{"id":305,"date":"2008-07-19T16:59:01","date_gmt":"2008-07-19T16:59:01","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/19\/se-oyen-las-musas-carlos-gamberro\/"},"modified":"2008-07-19T16:59:01","modified_gmt":"2008-07-19T16:59:01","slug":"se-oyen-las-musas-carlos-gamberro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/19\/se-oyen-las-musas-carlos-gamberro\/","title":{"rendered":"Se oyen las musas &#8211; Carlos GAMBERRO"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"plegarias2.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/plegarias2.jpg\" width=\"242\" height=\"375\" align=\"right\" hspace=\"25\" \/><br \/>\nEn sus \u00faltimos d\u00edas, Capote estaba entregado a escribir Plegarias atendidas, que constituir\u00eda, como su autor anunci\u00f3 una y otra vez, la nueva En busca del tiempo perdido: \u201cSi Proust fuese norteamericano y viviera ahora en Nueva York \u2013lleg\u00f3 a decir\u2013, esto es lo que escribir\u00eda\u201d. Firm\u00f3 el contrato por el libro en 1966, comprometi\u00e9ndose a entregarlo para principios de 1968, fecha que fue prorrog\u00e1ndose una y otra vez. Entre 1975 y 1976 public\u00f3 cuatro cap\u00edtulos en la revista Esquire: \u201cMojave\u201d, \u201cLa C\u00f4te Basque\u201d, \u201cMonstruos perfectos\u201d y \u201cKate McCloud\u201d; posteriormente decidir\u00eda que el primero no formaba parte del libro y lo public\u00f3 como cuento separado en M\u00fasica para camaleones. Y eso fue todo. La obra que habr\u00eda rivalizado con la de Proust y ser\u00eda publicada p\u00f3stumamente en 1987 es un delgado volumen que contiene apenas los cap\u00edtulos primero, segundo y s\u00e9ptimo, que sin el armaz\u00f3n de la novela se leen m\u00e1s bien como relatos sueltos.<br \/>\n<strong>Proust como veneno<\/strong><br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 Capote abandon\u00f3 el proyecto de Plegarias&#8230;? Hay varias explicaciones posibles, la m\u00e1s f\u00e1cil y menos interesante sigue siendo su adicci\u00f3n a las drogas y al jet set. Tambi\u00e9n puede haberlo afectado la publicaci\u00f3n de \u201cLa C\u00f4te Basque\u201d, que desencaden\u00f3 un esc\u00e1ndalo may\u00fasculo, pues revelaba en \u00e9l las intimidades \u2013sobre todo sexuales\u2013 de la alta sociedad neoyorquina. Los nombres de las personas reales estaban cambiados, pero cualquiera pod\u00eda reconocerlas y al menos una de ellas se suicid\u00f3 en consecuencia. La reacci\u00f3n de los sobrevivientes fue, desde su punto de vista al menos, comprensible: le hab\u00edan permitido a ese advenedizo enano sure\u00f1o codearse con ellos, lo hab\u00edan invitado a sus casas y a sus yates, \u00bfy as\u00ed les pagaba? Capote ve\u00eda las cosas de otra manera: \u201c\u00bfQu\u00e9 se esperaban? Soy un escritor y me sirvo de todo. \u00bfEs que esa gente se pensaba que me ten\u00edan para entretenerlos?\u201d<br \/>\nPero m\u00e1s all\u00e1 de estas bravatas hasta cierto punto defensivas, la reacci\u00f3n corporativa del grupo lo sorprendi\u00f3 e hiri\u00f3 \u2013algo que, dicho sea de paso, tambi\u00e9n le hab\u00eda sucedido a Proust, su modelo\u2013. Pero no alcanza para explicar su renuencia a seguir trabajando en el libro. La derrota de un escritor \u2013en tanto escritor\u2013 parece requerir, adem\u00e1s, una explicaci\u00f3n puramente literaria, y \u00e9sta puede encontrarse en la naturaleza misma del proyecto. Sus conocidos y bi\u00f3grafos hablan una y otra vez del comportamiento autodestructivo de Capote, refiri\u00e9ndose a sus h\u00e1bitos de vida, \u00bfpero qu\u00e9 puede ser m\u00e1s autodestructivo para un escritor de talento \u2013quiz\u00e1s hasta de genio, como \u00e9l mismo proclamaba\u2013 que querer ser Proust? Nadie \u2013ni siquiera Proust\u2013 puede proponerse de antemano una empresa semejante. \u00c9l mismo lleg\u00f3 a entenderlo as\u00ed: \u201cSue\u00f1o con \u00e9l y mi sue\u00f1o es una sensaci\u00f3n tan viva como un golpe en el dedo gordo. Todos los personajes con quienes he vivido, tan brillantes, tan reales&#8230; Una parte de mi cerebro dice: `El libro es tan hermoso, tan bien construido: no ha existido nunca un libro m\u00e1s hermoso\u2019. Y la otra parte de mi cerebro dice: `Nadie es capaz de escribir tan bien\u2019\u201d.<br \/>\nEn el pr\u00f3logo a M\u00fasica para camaleones (uno de los m\u00e1s famosos de la literatura contempor\u00e1nea), Capote aclara que la interrupci\u00f3n de Plegarias&#8230; se debi\u00f3 no a las reacciones del p\u00fablico sino a una crisis creativa. Releyendo todo lo que hab\u00eda escrito hasta entonces lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que \u201cnunca, ni siquiera una sola vez en toda mi vida de escritor, hab\u00eda explotado totalmente toda la energ\u00eda y las emociones est\u00e9ticas que albergaba el material.<br \/>\nHasta cuando era bueno, ve\u00eda que en ning\u00fan momento hab\u00eda trabajado con m\u00e1s de la mitad, a veces s\u00f3lo una tercera parte, de mis facultades\u201d. Y \u00e9ste, justamente, ser\u00eda el libro donde lo pondr\u00eda todo. Publicado en 1980 \u2013interrumpiendo una vez m\u00e1s elproyecto de Plegarias&#8230;\u2013, M\u00fasica para camaleones se compone de seis relatos tradicionales de impecable factura, siete \u201cretratos dialogados\u201d y un \u201crelato de no ficci\u00f3n de un crimen americano\u201d: \u201cF\u00e9retros tallados a mano\u201d. Los \u201cretratos dialogados\u201d incluyen un perfil de Marilyn Monroe, otro de Bobby Beausoleil, un asesino vinculado al clan Manson, el excepcional \u201cHola extra\u00f1o\u201d y uno de lo reportajes m\u00e1s famosos de la historia del periodismo: \u201cUn d\u00eda de trabajo\u201d, en el cual Capote acompa\u00f1a a una mujer de limpieza mientras trabaja para personas a las que nunca ha visto y cuyas vidas va reconstruyendo a partir de los indicios que encuentra en sus departamentos y su amorosa simpat\u00eda imaginativa. \u201cF\u00e9retros tallados a mano\u201d es un relato espeluznante acerca de un terrateniente, el Sr. Quinn, que va enviando f\u00e9retros en miniatura a los miembros del consejo local que le arrebataron \u201csu\u201d r\u00edo en una votaci\u00f3n, y luego los asesina. Capote afirmar\u00eda: \u201cEs una destilaci\u00f3n de todo lo que s\u00e9 sobre t\u00e9cnica literaria: relato breve, gui\u00f3n, periodismo&#8230;, todo\u201d. Lo que no es, estrictamente hablando, es un relato de no ficci\u00f3n: desde el vamos no se identifica el lugar (\u201cun pueblo en un peque\u00f1o estado del Medio Oeste\u201d) y los personajes tienen nombres inventados, lo que lleva a suponer, correctamente, que en gran medida los hechos tambi\u00e9n lo son.<br \/>\n<strong>El padre de la criatura<\/strong><br \/>\nEl relato de no ficci\u00f3n de Truman Capote es, por supuesto, A sangre fr\u00eda, la m\u00e1s famosa y quiz\u00e1 la m\u00e1s lograda de sus obras, que inaugur\u00f3, seg\u00fan su autor, un g\u00e9nero nuevo. Tanto se ha escrito sobre la g\u00e9nesis de esta novela (de c\u00f3mo Capote se encontr\u00f3, leyendo el New York Times, con la noticia del asesinato de los Clutter, una pr\u00f3spera familia de agricultores, en Holcomb, un peque\u00f1o pueblo de Kansas; de c\u00f3mo parti\u00f3 hacia all\u00e1 un mes despu\u00e9s, y pas\u00f3 seis a\u00f1os de su vida investigando el caso, haci\u00e9ndose amigo de los pobladores, los investigadores y, eventualmente, de los asesinos, Perry Smith y Dick Hickock, cuya ejecuci\u00f3n terminar\u00eda presenciando) que es mejor pasar directamente a la debatida cuesti\u00f3n del g\u00e9nero. Ha sido frecuente atacar la presunci\u00f3n de Capote, demostrando que hubo novelas de no ficci\u00f3n antes de la suya. Entre ellas, Operaci\u00f3n masacre de Rodolfo Walsh, que los argentinos proponemos como verdadera fundadora del g\u00e9nero con la misma tozudez con que pregonamos nuestra potestad sobre el colectivo, la birome y el dulce de leche.<br \/>\nSi bien hay justicia en el reclamo, tambi\u00e9n es cierto que un invento no es s\u00f3lo de quien lo inventa sino de quien lo patenta, y Capote \u2013por yanqui, famoso y propagandista nato\u2013 ten\u00eda todas las de ganar. Adem\u00e1s, Capote sirve la novela con teor\u00eda incluida (como hicieron, en otro contexto, los franceses del nouveau roman) mientras que las reflexiones te\u00f3ricas de Walsh sobre la no ficci\u00f3n llegan quince a\u00f1os despu\u00e9s de la obra en s\u00ed. Dos caracter\u00edsticas son esenciales a la novela de no ficci\u00f3n tal como Capote la practica en A sangre fr\u00eda: a) la verdad, es decir, la absoluta correspondencia entre los hechos novelescos y los reales, y b) la objetividad, el borramiento de la persona del investigador \u2013Capote, en este caso\u2013, que no aparece en su obra, como s\u00ed lo hace Walsh en Operaci\u00f3n masacre (el imperativo del compromiso pol\u00edtico, central a la concepci\u00f3n del g\u00e9nero en Walsh y absolutamente indiferente, si no hostil, a la de Capote, parece demandar la presencia del autor-narrador). La conjunci\u00f3n de verdad factual y objetividad del punto de vista ser\u00eda el rasgo distintivo de la novela de no ficci\u00f3n que practica Capote (aunque aparezca en persona en \u201cF\u00e9retros&#8230;\u201d).<br \/>\nCon respecto a lo primero, en A sangre fr\u00eda la verdad de los hechos narrados parece incuestionable. Quienes han intentado hallar a Capote en falta no desenterraron m\u00e1s que errores tan nimios (como que la yegua de Nancy Clutter no fue vendida a un forastero sino a un lugare\u00f1o) que terminaron apuntalando, en lugar de refutar, su jactancia. Aun as\u00ed, se permite una escena inventada, al final: un encuentro imaginario entre AlDewey, el investigador del caso, y Susan Kidwell, amiga de Nancy, en el cementerio donde est\u00e1n enterrados los Clutter. Hablan de los estudios de Susan, del casamiento del ex novio de Nancy, del ingreso del hijo de Al a la universidad; un final que parece calcado del de El arpa de hierba y cuyo mensaje es claro: la vida contin\u00faa a pesar de todo. \u201cMe criticaron mucho por ello \u2013admiti\u00f3 Capote\u2013, me dec\u00edan que deb\u00ed terminar con las ejecuciones, con aquella horrible escena final. Pero yo sent\u00eda que deb\u00eda regresar a la ciudad, hacer que todo volviera a cerrar el c\u00edrculo, terminar en paz.\u201d Las exigencias del final \u2013momento de condensaci\u00f3n m\u00e1xima de sentido en cualquier obra\u2013 lo llevaron a abandonar, por una vez, la exigencia de verdad. Pero salvo esta excepci\u00f3n, la factualidad se respeta sin grandes problemas. Es con el imperativo de objetividad que empiezan las paradojas.<br \/>\n<strong>Mec\u00e1nica (cu\u00e1ntica) narrativa<\/strong><br \/>\nCapote viaj\u00f3 a Holcomb un mes despu\u00e9s de los hechos y a partir de entonces vivi\u00f3 en el pueblo, habl\u00f3 casi a diario con el investigador del caso, compartiendo informaciones e hip\u00f3tesis; estaba entre los lugare\u00f1os cuando llegaron los dos sospechosos esposados, habl\u00f3 con ellos cientos de veces, se convirti\u00f3 en amigo de ambos; presenci\u00f3 a pedido suyo los ahorcamientos y pag\u00f3 las l\u00e1pidas para sus tumbas. De todo esto, nada queda en la obra, salvo rastros fantasmales, como cuando, cerca del final, Hickock hace un largo relato a \u201cun periodista\u201d que no se nombra y no es otro que el propio Capote. En otras palabras, Capote fue tambi\u00e9n uno de los protagonistas de la historia e influy\u00f3 sobre el curso de los acontecimientos: el minucioso y sistem\u00e1tico borramiento de su presencia implica, de alguna manera, un falseamiento de los hechos; y objetividad y verdad, en lugar de ir de la mano, terminan oponi\u00e9ndose.<br \/>\nA sangre fr\u00eda se convierte as\u00ed en un texto que parece haber sido escrito para demostrar la pertinencia de las modernas teor\u00edas de la f\u00edsica, que aseguran que la presencia del observador inevitablemente modifica los hechos observados.<br \/>\nDe todos modos, es indudable que, desde el punto de vista emotivo y est\u00e9tico, Capote eligi\u00f3 el camino correcto: al borrar las marcas de su presencia, la subjetividad acotada e identificable del narrador personal se convierte en una subjetividad difusa, omnipresente, que permea cada l\u00ednea de la obra, en la cual Capote desaparece de un modo que hubiera llenado de orgullo a su maestro Flaubert, quien propon\u00eda que \u201cel autor debe, en su libro, ser como Dios en el universo, estar presente en todas partes y no hacerse jam\u00e1s visible en ninguna\u201d.<br \/>\nPero \u00e9ste no es un proceso que se pueda hacer sin sacrificios. Una oportunidad perdida fue la del juego barroco entre planos de realidad y ficci\u00f3n que la inclusi\u00f3n del autor y la novela dentro de la novela hubieran permitido: al igual que en la segunda parte del Quijote, en la cual los personajes han le\u00eddo la primera y est\u00e1n pendientes de la aparici\u00f3n de la segunda y todo esto influye sobre el curso de los acontecimientos, hay un momento en que la inconclusa novela A sangre fr\u00eda comienza a afectar las vidas de los personajes de A sangre fr\u00eda. Gracias a ella, Perry y Dick se saben estrellas, e intentan influir sobre lo que Capote escribir\u00e1, tratando, por ejemplo, de convencerlo de que el crimen no fue planeado, para que sus apelaciones se vieran favorecidas por esta versi\u00f3n. Tambi\u00e9n les preocupaba el t\u00edtulo, sobre el cual Capote ven\u00eda minti\u00e9ndoles: \u201cMe han dicho que el libro est\u00e1 a punto de imprimirse y que van a venderlo despu\u00e9s de nuestras ejecuciones. Y el libro s\u00e9 que se titula A sangre fr\u00eda. \u00bfQui\u00e9n miente?&#8230; Francamente, A sangre fr\u00eda es algo que clama a la conciencia\u201d, le escribi\u00f3 indignado Perry. El libro se ha vuelto parte de la historia que cuenta, la historia se ve afectada por el libro: la realidad copia a la no ficci\u00f3n.<br \/>\n<strong>El espejo del alma<\/strong><br \/>\nPerry y Dick consideraban a Capote su amigo y benefactor, y hasta horas antes de la ejecuci\u00f3n estuvieron llam\u00e1ndolo desesperados, creyendo (err\u00f3neamente, seg\u00fan parece) que podr\u00eda aplazarla. Y aunque hubiera podido, Capote sab\u00eda que s\u00f3lo podr\u00eda terminar el libro una vez que los ejecutaran, y ya ven\u00eda de dos a\u00f1os de torturas, con el libro escrito \u2013salvo por el final\u2013 y un aplazamiento tras otro, sintiendo que apenas la vida de dos hombres se interpon\u00eda entre \u00e9l y la publicaci\u00f3n, con la consiguiente realizaci\u00f3n de todos sus sue\u00f1os de dinero y fama. As\u00ed, contar\u00eda a una de sus amistades, \u201cel Tribunal supremo ha rechazado las apelaciones, as\u00ed que pronto puede suceder algo&#8230; Me he llevado tantas decepciones que ya casi no me atrevo a confiar. Pero&#8230; \u00a1des\u00e9ame suerte!\u201d, y a otra confes\u00f3 haber pensado, cuando uno de los abogados defensores sugiri\u00f3 que Perry y Dick no s\u00f3lo pod\u00edan librarse de la horca sino conseguir la libertad, \u201c\u00a1s\u00ed, y espero que t\u00fa seas el primero al que se carguen, hijo de puta!\u201d. Al menos uno de los cr\u00edticos, su antiguo amigo Kenneth Tynan, lo acusar\u00eda frontalmente: \u201cPor primera vez un escritor de primera fila, e influyente, se ha encontrado en una situaci\u00f3n tan privilegiada y cercana a unos criminales a punto de ser ajusticiados y, en mi opini\u00f3n, ha hecho menos de lo que pudo para salvarlos\u201d. Capote nunca se lo perdon\u00f3.<br \/>\nLa amistad entre Capote y Perry Smith es una de las fundamentales historias detr\u00e1s de la historia, y podr\u00eda suministrar material para un libro casi tan atrayente como A sangre fr\u00eda. Perry es sin duda el personaje central de la novela, y al decir de Norman Mailer, uno de los m\u00e1s interesantes de la literatura norteamericana. Hubo desde el comienzo una secreta afinidad entre los dos: eran outsiders, casi enanos (Perry por un accidente), de infancias desgraciadas y \u201csensibilidad art\u00edstica\u201d y, como sugiere Gerald Clarke, bi\u00f3grafo de Capote: \u201cAmbos se miraron y vieron al hombre que pudieron haber sido\u201d. Esto explica que el dilema moral ante el cual Capote se encontr\u00f3 traspasara las fronteras de la \u00e9tica period\u00edstica o novel\u00edstica (si es que tal cosa existe) para volverse emocionalmente devastador. Confes\u00f3 haber llorado sin parar durante dos d\u00edas y medio tras la ejecuci\u00f3n, y nunca se repuso del todo. \u201cNadie sabr\u00e1 nunca lo que A sangre fr\u00eda se llev\u00f3 de m\u00ed. Me chup\u00f3 hasta la m\u00e9dula de los huesos.\u201d Y no era para menos. Forzado por las circunstancias que \u00e9l mismo hab\u00eda ayudado a crear, hab\u00eda terminado elevando plegarias para que colgaran a dos hombres, uno de ellos su siniestro doppelg\u00e4nger, y sus plegarias hab\u00edan sido atendidas.<br \/>\n<strong>Freaks <\/strong><br \/>\nSi A sangre fr\u00eda es m\u00e1s que una gran aventura period\u00edstica y el relato de un hecho espeluznante es porque Capote se hab\u00eda topado con un crimen que pudo funcionar como cifra del conflicto entre las dos Am\u00e9ricas: la del exitoso, arrogante, sedentario, conservador, religioso hombre de familia W.A.S.P. Herb Clutter y la del ex convicto n\u00f3made, artista malogrado, autocompasivo, mestizo, solitario y eterno outsider Perry Smith. La novela comienza mostrando en un montaje paralelo la vida casi id\u00edlica de los Clutter en su comunidad y la mezquina road movie de los dos inadaptados, y sabemos que cuando las dos l\u00edneas se crucen s\u00f3lo puede sobrevenir la tragedia. Esta oposici\u00f3n, que en A sangre fr\u00eda se ve como inconciliable, encontrar\u00eda su momento de s\u00edntesis en la siguiente obra de no ficci\u00f3n: Mr. Quinn, el terrateniente asesino de \u201cF\u00e9retros tallados a mano\u201d, es una prolija fusi\u00f3n de Herb Clutter y Perry Smith.<br \/>\n\u201cTodo esto ha sido la experiencia m\u00e1s interesante de mi vida, y de hecho la ha cambiado, ha modificado mis puntos de vista sobre casi todo\u201d, dijo Capote, pero \u00e9sta no fue la primera vez que algo as\u00ed le suced\u00eda. De hecho pas\u00f3 toda su vida reinvent\u00e1ndose a s\u00ed mismo, y haci\u00e9ndolo, como corresponde a un escritor, a trav\u00e9s de su obra. Nunca se encasill\u00f3 ni permiti\u00f3 que lo encasillaran: iba pasando de una vida a otra, y cadanovela era el portal. Nadie, ni siquiera \u00e9l mismo, hubiera podido predecir que el autor de la delicada Desayuno en Tiffanny\u2019s, una encantadora nouvelle que contribuy\u00f3 como pocas a mitificar Nueva York y le aport\u00f3 a Holly Golightly, un personaje sin el cual es tan dif\u00edcil concebirla como a Londres sin Sherlock Holmes, ser\u00eda capaz de escribir A sangre fr\u00eda; como tampoco podr\u00eda anticipar la glamorosa ligereza de aquella novelita quien leyera la barroca y esforzada escritura de Otras voces, otros \u00e1mbitos, un relato de ese g\u00f3tico sure\u00f1o que dej\u00f3 tras de s\u00ed el reflujo de la gran marea faulkneriana y que brill\u00f3 en la obra de Carson Mc Cullers y Flannery O\u2019Connor; literatura de freaks queribles que en Capote empieza a te\u00f1irse de la clase de sentimentalismo nost\u00e1lgico que exhiben pel\u00edculas como Matar a un ruise\u00f1or (en la cual el peque\u00f1o Truman es personaje), Tomates verdes fritos o El gran pez. El sur, no obstante, fue su cuna, y tambi\u00e9n la de su escritura, aunque a diferencia del gran maestro literario de la regi\u00f3n, Faulkner, Capote escrib\u00eda mejor sobre los mundos a los que se trasplantaba. El sur, quiz\u00e1, fue siempre demasiado doloroso.<br \/>\nAbandonado por sus padres, buscando el afecto en seres marginales como \u00e9l (como su prima retrasada Sook, la sexagenaria protagonista de \u201cUn recuerdo navide\u00f1o\u201d, uno sus cuentos m\u00e1s conmovedores), en este ambiente hostil o al menos ajeno a toda afici\u00f3n literaria, seg\u00fan \u00e9l mismo nos cuenta, a los diecisiete \u201cya era un escritor consumado y estaba listo para publicar\u201d, algo que har\u00eda, acto seguido, con sus primeros relatos, en las m\u00e1s prestigiosas revistas, como The New Yorker y Harper\u2019s Bazaar. Hab\u00eda empezado a escribir a los ocho a\u00f1os, \u201csin saber que me hab\u00eda encadenado de por vida a un amo noble pero despiadado&#8230; Cuando Dios te da un don, te da tambi\u00e9n un l\u00e1tigo\u201d, dir\u00eda famosamente en el pr\u00f3logo de M\u00fasica para camaleones.<br \/>\nCon ese l\u00e1tigo, y hasta el final de sus d\u00edas, se flagelar\u00eda hasta morir.<br \/>\n<strong>P\u00e1gina 12 &#8211; 2004<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En sus \u00faltimos d\u00edas, Capote estaba entregado a escribir Plegarias atendidas, que constituir\u00eda, como su autor anunci\u00f3 una y otra vez, la nueva En busca del tiempo perdido: \u201cSi Proust fuese norteamericano y viviera ahora en Nueva York \u2013lleg\u00f3 a decir\u2013, esto es lo que escribir\u00eda\u201d. 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