{"id":271,"date":"2008-06-01T18:18:49","date_gmt":"2008-06-01T18:18:49","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/06\/01\/carta-a-mis-amigos-rodolfo-walsh\/"},"modified":"2008-06-01T18:18:49","modified_gmt":"2008-06-01T18:18:49","slug":"carta-a-mis-amigos-rodolfo-walsh","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/06\/01\/carta-a-mis-amigos-rodolfo-walsh\/","title":{"rendered":"Carta a mis amigos &#8211; Rodolfo WALSH"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 2<br \/>\nTEXTO COMPLEMENTARIO <\/strong>\/ Ir a Trabajo Pr\u00e1ctico <a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/06\/01\/integracion-entre-lectura-y-escritura\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Integraci\u00f3n entre lectura y escritura<\/a><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Foto_Walsh.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/Foto_Walsh.jpg\" width=\"450\" height=\"349\" hspace=\"35\" \/><br \/>\nHoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, Mar\u00eda Victoria, despu\u00e9s de un combate con las fuerzas del Ej\u00e9rcito. S\u00e9 que la mayor\u00eda de aquellos que la conocieron la lloraron. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero tambi\u00e9n para explicarles c\u00f3mo muri\u00f3 Vicki y por qu\u00e9 muri\u00f3.<br \/>\nEl comunicado del Ejercito que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era Oficial 2\u00ba de la Organizaci\u00f3n Montoneros, responsable de la Prensa Sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese d\u00eda con cuatro miembros de la Secretar\u00eda Pol\u00edtica que combatieron y murieron con ella.<br \/>\nLa forma en que ingres\u00f3 en Montoneros no la conozco en detalle. A la edad de 22 a\u00f1os, edad de su probable ingreso, se distingu\u00eda por decisiones firmes y claras. Por esa \u00e9poca empez\u00f3 a trabajar en el Diario &#8220;La Opini\u00f3n&#8221; y en un tiempo muy breve se convirti\u00f3 en periodista. El periodismo no le interesaba. Sus compa\u00f1eros la eligieron delegada sindical. Como tal debi\u00f3 enfrentar en un conflicto dif\u00edcil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdi\u00f3 y cuando Timerman empez\u00f3 a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidi\u00f3 licencia y no volvi\u00f3 m\u00e1s.<br \/>\nFue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combat\u00eda. Sali\u00f3 de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fu\u00e9 detenido a principios de 1975 y no lo vio m\u00e1s. La hija de ambos naci\u00f3 poco despu\u00e9s. EL \u00faltimo a\u00f1o de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llev\u00f3 a relegar toda gratificaci\u00f3n individual, a empe\u00f1arse mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas f\u00edsicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, s\u00f3lo su sonrisa se volv\u00eda un poco m\u00e1s desva\u00edda. En las \u00faltimas semanas varios de sus compa\u00f1eros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarlos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicaci\u00f3n en el frente sindical que era su responsabilidad.<br \/>\nNos ve\u00edamos una vez por semana; cada quince d\u00edas. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quiz\u00e1s diez minutos en el banco de una plaza. Hac\u00edamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Present\u00edamos, sin embargo, que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el \u00faltimo, y nos despedimos simulando valor, consol\u00e1ndonos de la anticipada p\u00e9rdida.<br \/>\nMi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era una decisi\u00f3n madurada, razonada. Conoc\u00eda, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilaci\u00f3n de miembros, la tortura sin l\u00edmite en el tiempo ni en el m\u00e9todo, que procura al mismo tiempo la degradaci\u00f3n moral, la delaci\u00f3n. Sab\u00eda perfectamente que en una guerra de esas caracter\u00edsticas, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba siempre encima la pastilla de cianuro -la misma con la que se mat\u00f3 nuestro amigo Paco Urondo-, con la que tantos otros han obtenido una \u00faltima victoria sobre la barbarie.<br \/>\nEl 28 de septiembre, cuando entr\u00f3 en la casa de la calle Corro, cumpl\u00eda 26 a\u00f1os. Llevaba en sus brazos a su hija porque en \u00faltimo momento no encontr\u00f3 con qui\u00e9n dejarla. Se acost\u00f3 con ella, en camis\u00f3n. Usaba unos absurdos camisones largos que siempre le quedaban grandes.<br \/>\nA las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ej\u00e9rcito, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subi\u00f3 a la terraza con el secretario pol\u00edtico Molina, mientras Coronel, Salame y Beltr\u00e1n respond\u00edan al fuego desde la planta baja. He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto: &#8220;El combate dur\u00f3 m\u00e1s de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba, nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n porque cada vez que tiraban una r\u00e1faga y nosotros nos zambull\u00edamos, ella se re\u00eda.&#8221;<br \/>\nHe tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halc\u00f3n y mi hija nunca hab\u00eda tirado con ella, aunque conociera su manejo, por las clases de instrucci\u00f3n. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron re\u00edr. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsaci\u00f3n del dedo brotara una r\u00e1faga y que ante esa r\u00e1faga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo. A los camiones y el tanque se sum\u00f3 un helic\u00f3ptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego.<br \/>\n&#8220;De pronto -dice el soldado- hubo un silencio. La muchacha dej\u00f3 la metralleta, se asom\u00f3 de pie sobre el parapeto y abri\u00f3 los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, ten\u00eda el pelo corto y estaba en camis\u00f3n. Empez\u00f3 a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero recuerdo la \u00faltima frase, en realidad no me deja dormir. -Ustedes no nos matan -dijo-, nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros.&#8221;<br \/>\nAbajo ya no hab\u00eda resistencia. El coronel abri\u00f3 la puerta y tir\u00f3 una granada. Despu\u00e9s entraron los oficiales. Encontraron una nena de algo m\u00e1s de un a\u00f1o, sentadita en una cama, y cinco cad\u00e1veres.<br \/>\nEn el tiempo transcurrido he reflexionada sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, ten\u00edan otro camino. La respuesta brota desde lo m\u00e1s profundo de mi coraz\u00f3n y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligi\u00f3 era el m\u00e1s justo, el m\u00e1s generoso, el m\u00e1s razonado. Su l\u00facida muerte es una s\u00edntesis de su corta, hermosa vida. No vivi\u00f3 para ella, vivi\u00f3 para otros, y esos otros son millones. Su muerte s\u00ed, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.<br \/>\nEsto es lo que quer\u00eda decirle a mis amigos y lo que desear\u00edan que ellos transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 2 TEXTO COMPLEMENTARIO \/ Ir a Trabajo Pr\u00e1ctico Integraci\u00f3n entre lectura y escritura Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, Mar\u00eda Victoria, despu\u00e9s de un combate con las fuerzas del Ej\u00e9rcito. 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