
Las de la hiperfoto me provocaron sensaciones poco agradables. Aún cuando veo un hombre, elegante él, metrosexual tal vez, con un bebé o mujeres que parecen jugar o levantar chicos del suelo; en general percibo tristeza, soledad, abandono, cansancio. Hay una mujer sola frente al televisor, objetos caídos o desordenados en el suelo, veo macetas con plantas que languidecen, una familia muda cenando, una escena que parece de violencia entre hombre y mujer, un hombre arropado y con sombrero mirando desde la azotea, un negocio solitario; un cuerpo femenino que se mueve desnudo en su privacidad.
En algunos lugares las ventanas brillan con reuniones que parecen alegres, con gente conversando y con copas en las manos. Esas imágenes recónditas de desconocidos captadas como subrepticiamente, quizás no sean las que sus protagonistas hubieran querido dar de sí.
Me detengo particularmente en una ventana en esquina, allí una mujer sola, vestida elegantemente mira hacia afuera como sin ver. Imagino que será una típica mujer independiente que ha trabajado todo el día y llegado a su departamento y no tiene más que soledad para compartir. Su cabeza ladeada parece imprimir un dejo de tristeza. No hay objetos que denuncien estilo o calidez, el ambiente casi desnudo es el de una persona solitaria. Tanta gente en la ciudad, tanta soledad compartida! ¿Qué hubiera hecho esa joven mujer si hubiera sabido que la fotografiaban? ¿Hubiera posado tan triste?
En estos tiempos, Internet ofrece un verdadero festín de vidas privadas. Detalles inocuos o jugosos de millones de usuarios se exponen en blog y fotologs, sin ningún pudor ante las sedientas miradas de cualquiera que desee dar un vistazo. Pero allí cada uno de los que exponen su yo, dan la imagen que desean mostrar de sí mismos. Allí los secretos no parecen existir y “la esfera íntima se convierte en una especie de escenario donde cada uno debe montar el espectáculo de su propia personalidad”.(a)
Sin embargo en las ventanas de la hiperfoto Jean Franc,ois Rauzier propone que seamos los espectadores y quienes “robamos” imágenes privadas que no han sido preparadas para su exposición. Y no me gusta. Esa intimidad observada me trasmite abulia, tristeza, desgano. Tal vez, la noche ayude a trasmitir esas sensaciones.
Es París y si hubiera tenido posibilidad de espiar, hubiera querido ver Notre Dame por alguna de sus ventanas de piedra, o Versalles por sus maravillosas ventanas enrejadas, o el Louvre por ventanas cuyos formatos desconozco.
La hiperfoto muestra vidas privadas, yo hubiera disfrutado más la riqueza pública u oficial que inmortaliza a la gran ciudad luz.
(a) Sibilia, Paula; “La espectacularización del yo”, artículo publicado por El Monitor, M.E.Y.C., Set. 2008
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*Alfonsina Fantín es estudiante de la licenciatura en Comunicación Social