{"id":340,"date":"2008-07-22T15:08:55","date_gmt":"2008-07-22T15:08:55","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/22\/todo-hombre-necesita-contar-con-un-parresiastes-michel-foucault\/"},"modified":"2008-07-22T15:08:55","modified_gmt":"2008-07-22T15:08:55","slug":"todo-hombre-necesita-contar-con-un-parresiastes-michel-foucault","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/22\/todo-hombre-necesita-contar-con-un-parresiastes-michel-foucault\/","title":{"rendered":"Todo hombre necesita contar con un \u201cparresiast\u00e9s\u201d &#8211; Michel FOUCAULT*"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"foucault08.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/foucault08.jpg\" width=\"249\" height=\"370\" align=\"left\" \/><br \/>\n<strong>UNIDAD 7<br \/>\nTEXTO FUENTE<\/strong><br \/>\n<strong>Michel Foucault rastre\u00f3 en la literatura y la filosof\u00eda grecorromanas una funci\u00f3n, la \u201cparres\u00eda\u201d, y una posici\u00f3n del sujeto, el \u201cparresiast\u00e9s\u201d, caracterizadas por \u201cuna relaci\u00f3n espec\u00edfica con la verdad a trav\u00e9s de la franqueza\u201d, cuyo efecto es la cr\u00edtica y la autocr\u00edtica, y cuyo costo es el peligro.<\/strong><br \/>\nLa palabra parres\u00eda aparece por vez primera en la literatura griega en Eur\u00edpides (c. 484-407 a.C.), y recorre todo el mundo literario griego de la Antig\u00fcedad desde finales del siglo V a.C. Parres\u00eda es traducida normalmente al castellano por \u201cfranqueza\u201d. El parresiast\u00e9s es alguien que utiliza la parres\u00eda, es decir, alguien que dice la verdad.<br \/>\nEtimol\u00f3gicamente, parresiazesthai significa \u201cdecir todo\u201d. Aquel que usa la parres\u00eda, el parresiast\u00e9s, es alguien que dice todo cuanto tiene en mente: no oculta nada sino que abre su coraz\u00f3n y su alma por completo a otras personas a trav\u00e9s de su discurso. En la parres\u00eda se presupone que el hablante proporciona un relato completo y exacto de lo que tiene en su mente, de manera que quienes escuchen sean capaces de comprender exactamente lo que piensa el hablante. La palabra parres\u00eda hace referencia, por tanto, a una forma de relaci\u00f3n entre el hablante y lo que se dice, pues, en la parres\u00eda, el hablante hace manifiestamente claro y obvio que lo que dice es su propia opini\u00f3n. Y hace esto evitando cualquier clase de forma ret\u00f3rica que pudiera velar lo que piensa. En lugar de eso, el parresiast\u00e9s utiliza las palabras y las formas de expresi\u00f3n m\u00e1s directas que puede encontrar. Mientras que la ret\u00f3rica proporciona al hablante recursos t\u00e9cnicos que le ayudan a prevalecer sobre las opiniones de su auditorio (sin preocuparse de la propia opini\u00f3n del retor respecto de lo que dice), en la parres\u00eda, el parresiast\u00e9s act\u00faa sobre la opini\u00f3n de los dem\u00e1s, mostr\u00e1ndoles, tan directamente como sea posible, lo que \u00e9l cree realmente.<br \/>\nSi distinguimos entre el sujeto hablante (el sujeto de la enunciaci\u00f3n) y el sujeto gramatical del enunciado, podr\u00edamos decir que hay tambi\u00e9n un sujeto del enunciandum \u2013que se refiere a la creencia u opini\u00f3n mantenidas por el hablante\u2013. En la parres\u00eda, el hablante subraya el hecho de que \u00e9l es, al tiempo, el sujeto de la enunciaci\u00f3n y el sujeto del enunciandum \u2013que se refiere a la creencia u opini\u00f3n mantenidas por el hablante\u2013. En la parres\u00eda, el hablante subraya el hecho de que \u00e9l es, al tiempo, el sujeto de la enunciaci\u00f3n y el sujeto del enunciandum \u2013que \u00e9l mismo es el sujeto de la opini\u00f3n a la que se refiere\u2013. La \u201cactividad de habla\u201d espec\u00edfica de la enunciaci\u00f3n parresi\u00e1stica adopta as\u00ed la forma: \u201cYo soy quien piensa esto y aquello\u201d.<br \/>\n<strong>\u201cPrueba de sinceridad\u201d<\/strong><br \/>\nParresiazesthai significa \u201cdecir la verdad\u201d. Pero, \u00bfdice el parresiast\u00e9s lo que \u00e9l cree que es verdadero, o dice lo que realmente es verdadero? En mi opini\u00f3n, el parresiast\u00e9s dice lo que es verdadero porque \u00e9l sabe que es verdadero; y sabe que es verdadero porque es realmente verdadero.<br \/>\nEl parresiast\u00e9s no s\u00f3lo es sincero y dice lo que es su opini\u00f3n sino que su opini\u00f3n es tambi\u00e9n la verdad. Dice lo que \u00e9l sabe que es verdadero. La segunda caracter\u00edstica de la parres\u00eda es, entonces, que hay siempre una coincidencia exacta entre creencia y verdad.<br \/>\nDesear\u00eda se\u00f1alar que nunca he encontrado ning\u00fan texto en la antigua cultura griega en el que el parresiast\u00e9s parezca tener ninguna duda sobre su posesi\u00f3n de la verdad. Y, en efecto, \u00e9sa es la diferencia entre el problema cartesiano y la actitud parresi\u00e1stica, pues antes de que Descartes obtenga la indudable evidencia clara y distinta, no est\u00e1 seguro de que lo que cree sea, de hecho, verdadero. En la concepci\u00f3n griega de la parres\u00eda, sin embargo, no parece ser un problema la adquisici\u00f3n de la verdad, ya que tal posesi\u00f3n de la verdad est\u00e1 garantizada por la posesi\u00f3n de ciertas cualidades morales: si alguien tiene ciertas cualidades morales, entonces \u00e9sa es la prueba de que tiene acceso a la verdad \u2013y viceversa\u2013. El \u201cjuego parresi\u00e1stico\u201d presupone que el parresiast\u00e9s es alguien que tiene las cualidades morales que se requieren, primero, para conocer la verdad y, segundo, para comunicar tal verdad a los otros.<br \/>\nSi hay una forma de \u201cprueba\u201d de la sinceridad del parresiast\u00e9s, \u00e9sa es su valor. El hecho de que un hablante diga algo peligroso \u2013diferente de loque cree la mayor\u00eda\u2013 es una fuerte indicaci\u00f3n de que es un parresiast\u00e9s. Cuando planteamos la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo podemos saber si aquel que habla dice la verdad, estamos planteando dos cuestiones. En primer lugar, c\u00f3mo podemos saber si un individuo particular dice la verdad; y, en segundo lugar, c\u00f3mo puede estar seguro el supuesto parresiast\u00e9s de que lo que cree es, de hecho, verdad. La primera pregunta \u2013reconocer a alguien como parresiast\u00e9s\u2013 fue muy importante en la sociedad grecorromana, y fue expl\u00edcitamente planteada y discutida por Plutarco, Galeno y otros. Sin embargo, la segunda pregunta esc\u00e9ptica es especialmente moderna y, pienso, ajena a los griegos.<br \/>\n<strong>\u201cAsume un riesgo\u201d <\/strong><br \/>\nSe dice que alguien utiliza la parres\u00eda y merece consideraci\u00f3n como parresiast\u00e9s s\u00f3lo si hay un riesgo o un peligro para \u00e9l en decir la verdad. Por ejemplo, desde la perspectiva de los antiguos griegos, un profesor de gram\u00e1tica puede decir la verdad a los ni\u00f1os a los que ense\u00f1a y, en efecto, puede no tener ninguna duda de que lo que ense\u00f1a es cierto: pero, a pesar de esa coincidencia entre creencia y verdad, no es un parresiast\u00e9s. Sin embargo, cuando un fil\u00f3sofo se dirige a un soberano, a un tirano, y le dice que su tiran\u00eda es molesta y desagradable porque la tiran\u00eda es incompatible con la justicia, entonces el fil\u00f3sofo dice la verdad, cree que est\u00e1 diciendo la verdad y, m\u00e1s a\u00fan, tambi\u00e9n asume un riesgo (ya que el tirano puede enfadarse, castigarlo, exiliarlo, matarlo).<br \/>\nComo ven, el parresiast\u00e9s es alguien que asume un riesgo. Por supuesto, ese riesgo no siempre es un riesgo de muerte. Cuando, por ejemplo, alguien ve a un amigo haciendo algo malo y se arriesga a provocar su ira dici\u00e9ndole que est\u00e1 equivocado, est\u00e1 actuando como un parresiast\u00e9s. En tal caso, no arriesga su vida, pero puede herir al amigo con sus observaciones, y su amistad puede, consecuentemente, sufrir por ello. Si, en un debate pol\u00edtico, un orador se arriesga a perder su popularidad porque sus opiniones son contrarias a la opini\u00f3n de la mayor\u00eda o pueden desembocar en un esc\u00e1ndalo pol\u00edtico, utiliza la parres\u00eda.<br \/>\n<strong>\u201cNo deber\u00edas\u201d<\/strong><br \/>\nSi, durante un juicio, se dice algo que puede ser utilizado en contra de uno, no se est\u00e1 utilizando la parres\u00eda a pesar del hecho de que se es sincero, de que se cree que lo que se dice es verdadero, y de que se est\u00e1 poniendo en peligro uno mismo hablando de ese modo. Pues en la parres\u00eda el peligro viene siempre del hecho de que la verdad que se dice puede herir o enfurecer al interlocutor. De este modo, la parres\u00eda es siempre un \u201cjuego\u201d entre aquel que dice la verdad y el interlocutor. La parres\u00eda implicada puede ser, por ejemplo, advertir al interlocutor de que deber\u00eda comportarse de cierto modo, o de que est\u00e1 equivocado en lo que piensa, o en la forma en que act\u00faa, etc\u00e9tera.<br \/>\nComo ven, la funci\u00f3n de la parres\u00eda no es demostrar la verdad a alg\u00fan otro sino que tiene la funci\u00f3n de la cr\u00edtica: la cr\u00edtica del interlocutor o del propio hablante. \u201cEsto es lo que haces y esto es lo que piensas; pero eso es lo que no deber\u00edas hacer ni pensar.\u201d \u201cEsta es la forma en que te comportas, pero \u00e9sa es la forma en que deber\u00edas comportarte.\u201d \u201cEsto es lo que he hecho, y estaba equivocado al hacerlo as\u00ed.\u201d La parres\u00eda es una forma de cr\u00edtica, tanto hacia otro como hacia uno mismo, pero siempre en una situaci\u00f3n en la que el hablante o el que confiesa est\u00e1 en una posici\u00f3n de inferioridad con respecto al interlocutor. El parresiast\u00e9s es siempre menos poderoso que aquel con quien habla. La parres\u00eda viene de \u201cabajo\u201d, como si dij\u00e9ramos, y est\u00e1 dirigida hacia \u201carriba\u201d. Por eso, un antiguo griego no dir\u00eda que un profesor o un padre que critica a un ni\u00f1o utiliza la parres\u00eda. Pero cuando un fil\u00f3sofo critica a un tirano, cuando un ciudadano critica a la mayor\u00eda, cuando un pupilo critica a su profesor, entonces tales hablantes est\u00e1n utilizando la parres\u00eda. En la parres\u00eda, decir la verdad se considera un deber. El orador que dice la verdad a quienes no pueden aceptar su verdad, por ejemplo, y que puede ser exiliado o castigado de alg\u00fan modo, es libre de permanecer en silencio. Nadie le obliga a hablar; pero siente que es su deber hacerlo.<br \/>\nPara resumir lo dicho hasta el momento, la parres\u00eda es una forma de actividad verbal en la que el hablante tiene una relaci\u00f3n espec\u00edfica con la verdad a trav\u00e9s de la franqueza, una cierta relaci\u00f3n con su propia vida a trav\u00e9s del peligro, un cierto tipo de relaci\u00f3n consigo mismo o con otros a trav\u00e9s de la cr\u00edtica (autocr\u00edtica o cr\u00edtica a otras personas), y una relaci\u00f3n espec\u00edfica con la ley moral a trav\u00e9s de la libertad y el deber.<br \/>\nEn la tradici\u00f3n socr\u00e1tico-plat\u00f3nica, la parres\u00eda y la ret\u00f3rica se encuentran en fuerte oposici\u00f3n; y esa oposici\u00f3n aparece muy claramente en el Gorgias, por ejemplo, en el que se encuentra la palabra parres\u00eda. El discurso largo y continuo es un recurso ret\u00f3rico o sof\u00edstico, mientras que el di\u00e1logo mediante preguntas y respuestas es t\u00edpico de la parres\u00eda; es decir, dialogar es una t\u00e9cnica importante para llevar a cabo el juego parresi\u00e1stico.<br \/>\n<strong>\u201cPermanecemos ciegos\u201d<\/strong><br \/>\nPlutarco, en sus Moralia, intenta responder a la pregunta: \u00bfc\u00f3mo es posible reconocer a un verdadero parresiast\u00e9s, a alguien que dice la verdad? Y an\u00e1logamente: \u00bfc\u00f3mo es posible distinguir a un parresiast\u00e9s de un adulador? El t\u00edtulo del texto es C\u00f3mo distinguir a un adulador de un amigo. \u00bfPor qu\u00e9 necesitamos, en nuestras vidas, tener alg\u00fan amigo que desempe\u00f1e el papel de parresiast\u00e9s o de aquel que dice la verdad? La raz\u00f3n que ofrece Plutarco se halla en el tipo predominante de relaci\u00f3n que a menudo tenemos con nosotros mismos, a saber, una relaci\u00f3n de philaut\u00eda o \u201camor propio\u201d. Esta relaci\u00f3n de amor propio es, para nosotros, el fundamento de una persistente ilusi\u00f3n acerca de lo que en realidad somos: \u201cSiendo cada uno mismo el principal y m\u00e1s grande adulador de s\u00ed mismo, admite sin dificultad al de afuera como testigo, juntamente con \u00e9l, y como autoridad aliada garante de las cosas que piensa y desea\u201d.<br \/>\nSomos nuestros propios aduladores, y es para desactivar esta relaci\u00f3n espont\u00e1nea que tenemos con nosotros mismos, para librarnos a nosotros mismos de nuestra philaut\u00eda, para lo que necesitamos un parresiast\u00e9s. Pero es dif\u00edcil reconocer y aceptar a un parresiast\u00e9s. Pues no s\u00f3lo es dif\u00edcil distinguir a un verdadero parresiast\u00e9s de un adulador; sino que, adem\u00e1s, a causa de nuestra philaut\u00eda, no nos interesa reconocer a un parresiast\u00e9s. De modo que lo que est\u00e1 en juego es determinar los criterios indudables que nos permitan distinguir al aut\u00e9ntico parresiast\u00e9s del adulador que \u201crepresenta el papel del amigo con la gravedad del tr\u00e1gico\u201d. Plutarco propone dos criterios principales. Primero, hay una conformidad entre lo que dice el aut\u00e9ntico parresiast\u00e9s y el modo en que se comporta \u2013se puede confiar en S\u00f3crates como parresiast\u00e9s sobre el valor, puesto que S\u00f3crates fue realmente valiente\u2013. Hay un segundo criterio: la estabilidad y firmeza del verdadero parresiast\u00e9s: \u201cSi se alegra con las mismas cosas siempre y alaba las mismas cosas, y si dirige y ordena su propia vida hacia un \u00fanico modelo. El adulador, por no tener una sola mirada de su car\u00e1cter, ni vivir una vida elegida para \u00e9l mismo sino para otros, y model\u00e1ndose y adapt\u00e1ndose para otro, no es simple ni uno sino variado y complicado, por correr y cambiar de forma como el agua, vertida de uno a otro contenido, seg\u00fan sean los que lo reciben\u201d.<br \/>\nPor supuesto, hay muchas otras cosas interesantes que decir sobre este texto. Desear\u00eda, empero, subrayar dos temas principales. En primer lugar, el tema del autoenga\u00f1o y sus v\u00ednculos con la philaut\u00eda. En el texto de Plutarco pueden ver que su noci\u00f3n de autoenga\u00f1o, como consecuencia del amor propio, es algo muy distinto de la situaci\u00f3n de quienes ignoran su propia falta de conocimiento de s\u00ed \u2013un estado que S\u00f3crates intent\u00f3 superar\u2013. La concepci\u00f3n de Plutarco hace hincapi\u00e9 en el hecho de que nos\u00f3lo somos incapaces de saber que no sabemos nada sino que adem\u00e1s somos incapaces de saber, exactamente, qu\u00e9 somos.<br \/>\nUn segundo tema que desear\u00eda acentuar es la firmeza de \u00e1nimo. Hay una relaci\u00f3n obvia entre estos dos temas \u2013el del autoenga\u00f1o y el de la constancia o la persistencia de \u00e1nimo\u2013. Pues destruir el autoenga\u00f1o y adquirir y mantener continuidad de ideas son dos actividades \u00e9tico-morales que est\u00e1n vinculadas una con otra. El autoenga\u00f1o que impide saber qui\u00e9n o qu\u00e9 se es, y todos los cambios en los pensamientos, sentimientos y opiniones que obligan a moverse de un pensamiento a otro, de un sentimiento a otro, o de una opini\u00f3n a otra, demuestran esta vinculaci\u00f3n. Ya que si se es capaz de discernir exactamente qu\u00e9 se es, entonces se permanecer\u00e1 en el mismo punto, y nada podr\u00e1 cambiarle a uno. Pero si se es cambiado por alguna clase de est\u00edmulo, sentimiento pasi\u00f3n, etc., entonces no se es capaz de permanecer fiel a uno mismo, se es dependiente de algo otro, se es conducido a intereses diversos y, consecuentemente, no se es capaz de mantener una completa posesi\u00f3n de uno mismo.<br \/>\nEn un texto de Galeno \u2013el famoso m\u00e9dico de finales del siglo II\u2013 se puede ver el mismo problema: \u00bfc\u00f3mo es posible reconocer a un aut\u00e9ntico parresiast\u00e9s? Galeno plantea esta cuesti\u00f3n en su ensayo La diagnosis y la cura de las pasiones del alma, donde explica que para liberarse de sus propias pasiones, un hombre necesita a un parresiast\u00e9s; tal como ocurr\u00eda en Plutarco un siglo antes, la philaut\u00eda, el amor propio, es la ra\u00edz del autoenga\u00f1o: \u201cVemos los defectos de los otros, pero permanecemos ciegos a aquellos que nos ata\u00f1en a nosotros mismos. Plat\u00f3n dice que el amante es ciego cuando se trata del objeto de su amor. Si, por lo tanto, cada uno de nosotros se ama a s\u00ed mismo por encima de todas las cosas, debe estar ciego en lo que a \u00e9l mismo respecta. (&#8230;) Cuando un hombre no saluda por su nombre al poderoso ni al rico, cuando no los visita, cuando no cena con ellos, cuando vive una vida disciplinada, cabe esperar que ese hombre diga la verdad; intenta, adem\u00e1s, alcanzar un conocimiento m\u00e1s profundo del tipo de hombre que es (y esto se logra a trav\u00e9s de una larga convivencia). Si encuentras hombre semejante, ll\u00e1male y habla un d\u00eda con \u00e9l en privado; p\u00eddele que te muestre inmediatamente cuanto de las pasiones que hemos mencionado vea en ti. Dile que estar\u00e1s m\u00e1s agradecido por este servicio y que le tendr\u00e1s por tu salvador en mayor medida que si te hubiera salvado de una enfermedad de tu cuerpo. Consigue que prometa descubrirte todo esto siempre que te vea afectado por cualquiera de las pasiones que he mencionado\u201d.<br \/>\nEn este texto, el parresiast\u00e9s \u2013que todo el mundo necesita para librarse de su autoenga\u00f1o\u2013 no necesita ser un amigo, alguien a quien se conozca, alguien con quien se tenga trato. Y esto constituye, creo yo, una diferencia muy importante entre Galeno y Plutarco. En Plutarco, S\u00e9neca y la tradici\u00f3n que procede de S\u00f3crates, es siempre necesario que el parresiast\u00e9s sea un amigo. Y esta relaci\u00f3n de amistad estaba siempre en la base del juego parresi\u00e1stico. Por lo que s\u00e9, con Galeno, por primera vez, no es necesario que el parresiast\u00e9s sea un amigo. En realidad, nos dice Galeno, es mucho mejor que el parresiast\u00e9s sea alguien a quien no conozcamos, con el fin de que sea completamente neutral. Un buen parresiast\u00e9s que nos d\u00e9 consejos honestos sobre nosotros mismos no debe odiarnos, pero tampoco debe amarnos. Un buen parresiast\u00e9s es alguien con quien no se ha tenido previamente ninguna relaci\u00f3n particular.<br \/>\n<strong>* Extractado de Discurso y verdad en la antigua Grecia, conferencias dictadas en la Universidad de Berkeley en 1983,  editorial Paid\u00f3s.<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/psicologia\/9-37442-2004-07-01.html\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/psicologia\/9-37442-2004-07-01.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 7 TEXTO FUENTE Michel Foucault rastre\u00f3 en la literatura y la filosof\u00eda grecorromanas una funci\u00f3n, la \u201cparres\u00eda\u201d, y una posici\u00f3n del sujeto, el \u201cparresiast\u00e9s\u201d, caracterizadas por \u201cuna relaci\u00f3n espec\u00edfica con la verdad a trav\u00e9s de la franqueza\u201d, cuyo efecto es la cr\u00edtica y la autocr\u00edtica, y cuyo costo es el peligro. 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