{"id":246,"date":"2008-04-12T13:00:45","date_gmt":"2008-04-12T13:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/04\/12\/la-inteligibilidad-narrativa-ivan-almeida\/"},"modified":"2008-04-12T13:00:45","modified_gmt":"2008-04-12T13:00:45","slug":"la-inteligibilidad-narrativa-ivan-almeida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/04\/12\/la-inteligibilidad-narrativa-ivan-almeida\/","title":{"rendered":"La inteligibilidad narrativa &#8211; Iv\u00e1n ALMEIDA"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD SEIS<\/strong><br \/>\n<strong>TEXTO FUENTE<\/strong> \/ Ir a <a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/04\/12\/la-narracion-como-una-de-las-dos-grandes-tendencias-en-la-elaboracion-de-textos\/\">La narraci\u00f3n como una de las dos grandes tendencias en la elaboraci\u00f3n de textos<\/a><br \/>\n<strong>Iv\u00e1n Almeida<\/strong>, en <em>Seminario Internacional. Comunicaci\u00f3n, discursos, semi\u00f3ticas<\/em> UNR Editora, Rosario, 1993.<br \/>\nUn relato, adem\u00e1s de ser un hecho del lenguaje ofrecido al an\u00e1lisis es, en s\u00ed mismo, una interpretaci\u00f3n, un an\u00e1lisis del mundo.<br \/>\nY el plurisemantismo y la declinaci\u00f3n temporal de sus figuras, no es un simple hecho de lenguaje, sino una dimensi\u00f3n de la experiencia cognoscitiva.<br \/>\nEn otras palabras, las figuras narrativas, antes de constituir paquetes ling\u00fc\u00edsticos, nacen como forma primordial de la experiencia. La experiencia humana, entonces, ser\u00eda, antes que nada, de naturaleza narrativa y el relato ser\u00eda la forma en que dicha experiencia llega a la inteligibilidad.<br \/>\nAbordar esa inteligibilidad narrativa es otra forma de preguntarse \u00bfPor qu\u00e9 hay relatos?.<br \/>\nUna primera respuesta es que \u201cse cuentan historias para pasar el tiempo\u201d.<br \/>\nPero, \u00bfqu\u00e9 significa ese \u201cpasatiempo\u201d que, generosa, nos prodiga la narratividad?<br \/>\nPara entender la respuesta, ser\u00e1 preciso que hagamos la distinci\u00f3n entre dos tipos de temporalidades.<br \/>\nEl tiempo de nuestra historia vivida en primer grado es una temporalidad abierta, por la imposibilidad de situarnos en un principio o fin absolutos.<br \/>\nEn esta primera temporalidad, el tiempo existe como pasado, presente y futuro.<br \/>\nLa segunda temporalidad, cerrada, est\u00e1 constituida por las categor\u00edas del antes y el despu\u00e9s, y es la del tiempo de la narratividad, que en cierto modo se absolutiza.<br \/>\nSin embargo, desde el momento en que esa temporalidad cerrada y absoluta de la narratividad es relatada se nos aparece igualmente como una forma de \u201cpasar\u201d la temporalidad primera, como un discurso que avanza convirtiendo el futuro en pasado. Esa posibilidad de \u201cpasar\u201d el tiempo abierto incorpor\u00e1ndole burbujas de temporalidad cerrada se comprende mejor con la noci\u00f3n de intervalo, que, al dilatar los instantes como si fueran unidades completas, permiten el an\u00e1lisis de la historia.<br \/>\nAhora bien, considerando que el momento presente se ve siempre asistido por la memoria de un pasado y la espera de un futuro, advertimos que toda experiencia presente hace entrar en funcionamiento la memoria y la expectativa. Pero dado que es el pasado el que &#8220;descontrae&#8221; y el futuro el que produce tensi\u00f3n, la narratividad dilata la tensi\u00f3n del futuro en la evocaci\u00f3n de historias que ya han acabado. Eso es lo que puede significar la expresi\u00f3n \u201cnarrar para pasar el tiempo\u201d.<br \/>\nDando un paso adelante, concluimos en que la dilataci\u00f3n del instante en la memoria produce las \u201cfiguras\u201d que no son un efecto de lenguaje sino una condici\u00f3n de la temporalidad narrativa.<br \/>\n<strong>La evocaci\u00f3n<\/strong><br \/>\nPara demostrar que figura y temporalidad pertenecen al mismo registro del conocimiento, no olvidemos que existe la \u201csemi\u00f3tica del mundo natural\u201d. En el sentido de Peirce, todo lo que nos es dado a conocer, lo conocemos como algo que nos env\u00eda (que evoca) a otras cosas, a algo diferente. Si el discurso narrativo convoca significados y referentes, los objetos que constituyen ese referente son elementos de una \u201cevocaci\u00f3n\u201d. Y eso es lo que constituye la figura.<br \/>\nTomemos ahora el camino que va de la noci\u00f3n de evocaci\u00f3n a la de figura. Para ello, comencemos interrogando el \u201cc\u00f3mo\u201d del proceso de evocaci\u00f3n que nos muestra que conocemos reconociendo, es decir que conocemos una cosa permiti\u00e9ndole evocar otra. As\u00ed vemos que la matriz de significaciones nace de la naturaleza temporal de la experiencia cognoscitiva que lleva siempre un ingrediente de memoria y de proyecto.<br \/>\nY es eso la figura: una serie de recorridos de evocaci\u00f3n que me ofrece cada objeto que conozco. Y de la figura como modo de conocimiento, nace el relato como forma de discurso.<br \/>\nAs\u00ed, por ejemplo, si introduzco en un relato un autom\u00f3vil entro en el mundo de los valores determinados por la figura del autom\u00f3vil sin los cuales el autom\u00f3vil mismo no podr\u00eda ser pensado.<br \/>\nUn relato es, pues, un ordenamiento de recorridos figurativos, y los recorridos figurativos son la expansi\u00f3n temporal de una figura, que nace de la forma temporalizada del conocimiento que hace coexistir memoria, visi\u00f3n y proyecto en una misma experiencia. As\u00ed, hay temporalidad narrativa porque hay figura, hay figura porque hay evocaci\u00f3n y hay evocaci\u00f3n porque hay temporalidad cognoscitiva.<br \/>\n<strong>Lo posible<\/strong><br \/>\nNuestro privilegio de lectores es el de conocer el fin de una historia aunque no conocemos el fin de nuestro propio tiempo como hombres. (En cada encrucijada tomamos solo una direcci\u00f3n de las tantas posibles e ignoramos c\u00f3mo hubiera continuado nuestra existencia)<br \/>\nEn cambio, la narratividad existe para darnos a habitar posibles de existencia que ya no son nuestros, definiendo el sentido de lo posible como la facultad de pensar todo lo que igualmente podr\u00eda ser y de no acordar m\u00e1s importancia a lo que es que a lo que no es. La categor\u00eda de lo posible se instala en el relato no como lo que se opone abiertamente a lo real, ni como lo que se encamina hacia lo real, sino como eso que lo difiere bajo la forma de un \u201cas\u00ed, pero todav\u00eda no\u201d. Si concebimos la realidad como el conjunto de la existencia y la no existencia, la existencia no agota la realidad. De hecho, la existencia pragm\u00e1tica es siempre un ejercicio de reducci\u00f3n: la idea que se tiene corrientemente de realidad es un adelgazamiento abstracto de la figura.<br \/>\n<strong>Conciliar y diferir<\/strong><br \/>\nLa l\u00f3gica del antes y el despu\u00e9s del relato permite delinear el itinerario de la identidad de las cosas. Pero esa l\u00f3gica no solo muestra la emancipaci\u00f3n de la identidad. Tambi\u00e9n posee una virtud conciliadora. Porque a trav\u00e9s de ella los contrarios no se excluyen, sino que conviven polemizando. El relato pone a los opuestos en tensi\u00f3n transformadora, les concilia difiri\u00e9ndolos, estableciendo la distancia espacio-temporal que los liga separ\u00e1ndolos. El discurso que toma a cargo la diferencia es conciliador, puesto que es gracias a su opuesto que cada t\u00e9rmino puede afirmar su propia identidad.<br \/>\nTodo lo anterior se refiere a la manera en que el mundo es visto por las historias que relatamos. Ahora abordaremos lo que las historias hacen con aquellos que las cuentan.<br \/>\n<strong>Breve semi\u00f3tica de la nostalgia<\/strong><br \/>\nEl tiempo del contenido narrativo es un tiempo cerrado seg\u00fan las categor\u00edas del antes y el despu\u00e9s, mientras que el tiempo de la enunciaci\u00f3n es el tiempo humano, regido por las categor\u00edas abiertas del pasado, presente y futuro.<br \/>\nPero \u00bfc\u00f3mo conciliar la concepci\u00f3n del relato en cuanto puesta en marcha del lenguaje en su temporalidad abierta, y esa idea del relato como memoria cerrada?<br \/>\nCabe preguntarse aqu\u00ed si la narratividad no es entonces una condici\u00f3n natural de nuestra experiencia.<br \/>\nEl que los relatos tengan como referente nuestra experiencia, deriva de su propia naturaleza discursiva. Pero la experiencia a la que se refieren est\u00e1 hecha, a su vez, de elementos significantes. Quiere decir que los relatos nos descubren que la experiencia misma tiene un referente o un horizonte de evocaci\u00f3n. Y que ese referente est\u00e1 hecho de relatos. Los relatos se refieren a la experiencia y la experiencia se refiere a los relatos. Una experiencia presente se vuelve signo de ella misma, signo del relato que ser\u00e1 luego. En cierto modo, esta experiencia aspira a morir para poder ser contenida en la temporalidad definitiva de un relato. Pero no solo el presente del que experimenta desaparece en la perspectiva nost\u00e1lgica del pasado, sino que ese mismo pasado nadie lo ha vivido como lo vive esa persona. As\u00ed, pues el sujeto no vive ni su presente ni el ajeno.<br \/>\nPoco a poco llegamos a sospechar que hay en la condici\u00f3n narrativa de nuestra experiencia, ciertos indicios que podr\u00edan revelarnos el origen de toda semiosis: \u00bfQu\u00e9 es lo que hace que las cosas signifiquen? Lo que hace significantes las cosas es su incompletez y su postulaci\u00f3n de una totalidad imaginaria. Toda semiosis es infinita. No existe un objeto tematizable capaz de situarse como referente \u00faltimo. El mundo de referencia e inventado: en \u00e9l se encuentra lo que se crea y solo se crea encontrando.<br \/>\n<strong>La posesi\u00f3n de pasado<\/strong><br \/>\nFinalmente, \u00bfpor qu\u00e9 existen los relatos?<br \/>\nLa operatividad a la que aspiran todos los relatos del mundo consiste en abrir un abanico de mundos posibles en los que el cuerpo pueda inscribirse como citaci\u00f3n, elegir la memoria que har\u00e1 vivir su presente.<br \/>\nNuestra realidad no es m\u00e1s que un vocabulario para construir sue\u00f1os. Aunque tambi\u00e9n, hay momentos en los que nuestra memoria no puede m\u00e1s que contar historias melanc\u00f3licas. A trav\u00e9s de ellas tratamos de domesticar el sufrimiento. Es decir que, si puedo contarme lo que he perdido, he encontrado una forma distinta de poseerlo para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD SEIS TEXTO FUENTE \/ Ir a La narraci\u00f3n como una de las dos grandes tendencias en la elaboraci\u00f3n de textos Iv\u00e1n Almeida, en Seminario Internacional. Comunicaci\u00f3n, discursos, semi\u00f3ticas UNR Editora, Rosario, 1993. Un relato, adem\u00e1s de ser un hecho del lenguaje ofrecido al an\u00e1lisis es, en s\u00ed mismo, una interpretaci\u00f3n, un an\u00e1lisis del mundo. 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