{"id":280,"date":"2008-07-05T17:08:00","date_gmt":"2008-07-05T17:08:00","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/07\/05\/fotografia-1-ryszard-kapuscinski\/"},"modified":"2008-07-05T17:08:00","modified_gmt":"2008-07-05T17:08:00","slug":"fotografia-1-ryszard-kapuscinski","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/07\/05\/fotografia-1-ryszard-kapuscinski\/","title":{"rendered":"Fotograf\u00eda 1 &#8211; Ryszard KAPUSCINSKI"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 6<br \/>\nTEXTO COMPLEMENTARIO<\/strong><\/p>\n<p><strong>Fotograf\u00eda 1<\/strong><br \/>\nEs la fotograf\u00eda m\u00e1s antigua que he conseguido encontrar. Se ve en ella a un soldado que sostiene con la mano derecha una cadena; a la cadena est\u00e1 atado un hombre. Tanto el soldado como el hombre de la cadena fijan la mirada solemnemente en el objetivo de la c\u00e1mara; queda patente que el momento es importante para ambos. El soldado es un hombre mayor de baja estatura y corresponde al tipo de campesino sencillo y obediente. El uniforme de mal corte que viste y que le viene ancho, los pantalones, arrugados como un acorde\u00f3n, y un gorro enorme y torcido que se apoya en sus separadas orejas le dan un aspecto casi gracioso: recuerda al soldado Schweik. El hombre de la cadena (cara delgada, p\u00e1lida, ojos hundidos) tiene la cabeza envuelta en vendajes: al parecer est\u00e1 herido. La inscripci\u00f3n  a pie de fotograf\u00eda reza que el soldado es el abuelo del sha Mohammed Reza Pahlevi (\u00faltimo monarca de Ir\u00e1n) y que el herido no es otro que el asesino del sha Naser-ed-Din. As\u00ed que la fotograf\u00eda debe haberse sacado en el a\u00f1o 1896, en el que, tras cuarenta y nueve a\u00f1os de ejercer el poder, Naser-ed-Din fue asesinado por el criminal que ahora vemos en la foto. Tanto el abuelo como el asesino parecen cansados, lo cual es muy comprensible: llevan varios d\u00edas caminando desde Qom hacia donde tendr\u00e1 lugar la ejecuci\u00f3n p\u00fablica, Teher\u00e1n. Arrastran los pies lentamente por el camino del desierto, sumidos en un calor espantoso y abrasador e inmersos en un aire asfixiante. El soldado va detr\u00e1s y, delante de \u00e9l, el asesino, fam\u00e9lico, atado a la cadena, al igual que en tiempos pasados los saltimbanquis llevaran de una cadena a un oso amaestrado para ofrecer divertidos espect\u00e1culos en los pueblos que encontrasen en su camino, espect\u00e1culos que habr\u00edan de sustentarlos a ellos y al animal. Ahora el abuelo y el asesino caminan cansados, sec\u00e1ndose una y otra vez el sudor de la frente; de cuando en cuando el asesino se queja del dolor en la cabeza que le produce la herida, aunque la mayor parte del tiempo ambos permanecen callados; al fin y al cabo no tienen nada de que hablar: el asesino mat\u00f3 y el abuelo lo conduce a la muerte. Son a\u00f1os en los que Persia es un pa\u00eds de una miseria aterradora, no existe el ferrocarril, los veh\u00edculos tirados por caballos los posee la aristocracia; as\u00ed pues, los dos hombres de la fotograf\u00eda tienen que ir a pie hasta su lejano destino, marcado por la condena y por una orden. Espor\u00e1dicamente topan con peque\u00f1os grupos de chozas de barro; los campesinos m\u00edseros y harapientos permanecen sentados con las espaldas apoyadas contra la pared, quietos, inm\u00f3viles. Sin embargo, ahora, al ver llegar por el camino al preso y al guardi\u00e1n, se enciende en sus ojos un destello de inter\u00e9s, se levantan del suelo y rodean a los reci\u00e9n llegados, que vienen cubiertos de polvo. \u201c\u00bfA qui\u00e9n llev\u00e1is, se\u00f1or?\u201d, preguntan con timidez al soldado. \u201c\u00bfA qui\u00e9n?\u201d, repite \u00e9ste, y se queda callado por unos instantes para causar m\u00e1s efecto y crear m\u00e1s tensi\u00f3n. \u201c\u00c9ste \u2013 dice finalmente al tiempo que se\u00f1ala con un dedo al preso &#8211; \u00a1es el asesino del sha!\u201d En la voz del abuelo se percibe una no disimulada nota de orgullo. Los campesinos contemplan al criminal con una mirada mezcla de terror y admiraci\u00f3n. Por haber matado a un se\u00f1or tan grande, el hombre de la cadena les parece tambi\u00e9n en cierta medida grande, como si el crimen le hiciera acceder a un mundo superior. No saben si deben enfurecerse de indignaci\u00f3n o, por el contrario, caer de rodillas ante \u00e9l. Mientras tanto, el soldado ata la cadena a un palo clavado al borde del camino, se descuelga el fusil del hombro (un fusil tan grande que le llega casi a los pies) y da \u00f3rdenes a los campesinos: deben traer agua y comida. Los campesinos se rascan la cabeza porque en el pueblo no hay nada que comer; lo que s\u00ed hay es hambre. A\u00f1adamos que el soldado tambi\u00e9n es campesino, igual que ellos, y al igual que ellos ni siquiera tiene apellido; como nombre usa el de su pueblo, Savad-Kuhi, pero tiene un uniforme y un fusil y ha sido distinguido al encomend\u00e1rsele conducir al cadalso al asesino del sha, as\u00ed que, haciendo uso de tan alta posici\u00f3n, una vez m\u00e1s ordena a los campesinos traer agua y comida, primero porque \u00e9l mismo siente c\u00f3mo el hambre le retuerce las tripas y, adem\u00e1s, porque no debe permitir que el hombre de la cadena se muera por el camino de sed y agotamiento, pues en Teher\u00e1n se ver\u00edan obligados a suspender un espect\u00e1culo tan infrecuente como el de ahorcar en una plaza abarrotada de gente al asesino del mism\u00edsimo sha. Los campesinos, asustados, por los implacables apremios del soldado, traen finalmente todo lo que tienen, todo aquello de lo que se alimentan y que no son m\u00e1s que unas ra\u00edces marchitas que hab\u00edan arrebatado a la tierra y una bolsa de lona con langostas desecadas. El abuelo y el asesino se sientan a comer a la sombra, mastican con avidez las langostas y escupen a un lado las alas de los insectos, se ayudan a tragar bebiendo alg\u00fan que otro sorbo de agua mientras los campesinos los contemplan en silencio y con envidia. Al caer la noche el soldado elige la mejor choza, echa de ella a sus propietarios y la convierte en calabozo provisional. Se envuelve en la cadena que ata al criminal (para que \u00e9ste no se le escape), los dos se tumban en el suelo de barro, negro de cucarachas, y, agotados como est\u00e1n tras las muchas horas de caminar a la intemperie de un d\u00eda abrasador, caen sumidos en un profundo sue\u00f1o. Por la ma\u00f1ana se levantan y vuelven a ponerse en camino hacia el destino marcado por la condena y por la orden, es decir, rumbo al norte, hacia Teher\u00e1n, a trav\u00e9s del mismo desierto, a merced del mismo calor abrasador, yendo en la disposici\u00f3n antes fijada: primero el asesino con la cabeza vendada, tras \u00e9l, el cuerpo de la cadena de hierro en constante movimiento pendular, sostenida por la mano del soldado, y, finalmente, \u00e9ste mismo, metido en ese uniforme de tan mal corte, con ese aspecto tan gracioso que le da su enorme gorro torcido apoyado en las separadas orejas, tan gracioso que cuando lo vi por primera vez en la fotograf\u00eda, en seguida se me ocurri\u00f3 pensar que se parec\u00eda mucho a Schweik.<\/p>\n<blockquote><p>De El Sha o la desmesura del poder. Editorial Anagrama. 2003. Cuarta edici\u00f3n. En Cap\u00edtulo Daguerrotipos, p\u00e1gina 23 a 26.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 6 TEXTO COMPLEMENTARIO Fotograf\u00eda 1 Es la fotograf\u00eda m\u00e1s antigua que he conseguido encontrar. Se ve en ella a un soldado que sostiene con la mano derecha una cadena; a la cadena est\u00e1 atado un hombre. Tanto el soldado como el hombre de la cadena fijan la mirada solemnemente en el objetivo de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[48],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/280"}],"collection":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=280"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/280\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=280"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=280"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=280"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}