{"id":337,"date":"2008-07-22T12:18:04","date_gmt":"2008-07-22T12:18:04","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/22\/informe-especial-aborigenes-en-la-region-chaquena-segunda-entrega-hernan-lascano\/"},"modified":"2008-07-22T12:18:04","modified_gmt":"2008-07-22T12:18:04","slug":"informe-especial-aborigenes-en-la-region-chaquena-segunda-entrega-hernan-lascano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/22\/informe-especial-aborigenes-en-la-region-chaquena-segunda-entrega-hernan-lascano\/","title":{"rendered":"Informe especial. Abor\u00edgenes en la regi\u00f3n chaque\u00f1a (segunda entrega) &#8211; Hern\u00e1n LASCANO"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"wich%ED.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/wich%ED.jpg\" width=\"300\" height=\"179\" align=\"right\" hspace=\"15\" \/><br \/>\n<strong>UNIDAD 6<br \/>\nTEXTO COMPLEMENTARIO<\/strong><br \/>\n<strong> De Chaco a Rosario, un viaje por un sue\u00f1o fr\u00e1gil y sin escalas<br \/>\nLa falta de agua, el Estado desertor, el hambre y encima el desmonte empujan a wich\u00eds y tobas a la migraci\u00f3n<\/strong><br \/>\nSumergido hasta la cintura en el contenedor municipal de la basura de San Juan al 2900, en la entrada a Echesortu, la mitad del cuerpo de Francisco no se percibe de un golpe de vista. De all\u00ed va sacando cosas que le pasa a su hermanita. Alto y macizo, de 22 a\u00f1os, es de la comunidad toba de Villa Berthet, en el sur de Chaco, de donde vino hace dos meses. Volver\u00e1 al pago a fin de a\u00f1o para destroncar \u00e1rboles del monte o, si hay cosecha, carpir algod\u00f3n en el campo. Pero hasta Navidad recorrer\u00e1 todos los d\u00edas las calles desde el centro hasta la zona oeste levantando residuos. El desmonte, el fin del cultivo tradicional, la tecnificaci\u00f3n agr\u00edcola y la falta de tierra propia lo empujaron. Y ahora este es su trabajo.<br \/>\nEn Misi\u00f3n Nueva Pompeya, en El Impenetrable, Miguel Navarrete, de 52 a\u00f1os, piensa en Rosario. Es el presidente de la Asociaci\u00f3n Buena Esperanza, un grupo de unas 300 personas de la etnia wich\u00ed que sobreviven sin ingresos en un paisaje esquel\u00e9tico. Detr\u00e1s de dos toldos de barro se alza un monoambiente de autoconstrucci\u00f3n donde viven los diez integrantes de su familia. Miguel piensa en Rosario porque es evang\u00e9lico y all\u00ed, dice, est\u00e1 el pastor de su Iglesia Cuadrangular. Pero quiere ir porque hay buena basura. Unos tobas de Castelli le contaron que en Rosario la gente tira cosas de buena calidad. Y para quien no tiene nada de nada cualquier cosa es una promesa de progreso.<br \/>\nForzados al \u00e9xodo de su tierra, cada uno de una punta del Chaco, ciudadanos de la miseria, indios los dos, sin conocerse Francisco y Miguel est\u00e1n conectados por todos esos rasgos. Y tambi\u00e9n por Rosario o, al menos, por el ideal que se formaron de esa ciudad misteriosa que impuls\u00f3 a uno a trasladarse mil kil\u00f3metros y al otro a madurar la intenci\u00f3n de hacer lo mismo. Tambi\u00e9n los vincula la ausencia del Estado que genera riadas migratorias entre las poblaciones abor\u00edgenes, con dificultades para sostenerse en minifundios donde no tienen m\u00e1quinas para trabajar, reciben m\u00ednima atenci\u00f3n sanitaria y hay cr\u00f3nicos problemas de agua.<br \/>\nEncima el deprimido precio del algod\u00f3n quit\u00f3 en toda la provincia la forma m\u00e1s usual de mariscar, la palabra que expresa la forma de organizar la vida material: el rebusque. En Rosario hay zonas tan o m\u00e1s pobres que en Pompeya o Villa Berthet. Pero muchos indios due\u00f1os de nada piensan que por lo menos en esa lejana ciudad del sur hay hospital. Y buena basura.<br \/>\n<strong>Pompeya y cabeza de buey<\/strong><br \/>\nPara llegar a Nueva Pompeya hay que hacer 150 kil\u00f3metros desde Castelli. En un extremo del pueblo de 4 mil almas est\u00e1 el caser\u00edo donde viven once familias de la comunidad wich\u00ed. Nicol\u00e1s Garc\u00eda, desocupado, nueve hijos, es uno de ellos. Vive en un rancho a cincuenta metros de Miguel Navarrete, el vecino que sue\u00f1a con Rosario. Las once familias disponen de una \u00fanica canilla para mitigar los 40 grados de las tres de la tarde de fines de septiembre. Nicol\u00e1s y Miguel tienen un plan jefes de hogar. Los dos sopesan sus palabras cuando dicen que ser peronistas en una intendencia radical no les da ventajas.<br \/>\n&#8220;Conozco a los pol\u00edticos de ac\u00e1. Usan a la pobre gente. La manguera pas\u00f3 lejos de mi casa porque no vot\u00e9 a los que est\u00e1n&#8221;, murmura Nicol\u00e1s. &#8220;Esa es la fuerza y la presi\u00f3n de los pol\u00edticos. Algunos caciques aprendieron la corrupci\u00f3n. Tienen m\u00e1s compromiso con el gobierno que con sus comunidades. Es la necesidad, entonces por ah\u00ed abandonan su pueblo por un valecito&#8221;, dice Nicol\u00e1s, para quien comer salteado es el precio de no venderse.<br \/>\nLa mujer y los hijos m\u00e1s chicos de Nicol\u00e1s, que canturrean entre ellos en voz baj\u00edsima unos vocablos llenos de armon\u00eda, no hablan ni entienden espa\u00f1ol. Mar\u00eda, la hija mayor, aprendi\u00f3 castellano en la escuela biling\u00fce de Pozo del Sapo, que queda a tres kil\u00f3metros, donde va con otra hermana, &#8220;a pata nom\u00e1s&#8221;. All\u00ed tienen comedor. La mujer de Nicol\u00e1s tuvo que afiliarse al radicalismo para asistir al comedor municipal con sus hijos m\u00e1s chicos. Y \u00e9l explica: &#8220;No hay comida segura. Este es tiempo de agarrar la miel en el campo. Visitamos a los amigos para comer algo&#8221;.<br \/>\nMarisa Pizzi, una cat\u00f3lica laica porte\u00f1a de 45 a\u00f1os, libra pelea por los derechos de los abor\u00edgenes de Pompeya. Pertenece a la Red Agroforestal de la Regi\u00f3n Chaque\u00f1a (Redaf), una entidad que brega por la vida sustentable de los poblaciones criollas e indias de la llanura y que desaf\u00eda en posici\u00f3n desigual a los capitales latifundistas que desmontan el bosque nativo. La entidad logr\u00f3 alambrar las 20 mil hect\u00e1reas cedidas a 8 comunidades wichis, que totalizan 50 familias. Aunque los abor\u00edgenes no cercaban los terrenos, porque eran cazadores y recolectores, debieron hacerlo para preservar su zona, dado que la hacienda de los pobladores criollos arrasaban sus pasturas. Ellos tienen t\u00edtulos de propiedad de esas tierras, pero les falta el h\u00e1bito y las m\u00e1quinas necesarias para trabajarlas.<br \/>\nEn la regi\u00f3n chaque\u00f1a argentina viven 1.094.000 habitantes rurales. Cien mil son abor\u00edgenes. Un 45 por ciento de las explotaciones de menos de 50 hect\u00e1reas, como las que suelen tener los abor\u00edgenes con t\u00edtulos de propiedad o como ocupantes, implican solo un dos por ciento de la regi\u00f3n. Las explotaciones de m\u00e1s de mil hect\u00e1reas, que constituyen el 5,25 por ciento de los establecimientos totales, representan el 63 por ciento de las tierras de toda la regi\u00f3n. El problema de la tenencia es serio: minifundios de campesinos criollos e indios, que no alcanzan para la subsistencia familiar, al lado de grandes extensiones de propietarios concentrados en n\u00famero y m\u00e1s pr\u00f3speros.<br \/>\n<strong>I\u00e1 lakai\u00e1<\/strong><br \/>\nCabeza de Buey surge en medio del monte en el centro norte chaque\u00f1o. Unos 500 pobladores tobas viven all\u00ed en el marco de cambio de h\u00e1bitos culturales: ya no son n\u00f3mades porque los alambrados hicieron desaparecer los terrenos para mariscar cazando alg\u00fan guasuncho (especie de ciervo) o tat\u00fa carreta. Eso los oblig\u00f3, para sobrevivir, a afianzarse en sus propios terrenos e iniciar una dif\u00edcil vida de productores.<br \/>\nLas familias tienen parcelas individuales de 50 hect\u00e1reas pero obst\u00e1culos para el trabajo: mucho vinal -una planta espinosa, plaga en la zona- deja poco terreno para cultivar. Los integrantes de la Redaf les sugirieron una forma de cultivo bajo monte que implica clarear la vegetaci\u00f3n sin erradicarla para que el aporte de hojas enriquezca el suelo sin necesidad de agregar fertilizantes.<br \/>\n&#8220;Esta agricultura permite que en una hect\u00e1rea se produzca m\u00e1s&#8221;, dice Ra\u00fal de Le\u00f3n, un uruguayo que vive en la zona e integra la Redaf. Pero lo que se obtiene de la tierra todav\u00eda es m\u00ednimo y la gente se va a Castelli o se conchaba como pe\u00f3n en la zona. &#8220;Ac\u00e1 tienen que esperar que al municipio se le ocurra arar y cuando eso pasa son los \u00faltimos&#8221;, advierte.<br \/>\n&#8220;I\u00e1 lakai\u00e1&#8221;, dir\u00e1 Pedro Canteros, de 54 a\u00f1os, tras largo estudio del interlocutor. &#8220;Hola c\u00f3mo est\u00e1s&#8221;, en qom, la lengua toba. No hay agua en el lugar y la acarrean de dos kil\u00f3metros. &#8220;Vivimos mal pero antes era peor. Est\u00e1bamos desparramados en la colonia y no hab\u00eda que cazar ni comer. Ahora tenemos la tierrita y los animalitos. Pero faltan las m\u00e1quinas&#8221;, se lamenta.<br \/>\nIsa\u00edas Pellegrini, l\u00edder de la comunidad toba local, 52 a\u00f1os, recuerda que el puesto sanitario m\u00e1s cercano est\u00e1 a seis kil\u00f3metros. Todos viven en chozas de barro donde es plaga la vinchuca.<br \/>\nJuan Mansilla, de 48 a\u00f1os, hundido en el silencio del monte, apenas dir\u00e1 que precisan &#8220;un equipo de radio&#8221; para alertar al dispensario en caso de urgencia.<br \/>\nMansilla es un indio inmenso, de ojos que atisban en silencio a los visitantes. Se nota que al hablar de la necesidad del puesto de salud, de m\u00e1quinas para el desmonte y labranza, de lo que habla es de la lejan\u00eda del Estado.<br \/>\nLos primeros tobas llegaron a Rosario a mediados de los 60. El deambular de Francisco en los volquetes de Echesortu y los sue\u00f1os de Miguel con tesoros ocultos en los desechos rosarinos confirman que la no resoluci\u00f3n de los problemas en el terru\u00f1o equivale a migraci\u00f3n hacia un destino que supone desarraigo y poco m\u00e1s que escarbar sue\u00f1os en los cubos de basura.<br \/>\nLa Capital &#8211;<br \/>\n<a href=\"http:\/\/archivo.lacapital.com.ar\/2005\/10\/16\/seniales\/noticia_237348.shtml\">http:\/\/archivo.lacapital.com.ar\/2005\/10\/16\/seniales\/noticia_237348.shtml <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 6 TEXTO COMPLEMENTARIO De Chaco a Rosario, un viaje por un sue\u00f1o fr\u00e1gil y sin escalas La falta de agua, el Estado desertor, el hambre y encima el desmonte empujan a wich\u00eds y tobas a la migraci\u00f3n Sumergido hasta la cintura en el contenedor municipal de la basura de San Juan al 2900, en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[48],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/337"}],"collection":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=337"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/337\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=337"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=337"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=337"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}