{"id":342,"date":"2008-07-23T12:31:38","date_gmt":"2008-07-23T12:31:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/23\/las-escrituras-facticias-y-su-influjo-en-el-periodismo-moderno-albert-chillon\/"},"modified":"2008-07-23T12:31:38","modified_gmt":"2008-07-23T12:31:38","slug":"las-escrituras-facticias-y-su-influjo-en-el-periodismo-moderno-albert-chillon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/23\/las-escrituras-facticias-y-su-influjo-en-el-periodismo-moderno-albert-chillon\/","title":{"rendered":"Las escrituras facticias* y su influjo en el periodismo moderno &#8211; Albert CHILLON"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 6<br \/>\nTEXTO FUENTE<\/strong><br \/>\nS\u00f3lo en un sentido lato e impreciso, asimilando el entero campo de la palabra art\u00edsticamente configurada al de la letra o littera es posible definir el periodismo como un g\u00e9nero literario, tal como con pasmosa frivolidad suele hacerse. Y s\u00f3lo con sentido y actitud id\u00e9nticos puede trazarse as\u00ed mismo, yendo en pos de los or\u00edgenes de \u00e9ste, un supuesto curso inequ\u00edvoco que remontando la Edad Moderna ir\u00eda a dar al fin con el pr\u00edstino hontanar de la literatura: venero de todos los g\u00e9neros y estilos que el periodismo de multitudes ha ido decantando. Cierto y falso<br \/>\na un tiempo.<br \/>\nCierto porque, en efecto, en las numerosas modalidades de oralidad y escritura que hoy el campo period\u00edstico cultiva es posible rastrear las huellas, a manera de genotexto \u2014y casi a modo de Ursprache fundadora\u2014 de variantes expresivas inveteradamente arraigadas en el acervo literario tradicional, considerado en la acepci\u00f3n m\u00e1s amplia posible: la de letra escrita e impresa, un territorio tan vasto que obligadamente engulle los distintos predios de la palabra, con indepedencia de que \u00e9stos sean ficticios o veridicentes, de que pasado el tiempo devengan simple mediaci\u00f3n ef\u00edmera o empalabramiento memorable (memorable speech) en el sentido que daba a la poes\u00eda W. H. Auden. En la recuperaci\u00f3n y depuraci\u00f3n period\u00edstica de la a\u00f1eja cr\u00f3nica hist\u00f3rico-literaria; en las amenas modulaciones de la charla y el coloquio que la entrevista promueve; en la compleja urdimbre intertextual que el reportaje auspicia; en los recursos de caracterizaci\u00f3n del viejo retrato que la semblanza y el perfil toman en pr\u00e9stamo; en los refinados volatines argumentales que abrevando en el ensayismo \u00e0 la Montaigne el columnismo y articulismo alientan; incluso en la literalmente sofisticada ficci\u00f3n de objetividad que el g\u00e9nero noticia y el estilo noticioso consagran, es posible detectar ese rastro.<br \/>\nFalso porque bajo tan abusiva generalizaci\u00f3n se agazapan la pereza investigadora y un raciocinio artr\u00edtico. Ya que si est\u00e1 al alcance de cualquier pont\u00edfice largar semejante lapidaria sin encomendarse a Dios ni al Diablo, no lo est\u00e1 en cambio navegar por el enmara\u00f1ado d\u00e9dalo de afluentes que desaguan en el periodismo de nuestra hora, \u00e9se tan vario y complejo que tampoco la mayor parte de los vadem\u00e9cums y breviarios al uso explican. Por m\u00e1s que el sentido com\u00fan se muestre renuente a aceptarlo, las ra\u00edces de la cultura period\u00edstica contempor\u00e1nea se hincan, como en seguida procurar\u00e9 mostrar, en suelos de textura muy diversa.<br \/>\nPara empezar, en los diversos g\u00e9neros literarios \u2014novela, nouvelle, teatro, cuento, relato\u2014 que exploran lo que acaso podr\u00eda suceder, y a los que con raz\u00f3n se denomina ficticios. Despu\u00e9s, en las todav\u00eda m\u00e1s diversas especies de car\u00e1cter testimonial y documental \u2014cr\u00f3nicas, biograf\u00edas, memorias, ep\u00edstolas, dietarios, cuadros de costumbres, ensayos, historias de vida\u2014 que tienen por objeto referir lo que en efecto ha sucedido, y a los que a fin de evitar la celada del lugar com\u00fan denominar\u00e9 no ya no ficticios, tal como induciendo a grave error suelen hacer academias y peri\u00f3dicos, sino lisa y llanamente facticios.<br \/>\nMe apresuro a aclarar que el uso de los sustantivos latinos facio (\u2018hacer\u2019, \u2018construir\u2019) y factio (\u2018acci\u00f3n\u2019, \u2018producci\u00f3n\u2019), as\u00ed como el del correspondiente adjetivo facticio(\u2018manufactuado\u2019, \u2018artificial\u2019) no supone la acu\u00f1aci\u00f3n de sendos neologismos, aunque s\u00ed la incorporaci\u00f3n a sus diversas acepciones de una nueva, muy apta para alumbrar la disquisici\u00f3n que tenemos entre manos.<br \/>\n<strong>UN PAR DE PRECISIONES PARA EMPEZAR<\/strong><br \/>\nAl menos desde que en los felices a\u00f1os sesenta del pasado siglo los llamados nuevos periodistas reivindicaron el arraigo literario de sus trabajos period\u00edsticos, as\u00ed en Estados Unidos como en Europa, casi se ha convertido en t\u00f3pico admitir que las convenciones de representaci\u00f3n depuradas por la novela realista y sus g\u00e9neros aleda\u00f1os han ejercido una alargada influencia en el periodismo.<br \/>\nEn las d\u00e9cadas pasadas, a la sombra de Truman Capote, Norman Mailer, Oriana Fallaci, Manuel V\u00e1zquez Montalb\u00e1n, Ryszard Kapuscinski, Tom Wolfe o Manuel Vicent, aprendimos a ponderar el feliz contagio que el periodismo informativo puede recibir de la narrativa de ficci\u00f3n, especialmente a trav\u00e9s del uso por parte de entrevistadores, retratistas, cronistas y reporteros de la extensa panoplia de recursos que la prosa inventiva ha decantado en el curso de su larga tradici\u00f3n.<br \/>\nConviene a\u00f1adir de entrada, no obstante, dos matices relevantes. El primero es que esa corriente de influencias jam\u00e1s ha avanzado en sentido \u00fanico: no es ya s\u00f3lo que el periodismo haya recibido abundante savia nutricia de la prosa ficticia, sino que \u00e9sta, a su vez, ha enriquecido sus pertrechos expresivos y su misma inventio \u2014su mirada, sus modos de ideaci\u00f3n y figuraci\u00f3n de temas, motivos y argumentos\u2014 abrevando a su vez de aqu\u00e9l, en un incesante toma y daca de transfusiones y trasvases que a\u00fan no ha sido debidamente comprendido ni por la filolog\u00eda acad\u00e9mica ni por la nutrida cohorte de estudiosos que de unos decenios a esta parte se afanan por desentra\u00f1ar los arcanos de la comunicaci\u00f3n y el periodismo.<br \/>\nAs\u00ed, am\u00e9n de constatar, pongamos por caso, el modo en que el gobierno del punto de vista, la construcci\u00f3n de los personajes o el empleo de los diversos procedimientos de articulaci\u00f3n de tiempo, espacio y causalidad narrativos acrisolados por los novelistas ha sido aprovechado por los m\u00e1s talentosos periodistas de nuestro tiempo, es imprescindible levantar acta del grado y los<br \/>\nmodos en que \u00e9stos \u2014sin lugar a dudas, a mi juicio\u2014, han facilitado a su vez significativos aportes a los artistas del verbo.<br \/>\nEl maestro Jos\u00e9 Mar\u00eda Valverde sol\u00eda repetir que el castellano de Larra es, junto con el de Gald\u00f3s y Clar\u00edn, uno de los dos o tres mejores del XIX en Espa\u00f1a y Am\u00e9rica \u2014como el idioma period\u00edstico de D\u2019Ors, Pla y Fuster lo es en relaci\u00f3n a la prosa catalana del XX\u2014, y en efecto hoy se antoja imposible explicar la forja de la lengua literaria de ambos siglos sin invocar la contribuci\u00f3n de los peri\u00f3dicos. La descripci\u00f3n de car\u00e1cter figurativo, a menudo lujuriante y exhaustiva, era hasta la aparici\u00f3n casi simult\u00e1nea del cine y la prensa de masas un recurso poco menos que ineludible para que los narradores de ficci\u00f3n lograran imprimir verosimilitud a sus historias y prender la imaginaci\u00f3n de los lectores, y sin embargo tanto su empleo como su estatuto discursivo han sido transformados sensiblemente no s\u00f3lo por la elocuente econom\u00eda descriptiva fomentada por revistas y peri\u00f3dicos, sino por la pl\u00e9tora de im\u00e1genes ic\u00f3nicas que los medios audiovisuales han diseminado por todos los rincones del orbe.<br \/>\nLa primorosa arquitectura que los grandes narradores del siglo pasado \u2014Proust, Woolf, Faulkner, Dos Passos, Joyce, Musil, Kafka\u2014 confirieron a sus obras se explica, antes que nada, por la soberana y riesgosa b\u00fasqueda de nuevas convenciones que permitieran empalabrar su indagaci\u00f3n en los adentros y las afueras de lo humano, pero no se comprende cabalmente si dejamos de lado la inspiraci\u00f3n que les brindaron la fotograf\u00eda y el reportaje de prensa, los seriales e informativos radiof\u00f3nicos, el cine de ficci\u00f3n y el newsreel. \u00bfPuede sopesarse como merece la escritura de El paralelo 42 sin tener en cuenta el ascendiente que sobre Dos Passos ejercieron Eisenstein y el montaje paralelo de Octubre y El acorazado Potemkin? El James Agee de la sin par Let Us Now Praise Famous Men, \u00bfes un periodista que escribe un reportaje heterodoxo a expensas de las conquistas expresivas de novelistas y cineastas, o tal vez un poeta lib\u00e9rrimo que pone en pie su apenas clasificable h\u00edbrido sin perder nunca de vista la audiencia y el estilo de los peri\u00f3dicos?<br \/>\nEl segundo matiz antes aludido tiene que ver con el hecho \u2014esencial aunque desapercibido casi\u2014 de que una porci\u00f3n muy significativa de las convenciones con que tanto literatos sensu stricto como informadores y reporteros arman sus textos no es, en rigor, privativa ni originaria de sus respectivos \u00e1mbitos, como a menudo suele darse por supuesto, sino propia de ese continente a\u00fan mayor que los comprende a ambos, y que en sentido lato cabe llamar narrativa. Desde Homero y Hes\u00edodo hasta Kundera y Kapuscinski \u2014en sentido diacr\u00f3nico\u2014, y desde las extremosidades del stream of consciusness a lo Finnegan\u2019s Wake y los coqueteos con lo inefable de Hoffmanstal y Samuel Beckett hasta el presunto grado cero expresivo de la redacci\u00f3n de noticias, pasando por los estilemas e iteraciones del c\u00f3mic, la habilidad ret\u00f3rica y mnemot\u00e9cnica de los viejos cuenteros y la pericia oral que exhiben los cultores del hip-hop y el rap en las grandes metr\u00f3polis de Occidente \u2014si practicamos un corte sincr\u00f3nico\u2014, la inexorable necesidad humana de narrar la experiencia para hacerla inteligible ha desarrollado un aut\u00e9ntico tesoro de recursos de empalabramiento en el que hacen sus primeras armas y del que extraen sus iniciales aperos relatores y audiencias de toda condici\u00f3n y laya, no importa si profesionales o silvestres.<br \/>\nConviene observar que esto ha sido as\u00ed, al menos, desde que gracias a la invenci\u00f3n de esa tecnolog\u00eda de la memoria que es la escritura se tiene noticia de las primeras huellas textuales con que los humanos tejieron el proceso de civilizaci\u00f3n, y acto seguido agregar que en ese f\u00e9rtil humus cultural \u2014mayormente oral y an\u00f3nimo\u2014 han germinado y medrado las sucesivas techn\u00e9s discursivas que los muy heterog\u00e9neos contadores del mundo han ido alambicando.<br \/>\nNo se trata de empecinarse en sostener, por supuesto, que nada nuevo hay bajo el sol, sino de asumir que las innovaciones que escritores, cineastas y reporteros forjan lo son relativamente, y que su empuje creativo es posible justo porque, de manera s\u00f3lo a primera vista parad\u00f3jica, para ser originales deben alimentarse de los or\u00edgenes que la tradici\u00f3n sedimenta y pone a su alcance. \u201cTodo lo que no es tradici\u00f3n es plagio\u201d: no por repetido el valor del c\u00e9lebre apotegma ha menguado un \u00e1pice.<br \/>\nDicho sea sin ambages: aun cuando anta\u00f1o muchos \u2014entre los que me cuento\u2014 incurrimos en el error de detectar en el periodismo de nuestros d\u00edas el recurso a t\u00e9cnicas de composici\u00f3n y estilo exclusivamente fraguadas en el yunque literario, hoy parece mucho m\u00e1s atinado observar que con harta frecuencia tales procedimientos y procederes no pertenecen a la literatura de ficci\u00f3n ni a ninguna otra especie discursiva en concreto, sino m\u00e1s bien al feraz patrimonio de los relatos del mundo. Y as\u00ed mismo que novelistas, cineastas y reporteros echan mano de ellos y los adaptan a sus respectivos medios, soportes, g\u00e9neros e idiolectos, sin perjuicio de que ese trasplante engendre a su vez renuevos fecundos.<br \/>\nPor poner un ejemplo que estimo elocuente: no resulta en modo alguno<br \/>\nfundado suponer que el estilo indirecto libre con que Capote da cuenta de la vida mental del criminal Perry Smith sea una herramienta expresiva tomada en pr\u00e9stamo a su admirado Flaubert, si convenimos en admitir que aun siendo cierto que \u00e9ste fue, con toda probabilidad, el primer autor que consagr\u00f3 su uso en la novela realista, la t\u00e9cnica preexist\u00eda a la obra del autor franc\u00e9s e incluso a las distintas escrituras de su tiempo en forma de recurso oral profusamente empleado por inn\u00fameros narradores an\u00f3nimos en sus cotidianos trueques.<br \/>\nHace m\u00e1s de medio siglo, el preclaro Mijail Bajtin descubri\u00f3 que adem\u00e1s de intertextual la novela es un g\u00e9nero altamente polif\u00f3nico, pluriling\u00fc\u00edstico y dial\u00f3gico: en su denso tejido se imbrican enunciados y formas de enunciaci\u00f3n oriundas de otros g\u00e9neros escritos y tambi\u00e9n de modulaciones variopintas de la oralidad y el coloquio. Esta es, no cabe duda, una verdad como un templo.<br \/>\nConviene tenerla presente y aplicar la ense\u00f1anza que de ella deriva a la comprensi\u00f3n de la intrincada dial\u00e9ctica que literatura y periodismo entablan, en concreto, y ante todo a los extraordinariamente promiscuos trasvases que sin cesar se producen entre los distintos cauces de la dicci\u00f3n humana, sean viejos o nuevos, orales o escritos, legos o autoriales, sagrados o profanos, ficticios o facticios.<br \/>\n<strong>EL AUGE DE LA \u201cPOSTFICCI\u00d3N\u201d<\/strong><br \/>\nAunque la cultura medi\u00e1tica contempor\u00e1nea ha aguijado su exuberante proliferaci\u00f3n, desde los albores de la escritura un contingente enorme de relatos ha asumido el compromiso de referir de modo fehaciente el acontecer. Discurriendo a modo de gran corriente paralela a las formas literarias expresamente ficticias y poi\u00e9ticas \u2014aquellas caracterizadas, seg\u00fan Arist\u00f3teles, por la mimesis de lo que podr\u00eda suceder\u2014, la anchurosa cuenca de la literatura testimonial ha ido acendrando una copiosa tradici\u00f3n de textos de vocaci\u00f3n veridicente, orientados a representar lo que ha sucedido en efecto.<br \/>\nDurante los \u00faltimos dos siglos al menos, sin embargo, desde que el advenimiento de la modernidad ilustrada, burguesa y capitalista espole\u00f3 el esp\u00edritu cient\u00edfico y el apetito de realidad de los nuevos p\u00fablicos urbanos y alfabetos, a ese gran \u00e1rbol le han crecido un par de ramas frondosas:<br \/>\n1) Por un lado, los cada vez m\u00e1s diferenciados y pujantes modos discursivos desarrollados por el periodismo y la comunicaci\u00f3n de masas, que al hilo del paulatino afianzarse de sus instituciones, ritos y audiencias han ido perfilando g\u00e9neros y dispositivos ret\u00f3ricos encaminados a dar cuenta \u2014construy\u00e9ndolos y legitim\u00e1ndolos a un tiempo, no se olvide\u2014 de los acontecimientos en su devenir concreto.<br \/>\n2) Y por otro, en segundo pero no menos importante lugar, ese relevante distrito donde prosperan las distintas escrituras factogr\u00e1ficas cultivadas, sobre todo, por las disciplinas que Dilthey consider\u00f3 ciencias del esp\u00edritu: aludo al tropel de documentos personales, historias de vida y testimonios orales de vario pelaje a los que durante el siglo XX ha ido recurriendo, de manera marginal pero creciente, un significativo contingente de historiadores, antrop\u00f3logos, soci\u00f3logos, psic\u00f3logos y dem\u00e1s -\u00f3logos empe\u00f1ados en comprender (Verstehen) la experiencia de individuos y colectivos a trav\u00e9s de las artes que el relato pone a su alcance.<br \/>\nDesde el final de la Segunda Guerra Mundial al menos, la uni\u00f3n del viejo gran r\u00edo de la prosa testimonial con estos dos afluentes recientes ha engendrado una muchedumbre de textos de \u00edndole muy diversa, no s\u00f3lo los que sin apuro es posible adscribir a los g\u00e9neros veridicentes cl\u00e1sicos, sino tambi\u00e9n otros \u2014a menudo h\u00edbridos y mostrencos\u2014 en los que las funciones discursivas y la complexi\u00f3n estil\u00edstica de aqu\u00e9llos dan pie a aleaciones in\u00e9ditas. En las non fiction novels a lo In Cold Blood o Hiroshima, en las pesquisas po\u00e9ticas concebidas a la sombra de Let Us Now Praise Famous Men o Shoah, en los impecables documentales tout court al estilo de El desencanto o Capturing de Friedmans, en la persuasiva alianza entre m\u00e9todos cient\u00edficos cualitativos y convenciones novel\u00edsticas para ahormar factograf\u00edas tan conspicuas como las de Oliver Sacks, Ronald Fraser, Oscar Lewis, Miguel Barnet o Bruno Bettelheim es posible tropezar con los ejemplos mejores de un sincretismo que cabe tildar de eminentemente postmoderno.<br \/>\nPero tal corriente arrastra tambi\u00e9n consigo fen\u00f3menos perversos: as\u00ed la morbosa empanada epist\u00e9mica que con tanto denuedo promueven los espect\u00e1culos de telerrealidad asperjados a manera de carnaza medi\u00e1tica por antenas y sat\u00e9lites; las a menudo pertubadoras licencias que se arroga el pujante infoentretenimiento, al menos desde que la CNN lo visti\u00f3 de largo a cuenta de la primera guerra del Golfo; la inescrupulosa frivolidad pseudocient\u00edfica con que demasiados historiadores y reporteros ama\u00f1an la historia reciente con tal de apuntalar relatos de dudoso fuste ideol\u00f3gico.<br \/>\nEntre otros rasgos que viene a cuento consignar aqu\u00ed, la ecl\u00e9ctica postmodernidad viene signific\u00e1ndose precisamente por alentar tales cruces y aleaciones \u2014y por haber ca\u00eddo en la cuenta de que no son exclusivos en modo alguno de los tiempos que vivimos, sino de cualesquiera periodos hist\u00f3ricos. Uno de los m\u00e1s dotados cr\u00edticos culturales del \u00faltimo medio siglo, el fulgurante aunque apocal\u00edptico George Steiner, intent\u00f3 en los a\u00f1os setenta explicar el fen\u00f3meno mediante una etiqueta de nuevo cu\u00f1o, postficci\u00f3n, cuyo dintorno sem\u00e1ntico se antoja preferible al de otras \u2014faction, factograf\u00eda, alto periodismo\u2014 de acepci\u00f3n m\u00e1s particular o imprecisa.<br \/>\nLa postficci\u00f3n ser\u00eda, pues, una tendencia de amplio y creciente espectro detectable no s\u00f3lo en las variadas pr\u00e1cticas de la industria cultural y de sus aludidas estribaciones cient\u00edfico-art\u00edsticas, sino en el campo literario sensu stricto y en los h\u00e1bitos y criterios de fruici\u00f3n que los p\u00fablicos ponen en juego. Y poseer\u00eda, entre otros, el don de difuminar la doble frontera est\u00e9tica y epistemol\u00f3gica que hasta hace medio siglo distingu\u00eda con n\u00edtida acuidad \u2014presuntamente, insisto\u2014 las dos grandes vertientes de toda actividad discursiva: de un lado, el \u00e1mbito de la ficci\u00f3n; de otro \u2014no definido ni deducido sino descontado por mero contraste del primero\u2014, ese otro resbaladizo y equ\u00edvoco apellidado no ficci\u00f3n.<br \/>\nAunque es la verdadera condici\u00f3n de esta \u00faltima y los v\u00ednculos que mantiene con el periodismo moderno lo que aqu\u00ed buscamos dilucidar, es preciso antes deshacer el equ\u00edvoco que enturbia la inteligencia de ambas nociones. A fin de lograrlo, no obstante, ser\u00e1 preciso acometer una doble revisi\u00f3n: de entrada, la de las premisas que en el plano ontol\u00f3gico sostienen la noci\u00f3n misma de realidad, aut\u00e9ntica petici\u00f3n de principio que cimenta el endeble edificio que los diversos realismos, idealismos y positivismos de la hora presente comparten; despu\u00e9s, la de los supuestos que en el plano epistemol\u00f3gico sustentan las comunes creencias acerca de la naturaleza del discurso y el lenguaje, ese universal malentendido.<br \/>\n<strong>LA NOCI\u00d3N DE FICCI\u00d3N Y SUS ESPEJISMOS<\/strong><br \/>\nA fin de elucidar el diz que aproblem\u00e1tico concepto de ficci\u00f3n conviene partir de otro vecino, el de literatura, y del \u00e9nfasis con que legos y doctos asimilan ambos, y ello hasta el punto de que el corpus can\u00f3nico que a\u00fan hoy ense\u00f1an las instituciones dedicadas a esta \u00faltima los convierte en sin\u00f3nimos. La secular entronizaci\u00f3n de la ficci\u00f3n como requisito ineludible de la literariedad (literaturnost) ha tenido entre fil\u00f3logos y comparatistas dos efectos de enjundia, cuyo eco ha llegado intacto a nosotros: en primer lugar, la expulsi\u00f3n de la Rep\u00fablica de las Letras \u2014o cuando menos de su ciudadela m\u00e1s sagrada\u2014 de g\u00e9neros testimoniales o discursivos como la cr\u00f3nica, el dietario, las memorias, la biograf\u00eda, la ep\u00edstola, el ensayo o el reportaje; despu\u00e9s, el terco olvido de las promiscuas relaciones que toda ficci\u00f3n mantiene con la entra\u00f1a misma de la vida \u2014ese mundo humano que por el mero hecho de llamarlo \u201crealidad\u201d a secas cosificamos sin remedio\u2014 y, ergo, la tentaci\u00f3n de considerar los ficta literarios como frutos de la imaginaci\u00f3n soberana y aut\u00e1rquica del creador, ajenos a los facta emp\u00edricos.<br \/>\nA\u00fan hoy, buena parte de bibliograf\u00eda que los facultados trajinan identifica paladinamente ambas nociones. Mediante un expeditivo aunque trivial apriorismo, el \u201cpostulado sobre el car\u00e1cter no referencial de la literatura\u201d resuelve en falso una cuesti\u00f3n capital: la del valor cognoscitivo del verbo art\u00edsticamente configurado, sea entendido como representaci\u00f3n (mimesis), sea como expresi\u00f3n (poiesis) de la realidad. Pero la palabra memorable, si bien se mira, no puede ser confinada a ninguno de esos extremos: la tensi\u00f3n entre uno y otro es permanente, tanto como la voluntad figuradora que la anima. Cada autor digno de ese nombre es un auctor \u2014un aumentador\u2014, y al empalabrar su experiencia a partir de sus vivencias por fuerza las acrece, las recrea, les confiere una figura y sentido del que antes carec\u00edan. Dado que los mundos reales que el artista aprehende est\u00e1n tambi\u00e9n hechos de palabras \u2014mimbres imaginarios y simb\u00f3licos al cabo\u2014, no existe ning\u00fan hiato n\u00edtido entre \u00e9stos y los mundos posibles que su imaginaci\u00f3n creadora esculpe, entre otras cosas porque las ficciones proliferan en unos y otros, mal que a menudo cueste admitirlo.<br \/>\nA este respecto conviene advertir que, en su calidad de conocimiento est\u00e9tico, la literatura da hechura a la existencia humana mediante signos y s\u00edmbolos, esto es, usando los mismos materiales que \u2014junto a la Physis propiamente dicha\u2014 componen su realidad a la vez m\u00e1s externa e \u00edntima. Pues si las personas, en su concreto vivir diario, hacen y hablan al mismo tiempo \u2014hacen hablando y habl\u00e1ndose; hablan haci\u00e9ndose y haciendo\u2014, si sus incontables vivencias tejen en tupida trama acci\u00f3n y discurso, la experiencia que a toro pasado decantan va constel\u00e1ndose a medida y en la medida en que las simbolizan.<br \/>\nConsideradas en estricto presente, las vicisitudes humanas no son reducibles a discurso: son palabra y gesto unidos; pero vistas a posteriori \u2014un minuto apenas, un a\u00f1o despu\u00e9s\u2014 s\u00f3lo nos es dado conocerlas a trav\u00e9s de la recreaci\u00f3n metaf\u00f3rica que toda experiencia \u2014que toda constelaci\u00f3n de vivencias\u2014 debe por fuerza ser, volviendo a presentar eso que ya no est\u00e1 m\u00e1s ah\u00ed para ser vivido e interrogado de nuevo, eso que fue de consuno verbo y acto, y que as\u00ed pues, en tanto que verbo ausente debe ser representado por medio de verbo presente, y en tanto que acto que fue ha de ser literalmente transustanciado en verbo que tambi\u00e9n es ahora. No cabe distinguir tajantemente entonces, tal como suele hacerse, cosas y palabras, hechos y trasuntos, y de esa falsa premisa mayor deducir una presunta realidad aling\u00fc\u00edstica a priori integrada por facta que el discurso urdidor de ficta reproducir\u00eda a posteriori en enunciados \u2014\u00bfpero qu\u00e9 demiurgo ser\u00eda capaz de obrar semejante prodigio?\u2014, sino antes bien una realidad humana h\u00edbrida y ambivalente desde su misma nuez, la propia de un ser de lejan\u00edas \u2014Ens finitum capax infiniti\u2014 que precisa mediaciones constantes para objetivar los artificios que m\u00e1s all\u00e1 y encima, por as\u00ed decirlo, de la naturaleza sostienen su cultura: un mundo propio, un mundo al lado del mundo que es, en rigor, carne, acto y verbo al tiempo, y que al hilo de \u00e9ste transfigura la imparable labor simbolizadora inherente al existir humano.<br \/>\nAceptar este razonamiento implica asumir un corolario decisivo: que, a diferencia de lo que tantos postulados acad\u00e9micos y profanos defienden, las ficciones que los individuos secretan sin cesar en cada orden de su existencia \u2014en la invenci\u00f3n literaria, claro es, pero tambi\u00e9n aquende y allende sus confines, as\u00ed en el \u00e1mbito privado como en el p\u00fablico\u2014 no s\u00f3lo se relacionan oblicua e indirectamente con el mundo de la vida nutri\u00e9ndose de \u00e9l para fabular a modo: en realidad, antes bien, parten de las ficciones que las distintas dicciones humanas generan, expresan su entra\u00f1a m\u00e1s \u00edntima en enunciados susceptibles de transmisi\u00f3n y trueque, y lo hacen refigur\u00e1ndolas mim\u00e9tica y po\u00e9ticamente a un tiempo \u2014aument\u00e1ndolas<br \/>\nseg\u00fan muy variados reg\u00edmenes de autor\u00eda\u2014. Todos los sujetos son agentes ficcionadores, sin excepci\u00f3n, y como tales no se limitan a fabular partiendo, en \u00faltima instancia, de presuntos sucesos dados, objetivos y conclusos, ontol\u00f3gicamente independientes del discurso que a posteriori se proponga recrearlos, sino de hechos y circunstancias, de acciones que incluyen dicci\u00f3n y ficci\u00f3n en su entretela misma.<br \/>\nEl aludido postulado sobre el car\u00e1cter no referencial de la literatura, repetido hasta el hartazgo por tantos sumos sacerdotes de la filolog\u00eda, es s\u00f3lo aceptable en parte, as\u00ed pues, si antes asumimos que la referencia lo es respecto a una realidad simplificada al modo positivista: colosal reificaci\u00f3n que reduce el campo divers\u00edsimo de la existencia humana a objeto inerte, esto es, mensurable, inventariable y cognoscible con arreglo a los protocolos de observaci\u00f3n y verificaci\u00f3n con que la ciencia dise\u00f1a sus experimentos.<br \/>\nPero semejante jibarizaci\u00f3n del campo ontol\u00f3gico pervierte el campo epistemol\u00f3gico mismo: ya que si el ser real del mundo est\u00e1 s\u00f3lo compuesto de cosas y objetos, entonces las eviternas preguntas por el sentido quedan restringidas a las respuestas que el m\u00e9todo cient\u00edfico es capaz de arrancar a los fen\u00f3menos, y la verdad que esperamos obtener a mero verismo de datos y cifras.<br \/>\nEn cambio \u2014n\u00f3tese bien\u2014, si asumimos que la referencia lo es respecto a una realidad considerada en su integridad, si concebimos \u00e9sta hol\u00edsticamente y cobramos plena consciencia del modo y grado en que acci\u00f3n, dicci\u00f3n y ficci\u00f3n est\u00e1n \u00edntimamente fundidos \u2014si no confundimos experientia con experimentum\u2014, entonces derivaremos de tal premisa una noci\u00f3n harto distinta no s\u00f3lo de la ficci\u00f3n en general y de sus expresiones literarias en concreto, sino acerca de la genuina sustancia de esos discursos de vocaci\u00f3n veridicente que de aqu\u00ed en adelante daremos en llamar facciones.<br \/>\n<strong>LA \u201cFACCI\u00d3N\u201d Y LO \u201cFACTICIO\u201d<\/strong><br \/>\nSi la puesta en entredicho de las premisas ontol\u00f3gicas que apuntalan la noci\u00f3n com\u00fan de \u201crealidad\u201d nos ha llevado a descomponer \u00e9sta y a reconocer la presencia de la dicci\u00f3n y la ficci\u00f3n entre sus ingredientes sustantivos, el correlativo cuestionamiento de los supuestos epistemol\u00f3gicos que sustentan las nociones comunes de discurso y lenguaje ha de permitirnos desvelar la falacia que el apelativo \u201cno ficci\u00f3n\u201d conlleva, y asimismo proponer un par de conceptos, facci\u00f3n y facticio, capaces de alumbrar la esencia de todas las narrativas veridicentes que en el mundo son, incluido en lugar destacado el periodismo.<br \/>\nPor razones de espacio no podemos aqu\u00ed, no obstante, devanar la madeja del copernicano Giro Ling\u00fc\u00edstico, una transformaci\u00f3n de amplio espectro que, partiendo de Humboldt, Herder ysobre todo Nietszche, ha ido empapando una porci\u00f3n significativa de la filosof\u00eda, la ling\u00fc\u00edstica y las ciencias sociales de los tiempos modernos. S\u00ed lo es, en cambio, apuntar que el aludido giro y sus fecundos corolarios han puesto en solfa un haz de creencias harto arraigadas tanto entre la ciudadan\u00eda de a pie como entre incontables estudiosos de la comunicaci\u00f3n y el discurso: no s\u00f3lo conculcando la casi inmemorial dicotom\u00eda entre pensamiento y lenguaje al asumir la com\u00fan identidad de ambos \u2014o la capilaridad que los une, cuando menos\u2014, sino postulando por si fuera poco que las palabras, en vez de atrapar o reproducir las acciones y las cosas, tal como el sentido com\u00fan presume, son constitutiva y radicalmente tropos, saltos de sentido cuya virtud consiste en configurar y refigurar las vivencias que cada quien tiene en su acaecer concreto.<br \/>\nEn lo tocante al asunto que pretendemos aclarar, es preciso admitir sin m\u00e1s que a esta nueva luz la expresi\u00f3n \u201cno ficci\u00f3n\u201d revela su condici\u00f3n falaz. Al flagrante equ\u00edvoco que la popular dicotom\u00eda entre \u201crealidad\u201d y \u201cficci\u00f3n\u201d alimenta se agrega ahora \u2014menos por deducci\u00f3n que por mero contraste, insisto\u2014 un nuevo yerro de a\u00fan mayor alcance. Ya que si en el plano ontol\u00f3gico asumimos la premisa seg\u00fan la cual la dicci\u00f3n y su deriva ficcionadora forman parte \u00edntima de los hechos y acciones que integran \u201clo real\u201d, y si en el epistemol\u00f3gico hacemos nuestra la proposici\u00f3n de que el discurso no puedeen modo alguno reproducirlo sino apenas transustanciarlo en signos, entonces deberemos negar sin titubeos que las especies veridicentes de \u00e9ste sean capaces de referir \u201clas cosas como son\u201d, y ello muy a pesar del ah\u00ednco con que la ideolog\u00eda period\u00edstica hegem\u00f3nica \u2014Facts Are Sacred, Comments Are Free\u2014 alienta superstici\u00f3n tama\u00f1a.<br \/>\nNo existe \u201cno ficci\u00f3n\u201d que valga, asum\u00e1moslo de una vez. Todos los g\u00e9neros y cauces expresivos que este torpe aunque exitoso mote engloba ofrecen, en la mejor de las hip\u00f3tesis, mimesis fehacientes \u2014hacedoras de fe\u2014 de \u201clo real\u201d, esmerados trasuntos de experiencia configurados de acuerdo con los l\u00edmites y posibilidades que la dicci\u00f3n impone. Para empezar, porque tales remedos son ret\u00f3ricos: no traen \u201clo real\u201d tal cual fue \u2014aun cuando refiramos un hecho presente, siempre se produce una dilaci\u00f3n entre \u00e9ste y el enunciado que lo empalabra: inevitablemente hablamos en pasado, a posteriori, y lo hacemos de lo perdido sin remedio, de lo que ya no est\u00e1\u2014, no les esdado re-producirlo en modo alguno, sino tan s\u00f3lo re-presentarlo trocado en met\u00e1fora y por consiguiente en algo de calidad muy distinta: s\u00edmbolo, alusi\u00f3n, sintaxis, discurso. Despu\u00e9s, porque tales enunciados de intenci\u00f3n veridicente son configuradores: identifican primero y escogen a continuaci\u00f3n apenas un pu\u00f1ado de motivos \u2014acciones, retazos de habla, vivencias\u2014 entre los incontables que la torrentera del acontecer arrastra, y acto seguido los constelan por medio de variadas tramas argumentativas (logos) y narrativas (mythos) que les confieren sentido: origen y fin, contexto y transcurso, motivo y finalidad.<br \/>\nDe manera t\u00e1cita o expl\u00edcita, las argumentaciones persuasivas y los argumentos narrativos proponen un por qu\u00e9, un c\u00f3mo y un para qu\u00e9 plausibles, am\u00e9n de un contexto o marco explicativo que a un tiempo \u2014dial\u00e9cticamente, no se olvide\u2014 ilumina los enunciados urdidos y es confirmado y acrecido por ellos.<br \/>\nTal como hice en 1999 y ampl\u00edo ahora, sugiero enmendar el tenaz malentendido que la expresi\u00f3n \u201cno ficci\u00f3n\u201d suscita acu\u00f1ando un nuevo sentido para el sustantivo de origen latino \u201cfacci\u00f3n\u201d (= hechura). A diferencia de la ficci\u00f3n, modalidad de la dicci\u00f3n humana caracterizada por refigurar lib\u00e9rrimamente \u201clo real\u201d a impulsos de una imaginaci\u00f3n desembarazada de fines veridicentes \u2014as\u00ed en las narraciones de tenor realista como en las m\u00e1s abiertamente fant\u00e1sticas\u2014, la facci\u00f3n se caracteriza por refigurar as\u00ed mismo \u201clo real\u201d a impulsos de una imaginaci\u00f3n disciplinada tanto por la raz\u00f3n como por el compromiso \u00e9tico de referirlo tal cual es, del modo m\u00e1s fehaciente posible. De suerte que ambas formas de dicci\u00f3n \u2014ficci\u00f3n y facci\u00f3n\u2014 llevan a cabo su tarea recreadora gracias, entre otras cosas, al combustible y a los cauces de empalabramiento y simbolizaci\u00f3n que la imaginaci\u00f3n pone en juego. Ello puede gustar o no, pero no tiene remedio.<br \/>\nConviene advertir, sin embargo, que el ser humano no emplea ahora s\u00ed y luego no su imaginaci\u00f3n, seg\u00fan le plazca o a la ocasi\u00f3n convenga. Ocurre m\u00e1s bien que literalmente vive en ella: ideando el mundo e ide\u00e1ndose a s\u00ed mismo, y partiendo de su facultad esquematizadora para ahormar enunciados que recrean \u201clo real\u201d a trav\u00e9s de una cierta configuraci\u00f3n: una figura, un contorno que otorga inteligibilidad a lo que de otro modo ser\u00eda entrop\u00eda y caos. Dar cuenta, darse cuenta de \u201clo real\u201d es \u2014propiamente hablando\u2014 dar cuento, darse cuento de lo que ocurre. Y ello debido a que quien se da cuenta y cuento a un tiempo es el narus: un individuo hincado en su circunstancia contingente \u2014ahora y aqu\u00ed\u2014, alguien que al identificar, elegir y constelar los inn\u00fameros sucesos y vivencias que componen \u201clo real\u201d en hechos y experiencias comprensibles lo hace desde su insoslayable subjetividad, sin opci\u00f3n alguna de reproducirlo con objetividad y muy capaz no obstante, en cambio, de lograr que el discurso con que en cada caso les imprime facci\u00f3n o hechura d\u00e9 a su vez a luz una objetivaci\u00f3n palpable. \u201cEn el principio fue el Verbo\u201d, reza el arranque del Evangelio de san Juan: la objetividad es una entelequia; la objetivaci\u00f3n, un acaecer constante.<br \/>\nY sin embargo negar que los discursos facticios sean capaces de reproducir, calcar o copiar el mundo fenom\u00e9nico no implica, en absoluto, negarles tambi\u00e9n la capacidad de armar argumentaciones y argumentos veridicentes, siempre que adoptemos algunas cautelas a la hora de usar este adjetivo y su sustantivo correspondiente.<br \/>\nHay que asumir con todas sus consecuencias, de entrada, que los \u201chechos\u201d \u2014sin cesar prefigurados, configurados y refigurados por el discurso, ya lo hemos visto\u2014 poseen un car\u00e1cter inveteradamente poli\u00e9drico: dimensiones, facetas, entretelas a menudo inadvertidas y s\u00f3lo en parte susceptibles de escrutinio. Dado que no est\u00e1n ah\u00ed, materializados de una vez por todas, sino que son, en rigor, complejos dial\u00e9cticos de acci\u00f3n y discurso, los \u201chechos\u201d tienden a mostrarse esquivos e intrincados, refractarios a cualquier reducci\u00f3n positivista. Tienen \u2014es un decir\u2014 una superficie m\u00e1s o menos patente que en el mejor de los casos puede ser observada, escudri\u00f1ada y aun medida adoptando diversos m\u00e9todos y perspectivas.<br \/>\nPero al tiempo, en la medida en que son sucesos humanos desencadenados no s\u00f3lo por causas y concausas eficientes de \u00edndole f\u00edsica y mec\u00e1nica, sino tambi\u00e9n por razones y motivos de enrevesada especie y origen, poseen una trastienda y un interior latentes cuya inteligencia requiere un proceder hermen\u00e9utico que traduzca e interprete conjeturalmente no ya las deseables \u2014y a menudo indisponibles\u2014 pruebas y evidencias, sino s\u00edntomas e indicios pasibles de lecturas muy distintas.<br \/>\nSi ahora, tras el periplo descrito, se antoja evidente que el apelativo \u201cno ficci\u00f3n\u201d es una genuina falacia, toca preguntarse en qu\u00e9 consiste la veridicci\u00f3n que a las narrativas facticias les es dado alcanzar, a pesar de las objecciones expuestas. Aunque vale decir, para empezar, que \u00e9stas \u2014de la noticia de prensa a la historia oral\u2014 seproponen referir \u201clo real\u201d, f\u00e1cilmente advertiremos que la veracidad no es sino una pretensi\u00f3n, un af\u00e1n: narrador y narratario desean empalabrar \u201clos hechos\u201d y hacerlo de modo fehaciente, sin distorsi\u00f3n ni afeites. Y sin embargo, por m\u00e1s que sea requisito para el trueque comunicativo, su actitud no garantiza en modo alguno que lo relatado d\u00e9 cuenta cabal de lo sucedido \u2014hasta el apuntador sospecha que no conviene tomar los dislates de un sujeto delirante al pie de la letra, y eso que \u00e9ste es fuente la mar de veraz, a su manera.<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de la simple veracidad intencional, pues, los relatos facticios tienen que ser veristas: representar hechos y vivencias partiendo de lo que en ellos es susceptible de ser observado y verificado, tanto personal como intersubjetivamente. Posee genuino verismo la narraci\u00f3n que aduce pruebas y evidencias, hasta el punto de que lo afirmado debe ser ratificable por terceros. Y aun as\u00ed, con harta frecuencia, tal cualidad es m\u00e1s un desideratum que un objetivo satisfecho: en la literatura testimonial, en las m\u00e9todos cient\u00edficos cualitativos, en el periodismo informativo hallamosincontables narraciones veraces que no son ni pueden ser veristas m\u00e1s que a medias: y ello no porque a sus autores los animen motivos turbios, sino debido a que pruebas y evidencias cubren apenas \u2014de modo inexorable casi siempre\u2014 una porci\u00f3n modesta de lo que es preciso averiguar a fin de hacer inteligible cualquier suceso.<br \/>\nLa compleci\u00f3n del sentido exige, adem\u00e1s, el concurso de s\u00edntomas e indicios capaces de sustentar conjeturas veros\u00edmiles \u2014que no demuestran ni tienen valor apod\u00edctico alguno, n\u00f3tese bien\u2014 y de tender trayectorias causales plausibles, am\u00e9n de suturar los vac\u00edos que impiden colmar los datos positivos sometidos a recuento.<br \/>\nFuera del margen angosto de la evidencia estricta (tekmerion), todas las escrituras facticias est\u00e1n sin excepci\u00f3n sujetas a esa ley: referir \u201chechos\u201d implica articular pruebas, evidencias, silogismos y conjeturas en una figuraci\u00f3n que haga sentido; dar facci\u00f3n y hechura al conocimiento incompleto que trenzando certezas con suposiciones probables nos es dado conformar; armar, de \u00faltimas, tales ingredientes a impulsos de la imaginaci\u00f3n creadora, seg\u00fan tramas narrativas que la tradici\u00f3n acrisola y por medio de las que es posible prestar contorno, orden y sentido al acontecer.<br \/>\nCient\u00edficas o period\u00edsticas, subjetivamente testimoniales o intersubjetivamente documentables, las mejores, las m\u00e1s ver\u00eddicas y veristas expresiones de la facci\u00f3n humana carecen, en rigor, de adaequatio rei et intellectus. No cabe buscar ni hallar en ellas la Verdad irrebatible que la fe positivista adora, aunque s\u00ed esquirlas, retazos, vestigios colectivamente compartibles y por eso mismo v\u00e1lidos de \u201clo real\u201d esquivo, eso que gracias en parte a ellas convertimos en Realidad presunta pero que en realidad, a fin de cuentos, siempre se nos escapa.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Albert Chillon, periodista, escritor y profesor, investiga y ense\u00f1a en la Universitat Aut\u00f2noma de Barcelona, donde imparte diversas asignaturas que exploran la relaci\u00f3n entre literatura, periodismo y cine, principalmente desde una \u00f3ptica Mling\u00fc\u00edstica, antropol\u00f3gica y filos\u00f3fica. Adem\u00e1s de art\u00edculos, indagaciones y colaboraciones diversas, ha escrito los libros Periodismo informativo de creaci\u00f3n (1985), Literatura i periodisme (1993), La literatura de fets (1994) y Literatura y periodismo. Una tradici\u00f3n de relaciones promiscuas (1999). Entre 1999 y 2003 fue director de la revista acad\u00e9mica An\u00e0lisi. Quaderns de comunicaci\u00f3 i cultura.<\/strong><\/p><\/blockquote>\n<blockquote><p><strong>* \u201cFacticio\u201d, del lat\u00edn facticius, \u2018artificial\u2019, \u2018no natural\u2019. \u201cFacci\u00f3n\u201d, del lat\u00edn facio,<br \/>\n\u2018hacer\u2019, \u2018construir\u2019, y de factio, \u2018acci\u00f3n\u2019, \u2018producci\u00f3n\u2019.<\/strong><\/p><\/blockquote>\n<p><strong>Tr\u00edpodos, n\u00famero 19, Barcelona, 2006<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.raco.cat\/index.php\/Tripodos\/article\/viewFile\/41628\/42415\">http:\/\/www.raco.cat\/index.php\/Tripodos\/article\/viewFile\/41628\/42415<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 6 TEXTO FUENTE S\u00f3lo en un sentido lato e impreciso, asimilando el entero campo de la palabra art\u00edsticamente configurada al de la letra o littera es posible definir el periodismo como un g\u00e9nero literario, tal como con pasmosa frivolidad suele hacerse. 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