{"id":400,"date":"2010-09-12T16:46:00","date_gmt":"2010-09-12T16:46:00","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2010\/09\/12\/roberto-arlt-un-cronista-infatigable-de-la-ciudad-roberto-retamoso\/"},"modified":"2010-09-12T16:46:00","modified_gmt":"2010-09-12T16:46:00","slug":"roberto-arlt-un-cronista-infatigable-de-la-ciudad-roberto-retamoso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2010\/09\/12\/roberto-arlt-un-cronista-infatigable-de-la-ciudad-roberto-retamoso\/","title":{"rendered":"Roberto Arlt, un cronista infatigable de la ciudad &#8211; Roberto RETAMOSO*"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Retamoso-Roberto.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/Retamoso-Roberto.jpg\" width=\"300\" height=\"200\" align=\"left\" hspace=\"15\" \/><br \/>\nA setenta a\u00f1os de la aparici\u00f3n de las Aguafuertes Porte\u00f1as,  los textos period\u00edsticos de Roberto Arlt a\u00fan constituyen un territorio marginal y supuestamente \u201cmenor\u201d en las consideraciones cr\u00edticas de su obra. Ello se debe a que, por lo general, no fueron vistos como textos literarios en sentido estricto, porque su g\u00e9nero, sus asuntos, su formato y el medio en que se publicaban pod\u00edan ser desconcertantes para lecturas muy atenidas a categor\u00edas literarias ret\u00f3ricamente muy consolidadas: las Aguafuertes&#8230; eran la materia de una columna que Arlt sostuvo en el diario El Mundo durante catorce a\u00f1os, desde 1928 hasta el momento mismo de su muerte, en 1942. Dicha columna, cuyo t\u00edtulo sufri\u00f3 diversas modificaciones a lo largo del tiempo, consist\u00eda en un registro descarnado e ir\u00f3nico de una serie de t\u00f3picos, personajes, situaciones e historias que dibujan una suerte de friso donde pueden reconocerse m\u00faltiples aspectos de la cultura urbana de la \u00e9poca.<br \/>\nEl hecho de que esos textos hubieran sido por lo general soslayados por la cr\u00edtica, tal vez se haya debido a que, para los supuestos y los valores con que tradicionalmente operaba la cr\u00edtica, las Aguafuertes&#8230; parec\u00edan no formar parte de la obra arltiana. Tama\u00f1a suposici\u00f3n se sosten\u00eda solamente en una determinada manera de concebir dicha obra: esto es, en una manera que traza r\u00edgidas fronteras gen\u00e9ricas entre los textos, determinando qu\u00e9 es literario y qu\u00e9 no lo es, y circunscribiendo el alcance de la obra a aquellos textos que responden a las convenciones gen\u00e9ricas de lo que se considera literatura.<br \/>\nPero los textos period\u00edsticos de Roberto Arlt han desafiado y desaf\u00edan este tipo de distinciones, ya que por su peculiar lenguaje, por sus formas descriptivas y narrativas, por su vasta tem\u00e1tica o por sus recursos y dispositivos ret\u00f3ricos, nunca dejan de evocar la presencia de los discursos literarios en su propio seno. Se trata, por as\u00ed decir, de textos que pueden ser le\u00eddos como literatura, a\u00fan cuando por su formato y su g\u00e9nero se los ubique, en principio, en otra instancia taxon\u00f3mica.   Y es esa modalidad de su escritura, precisamente, la que obliga a relativizar las oposiciones clasificatorias r\u00edgidas,  proponiendo esa nueva  manera de leerlos: por tal raz\u00f3n, en vez de oponer las cr\u00f3nicas period\u00edsticas de Arlt al conjunto de sus restantes textos, tal vez se trate indagar en qu\u00e9 medida se vinculan con ellos, sin desconocer, naturalmente, las diferencias de escritura y de g\u00e9nero que objetivamente separan a unas de otros.<br \/>\n<strong>Arlt periodista<\/strong><br \/>\nComo se ha dicho, las Aguafuertes Porte\u00f1as de Arlt son una serie de notas period\u00edsticas publicadas en el diario El Mundo.   La participaci\u00f3n de Arlt en ese medio ilustra, de manera paradigm\u00e1tica, lo que podr\u00eda llamarse la pol\u00edtica editorial del peri\u00f3dico, dado que El Mundo era un diario de caracter\u00edsticas modernas con gran penetraci\u00f3n en los sectores populares. Primero en el pa\u00eds en ser editado en formato tabloid, El Mundo es un peri\u00f3dico que ofrece un variado men\u00fa de temas a un p\u00fablico tan amplio como heterog\u00e9neo, desde una perspectiva editorial que soslaya la cr\u00edtica abierta o la confrontaci\u00f3n con los poderes de turno.   Pero esa orientaci\u00f3n complaciente supon\u00eda al mismo tiempo la convocatoria de un conjunto de escritores e intelectuales que garantizaban la idoneidad profesional de su trabajo en el diario, asegurando as\u00ed la calidad del producto que se lanzaba al mercado. Participaron de la redacci\u00f3n de El Mundo en sus or\u00edgenes adem\u00e1s del propio Arlt  una serie de escritores como Leopoldo Marechal, Horacio Rega Molina o Conrado Nal\u00e9 Roxlo, como asimismo Alberto Gerchunoff que se desempe\u00f1\u00f3 por un tiempo como director del peri\u00f3dico.<br \/>\nEn ese contexto, Arlt llega a ser muy pronto el redactor \u201cestrella\u201d del nuevo medio. Fue el primero en firmar la columna a su cargo, y se convirti\u00f3 en un punto de referencia ineludible para los lectores del peri\u00f3dico. De ese modo, la pr\u00e1ctica period\u00edstica le permite acceder a un p\u00fablico verdaderamente masivo, que para la perspectiva de Arlt no difiere en esencia del p\u00fablico lector de sus textos literarios: por tal raz\u00f3n, periodismo y literatura, lejos de constituir esferas de acci\u00f3n necesariamente opuestas, son para Arlt dos actividades que de manera natural, se conectan entre s\u00ed de forma recurrente.<br \/>\nSituado en ese espacio de intersecci\u00f3n e intercambio entre ambas pr\u00e1cticas, escribe entonces sus notas para El Mundo. Bautizadas como \u201caguafuertes\u201d para designar el sentido ic\u00f3nico, visual, de su textualidad, seg\u00fan una tradici\u00f3n que remite a nombres tan ilustres como los de Rembrandt y Goya, las cr\u00f3nicas de Arlt ir\u00e1n modificando, a lo largo del tiempo, su tem\u00e1tica, sus aspectos gen\u00e9ricos y su mismo nombre. Esas modificaciones generalmente se hallan ligadas a los itinerarios que el propio Arlt realizaba, y que brindan el sustento emp\u00edrico donde recog\u00eda los materiales que nutr\u00edan sus notas. As\u00ed, las primeras cr\u00f3nicas salen de las recorridas que realiza por la ciudad de Buenos Aires, registrando diversos aspectos de la cultura urbana, particularmente de sus estratos populares. De ese modo, un conjunto de costumbres, actitudes, creencias, y sobre todo \u201cpersonajes\u201d de extracci\u00f3n popular, como asimismo su particular lenguaje, le brindan el material para desarrollar sus notas \u201ccostumbristas\u201d, donde con iron\u00eda y sarcasmo pero tambi\u00e9n con una clara indulgencia compone las pl\u00e1sticas im\u00e1genes que los representan. A la manera de un antrop\u00f3logo urbano, Arlt va registrando las distintas formas de la cultura popular de la \u00e9poca, desde una posici\u00f3n que le permite se\u00f1alar lo que \u00e9l entiende como sus virtudes tanto como sus defectos: por tal raz\u00f3n, a diferencia de los registros pretendidamente as\u00e9pticos de la mirada cient\u00edfica, las aguafuertes arltianas se enuncian desde una perspectiva que no cesa de evaluar aquello que  mira. Esa modalidad constituye, por otra parte, lo que podr\u00eda llamarse la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de las cr\u00f3nicas de Arlt, caracterizadas siempre por las formas de juzgamiento cr\u00edtico de sus objetos, a\u00fan cuando por su tem\u00e1tica esa dimensi\u00f3n no se manifieste de manera expl\u00edcita.<br \/>\nLas primeras aguafuertes se llamar\u00e1n, en consecuencia, \u201cporte\u00f1as\u201d, por referir, como es obvio, a la ciudad de Buenos Aires. Pero Arlt se transformar\u00e1 prontamente en un cronista viajero, que ampliar\u00e1 significativamente su horizonte. Por ello, las aguafuertes ir\u00e1n variando su adjetivaci\u00f3n para dar cuenta de los nuevos itinerarios que realiza: as\u00ed, en 1930 se denominar\u00e1n \u201caguafuertes uruguayas\u201d, en 1934 \u201caguafuertes patag\u00f3nicas\u201d y en 1935 \u201caguafuertes espa\u00f1olas\u201d, con sus especificaciones como \u201cmadrile\u00f1as\u201d, \u201cafricanas\u201d, \u201casturianas\u201d o \u201cgallegas\u201d. Por otra parte, los cambios de nombre, que claramente dan cuenta del \u00e1mbito abordado en cada caso, no se limitan a esas variaciones en su adjetivaci\u00f3n, dado que en 1933 la columna se denominar\u00e1 \u201cHospitales en la miseria\u201d y en 1934 \u201cBuenos Aires se queja\u201d, cuando su autor realiza aut\u00e9nticas campa\u00f1as de denuncia de las carencias y necesidades insatisfechas que padecen los habitantes de la ciudad; de igual manera, en 1936 la columna se titular\u00e1 \u201cTiempos presentes\u201d o \u201cAl margen del cable\u201d, cuando se aparta de los temas locales para abordar cuestiones inherentes a la problem\u00e1tica mundial de la \u00e9poca.<br \/>\nComo lo indican tales t\u00edtulos, las cr\u00f3nicas de Roberto Arlt no se limitaban a esa especie de registro \u201cantropol\u00f3gico\u201d del mundo en que viv\u00eda, sino que supon\u00edan, adem\u00e1s, verdaderas intervenciones en el orden de lo social y lo pol\u00edtico cuyo car\u00e1cter cr\u00edtico alcanzaba tambi\u00e9n al campo del arte y de la literatura; por tal raz\u00f3n, la redacci\u00f3n de esas notas var\u00eda asimismo su configuraci\u00f3n discursiva y gen\u00e9rica: seg\u00fan los casos, se trata de relatos de viaje, de cr\u00edtica literaria o de textos de tipo ensay\u00edstico. Pero en todos los casos, las aguafuertes obedecen a una misma pulsi\u00f3n textual, en la que se reconocen las inconfundibles marcas de su singular escritura.<br \/>\nComo ya se ha dicho, esas cr\u00f3nicas nunca dejan de estar atravesadas por la escritura literaria del autor. Rec\u00edprocamente, tambi\u00e9n debe decirse que su obra de narrador y dramaturgo mucho le debe a su pr\u00e1ctica period\u00edstica, lo cual es particularmente visible en su obra narrativa mayor, la saga compuesta por Los siete locos y Los lanzallamas, en el sentido de que, por de pronto, los extensos cap\u00edtulos que conforman su texto se hallan divididos en una serie de secuencias narrativas menores, a la manera de aut\u00e9nticos episodios que, pese a  su relativa autonom\u00eda dieg\u00e9tica, no dejan de evocar la forma y la materialidad narrativa del follet\u00edn, g\u00e9nero de difusi\u00f3n period\u00edstica por excelencia en el siglo pasado y comienzos del actual.   Y si la articulaci\u00f3n del texto de las novelas revela de ese modo la impronta de las formas de la escritura period\u00edstica (dada por la brevedad y recurrencia de peque\u00f1as unidades producidas para su entrega diaria), ello es reforzado por el hecho de que cada uno de esos \u201cepisodios\u201d lleva un t\u00edtulo, al igual que los art\u00edculos que integran el cuerpo de un peri\u00f3dico; a su vez, los t\u00edtulos de esas secuencias narrativas cumplen una funci\u00f3n similar a la de los t\u00edtulos period\u00edsticos, puesto que operan como verdaderas condensaciones o tematizaciones de los asuntos que relatan.<br \/>\nPero lo period\u00edstico no se agota en ese plano formal o constructivo de los textos novel\u00edsticos: adem\u00e1s penetra en ellos para manifestarse asimismo en el plano sem\u00e1ntico. As\u00ed, en Los lanzallamas, los personajes de la novela utilizan  permanentemente a los peri\u00f3dicos como fuente de informaci\u00f3n, generando un efecto de verosimilitud que es caracter\u00edstico de los relatos realistas. Ese recurso funciona, en consecuencia, como una suerte de irrupci\u00f3n de lo real en el texto, que operar\u00eda, supuestamente, como una  autenticaci\u00f3n o garant\u00eda de la verdad de lo que all\u00ed se narra.   Se trata, por cierto, de una pretensi\u00f3n que la escritura de Arlt r\u00e1pidamente desestabliza: incorporadas al texto narrativo, las noticias devienen ellas mismas en material de ficci\u00f3n, y se pierde su procedencia period\u00edstica. Son, entonces, aut\u00e9nticas ficcionalizaciones que a su manera y en ese plano tambi\u00e9n revelan una dial\u00e9ctica peculiar, la permanente tensi\u00f3n que en la narrativa de Arlt vincula la verdad con el enga\u00f1o.<br \/>\nEsa profunda interrelaci\u00f3n entre escritura period\u00edstica y literaria encuentra su instancia de manifestaci\u00f3n mayor en el pen\u00faltimo episodio de Los Lanzallamas (\u201cUna hora y media despu\u00e9s\u201d).    Erdosain se despide del Comentador despu\u00e9s de haber realizado la confesi\u00f3n de sus \u201ciniquidades\u201d y del crimen de \u201cLa Bizca\u201d y se dispone a llevar a cabo su pr\u00f3ximo y \u00faltimo acto, el suicidio a bordo del tren al que entonces asciende; para el desarrollo de la novela se trata, en este punto, de narrar precisamente ese acto. En ese punto culminante la narraci\u00f3n, significativamente, se desplaza hacia el  \u00e1mbito de la redacci\u00f3n de un peri\u00f3dico, y representa el escenario y los personajes que le son propios. En esa dramatizaci\u00f3n, el Secretario de Redacci\u00f3n recibe una llamada de un corresponsal que le informa del suicidio de Erdosain, profiere la t\u00edpica orden de parar las m\u00e1quinas, y escribe el t\u00edtulo y el texto de la noticia que ser\u00e1 un impacto informativo:<br \/>\n\u201c- S\u00ed, con el Secretario. Oigo&#8230;Hable&#8230;<br \/>\nM\u00e1s fuerte, que no se oye nada&#8230;\u00bfEh?&#8230;\u00bfEh?&#8230;<br \/>\n\u00bfSe mat\u00f3 Erdosain?&#8230;Diga&#8230;Oigo&#8230;Si&#8230;S\u00ed&#8230;S\u00ed&#8230;Oigo&#8230;<br \/>\nUn momento&#8230;\u00bfAntes de Moreno?&#8230;Tren&#8230;<br \/>\nTren n\u00famero. Un momento \u2013 el Secretario<br \/>\nanota en la pared el n\u00famero 119 -. Siga&#8230;<br \/>\nOigo&#8230;Un momento&#8230;Diga&#8230;Pare la m\u00e1quina&#8230;<br \/>\nDiga&#8230;S\u00ed&#8230;S\u00ed&#8230;Va en seguida.<br \/>\nEl Capataz le hace una se\u00f1a al Jefe de M\u00e1quinas.<br \/>\nEste aprieta un bot\u00f3n marr\u00f3n. El ruido del oleaje<br \/>\nmerma en el taller. Resbala despacio la s\u00e1bana<br \/>\nde papel. La rotativa se detiene. Silencio<br \/>\nmec\u00e1nico.<br \/>\nEl Secretario se acerca r\u00e1pidamente al escritorio<br \/>\ndel taller y escribe en un trozo de papel cualquiera:<br \/>\nEn el tren de las nueve y cuarenta y cinco<br \/>\nse suicid\u00f3 el feroz asesino Erdosain.\u201d<br \/>\nLa muerte de Erdosain, de esa manera, es literalmente contada desde la redacci\u00f3n de un diario. Ello tiende a producir un halo de veracidad, puesto que ese contexto enunciativo tiene de por s\u00ed una relaci\u00f3n con la verdad que parece, en principio, indubitable. La escena incluye, adem\u00e1s, los aspectos m\u00e1s negativos de la actividad period\u00edstica: otro personaje, el Jefe de Revendedores, est\u00e1 satisfecho porque se logr\u00f3 aumentar la tirada en cincuenta mil ejemplares. Esa escenificaci\u00f3n del discurso period\u00edstico en la novela implica, entonces, tanto un reconocimiento como una cr\u00edtica:  si por un lado supone la admisi\u00f3n de la trascendencia social de ese discurso, y su interacci\u00f3n con el discurso narrativo que lo absorbe y transforma, por otra parte revela sus costados s\u00f3rdidos, los crudos mecanismos mercantiles que lo sustentan y determinan su \u00e9tica. En tal sentido, dir\u00edase que esa tematizaci\u00f3n del discurso period\u00edstico por parte del discurso narrativo es una manifestaci\u00f3n ejemplar de los modos en que ambos se vinculan en el imaginario de Arlt: la relaci\u00f3n que se establece entre ellos, lejos de mostrarse como una  correspondencia unitaria, siempre se presenta problem\u00e1ticamente; antes y m\u00e1s que una diferencia de contenidos o de referentes discursivos, las tensiones entre periodismo y literatura en Arlt se presentan como una relaci\u00f3n entre dos series de convenciones gen\u00e9ricas espec\u00edficas que nunca cesan de infiltrarse mutuamente.<br \/>\nY es por la misma raz\u00f3n que la escritura de sus aguafuertes tanto le debe a su pr\u00e1ctica literaria. Porque cuando en ellas se trata de representar diversos aspectos de la realidad, la experiencia y el saber po\u00e9tico del escritor proveen  los medios y recursos que posibilitan esa representaci\u00f3n. As\u00ed, t\u00e9cnicas y procedimientos narrativos, descripciones, dramatizaciones, y por sobre todo un estilo reconocible tanto por su l\u00e9xico como por sus figuras y su sintaxis, sostienen inequ\u00edvocamente esos textos, en los que, al igual que en sus novelas, para Arlt siempre se trata de narrar su peculiar visi\u00f3n del mundo.<br \/>\n<strong>Presencia del escritor en sus textos <\/strong><br \/>\nA diferencia de los textos habitualmente considerados period\u00edsticos, las aguafuertes de Roberto Arlt comportan un alto grado de subjetividad, que se sostiene en la ecuaci\u00f3n en la que por lo general se revela, por el uso de la primera persona acompa\u00f1ada de un nombre propio. La forma de esa ecuaci\u00f3n \u2013 Yo, Roberto Arlt \u2013 sostiene y atraviesa sus cr\u00f3nicas, y por ello las aguafuertes pueden leerse tambi\u00e9n como las formas virtuales de un registro autobiogr\u00e1fico. Ellas narran el desplazamiento incesante de ese sujeto por el espacio y el tiempo, seg\u00fan un movimiento que ensancha permanentemente el arco de su mirada, y por eso dan cuenta tanto del devenir del mundo que se observa como del devenir de ese sujeto en el mundo observado.<br \/>\nPor ello, las aguafuertes siempre suponen diversas formas de representaci\u00f3n de su autor, que trata de escenificar su quehacer y su experiencia. As\u00ed, en una nota como \u201cEl placer de vagabundear\u201d, Arlt atribuye al vagabundeo  lo que sostiene y posibilita su escritura. Para un so\u00f1ador \u201cir\u00f3nico y un poco despierto\u201d, propone, las calles de Buenos Aires \u201cest\u00e1n llenas de novedades\u201d: ese so\u00f1ador es el que ve, pero tambi\u00e9n el que descubre, el que devela dramas escondidos o historias crueles. Notablemente, muchas de esas historias se reconocen en los semblantes de sus protagonistas, porque hay semblantes que, seg\u00fan Arlt, son \u201ccomo el mapa del infierno humano\u201d. De manera que el cronista deviene en una especie de cart\u00f3grafo, en alguien que lee en los rostros los diagramas visibles de esos dramas ocultos que alientan en la vida gregaria  y an\u00f3nima de la ciudad. As\u00ed, en su autorrepresentaci\u00f3n,  el cronista es un Int\u00e9rprete, un Gran Hermeneuta que insistentemente devela sentidos en la misma medida en que narra historias. Historias y  sentidos que le brinda la calle,  que para un so\u00f1ador como \u00e9l se transforma asimismo en \u201cun escenario grotesco y espantoso\u201d, al tiempo que \u201cla ciudad desaparece\u201d para \u201cdejar flotando en el aire agriado las nervaduras del dolor universal\u201d. En esa imagen se reconocen claramente los modos en que concibe su propio quehacer: se trata, por cierto, de una experiencia reveladora, de una suerte de iluminaci\u00f3n profana antes que m\u00edstica, que surge del encuentro con la ciudad y sus sufridos habitantes. Y es por todo ello que, para Arlt, las calles constituyen la mejor escuela para entender al mundo,  dado que ofrecen una sabidur\u00eda superior a la que pueden brindar los libros y los poetas.<br \/>\nLa perspectiva que proponen las aguafuertes supone, entonces, un fuerte anclaje subjetivo, sobre los lazos que ligan al Yo con un nombre propio. Y si el nombre es vivido como una  marca, un signo ineludible, fatalmente heredado \u2013 como lo propone la nota \u201cYo no tengo la culpa\u201d -, las aguafuertes por otra parte no dejan de remitir a escenas de la infancia, donde ese nombre funciona como un aut\u00e9ntico anticipo de aquello que llegar\u00e1 a ser  su portador adulto. As\u00ed, en notas como \u201cYo no tengo la culpa\u201d o \u201cEl viejo maestro\u201d, las aguafuertes recrean la escena de un Arlt escolar,  que anticipa  en una serie de rasgos \u2013 la imaginaci\u00f3n, la rebeld\u00eda, la capacidad de inventar o so\u00f1ar &#8211; la imagen adulta del Arlt escritor que proponen sus textos.<br \/>\nPero esa  trama autobiogr\u00e1fica que urden las aguafuertes no se limita a la evocaci\u00f3n del pasado sino que se proyecta adem\u00e1s hacia el presente. En la nota titulada \u201cLa cr\u00f3nica 231\u201d, Arlt refiere su trabajo actual, el del director del diario y el de sus lectores, como asimismo el idioma que utiliza y el de aquellos escritores a los que considera sus maestros: \u201cescribo en un \u201cidioma\u201d que no es propiamente el castellano, sino el porte\u00f1o\u201d, se\u00f1ala, para manifestar adem\u00e1s su relaci\u00f3n discipular con autores como Dickens, Quevedo, Dostoievski o Cervantes.<br \/>\nLas aguafuertes van dibujando de ese modo una cierta imagen del escritor, que, como toda imagen literaria, es una imagen construida discursivamente. Por tal raz\u00f3n,  debe representar lo que se consideran sus rasgos distintivos, aquellos atributos que le confieren su identidad singular. Entre tales atributos, como se ha  dicho, se destaca particularmente su condici\u00f3n de sujeto que pasea y que mira: muchas aguafuertes representan al cronista Arlt en el ejercicio de tales propiedades. En la nota titulada \u201cTaller de compostura de mu\u00f1ecas\u201d, Arlt se narra o se representa a s\u00ed mismo deambulando por la calle Talcahuano, donde descubre tal taller.<br \/>\nSorprendido, llega hasta la calle Uruguay, donde hay un taller similar, que se ocupa de lo mismo. A la sorpresa por la repetici\u00f3n del ins\u00f3lito hallazgo le sucede una sesuda y arbitraria meditaci\u00f3n acerca de las razones por las cuales existen esos talleres de composturas de mu\u00f1ecas;  por medio de una argumentaci\u00f3n tan aguda como sarc\u00e1stica, Arlt sostiene que esos talleres existen gracias al \u201csentimiento de taca\u00f1er\u00eda o de sentimentalismo\u201d de los \u201ceternos conservadores\u201d que acumulan objetos inservibles y de escaso valor en sus hogares.<br \/>\nLa nota vira hacia una especie de \u201ccr\u00edtica social\u201d a los h\u00e1bitos y valores de la peque\u00f1a burgues\u00eda porte\u00f1a de la \u00e9poca, seg\u00fan un procedimiento que consiste en interpretar lo que se mira. Porque las aguafuertes, en una recurrencia tan persistente como previsible en su escritura, consisten precisamente en eso: un proceso de evaluaci\u00f3n constante de todo aquello que se muestra como el espect\u00e1culo del mundo.<br \/>\nEsa modalidad de la escritura period\u00edstica de Arlt, por otra parte, siempre parece descansar sobre una supuesta anuencia o complicidad espont\u00e1nea del p\u00fablico lector. Esa actitud, lejos de reducirse al plano de los impl\u00edcitos de cada texto, en varios casos se manifiesta expl\u00edcitamente como el contenido o la materia de las aguafuertes.<br \/>\nPor ello, diversas notas incluyen la figura de sus destinatarios, representando las formas de comunicaci\u00f3n que se establecen entre Arlt y sus lectores, seg\u00fan un procedimiento al que podr\u00eda calificarse como tematizaci\u00f3n del circuito interlocutivo. As\u00ed, una  nota como \u201cSobre la simpat\u00eda humana\u201d muestra con claridad las caracter\u00edsticas de dicho circuito, al pasar revista a los distintos tipos de cartas que Arlt recibe diariamente. Pero ese relevamiento no s\u00f3lo permite conocer algunos datos referidos a los emisores de las cartas \u2013 puede tratarse, seg\u00fan los casos, de una muchacha que escribe cada quince d\u00edas, de un hombre que manejar\u00eda con m\u00e1s habilidad un martillo o un pincel que una pluma, de una dactil\u00f3grafa o de un estudiante \u2013 sino que permite adem\u00e1s, dar cuenta de la perplejidad que experimenta Arlt frente a esos mensajes, ante todo  por no saber verdaderamente qui\u00e9nes son los que le escriben, ya que las cartas no son m\u00e1s que las manifestaciones visibles de un otro ignoto, \u201cinexistente\u201d. \u201c\u00bfCon qui\u00e9n habla uno?. He aqu\u00ed el problema\u201d, se pregunta y responde Arlt, enfrentado a esa masa de lectores de los que conoce tan s\u00f3lo sus se\u00f1as epistolares. Pero esa perplejidad que genera la realidad abstracta y an\u00f3nima de su multitudinario p\u00fablico, en lo que parecer\u00eda toda una escenificaci\u00f3n de la posici\u00f3n del escritor en las sociedades contempor\u00e1neas, puede transformarse asimismo en una sensaci\u00f3n agradable, cuando Arlt se\u00f1ala que todos esos lectores \u201cse parecen por la identidad del impulso\u201d, esto es, que la necesidad de expresi\u00f3n, de comunicaci\u00f3n, los hace semejantes.<br \/>\nLas cartas \u2013 aut\u00e9nticos sustitutos de ese otro que es el p\u00fablico lector \u2013 pueden entonces interpretarse como la manifestaci\u00f3n de \u201cun problema, una realidad espiritual\u201d que encierra cada hombre, y por ello inspiran en Arlt la fantas\u00eda que podr\u00eda calificarse de \u201cmoderna\u201d y \u201cdemocr\u00e1tica\u201d de un diario escrito \u00fanicamente por sus lectores: un diario donde \u201ccada hombre y cada mujer pudiera exponer sus alegr\u00edas, sus desdichas, sus esperanzas\u201d. Si esa fantas\u00eda supone, por una parte, algo as\u00ed como un movimiento demag\u00f3gico hacia ellos, por la otra pone de relieve el reconocimiento de la importancia fundamental que cobran los lectores para Arlt, ya que sin ellos, su quehacer period\u00edstico y literario no podr\u00eda sostenerse e incluso perder\u00eda sentido.<br \/>\nAdem\u00e1s de esas formas de comunicaci\u00f3n espistolar, las aguafuertes tambi\u00e9n recurren a formas de comunicaci\u00f3n telef\u00f3nica establecidas por sus receptores. En una nota titulada \u201cLa se\u00f1ora del m\u00e9dico\u201d, Arlt dramatiza, en tono de comedia, la llamada que le hace un m\u00e9dico, quien le pide que escriba una nota sobre su esposa, que ha sido cautivada por el habla de un curandero. El planteo le permite desplegar ca\u00fasticos juicios acerca de la incurable credulidad de las mujeres, atrapadas con facilidad  por la charlataner\u00eda de esos chamanes modernos, pero adem\u00e1s, a partir de ah\u00ed puede poner en escena uno de los roles esenciales que desempe\u00f1a su p\u00fablico, como es el de ofrecerle temas y asuntos para su columna. Pero las aguafuertes no consignan solamente esa situaci\u00f3n: tambi\u00e9n registran otro tipo de actitudes hacia su autor, mucho menos favorables o amistosas. As\u00ed, en \u201c\u00bfC\u00f3mo quieren que les escriba?\u201d, Arlt  reproduce el reclamo de un lector, quien le pide que \u201cno rebaje m\u00e1s sus art\u00edculos hasta el cieno de la calle\u201d. La misma clase de cr\u00edtica es narrada en otra nota, titulada \u201cEl derecho de alacranear\u201d, en la que un lector le escribe para contarle que, en una tertulia de caf\u00e9, uno de los contertulios ha dicho que las aguafuertes \u201cno pasan de ser descripciones perrunas\u201d, mientras que otro ha afirmado que \u201cno son aguafuertes sino que son pasteles\u201d. Por ello, el autor de la carta, que a diferencia de los otros parroquianos se ubica en una posici\u00f3n favorable respecto de Arlt, le pide que lo instruya acerca de c\u00f3mo defenderlo, dici\u00e9ndole si lo que escribe son o no aguafuertes. La respuesta da lugar a una de sus m\u00e1s notables argumentaciones; descalifica, ante todo, ese tipo de preguntas por el g\u00e9nero de sus textos: \u201cnunca me interes\u00f3 la etiqueta con que se clasifica cualquier mercader\u00eda\u201d, afirma y luego, con su desenfadado lenguaje, desmitifica la importancia que suele atribuirse a las clasificaciones de las obras. Porque lo que cuenta es la sustancia, el contenido de lo que se dice, sostiene Arlt, independientemente de los r\u00f3tulos que lo expresan. De igual modo, admite que no todos los lectores reaccionan de la misma forma ante sus textos; algunos se disgustan por lo mismo que otros se complacen.<br \/>\nDe esa forma, las aguafuertes incorporan la representaci\u00f3n de sus lectores en su  textualidad, exhibiendo la diversidad de actitudes con que se sit\u00faan en la instancia de su recepci\u00f3n. Ello contribuye a \u201cverosimilizar\u201d dicha representaci\u00f3n, volviendo cre\u00edbles las im\u00e1genes que los inscriben en las cr\u00f3nicas. Independientemente de los grados de correspondencia que esas im\u00e1genes pudieran guardar con los destinatarios reales, emp\u00edricos, de las aguafuertes, su mero dibujo simboliza de manera elocuente el valor y la significaci\u00f3n que esos destinatarios supon\u00edan para la perspectiva de su autor. Son, por as\u00ed decir, el otro necesario de la escritura de Arlt, el mismo que posibilita y confiere sentido a la presencia del escritor en sus propios textos.<br \/>\n<strong>El mundo representado<\/strong><br \/>\nComo se ha se\u00f1alado, las aguafuertes suponen, en primer instancia, un intento de representaci\u00f3n del mundo urbano tal y como Arlt estima que dicho mundo se manifiesta en la ciudad de Buenos Aires. Por ello, las primeras cr\u00f3nicas que escribe emanan de un itinerario, un nervioso paseo por los lugares m\u00e1s significativos de la ciudad: el espacio lim\u00edtrofe de Flores, donde el pasado se pierde irremisiblemente; el \u00e1mbito del Parque Rivadavia, proclive para las formas efusivas del amor; la Isla Maciel, especialmente iluminada por las formas expresionistas del espect\u00e1culo de un conjunto de gr\u00faas abandonadas, que parecen \u201cun paisaje del alg\u00fan cuento fant\u00e1stico de Lord Dunsany\u201d; el Jard\u00edn Bot\u00e1nico, convertido en el escenario par\u00f3dico de la holgazaner\u00eda y  la indolencia de los habitantes de la ciudad. Semejante recorrido no pod\u00eda dejar de incluir como una de sus estaciones privilegiadas  la calle Corrientes, tal como lo expone \u201cEl esp\u00edritu de la calle Corrientes no cambiar\u00e1 con el ensanche\u201d, que condensa, casi como una alegor\u00eda, los rasgos caracter\u00edsticos del esp\u00edritu de la ciudad, ese modo de ser porte\u00f1o que en ella (y por ella) siempre est\u00e1 haci\u00e9ndose presente.<br \/>\nEsos lugares, por otra parte, est\u00e1n l\u00f3gicamente poblados, y en consecuencia las aguafuertes, que no lo ignoran, llevan a cabo un registro o m\u00e1s bien un retrato de los tipos caracter\u00edsticos, idiosincr\u00e1sicos, que los habitan. Esos tipos son, m\u00e1s que personajes en el sentido literario del t\u00e9rmino \u2013 esto es, individuos singulares dotados de una psicolog\u00eda y una \u201cinterioridad\u201d subjetiva que los distingue en la medida en que les confiere una identidad personal &#8211; especies de \u00edconos, o aut\u00e9nticos diagramas de tipos sociales a los que reconocemos por sus atributos gen\u00e9ricos: el solter\u00f3n, el tenorio, el enamorado, el mir\u00f3n, el que se tira a muerto, el que da siempre la raz\u00f3n, el hombre corcho. Por tal raz\u00f3n, siempre se presentan como casos, esto es, como manifestaciones singulares, puntuales, de aquello que podr\u00eda considerarse como su ser gen\u00e9rico, lo cual en  ocasiones procede de generalizaciones tan imaginarias como arbitrarias, a la manera de inferencias humor\u00edsticas producidas a partir de observaciones particulares: una nota (valga como ejemplo) como \u201cEl hombre de la camiseta calada\u201d  afirma que \u201ctodos los leg\u00edtimos esposos de las planchadoras usan camisetas caladas\u201d, y  adem\u00e1s \u201cno trabajan\u201d. Ese  procedimiento revela, desde luego, la mirada de Arlt, pero adem\u00e1s, y esencialmente, intenta hacerse cargo de una probable perspectiva atribuida al  p\u00fablico lector &#8211; aquello que podr\u00eda llamarse acaso una ideolog\u00eda o un  sistema de opiniones y creencias &#8211; con la que el autor de las cr\u00f3nicas siempre intenta establecer complicidades. Al mismo tiempo, y tal vez para ser persuasivos, esos tipos que evocan  las aguafuertes suelen ser vistos con humor e iron\u00eda pero tambi\u00e9n con piedad e indulgencia; ya se trate de esas muchachas sacrificadas, que pasan la vida trabajando duramente desde peque\u00f1as, de esos turcos que recorren la ciudad ofreciendo baratijas mientras juegan a la loter\u00eda para poder volver a su pa\u00eds, o de los j\u00f3venes que se postulan para un trabajo tan deseado como inaccesible, los seres que las cr\u00f3nicas retratan devuelven, como en espejo, infinidad de rasgos y caracteres en los que, seguramente, deb\u00edan reconocerse sus consecuentes lectores. No obstante ello, la indulgencia de Arlt nunca resulta absoluta o indiscriminada:  en ocasiones cede su lugar a una visi\u00f3n cr\u00edtica de esas figuras, como ocurre con la imagen corrosiva del oportunismo que se expone en  \u201cEl hombre corcho\u201d. Por otra parte, y a pesar de esa  intenci\u00f3n de concordar generalmente con los valores y opiniones del p\u00fablico lector, las aguafuertes arltianas soslayan lo que podr\u00eda llamarse la perspectiva moral socialmente dominante, al rescatar ciertas actitudes y comportamientos de naturaleza  transgresora y por momentos ilegal: as\u00ed, hablar\u00e1n no s\u00f3lo del que obtiene ventajas en el trabajo a costa de los otros  o del que vive de lo que saca a los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n de aut\u00e9nticos malvivientes, como ocurre en \u201cConversaciones de ladrones\u201d, donde se formula una significativa homolog\u00eda entre los que roban y los que cuentan historias, como si se tratase, por lo menos en su caso,  de propiedades convergentes.<br \/>\nJunto con esa aut\u00e9ntica galer\u00eda de tipos socialmente relevantes, las aguafuertes arltianas exhiben asimismo lo que podr\u00eda definirse como costumbres y actitudes culturalmente significativas. Y en este caso, tambi\u00e9n pueden abarcar desde h\u00e1bitos y pr\u00e1cticas de tipo picaresco, que son mirados con benevolencia, como ocurre, por ejemplo, en las aguafuertes \u201cEl hermanito coimero\u201d o \u201cEl enfermo profesional\u201d, hasta actitudes y costumbres que se constituyen en objeto de cr\u00edtica implacable por parte del autor. Ejemplo de ello es la nota \u201cFilosof\u00eda del hombre que necesita ladrillos\u201d, donde se pone en evidencia, sat\u00edricamente, las formas de hurto que practican los \u201cpeque\u00f1os propietarios\u201d cuando se abocan a la tarea de construir sus viviendas, para proponer, seg\u00fan los modos tan brillantes como ir\u00f3nicos de su argumentaci\u00f3n, que \u201cviene aqu\u00ed a establecerse casi la verdad de ese postulado de Proudhon de que la propiedad es un robo\u201d.<br \/>\nLa mirada de Arlt aparece, de ese modo, como sesgada; soslaya los objetos privilegiados por el discurso period\u00edstico convencional \u2013 los grandes episodios, los personajes importantes \u2013 para detenerse en aquello que nunca podr\u00eda ser tema de dicho discurso: lo \u00ednfimo de la vida social, el detalle de las formaciones culturales. Si muchas de las aguafuertes resultan paradigm\u00e1ticas respecto de esa modalidad, hay una que la condensa de manera ejemplar, \u201cSilla en la vereda\u201d. Porque al hablar de algo aparentemente tan insignificante como es la costumbre de \u201csacar sillas\u201d a la calle al atardecer, la escritura de Arlt revela, con agudeza, sus aspectos caracter\u00edsticos. En primer t\u00e9rmino, lo que podr\u00eda llamarse la necesaria irrupci\u00f3n de la subjetividad: \u201cYo no s\u00e9 qu\u00e9 tienen estos barrios tan tristes en el d\u00eda bajo el sol, y tan lindos cuando la luna los recorre oblicuamente\u201d dir\u00e1 el cronista, dramatizando su atracci\u00f3n por esos escenarios barriales, al hablar de ellos desde el lugar intransferible de su propio Yo. A ello se a\u00f1ade el uso de un l\u00e9xico y una sintaxis que identifican, de manera inequ\u00edvoca, su peculiar estilo. Con esos instrumentos verbales,  Arlt responde a sus propias  interrogaciones diciendo: \u201cEncanto mafioso, dulzura mistonga, ilusi\u00f3n baratieri, \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9 tienen todos estos barrios!\u201d,  en  una secuencia nominal en la que la adjetivaci\u00f3n puede ser entendida como uno de los registros por los que penetra el habla popular en el texto de la cr\u00f3nica. Y si la adjetivaci\u00f3n remite a este \u00e1mbito, los sustantivos pertenecen a otro registro, m\u00e1s \u201calto\u201d o por lo menos m\u00e1s neutro:  por tal raz\u00f3n, en ese nivel tan puntual, la sintaxis de Arlt, a su manera, pone de manifiesto el sentido de mezcla y amalgama cultural que caracteriza a su escritura, que la nota tematiza  y enfatiza cuando dice luego: \u201cFuler\u00eda po\u00e9tica, encanto misho, el estudio de Bach o de Beethoven junto a un tango de Filiberto o Mattos Rodr\u00edguez\u201d.<br \/>\nEsa mirada al sesgo, por otra parte, no es privativa de esta clase de notas abiertamente costumbristas, sino que domina en la totalidad de las aguafuertes: a\u00fan en aquellas que abordan excepcionalmente temas o asuntos de actualidad, la mirada del cronista es la misma. As\u00ed, en la serie que escribe a prop\u00f3sito del golpe militar del 6 de setiembre de 1930, en vez de referir a los grandes protagonistas de ese episodio escribe mirando al com\u00fan de la gente, es decir, a los soldados, los oficiales de menor jerarqu\u00eda, los transe\u00fantes, los comerciantes o los propios periodistas que  en diversa medida participan de ese suceso, para adoptar generalmente su misma perspectiva en el tratamiento de esos temas.<br \/>\nPor consiguiente, puede decirse que la escritura de las aguafuertes se organizan seg\u00fan constantes y variables. Ser\u00eda, de este modo, una constante la perspectiva adoptada por el autor, su peculiar mirada: se trata siempre del mismo punto de vista, que se posiciona en el territorio multiforme de las culturas de los sectores populares urbanos. Mientras que los lugares sobre los que y desde los que escribe, los hic et nunc desde donde emite sus singulares mensajes, constituyen uno de los elementos variables de sus textos, que permite trazar el recorrido por el mundo que Arlt va realizando a lo largo de su vida. Eso se lee, por ejemplo, en las \u201caguafuertes patag\u00f3nicas\u201d, escritas en 1934, en las que se trata, como siempre, de la mirada urbana de Arlt, pero proyectada, en este caso, sobre un mundo agreste, natural, de formas y car\u00e1cter \u201cno-urbano\u201d por as\u00ed decirlo.   Ese mundo patag\u00f3nico, en las cr\u00f3nicas de Arlt, se revela como un inmenso espacio a conquistar, y por ello sus textos se leen como la narraci\u00f3n \u00e9pica de su apropiaci\u00f3n, a la manera de los cl\u00e1sicos relatos de conquista. Ello constituye una manifestaci\u00f3n de la atracci\u00f3n que ejerci\u00f3 el espacio patag\u00f3nico no s\u00f3lo en Arlt sino tambi\u00e9n  en toda una vertiente de la literatura argentina que tiene en Roberto J. Payr\u00f3 una expresi\u00f3n primigenia, y que en el caso de Arlt se revela adem\u00e1s en sus textos de ficci\u00f3n, ya que la Patagonia se constituye en esperanza de redenci\u00f3n en el final de El Juguete Rabioso, o en el \u00e1mbito m\u00edtico donde se desarrollan las andanzas de \u201cEl Buscador de Oro\u201d en Los Siete Locos. Y si en las \u201caguafuertes patag\u00f3nicas\u201d los personajes que retratan las cr\u00f3nicas suelen ser aut\u00e9nticos pioneros, su tono y su sentido adoptan las formas de lo grandioso e incluso lo desmesurado, dado que en ellas todo parece basarse en el esfuerzo f\u00edsico y la destreza que permiten realizar acciones caracter\u00edsticas como cazar, construir, y en definitiva dominar a la naturaleza. La admiraci\u00f3n del cronista por ese mundo tan resistente como incipiente es notoria: Arlt siempre parece fascinarse por el espect\u00e1culo de la liberaci\u00f3n de fuerzas que supone el acceso a la modernidad, sobre todo en un escenario natural que se ofrece como desaf\u00edo f\u00edsico e imaginario.<br \/>\nPero la fascinaci\u00f3n y la curiosidad de Arlt no se agotan ante el espect\u00e1culo de ese mundo surgente, sino que se despliegan adem\u00e1s ante el espect\u00e1culo milenario del universo europeo. Notoriamente, cuando el desplazamiento del cronista por el mundo sea mayor, su atracci\u00f3n por lo diferente, lo novedoso, se incrementar\u00e1 de manera proporcional. Como es sabido, en 1935 Arlt viaja a Espa\u00f1a, desde donde escribir\u00e1 una serie de cr\u00f3nicas que dan cuenta de su admiraci\u00f3n por todo lo que all\u00ed encuentra. En primer t\u00e9rmino, la arquitectura tradicional de sus antiqu\u00edsimas ciudades, los monumentos y construcciones religiosas que abundan en su territorio, pero tambi\u00e9n sus habitantes, de los que una vez m\u00e1s, y de modo invariante, registrar\u00e1 sus manifestaciones y sus tipos populares.  Esa atracci\u00f3n,  por otra parte, nunca ser\u00e1 ingenua: el enfrentamiento con el mundo europeo parece potenciar la conciencia perceptiva y cognitiva en Arlt. De ese modo, en una nota titulada \u201cLlegada a C\u00e1diz\u201d  critica la visi\u00f3n distorsionada, mediada, que de Espa\u00f1a ofrecen la m\u00fasica, la fotograf\u00eda o la literatura, para reivindicar la percepci\u00f3n directa, si se quiere emp\u00edrica, que le permite acceder a lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las im\u00e1genes costumbristas y convencionales: las calles, las multitudes, la realidad misma de la Espa\u00f1a popular.   Se trata de una est\u00e9tica o una po\u00e9tica que privilegia los contactos directos con Europa, y que, por lo tanto, s\u00f3lo puede plasmarse como una literatura de viaje. Por esa v\u00eda las aguafuertes de Arlt se emparientan con otros textos contempor\u00e1neos que tambi\u00e9n relatan la experiencia del viaje a Europa, como los que escribieran pocos a\u00f1os antes Oliverio Girondo y Ra\u00fal Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, entre otros. Porque m\u00e1s all\u00e1 de las diferencias de g\u00e9nero que separan a las aguafuertes arltianas de los libros que por entonces publican Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n y Girondo \u2013 pensamos, b\u00e1sicamente, en obras como Veinte poemas para ser le\u00eddos en el tranv\u00eda y Calcoman\u00edas en el caso de Girondo, y en La calle del agujero en la media en el caso de Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n -, las cr\u00f3nicas de Arlt comparten con los versos de esos poetas el mismo af\u00e1n por registrar, desde la misma Europa, la visi\u00f3n novedosa de un mundo viejo al que se accede desde una exterioridad.   Difieren desde luego en el tono y en el lenguaje adoptados para dar cuenta de lo que registran: as\u00ed, los poemas de Girondo se caracterizan por una irreverencia sarc\u00e1stica y par\u00f3dica que desacraliza las im\u00e1genes milenarias de Europa y, por ello, cuando se enfrentan con los mismos objetos que reclaman la atenci\u00f3n de las cr\u00f3nicas de Arlt, trazan una imagen cr\u00edtica, hasta irrisoria de los mismos.   Los poemas de Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, por su parte, parecen aproximarse m\u00e1s a la visi\u00f3n de Arlt, puesto que, como \u00e9l, este autor registra figuras populares, y manifiesta un inter\u00e9s similar por los vestigios monumentales del pasado. No obstante, sus textos tienen un tono jovial, una euforia vital que pone el acento en la experiencia y la figura del poeta, lo cual implica, por otro lado, una diferencia evidente respecto de la escritura arltiana. De todos modos, y m\u00e1s all\u00e1 de tales diferencias, las cr\u00f3nicas de Arlt comparten con la poes\u00eda de Girondo y Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n su condici\u00f3n de textos de viaje, trayendo, acaso movidos todos por su similar y generacional inter\u00e9s, un afuera monumental al espacio de la literatura argentina. En tal sentido, representan asimismo la presencia de una escritura for\u00e1nea en el seno mismo de la geograf\u00eda y la cultura europeas, para intentar trazar, desde su propio territorio, las representaciones textuales con que la literatura argentina nunca deja de des-cubrir al universo europeo.<br \/>\n<strong>El ejercicio de la cr\u00edtica<\/strong><br \/>\nEse trabajo de registro y representaci\u00f3n que implican las aguafuertes arltianas supone, como uno de sus rasgos caracter\u00edsticos, el ejercicio constante de la cr\u00edtica. El universo de objetos y sujetos que permanentemente dibujan nunca es visto con neutralidad; siempre constituye una materia que se somete a notorios procesos de valoraci\u00f3n. En tal sentido, para la escritura de Arlt todo debe evaluarse, asumiendo posiciones muchas veces beligerantes y pol\u00e9micas, a la manera de aut\u00e9nticas intervenciones pol\u00edticas en el orden de lo social, lo pol\u00edtico y lo cultural.<br \/>\nPero la cr\u00edtica que se ejerce de forma incesante sobre el universo representado, descansa adem\u00e1s en un movimiento que somete a cr\u00edtica al medio o al instrumento de la representaci\u00f3n, esto es, al lenguaje mismo utilizado por el autor. Desde esa perspectiva, puede afirmarse que Arlt posee una clara conciencia de los recursos verbales con los que trabaja; eso lo lleva a adoptar posiciones radicales y provocativas respecto de un conjunto de opiniones y creencias impuestos socialmente acerca de los usos correctos del lenguaje. En consecuencia, y de modo an\u00e1logo a lo que se produce en su obra de ficci\u00f3n \u2013lo que vuelve a establecer un continuo entre los diversos aspectos de su producci\u00f3n-, las aguafuertes adoptan formas y usos propios del habla popular como la materia verbal a partir de la cual se genera su escritura, seg\u00fan una operatoria discursiva que conjuga valoraciones de tipo cultural con posiciones pol\u00edticas y principios \u00e9ticos en la pr\u00e1ctica textual de su autor. La escritura de las aguafuertes supone una posici\u00f3n enunciativa que se configura a partir del prop\u00f3sito de asumir un aut\u00e9ntico decir popular, reivindicado frente a las concepciones cerradas y retr\u00f3gadas del poder pol\u00edtico y cultural. Desde ese punto de vista, Arlt se revela como un observador atento no s\u00f3lo de la realidad que observa sino tambi\u00e9n del lenguaje, de las formas y usos ling\u00fc\u00edsticos concretos propios de los sectores mayoritarios de la sociedad. Por ello, justamente, se define como alguien que practica una filolog\u00eda lunfarda, seg\u00fan una figura que vincula, de un modo tan provocativo como escandaloso, el \u00e1mbito de una disciplina prestigiosa y acad\u00e9mica con un objeto socialmente degradado e inadmisible para ese campo del saber.   Pero la actividad del \u201cfil\u00f3logo lunfardo\u201d no se limita a exhumar el sentido de un conjunto de t\u00e9rminos habitualmente ignorados por el saber acad\u00e9mico, sino que yendo hacia su origen, como corresponde a una genuina labor filol\u00f3gica, practica una serie de operaciones de traducci\u00f3n, al establecer las equivalencias espa\u00f1olas de esas voces de ra\u00edz for\u00e1nea que el fil\u00f3logo dobla para sus lectores.<br \/>\nDe manera que Arlt traduce, es decir, vincula por encima de las diferencias ling\u00fc\u00edsticas y culturales, cuando la cultura oficial se empecina en segregar esas formas esp\u00fareas del habla popular: de ah\u00ed el alcance y el valor pol\u00edtico de su escritura. De ello da cuenta, de manera paradigm\u00e1tica, la nota \u201cEl idioma de los argentinos\u201d, en la que polemiza con un exponente de la cultura acad\u00e9mica, Jos\u00e9 Mar\u00eda Monner Sans, quien preconiza la necesidad de desarrollar una campa\u00f1a de depuraci\u00f3n de la lengua. Arlt responde a ese prop\u00f3sito reivindicando la creatividad del habla popular, a la que compara con las formas populares y nativas de la pr\u00e1ctica del boxeo, oponi\u00e9ndolas a las formas escol\u00e1sticas y europeizantes del boxeo de sal\u00f3n. Le\u00eddos desde esta perspectiva, los textos de Arlt parecen  recoger ciertos temas propios de la \u00e9poca, como los que refieren a los componentes populares de la cultura nacional. Se trata, por cierto, de la preocupaci\u00f3n por una cultura situada, o por la situaci\u00f3n de la cultura local, que no podr\u00eda entenderse desconociendo las relaciones de fuerza conflictivas que configuran dicha situaci\u00f3n.<br \/>\nY es a partir de semejantes puntos de vista que Arlt desarrolla adem\u00e1s su tarea de cr\u00edtico cultural. As\u00ed, las aguafuertes exponen sus particulares intereses acerca de la literatura, el cine o el teatro contempor\u00e1neos, desplegando un cat\u00e1logo de nombres que configuran el espectro de todo aquello que concita su inter\u00e9s: por ejemplo, los nombres de Enrique Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, Sergio Pondal R\u00edos, Armando Disc\u00e9polo, o Charles Chaplin. En esa serie de notas, Arlt se revela como un receptor atento y especializado de las obras que comenta, que puede exhibir sus conocimientos t\u00e9cnicos acerca de la materia analizada, sobre todo en el caso de las obras literarias.<br \/>\nSi las aguafuertes en las que Arlt ejerce la cr\u00edtica cultural trasuntan casi naturalmente su condici\u00f3n de escritor, ello se potencia a\u00fan m\u00e1s cuando escribe notas que constituyen manifestaciones espec\u00edficas del g\u00e9nero ensay\u00edstico. En ellas reflexiona acerca del ser y del destino de la literatura actual, tanto como acerca de la naturaleza de la juventud  o de lo que significa el advenimiento de la guerra, sin que ninguna de esas cuestiones deje de estar contaminada por las significaciones que generan las otras.   Podr\u00eda decirse, entonces, que en estas aguafuertes el escritor Roberto Arlt se manifiesta en todo su esplendor: atravesando las urgencias propias del medio y de los g\u00e9neros period\u00edsticos, se enfrenta con un mundo que trepida, y en ese enfrentarse lo interpela persistentemente, para tratar de revelar, con sus honrosos recursos verbales,  la naturaleza real de su miseria y su grandeza.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong>:<br \/>\n<strong>De Roberto Arlt<\/strong>:<br \/>\nRoberto Arlt: Nuevas Aguafuertes Porte\u00f1as. Buenos Aires, Librer\u00eda Hachette S.A., 1961.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Aguafuertes Porte\u00f1as. Buenos Aires, Losada, 1990.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Aguafuertes Porte\u00f1as. Cultura y Pol\u00edtica. Buenos Aires, Losada, 1992.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Aguafuertes Porte\u00f1as. Buenos Aires, vida cotidiana. Buenos Aires, Alianza, 1993.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Secretos femeninos. Buenos Aires, Biblioteca P\u00e1gina 12, 1996.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Tratado de delincuencia. Buenos Aires,  Biblioteca P\u00e1gina 12, 1996.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: En el pa\u00eds del viento. Buenos Aires, Simurg, 1997.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;: Aguafuertes Espa\u00f1olas, incluidas en la edici\u00f3n de la Obra Completa, Tomo III, Buenos Aires, Planeta-Carlos Lohle, 1991.<br \/>\n<strong>Sobre Roberto Arlt<\/strong>:<br \/>\nCarlos Correas: Arlt literato. Buenos Aires, Atuel, 1995.<br \/>\nHoracio Gonz\u00e1lez: Arlt. Pol\u00edtica y locura. Buenos Aires, Colihue, 1996.<br \/>\nDiana Guerrero: Roberto Arlt, el habitante solitario. Buenos Aires, Granica, 1972.<br \/>\nRa\u00fal Larra: Roberto Arlt, el torturado. Buenos Aires, Futuro, 1950.<br \/>\nDavid Maldavsky: La crisis en la narrativa de Roberto Arlt. Buenos Aires, Escuela, 1968.<br \/>\nFrancine Masiello: \u201cAcerca de la parodia y la locura\u201d, en Lenguaje e Ideolog\u00eda. Buenos Aires, Hachette, 1986.<br \/>\nOscar Masotta: Sexo y traici\u00f3n en Roberto Arlt. Buenos Aires, Jorge Alvarez Editor, 1965.<br \/>\nAngel N\u00fa\u00f1ez: La obra narrativa de Roberto Arlt. Buenos Aires, Nova. 1973.<br \/>\nAlan Pauls: \u201cArlt: la m\u00e1quina literaria\u201d, en el Tomo VII de la Historia Social de la literatura Argentina &#8211; Yrigoyen entre Borges y Arlt. Buenos Aires, Contrapunto, 1989.<br \/>\nEnrique Pezzoni: \u201cMemoria, actuaci\u00f3n y habla en un texto de Roberto Arlt\u201d, en Homenaje a Ana Mar\u00eda Barrenechea. Madrid, Castalia, 1984.<br \/>\nRicardo Piglia: \u201cRoberto Arlt, La Ficci\u00f3n del dinero\u201d, en revista Hispam\u00e9rica N\u00ba7. Buenos Aires, 1974.<br \/>\nAdolfo Prieto: \u201cLas fantas\u00edas y lo fant\u00e1stico en Roberto Arlt\u201d, en Bolet\u00edn de Literaturas Hisp\u00e1nicas. Facultad de Filosof\u00eda y Letras de Rosario, Rosario, 1963.<br \/>\nAdolfo Prieto: \u201cPr\u00f3logo\u201d a Los siete locos \u2013 Los lanzallamas. Buenos Aires, Hispam\u00e9rica, 1986.<br \/>\nJorge Rivera: Los siete locos. Buenos Aires, Hachette, 1986.<br \/>\nJorge Rivera: \u201cBorradores extempor\u00e1neos sobre el universo de Roberto Arlt\u201d, en revista El juguete rabioso. Buenos Aires, 1990.<br \/>\nBeatriz Sarlo: \u201cGuerra y conspiraci\u00f3n de los saberes\u201d, en Una modernidad perif\u00e9rica. Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires, Nueva Visi\u00f3n, 1988.<br \/>\nBeatriz Sarlo: La imaginaci\u00f3n t\u00e9cnica. Buenos Aires, Nueva Visi\u00f3n, 1997.<br \/>\nDavid Vi\u00f1as: \u201cEl escritor vacilante. Arlt, Boedo y Disc\u00e9polo\u201d, en Literatura argentina y realidad pol\u00edtica. Buenos Aires, Siglo Veinte, 1971.<br \/>\nAna Mar\u00eda Zubieta: El discurso narrativo arltiano. Buenos Aires, Hachette. 1987.<\/p><\/blockquote>\n<blockquote><p>* ANTE MI PEDIDO, EL ART\u00cdCULO FUE ENVIADO, GENTILMENTE, POR EL AUTOR. <\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A setenta a\u00f1os de la aparici\u00f3n de las Aguafuertes Porte\u00f1as, los textos period\u00edsticos de Roberto Arlt a\u00fan constituyen un territorio marginal y supuestamente \u201cmenor\u201d en las consideraciones cr\u00edticas de su obra. 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