Por Ayelén Muzzio
Era increíble el calor que hacia, yo pensaba que la primavera iba a traer un poco de viento con olor a flores, pero no ni una sola gota de viento. Alrededor de las cinco de la tarde estaba en el patio de mi casa tomando unos mates y con una reducida selección de las secciones del diario La Capital, como cada domingo, en la silla de al lado. En la pila estaban las secciones Salud, Mujer, la revista Nueva y Escenario. Por simple preferencia tomé la sección de los espectáculos.
Cuando veo la tapa una imagen de tamaño gigante, de colores llamativos, un grupo de adolescentes vestidos con ropa roja y blanca, creo que son uniformes escolares, seis personas en pose y un titular que me invitaba a leer la nota.
No solo que mi intriga por saber quienes eran me desesperaba, sino que también salteo las páginas con una fuerza que hace que me llegue un leve viento que calme mi calor. Paso por algunos titulares que no les presto mucha atención, salteo la publicación de los estrenos cinematográficos y llego. Es extraño pero algo me resulta conocido, será la vestimenta que me recuerda a un grupo de música pop argentino que nació de una novela televisiva. El grupo se llama RBD, que tanto habían promocionado por la televisión y en la calles de Rosario con afiches, una banda pop del momento, que venía de México a presentar su nuevo disco.
Termino de leer la sección con algo de decepción y de sorpresa, me enteré que esta banda cobraba las entradas entre $80 y $120, y yo lo comparaba con una obra que fui a ver hace poco a un colegio que me había cobrado $2 o una que vi el año pasado que me cobraron tan solo $10, ambas muy buenas obras de teatro y jamás aparecieron ni en el diario La Capital, ni en la radio, ni en la televisión.
Al día siguiente, a las siete y cuarto de la tarde; volviendo de la facultad en el colectivo con un cansancio que me agotaba, me comuniqué con Pedro Squillaci, periodista del diario La Capital y encargado de resolver alguna serie de intrigantes míos. Me entendió muy bien, con voz amistosa y con una cierta simpatía me saludó, en ese momento intenté alargar el saludo para poder terminar de sacar mi lapicera y una hoja para usar de anotador.
La conversación fue realmente productiva, me pudo reconocer que él había estado en mi lugar alguna vez; ya que me fue imposible no comentarle desde donde le estaba hablando y mi situación. Me contó que la gran mayoría de las entrevistas sobre las que trabaja son hechas por teléfono o por mail con las “figuras reconocidas”. A que se refería con las “figuras reconocidas”, a aquellas sobre las que el diario trabaja comúnmente, aquellos artistas que son los mas conocidos y populares.
“Vivimos del híbrido y efímero mundo de la imagen” me dijo cuando le pregunté sobre cuales son los parámetros que se toman con respecto a lo que se publica, y el tono de voz cambió rotundamente, se había transformado en algo más serio y profesional, me daba la sensación que esa pregunta le había gustado o tenía algo que lo conectaba a ella. En realidad los parámetros que se toman quedan a elección del editor de la sección y pero se trata de darle cierto equilibrio entre los que reúnen virtudes artísticas y los que tienen cierta popularidad. En la edición final prima cierto carácter localista, se refiere a los artistas mas famosos que llegan a la ciudad y las opiniones de los mismos con respecto a saber que opinan sobre ciertos temas.
Intenté llevar la entrevista para el lado que necesitaba y por suerte salió como esperaba, salvo por la birome que en las ultimas palabras que llegue a escribir se quedó sin tinta, Pedro dijo alguna que otro broma, mucha atención no le presté pero me sirvió para encontrar algo con que escribir.
Hubo una frase que me remarco mucho y creo por algo fue “El espacio es un enemigo terrible”, cuando se refirió a aquellos artistas que pugnan por un lugar en el diario y tienen que enfrentarse a otros que salen publicados el mismo día y son mas conocidos. Un pequeño artista se gana el lugar en una publicación si ofrece una propuesta digna y atractiva.
Cuando ya estaba terminando la entrevista se me ocurrió preguntarle a cerca del orden que deben tener las notas y cerró con una conclusión muy simple, que aclaraba que el orden es de calidad, y todo depende del artista que tengas en la semana.
La charla cerró cuando me aclaró todas mis preguntas, su tiempo se había acortado y debía volver a trabajar. Me sentía muy gratificada, con una sonrisa cerré el celular y guardé las notas después de haberlas repasado por tercera vez.
Día miércoles, eran las ocho de la mañana y me encontraba en una sala pequeña, había olor a humedad y estaba sentada en frente de una ventana donde entraba el sol. Esperaba que entrara Raúl Marciani. Yo no lo conocía, solo sabía que era director y profesor de teatro, y alguna vez le había enseñado algo a una prima mía. Mientras esperaba una señora se acercó y me avisó que ya estaba llegando.
Se abre la puerta y un hombre alto, de unos cincuenta años entra. Debajo del brazo tenia un termo, me recordaba a mi tío que no sale a ningún lado sin su termo. Se presentó como “Raúl, ni mas ni menos”. Me ofreció mate y no me podía negar, era temprano y no había desayunado, que mejor que empezar la mañana tomando unos mates.
Le pregunté a cerca de cómo comenzó su relación con el teatro, y me dijo que siempre sintió pasión por decir cosas y que quizás en su momento lo hizo por rebeldía pero aquel adolescente rebelde todavía lo sentía dentro suyo.
“Los teatristas somos la memoria de la sociedad” dijo orgullosamente, es su cara se notaba una especie de alegría. Recordó que en las dictaduras lo primero en censurarse fueron la cultura y el sexo, y haciendo ademanes con las manos me dio otro mate.
Me mostró las tres salas con las que contaba, en una de ellas había un escenario, era la más grande y mientras continuábamos el recorrido me explicaba la cantidad de profesores, salas y talleres de teatro había en la ciudad. Me dijo que había veces en que estos artistas debían abandonar este trabajo, puesto que no lograban superar los problemas a los que se enfrentaba, como cuando se le niega al teatristas la posibilidad de trabajar puesto que van contra la política cultural del gobierno de turno o cuando los medios más importantes de la ciudad no les brindan el apoyo necesario puesto que sólo sigue intereses multinacionales. Exclamó con mucho interés que el teatro debería obtener un gran apoyo oficial.
Cuando se fueron acabando los mates y yo ya iba llegando a completar el panorama con mis preguntas, llega el primer alumno del taller, lo saluda y me saluda a mí también, Raúl le da unas órdenes y se va para la sala más grande.
Le hago una de mis últimas preguntas y me aclara que me lo decía con su experiencia propia que el espacio de teatro es para muchos representa un espacio para conocerse y conocer a otras personas, que mediante estas actividades el alumno enfrenta situaciones y “descubre la magia del aplauso”.
Llego a mi casa, no me interesa nada más que leer el diario del domingo y ver eso, que era todo lo que me había salteado, por sólo ver esa nota, que al fin y al cabo jamás iba a poder llegar a ver en la vida real.
TEXTO DE OPINION
¿Que hay de los pequeños artistas?
Hoy en día, en la ciudad hay un diario que tiene el título de “Diario de mayor tirada de Rosario” y ese diario es La Capital.
Dicho medio tiene una sección, que es a la que me voy pura y exclusivamente, la sección de los espectáculos (llamada “Escenario”), porque hay algo que realmente me llamó la atención. Luego de haber leído este diario después de una serie de años sigo sin comprender por qué los artistas de la ciudad no tienen la misma importancia que los artistas que provienen de afuera.
Al haber investigado cómo es la selección de la información a la hora de la publicación de una nota puedo entender que todo depende de lo que quiera el lector de diario, pero hoy no podemos decir que el público es quien dispone lo que se publica, porque nos hemos acostumbrado a adaptarnos a lo que tenemos para elegir o a conformarnos con lo que hay.
Entonces puedo afirmar que de esta manera hemos conformado un “público más cómodo”, que prefiere que le impongan lo que es más importante o lo que puede seleccionar cuando ya está todo planteado.
Como consecuencia hay una serie de aristas (por ejemplo) que no poseen el capital o la fama necesaria para aparecer en este medio, quedan en el anonimato, o simplemente quedan degradados o alejados de sus deseos por llegar a los demás.
Creo que debemos reflexionar un poco acera de este tema, porque nuestra ciudad es una gran fuente de producción artística y nosotros somos los principales responsables de que estos nuevos artistas aparezcan en nuestras agendas personales.
A veces se relaciona a estos artistas rosarinos con la vulgaridad de un artistas de cuarta, esto no quiere decir que todos sean buenísimos o al contrario. Me refiero que como no aparecen en la agenda del medio rosarino, las opiniones no son nada positivas acerca de las propuestas ya sean teatrales, musicales o cinematográficas.
Nuestra ciudad es muy rica en cuanto a los espacios para el desarrollo de estas actividades. Pero no todo es tan simple, para que un artista independiente pueda llegar a vivir plenamente de esta actividad tiene que sortear una serie de problemas, como discriminaciones de parte de la sociedad y de los medios que le dan muy poca importancia, otro tema es el entorno político siendo que cuando no responde con la política cultural del gobierno de turno son silenciados y se les niega el trabajo artístico.
Si nos basamos en la realidad, los medios solo responden a los intereses multinacionales, por eso creo que el diario La Capital (lo tomo porque es la base de mi investigación, puede ser cualquier otro medio) debería privilegiar a nuestros artistas y aprovechar de su título de “Diario de mayor tirada de la ciudad” para que como “público cómodo” logremos descubrir estos pequeños secreto que esconde Rosario y a lo mejor encontremos un gran tesoro.