{"id":302,"date":"2008-07-18T16:24:44","date_gmt":"2008-07-18T16:24:44","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/18\/dias-de-feria-daniel-briguet\/"},"modified":"2008-07-18T16:24:44","modified_gmt":"2008-07-18T16:24:44","slug":"dias-de-feria-daniel-briguet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/18\/dias-de-feria-daniel-briguet\/","title":{"rendered":"D\u00edas de Feria &#8211; Daniel BRIGUET"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 6<br \/>\nTEXTO COMPLEMENTARIO<\/strong><br \/>\nEn el stand de Siria un grupo de ni\u00f1as bailan una danza t\u00edpica mientras sus abuelos, pr\u00f3speros comerciantes o mayoristas de la calle San Luis, hablan en voz alta y devoran platos de queppe que salen casi ininterrumpidamente del mostrador atendido por j\u00f3venes mozos. Tres generaciones est\u00e1n reunidas en un peque\u00f1o \u00e1mbito, conversando uno de los rasgos m\u00e1s caracter\u00edsticos de la Feria de las Colectividades, que empez\u00f3 como el proyecto de un grupo de gente entusiasta y termin\u00f3 siendo un prodigioso encuentro de multitudes. Tal vez la idea de dar cuerpo a ese fen\u00f3meno basal de la cultura rosarina que son las corrientes inmigratorias y las colectividades estaba en la intenci\u00f3n de sus primitivos promotores pero es dudoso que, en el momento de dar la patada inicial, hayan imaginado las proporciones que ir\u00eda tomando. La Feria escenifica algo que antes s\u00f3lo estaba en los libros de texto \u2013o que, en su defecto, se desarrollaba en \u00e1mbitos cerrados y relativamente privados- y hasta cierto punto lo exacerba: junto a los stands de los grupos arraigados y reconocidos, cada a\u00f1o aparecen nombres nuevos, pa\u00edses que el visitante recuerda de lejos o cuya presencia en la ciudad es por lo menos tenue.<br \/>\nLa Feria de las Colectividades ya no es s\u00f3lo el testimonio vivo de una cultura h\u00edbrida: es tambi\u00e9n la marca de una vocaci\u00f3n cosmopolita, una curiosa cruza entre tradiciones centenarias y las modernas fuerzas del mercado. En los stands, los afiches did\u00e1cticos y las im\u00e1genes hist\u00f3ricas se mezclan con los anuncios publicitarios. \u201cCompre la historia de su apellido y el escudo de armas\u201d, ofrece un cartel de la Agrupaci\u00f3n Andaluza, y en el patio brasile\u00f1o un slogan de Peixe recuerda que \u201cLa vida sin salsa no tiene gracia\u201d. El stand de Brasil recuerda vagamente el dise\u00f1o de una aldea africana. En uno de los extremos hay una carabela que a la noche ocupan distintos grupos musicales, y un poco m\u00e1s all\u00e1, una botella gigantesca de cerveza Bramha. La muestra de im\u00e1genes y objetos t\u00edpicos sigue el presunto itinerario de una raza esclavizada, aunque el grueso del p\u00fablico apenas atiende las explicaciones. Son m\u00e1s tentadores el sabor de la caipirinha o las miradas de un par de mulatas que, casi a la altura de la escena que representa los ritos de umbanda, parecen corporizar la atracci\u00f3n y el misterio de mitos ancestrales.<br \/>\nEste a\u00f1o el despliegue de la Feria es mayor que nunca. Vista desde cierta perspectiva parece una peque\u00f1a Disneylandia, con sus carpas multicolores y sus c\u00fapulas de cart\u00f3n pintado, y las r\u00e9plicas de un templo romano y del Arco del Triunfo. Pero, para apreciar este cuadro, hay que usar la luz del d\u00eda, cuando s\u00f3lo el bullicio de las delegaciones escolares o el ruido de los camiones que descargan cajones alteran la calma del predio. De noche \u2013sobre todo los fines de semana-, la gente circula a un ritmo incesante, va de un mostrador a otro hasta saciarse de gustos t\u00edpicos o mira simplemente el espect\u00e1culo de su propio movimiento. Parece obvio pero no est\u00e1 de m\u00e1s decirlo: la Feria es tambi\u00e9n un fabuloso lugar de encuentro. Familias con chicos y bandas de adolescentes, parejas de ancianos y noct\u00e1mbulos en plan de viaje disipado, ciudadanos respetables y gente venida de los barrios: el carnaval de la ciudad se da cita a cierta hora y aunque apenas haya lugar para moverse y sea casi imposible quedarse parado, los cuerpos se las ingenian para intercambiar se\u00f1ales.<br \/>\nTodo este movimiento avanza debajo de un aire espeso e internacional, que mezcla los aromas de la lasagna y la feijoada, de la paella catalana y el churrasco argentino. Mejor armado que el del a\u00f1o anterior, el stand nacional ofrece una variedad de platos que incluyen empanadas, humita, tamales, pastelitos y locro Versalles, una variedad de locro que, si no fue inventado en la corte de Luis XV, responde seguramente al aval de una firma auspiciante. A contrapelo del adagio popular, la Feria es uno de esos lugares donde la gente va para comer. Lo hace con curiosidad y fruici\u00f3n, desempolvando un alma de gourmet que los avatares de la crisis han dejado sumergidos. Al principio, este h\u00e1bito voraz era mal visto por las almas bienpensantes, preocupadas por el destino espec\u00edficamente cultural del evento. Hoy ya nadie se rasga las vestiduras delante de un plato de salchicha con chucrut, de los que prodiga el stand alem\u00e1n, tal vez porque han comprendido que no hay cultura m\u00e1s \u00edntima que la que circula por las tripas y que ning\u00fan vac\u00edo existencial puede dejar de colmarse con una buena favada.<br \/>\nLos que han hecho un culto de la vida asc\u00e9tica, los que desprecian el movimiento promiscuo y el roce de cuerpos frot\u00e1ndose, pueden entretenerse con algunos de los grupos de baile que desfilan por el escenario mayor o con la habilidad de artesanos que, aqu\u00ed y all\u00e1, despachan sus destrezas rodeados de curiosos. Pero se trata de alternativas menores en medio de una onda que apunta a la promiscuidad global y dentro de la cual cualquier objeto de exposici\u00f3n corre el riesgo de pasar inadvertido. La Feria es una met\u00e1fora viva de lo que se llama \u201ccultura\u201d, no s\u00f3lo por su vital expansi\u00f3n sino porque ha crecido en \u00edntima consonancia con los h\u00e1bitos y expectativas de sus destinatarios, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier consideraci\u00f3n acerca de lo bello y de lo feo, de lo representativo y lo impresentable.<br \/>\nSi el programa sigue el curso previsto, esta noche ser\u00e1 la \u00faltima de la edici\u00f3n \u201992. en pocos d\u00edas el predio del puerto habr\u00e1 recuperado su fisonom\u00eda habitual y se conocer\u00e1n las cifras de la bacanal, traducidas en miles de litros de vino y cerveza y toneladas de mercanc\u00edas varias. Los puesteros, a su vez, har\u00e1n los c\u00e1lculos para la pr\u00f3xima edici\u00f3n. Pero, si es posible separarse de estos datos coyunturales, cabe imaginar que en un futuro no lejano la expansi\u00f3n de la Feria terminar\u00e1 invadiendo la ciudad y, como en un cuento de Calvino, el olor espeso de las fritangas subir\u00e1 por la pendiente de las calles que terminan, en cada esquina se instalar\u00e1 una carpa y, a la madrugada, todos los rosarinos que sufren de insomnio podr\u00e1n escuchar, como quien escucha un disco, los aires de la jota y del samba, los ruidos de gitanos y odaliscas mezclados en un baile sin fin.<br \/>\n<strong>En Ficciones Period\u00edsticas (1992) <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 6 TEXTO COMPLEMENTARIO En el stand de Siria un grupo de ni\u00f1as bailan una danza t\u00edpica mientras sus abuelos, pr\u00f3speros comerciantes o mayoristas de la calle San Luis, hablan en voz alta y devoran platos de queppe que salen casi ininterrumpidamente del mostrador atendido por j\u00f3venes mozos. 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