{"id":35,"date":"2007-05-18T20:02:47","date_gmt":"2007-05-18T20:02:47","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2007\/05\/18\/tactica-y-estrategia-de-la-escondida-alejandro-dolina\/"},"modified":"2007-05-18T20:02:47","modified_gmt":"2007-05-18T20:02:47","slug":"tactica-y-estrategia-de-la-escondida-alejandro-dolina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2007\/05\/18\/tactica-y-estrategia-de-la-escondida-alejandro-dolina\/","title":{"rendered":"T\u00e1ctica y estrategia de la escondida &#8211; Alejandro DOLINA"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"dolina.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/dolina.jpg\" width=\"261\" height=\"225\" align=\"right\" hspace=\"20\" \/><br \/>\n<strong>UNIDAD 1<\/strong><br \/>\n<strong>TEXTO COMPLEMENTARIO<\/strong>\/ ir a <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2007\/05\/concepto_de_estrategia.php\">Concepto de estrategia<\/a><br \/>\n<strong>DOLINA, Alejandro<\/strong>, <em>Cr\u00f3nicas  del angel gris<\/em>, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, 1988.<br \/>\nNo se sabe muy bien cu\u00e1les eran los verdaderos fines de la Sociedad Amigos de la Escondida. En cambio est\u00e1 claro que tales fines no se cumplieron.<br \/>\nSin embargo, hace ya algunos a\u00f1os, la identidad solvent\u00f3 la edici\u00f3n de un peque\u00f1o folleto titulado Reglamentos, t\u00e1cticas y estrategia del juego de  la escondida. En su momento, el trabajo despert\u00f3 agudas controversias.<br \/>\nHoy que los \u00e1nimos est\u00e1n amansados hemos querido exponer el asunto ante nuestros lectores, quienes seguramente ignoran la mayor parte de los detalles de este juego en v\u00edas de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo l: Del n\u00famero de los jugadores<\/strong><br \/>\nPuede jugar a la escondida un n\u00famero cualquiera de jugadores. el m\u00ednimo es uno. Cabe se\u00f1alar que en este caso el juego es especialmente aburrido: el \u00fanico jugador se busca a s\u00ed mismo \u2013 lo que es aun m\u00e1s tedioso \u2013 busca a otros inexistentes jugadores hasta que se desalienta y abandona.<br \/>\nCon dos participantes se gana un poco de acci\u00f3n y puede decirse que el clima ideal se logra cuando intervienen m\u00e1s de seis y menos de veinte personas.<br \/>\nAsimismo cabe advertir que resulta sumamente engorroso desarrollar el juego con m\u00e1s de ochenta jugadores. Los buscadores equivocan los nombres de quienes se ocultan y con toda frecuencia se ven obligados a llevar un registro escrito en el que constan las personas que ya han sido descubiertas y las que a\u00fan permanecen en lugares desconocidos. Por otra parte, es f\u00e1cil razonar que cuando mayor es el n\u00famero de jugadores, m\u00e1s trabajoso ser\u00e1 hallar escondites  vacantes, con el consiguiente deslucimiento del juego.<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo II: El lugar donde se juega<\/strong><br \/>\nLa escondida puede practicarse tanto en lugares abiertos como recintos cerrados. Siempre es preferible elegir horarios nocturnos, pues las tinieblas suelen mejorar la calidad de los escondrijos.<br \/>\nAs\u00ed, cuando se juegue en casas o departamentos, convendr\u00e1 atenuar las luces .  Aqu\u00ed se hace indispensable una aclaraci\u00f3n fundamental: es necesario que antes de comenzar el juego se fijen expresamente los l\u00edmites geogr\u00e1ficos de su extensi\u00f3n. Fuera de ellos estar\u00e1 prohibido esconderse.<br \/>\nAlguno heresiarcas pasan por alto esta acotaci\u00f3n y nos hallamos entonces ante un juego cuyo marco es el mundo entero. Es as\u00ed como muchos jugadores se esconden en barrios alejados y aun en otras provincias, retrasando el desenlace de la competencia  hasta el punto de arruinarla por completo.<br \/>\nNota: el folleto no menciona la interesante opini\u00f3n de Manuel Mandeb, quien crey\u00f3 entender que la escondida era un juego sin l\u00edmites. Para el pensador \u00e1rabe la escondida perfecta deb\u00eda ser jugada por toda la estirpe humana, su escenario era el universo y su duraci\u00f3n la eternidad. As\u00ed, el prop\u00f3sito final   de la Historia puede consistir en el nacimiento de un futuro Elegido, que se encargar\u00e1 de librar para todos los compa\u00f1eros en un acto que marcar\u00eda el fin de los tiempos.<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo III: Finalizaci\u00f3n del juego<\/strong><br \/>\nLa escondida no tiene ganadores ni perdedores. Por eso la finalizaci\u00f3n del juego debe fijarse en forma arbitraria , pero manifiesta. Muchas veces los jugadores abandonan  la competencia sin avisar a nadie y muchos participantes tenaces  permanecen ocultos durante horas, sin que nadie se moleste en buscarlos.<br \/>\nLos miembros de esta Sociedad conocen perfectamente algunos casos c\u00e9lebres de obstinaci\u00f3n. Vale la pena mencionar la gesta del joven  Luis C. Cattaldi, que permaneci\u00f3 catorce meses en el quicio de una puerta de la calle Mor\u00f3n, cogoteando sigilosamente en direcci\u00f3n a la Piedra. Los habitantes de la casa sol\u00edan llev\u00e1rselo por delante cuando sal\u00edan y \u2013 a veces \u2013 le acercaban alg\u00fan alimento. Finalmente Cattaldi regres\u00f3 a su domicilio, gracias a los consejos de una comisi\u00f3n de esta misma Sociedad.<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo IV: Desarrollo del juego<\/strong><br \/>\nLa idea fundamental de la escondida es que todos los jugadores se oculten, con la excepci\u00f3n de uno, que ser\u00e1 el encargado de encontrar al resto.<br \/>\nPara dar tiempo a la elecci\u00f3n del escondite y a la correcta instalaci\u00f3n de cada uno en el suyo, el buscador esconder\u00e1 el rostro contra la pared, como si llorara, y permanecer\u00e1 en esta posici\u00f3n durante algunos segundos. La medici\u00f3n de este lapso, la efectuar\u00e1 el propio buscador recitando la serie de n\u00famero naturales en voz alta, hasta llegar a una cifra convenida con antelaci\u00f3n (por ejemplo 50). Acto seguido, a modo de advertencia, deber\u00e1  declamar alg\u00fan pareado revelador. El m\u00e1s usual es \u201dPunto y coma, el que no se escondi\u00f3 se embroma\u201d. El lugar donde el buscador realiza este ritual se conoce con el nombre de \u201cPiedra\u201d. Inmediatamente comienza la parte m\u00e1s divertida. el buscador recorre el campo de juego y revisa los lugares en donde sospecha que hay alguien. Cuando descubre a alg\u00fan jugador oculto sale corriendo en direcci\u00f3n a la Piedra, la toca y grita \u201cPiedra libre para Fulano\u201d. Siempre deber\u00e1 referirse a la persona descubierta de un  modo tal que su identidad quede fuera de toda duda. Este punto es muy importante, como ya veremos en otro cap\u00edtulo.<br \/>\nA su turno, el jugador  descubierto puede abandonar su refugio y abandonar su refugio y correr hacia la Piedra tratando de tocarla antes que el buscador. Si lo consigue, ser\u00e1 el quien grite \u201cPiedra libre\u201d y a los efectos del juego se reputar\u00e1 que no ha sido hallado.<br \/>\nPor otra parte, todos los jugadores pueden abandonar su escondite y llegarse hasta la Piedra, aun cuando no hayan sido descubiertos. Pero si el buscador los sorprende en su excursi\u00f3n y se les adelanta en la carrera hacia la Piedra, se les considerar\u00e1 encontrados.<br \/>\nEl primero de los jugadores que pierda la carrera hacia la Piedra recibir\u00e1 \u2013 como castigo \u2013 la obligaci\u00f3n de contar en el lance siguiente. Sin embargo, hay un recurso extremo: el \u00faltimo de los jugadores que permanezca escondido puede aventajar al buscador y gritar \u201cPiedra libre para todos mis compa\u00f1eros\u201d. Cuando esto ocurre, el buscador deber\u00e1 contar nuevamente.<br \/>\nDesde luego, ya puede colegirse que el participante capaz de culminar exitosamente esta jugada recibir\u00e1 la admiraci\u00f3n y el respeto de todos.<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo V: Distintas t\u00e1cticas<\/strong><br \/>\nExisten buscadores conservadores y buscadores audaces.<br \/>\nLos primeros no se alejan jam\u00e1s de la Piedra. Tratan, por lo general, de esperar que alguien cometa un error o trate de cambiar de escondite. Esta raza conspira contra la calidad del juego.<br \/>\nEn cambio el buscador audaz abandona las inmediaciones de la Piedra y marcha hacia los confines del campo. Se trepa a los \u00e1rboles, ingresa a los armarios y rastrea  minuciosamente los yuyales. Claro, siempre corre el riesgo de ser sorprendido por los jugadores que se han ocultado en la zona opuesta. Pero el juego se torna vivaz y lleno de matices. Abundan las carreras, los rodeos y las sorpresas.<br \/>\nExisten tambi\u00e9n los jugadores zorros, que amagan dirigirse a la derecha para tentar  a quienes se esconden por la izquierda. En cierto momento, salen disparados hacia el otro sector y as\u00ed es como sorprenden a muchos jugadores novatos que abandonan prematuramente su refugio.<br \/>\nEntre los que se esconden, tambi\u00e9n hay distintas escuelas. Algunos prefieren los escondites sencillos pero de f\u00e1cil salida, como los umbrales de las puertas. Otros los eligen complicados y de salida engorrosa: la copa de los \u00e1rboles, el fondo del canasto de la ropa, etc. Hay tambi\u00e9n quienes van rotando su escondite y cambian de posici\u00f3n mientras observan los movimientos del buscador.<br \/>\nLos mejores son los exquisitos, que inventan guaridas que s\u00f3lo ellos conocen y no las revelan jam\u00e1s. Esta clase de jugadores es la m\u00e1s temida por los que cuentan, pues muy a menudo libran para todos los compa\u00f1eros.<br \/>\nSin embargo, el escondite no debe ser nunca impenetrable. A decir verdad, el escondite perfecto termina el juego.<br \/>\nEn 1959, en una escondida que se realiz\u00f3 en Villa del Parque, el abogado Gerardo Joseph se escondi\u00f3 de un modo tan eficaz, que nunca m\u00e1s fue visto en ninguna parte. Todav\u00eda hoy muchos de sus amigos recorren la barriada grit\u00e1ndole que salga.<br \/>\nUn existoso cuento de Edgar Allan Poe insin\u00faa que el mejor escondite es aqu\u00e9l que est\u00e1 a la vista de todos. En esa narraci\u00f3n, todo el mundo busca infructuosamente una carta que en realidad hab\u00eda permanecido siempre a la vista.<br \/>\nEsta teor\u00eda podr\u00e1 ser buena para los cuentos policiales, pero no sirve en la escondida. Infinidad de jugadores han pretendido pasarse de vivos par\u00e1ndose a un metro de la Piedra con cara de disimulo. El resultado siempre es el mismo: el buscador mira extra\u00f1ado y luego, casi con estupor, murmura: \u201cPiedra libre para el Pololo, que est\u00e1 ah\u00ed parado\u201d.<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo VI: Infracciones, errores y malentendidos<\/strong><br \/>\nPuede ocurrir que el buscador descubra a un jugador oculto, pero equivoca su identidad. esto es muy frecuente en los juegos nocturnos. \u00a1Cu\u00e1ntas veces se grita \u201cPiedra libre para la Amanda\u201d, despu\u00e9s de haber visto a Juli\u00e1n!<br \/>\nEl reglamento le permite a Juli\u00e1n denunciar el error al grito de \u00a1Sangre! Esta expresi\u00f3n debe traducirse como \u00a1Reclamo! o, mejor aun, \u00a1Objeci\u00f3n!<br \/>\nSi la gesti\u00f3n prospera y se comprueba la equivocaci\u00f3n, el buscador deber\u00e1 contar nuevamente.<br \/>\nEl mismo recurso podr\u00e1 imponerse cuando se sospeche que el buscador esp\u00eda o cuando se produce alg\u00fan hecho exterior que dificulta la normal prosecuci\u00f3n del juego. (Por ejemplo, hay una grave lesi\u00f3n de uno de los jugadores o la s\u00fabita llegada de un t\u00edo al que hay que saludar)<br \/>\n<strong>Cap\u00edtulo VII: Escondites individuales y colectivos<\/strong><br \/>\nMuchos deportistas prefieren esconderse solos. Otros, en cambio, se complacen en compartir  su refugio, particularmente con personas del sexo opuesto.<br \/>\nEsta \u00faltima variante es muy bien vista en los c\u00edrculos elegantes y constituye una excelente oportunidad para acrisolar amistades y hasta para sellar romances.<br \/>\nLo m\u00e1s apropiado es elegir un escondite alejado de la Piedra. El lugar debe ser peque\u00f1o para lograr un proximidad alentadora, oscuro para invitar a la confidencia y herm\u00e9tico para evitar ser sorprendidos.<br \/>\nManuel Mandeb refiere una experiencia personal en su libro Mis amores frustrados. Veamos:<br \/>\n\u201cEn tres a\u00f1os de jugar a la escondida, jam\u00e1s hab\u00eda tenido la ocasi\u00f3n de compartir un lugar con Beatriz Velarde. Siempre hab\u00eda alguien que se adelantaba. Al parecer, Beatriz ten\u00eda comprometidos sus escondites por varios a\u00f1os.<br \/>\nUna noche de primavera, en el callej\u00f3n de la Estaci\u00f3n Flores, mientras contaba el ruso Salzman, vi que Beatriz entraba solita a la casa amarilla y abandonada que hay en una esquina. Piqu\u00e9 tras ella y alcanzamos a acomodarnos debajo de un fog\u00f3n en ruinas.<br \/>\nEstaba muy oscuro y alcanc\u00e9 a notar su aliento de chiclets Adams. Los arrabales de su pelo saludaban mi boca.<br \/>\n&#8211; Te quiero \u2013 le dije suavemente.<br \/>\n&#8211; Dec\u00edmelo mejor \u2013 contest\u00f3 Beatriz Velarde<br \/>\nEmpec\u00e9 a pensar algo ingenioso, cuando entr\u00f3 el ruso Salzman y brutalmente se\u00f1al\u00f3 el final de mi romance.<br \/>\n&#8211; Piedra libre para el turco y Beatriz \u2013<br \/>\n&#8211; Sangre, sangre \u2013 grit\u00e9 yo y era cierto, aunque no me lo creyeron.<br \/>\nNunca m\u00e1s volv\u00ed a estar a solas con Beatriz y aquella fue la \u00faltima vez que jugu\u00e9 a la escondida.\u201d<br \/>\nEl folleto de la Sociedad Amigos de la Escondida tiene algunos otros cap\u00edtulos de menor inter\u00e9s: la ropa m\u00e1s conveniente, uso y abuso de los ligustros, aprovechamiento de carros en marcha, ocultamiento en medio de un famili\u00f3n en tr\u00e1nsito, etc.<br \/>\nEn estos d\u00edas en que la Sociedad ya se ha disuelto y los chicos prefieren otros entretenimientos m\u00e1s cient\u00edficos, no est\u00e1 de m\u00e1s recomendar calurosamente la pr\u00e1ctica de la escondida. Este humilde escriba hace mucho tiempo que no encuentra ocasi\u00f3n de mostrar su destreza en tan apasionante disciplina.<br \/>\nSi alg\u00fan lector piadoso desea invitarme a jugar, acepto complacido. Aunque me parece que ya es demasiado tarde.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 1 TEXTO COMPLEMENTARIO\/ ir a Concepto de estrategia DOLINA, Alejandro, Cr\u00f3nicas del angel gris, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, 1988. No se sabe muy bien cu\u00e1les eran los verdaderos fines de la Sociedad Amigos de la Escondida. En cambio est\u00e1 claro que tales fines no se cumplieron. Sin embargo, hace ya algunos a\u00f1os, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35"}],"collection":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=35"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=35"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=35"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}