{"id":205,"date":"2008-03-28T17:35:27","date_gmt":"2008-03-28T17:35:27","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/03\/28\/la-coherencia-como-principio-en-la-regulacion-de-la-produccion-discursiva-m-charolles\/"},"modified":"2008-03-28T17:35:27","modified_gmt":"2008-03-28T17:35:27","slug":"la-coherencia-como-principio-en-la-regulacion-de-la-produccion-discursiva-m-charolles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/28\/la-coherencia-como-principio-en-la-regulacion-de-la-produccion-discursiva-m-charolles\/","title":{"rendered":"La coherencia como principio en la regulaci\u00f3n de la producci\u00f3n discursiva &#8211; M. CHAROLLES"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 4<\/strong><br \/>\n<strong>TEXTO FUENTE<\/strong>\/ <a title=\"coherencia\" href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/04\/02\/coherencia\/\">Ir a Coherencia<\/a><br \/>\nEn otros textos intent\u00e9 defender la idea de que la coherencia -diferente de la conectividad- no es una propiedad inherente de los discursos sino un constructo por parte de los int\u00e9rpretes. Argument\u00e9 que el receptor (I) a priori hace todo lo posible por asignar a los eventos discursivos que recibe, una representaci\u00f3n coherente del significado \u2013es decir, una configuraci\u00f3n aceptable de relaciones entre individuos y situaciones denotados por los eventos discusivos.<br \/>\nPara construir esta configuraci\u00f3n, por ejemplo, cuenta con los indicadores de conexidad (conectores) presentes en los elementos discursivos. Los indicadores de conexidad suministran instrucciones convencionales que gu\u00edan el proceso interpretativo; indican al receptor el tipo de relaciones que establece el articulador (Lo) entre las situaciones que emite.<br \/>\nEstos indicadores son marcas suministradas por Lo para I; se\u00f1alan a I un puro esquema relacional. I debe completar esta armaz\u00f3n con los componentes discursivos que puedan ocupar un lugar en \u00e9l, para tener acceso a la manera en que Lo encadena individuos y\/o situaciones.<br \/>\nLa coherencia es un principio para la interpretaci\u00f3n del discurso. Normalmente, I elabora numerosas hip\u00f3tesis a partir de las emisiones que recibe. A \u00e9stas debe considerarlas ( y posiblemente reconsiderarlas) de manera tal que, al final del proceso interpretativo (o reinterpretativo), pueda haber accedido a una configuraci\u00f3n de relaciones entre individuos y\/o situaciones que le parezcan aceptables sobre una base de la representaci\u00f3n que tiene en mente, de lo que Lo quiere significar mientras fue diciendo lo que dijo.<br \/>\nEn las p\u00e1ginas siguientes, examinar\u00e9 el principio correspondiente al nivel de la producci\u00f3n discursiva. Defender\u00e9 la idea de que la coherencia es tambi\u00e9n un principio que gobierna las emisiones discursivas. En su versi\u00f3n cooperativa generosamente idealista, esta hip\u00f3tesis sostiene que Lo ofrece -en principio y por principio- a I todas las indicaciones relacionales relevantes necesarias para que comprenda la coherencia de su discurso. Esto Lo es capaz de manejar con eficiencia las posibilidades de las indicaciones relacionales adheridas a ciertas palabras y construcciones que pertenecen a la lengua empleada. Hablaremos de un manejo inteligente de estos medios relacionales cuando seamos capaces de establecer que Lo distribuye instrucciones interpretativas acordes con un razonamiento (o c\u00e1lculo) que tiene en cuenta:<br \/>\n-su plan ( o proyecto) de comunicaci\u00f3n al momento preciso del proceso discurso-producci\u00f3n.<br \/>\n-su representaci\u00f3n de las habilidades interpretativas de I.<br \/>\nPreferir\u00eda hacer dos observaciones generales antes de examinar estos puntos. Primero: desde un \u201cpunto de vista filos\u00f3fico\u201d, la hip\u00f3tesis de que coherencia es un principio que gobierna los discursos no es particularmente extravagante. . Considerando que el sujeto que recibe alg\u00fan evento discursivo no puede ignorar que \u00e9ste se produce para significar algo -aunque fuera un absurdo-, de manera similar el sujeto que produce una emisi\u00f3n discursiva no puede ignorar que \u00e9sta se interpretar\u00e1 como que expresa cierto significado. Como la coherencia es el significado m\u00ednimo que permite acceder a otras interpretaciones (interpretaciones indirectas), parece razonable imaginar que Lo hace todo lo posible para que I tenga \u00e9xito al calcular, al menos, las relaciones que Lo establece entre las diferentes partes de lo que dice.<br \/>\nLa segunda observaci\u00f3n es, de alg\u00fan modo. Diferente. Para establecer que el empleo de algunos portadores de conexidad corresponden a los c\u00e1lculos inteligentes de Lo, ser\u00eda necesario llevar a cabo investigaciones psicocognitivas. Diversos m\u00e9todos pueden utilizarse par este fin. Entre los estudios devotos de los procesos de escritura, uno de los practicados es el de protocolo, donde se solicita a los adultos que digan en voz alta algo que piensan, y algo que les sucede mientes efect\u00faan la tarea de escribir (Hayes y Flower, 1980: 4). En las p\u00e1ginas siguientes, no recurrir\u00e9 a tales m\u00e9todos. Nuestro prop\u00f3sito consiste en inducir un conocimiento relevante para otras observaciones psicol\u00f3gicas. El tipo de aproximaci\u00f3n que desarrollar\u00e9, pertenece al an\u00e1lisis procesal (Elkmer, 1982); de todos modos, s\u00f3lo aspira a ser una preparaci\u00f3n ling\u00fc\u00edsticamente orientada para un estudio m\u00e1s controlado (sobre problemas generales de producci\u00f3n del habla y estrategias en el planeamiento del discursos, ver Zammuner, 1981).<br \/>\nTratamiento inteligente y estrategia<br \/>\nUn manejo inteligente es un manejo gobernado por la evaluaci\u00f3n de lo que debe hacerse. Esto presupone un proceso de decisi\u00f3n; los sujetos deciden llevar a cabo una de varias acciones para alcanzar una meta.<br \/>\nPara aclarar estas nociones, consideramos un ejemplo de inteligencia observado cuando este comportamiento tuvo efectos notables en la definici\u00f3n de las estrategias de emisi\u00f3n.<br \/>\nExperimentalmente se ha establecido (Just y Carpenter; Frazier y Rainer ) que los lectores, cuando se enfrentan con oraciones ambiguas incluidas en textos breves no emplean m\u00e1s tiempo consider\u00e1ndolas de lo que invierten en leer emisiones no ambiguas de una misma lengua. Estas observaciones demuestran que los lectores no asignan igual importancia a las 2 o n interpretaciones te\u00f3ricamente posibles en un evento ambiguo. Adoptan una y s\u00f3lo una lectura, y contin\u00faan con \u00e9sta hasta que pueden. No establecen posibles alternativas anticipadas, consideran al texto de acuerdo con el sentido de la interpretaci\u00f3n que han adoptado. Este proceso llamado estrategia de senderos, implica una labor de decisi\u00f3n determinada por rasgos de contexto y cotexto; no obstante, escapa a la conciencia del sujeto. Adem\u00e1s se ha establecido que cuando el lector enfrenta una dificultad -por ejemplo, una informaci\u00f3n que no se ajusta con la orientaci\u00f3n interpretativa previamente adoptada- es capaz de retomar los pasajes relevantes para conseguir la primera interpretaci\u00f3n. Su rean\u00e1lisis corresponde a su inteligencia, pues en situaciones catastr\u00f3ficas, el sujeto no reinterpreta el texto total o no regresa a pasajes irrelevantes para resolver el problema encontrado.<br \/>\nEn lo concerniente al manejo de Lo de las indicaciones relacionales utilizadas para el acceso a la coherencia de este discurso, hablaremos de un estrategia inteligente cuando Lo tiene en cuenta las maneras comunes de interpretaci\u00f3n que I intenta adoptar -es decir cuando el proceso de decisi\u00f3n de Lo incluye como par\u00e1metro, por ejemplo, la estrategia natural de lectura de I. El siguiente ejemplo ilustra una de estas estrategias. Es un extracto de un diario franc\u00e9s ( Est R\u00e9publicain, 11-1-83 ). Reprodujimos s\u00f3lo el comienzo del texto, dado que es adecuado para lo que deseamos mostrar. La traducci\u00f3n castellana es un recurso para ayudar a la comprensi\u00f3n de la versi\u00f3n francesa que permite observar este interesant\u00edsimo fen\u00f3meno:<br \/>\n(1) Nouvelle affaire d\u2019autodef\u00e9nse.<br \/>\nELLE CHERCHIAT SON CHAT:<br \/>\nSON VOISIN TIRE<br \/>\nET L\u2019ATTEINT \u00c1 LA TETE.<br \/>\nUn macon de 44 ans, M Vicente Duarte, a bless\u00e9 d\u2019un coup de fusil de chasse sa voisine, qui venait chercher son chat dans son jard\u00edn, dimanche, \u00e0 Osny (Val-d\u2019Oise) , pr\u00e8s de Pontoise.<br \/>\nMme. Christiane Boulaire, secr\u00e9taire de 26 ans, aviat p\u00e9n\u00e9tr\u00e9 dans le jardin de M. Duarte\u2026<br \/>\nNueva cuesti\u00f3n de autodefensa.<br \/>\nELLA BUSCABA A SU GATO.<br \/>\nSU VECINO DISPARA<br \/>\nY LA HIERE EN LA CABEZA<br \/>\nUn alba\u00f1il de 44 a\u00f1os, Vicente Duarte, hiri\u00f3 con un disparo de fusil de caza a su vecina, quien buscaba a su gato en el jard\u00edn de Sr. Duarte, el domingo, en Osny ( Val-d\u2019Oise) cerca de Pontoise.<br \/>\nLa Sra. Christiane Boulaire, secretaria de 26 a\u00f1os, penetr\u00f3 en el jard\u00edn del Sr. Duarte&#8230;<br \/>\nPr\u00e1cticamente todos los sujetos a los que el texto se presenta, declaran luego de la lectura, que el vecino de la Sra. Boulaire la caz\u00f3 a ella ( es decir, a la Sra. Boulaire), no a su gato. S\u00f3lo pocos lectores se\u00f1alaron que podr\u00e1 haber sido posible entender que el Sr. Duarte dispar\u00f3 al gato de la Sra. Boulaire, pero que esta interpretaci\u00f3n -perfectamente posible en la versi\u00f3n francesa, donde el pronombre l\u2019 ( la en la versi\u00f3n castellana) es ambigua \u2013 realmente no concuerda con el t\u00edtulo. Si el art\u00edculo hubiera mencionado que el Sr. Duarte hiri\u00f3 al gato de la Sra. Boulaire, estos lectores<br \/>\ni) habr\u00edan pensado que naturalmente interpretaron el t\u00edtulo en un sentido, el cual no fue el \u00fanico posible<br \/>\nii) habr\u00edan corregido sus interpretaciones previas y conectado el pronombre l\u2019 a son chat (con un posible movimiento ocular retrasado hacia esta zona del texto).<br \/>\nTal m\u00e9todo de lectura es t\u00edpico de la estrategia del sendero con un rean\u00e1lisis inteligente en situaciones catastr\u00f3ficas. Si el autor del texto hubiere formulado este t\u00edtulo de manera tal que evitara cualquier ambig\u00fcedad, en esta instancia, podr\u00eda adoptar:<br \/>\nELLE CHERCHAIT SON CHAY<br \/>\nSON VOISIN TIRE<br \/>\nET LA BLESSE A LA TETE<br \/>\nELLA BUSCABA A SU GATO<br \/>\nSU VECINO DISPARA<br \/>\nY LA HIERE EN LA CABEZA<br \/>\nDe esta manera, el escritor tiene a su disposici\u00f3n artificios ling\u00fc\u00edsticos (en franc\u00e9s) para producir un texto sin ambig\u00fcedad pronominal. No obstante, la ambig\u00fcedad del t\u00edtulo original es puramente te\u00f3rica, confirmada por el hecho de que pr\u00e1cticamente ninguno de los lectores la percibi\u00f3. Por tanto, la formulaci\u00f3n adoptada por el autor es perfectamente eficiente; pues los lectores normalmente tratan el texto de un manera conveniente \u2013es decir, en un sentido que es confirmado por el resto del texto. El modo de expresi\u00f3n elegido es inteligente \u2013aunque no muy creativo- pues sirve a la meta comunicacional del escritor.<br \/>\nEste ejemplo muestra la noci\u00f3n de eficiencia, cuando aplicada a procesos de interpretaci\u00f3n, debe definirse en relaci\u00f3n con las condiciones naturales que regulan la labor interpretativa. Por lo tanto, un manejo inteligente de los portadores de conexidad -aqu\u00ed marcadores anaf\u00f3ricos- supone que Lo los distribuye teniendo en cuenta las condiciones naturales de interpretaci\u00f3n (Eikmer) que determinan la mayor\u00eda de las estrategias (por ejemplo, la lectura) en una situaci\u00f3n precisa de recepci\u00f3n. La situaci\u00f3n de recepci\u00f3n -m\u00e1s precisamente la representaci\u00f3n que hace Lo de \u00e9sta- determina la elecci\u00f3n de una estrategia de lectura. Si la emisi\u00f3n:<br \/>\nElle cherchait son chat, son voisin tire et I&#8217;atteint \u00e0 la tete.<br \/>\nElla buscaba a su gato, su vecino dispar\u00f3 y la hiri\u00f3 en la cabeza.<br \/>\nse recortar\u00e1 del papel como ejemplo de los anaf\u00f3ricos, el texto (1) no ser\u00eda, desde ya, le\u00eddo id\u00e9nticamente por un ling\u00fcista.<br \/>\nEn el texto original, el comentario Nueva cuesti\u00f3n de autodefensa es tambi\u00e9n un encabezamiento como la resoluci\u00f3n del pronombre l&#8217; para designar a elle, dado que se reconoce que tales asuntos s\u00f3lo conciernen a seres humanos, e implica que el sujeto aplic\u00f3 justicia a otra persona. De manera similar, el hecho de que el texto (1) apareciera en un sector del peri\u00f3dico no especializado en asuntos de defensa de animales, es relevante para el acuerdo de la interpretaci\u00f3n de l\u2019 = elle, pues el lector infiere que la informaci\u00f3n concierne, como es habitual, a un comportamiento de seres humanos. As\u00ed la manera en que Lo toma o no ventaja de la situaci\u00f3n en que se recibe un texto, es significativa para el an\u00e1lisis de su estrategia de emisi\u00f3n.<br \/>\nAhora examinaremos otros dos textos: el texto (2) es una nueva ilustraci\u00f3n de la hip\u00f3tesis cooperativa, mientras que el texto (3) es un ejemplo t\u00edpico de una estrategia no cooperativa de escritura.<br \/>\nLa historia de Tancredo y Clorinda<br \/>\nEI siguiente texto es una breve abstracci\u00f3n de la historia de Tancredo y Clorinda. Fue presentada al p\u00fablico antes de la representaci\u00f3n de la \u00f3pera de Monteverdi. Esta intentaba ayudar a la audiencia que no comprend\u00eda el italiano para que pudiera seguir la trama de la obra.<br \/>\n(2) La historia:<br \/>\nTancredo, el cristiano, ama a Clorinda, la musulmana. Esta, una audaz y hermosa guerrera, dispara a una de las torres de los cruzados. Tancredo quien. por supuesto, no la identifica, la persigue y la desaf\u00eda a un combate singular.. La lucha comienza&#8230;El \u00fanico testigo es la noche que parec\u00eda esconder en su seno aquel tenebroso drama. La joven doncella escapa al asedio del caballero ( &#8216;el asedio de un enemigo, no de un amante\u2019 ). Pero justo antes de que el sol asome, ella se debilita: una terrible herida atraviesa su joven y delicado cuerpo. Vencida, pide a Tancredo que la bautice. Tancredo va y trae agua de un arroyo cercano. Se acerca a su adversaria para Ilevar a cabo su piadoso servicio. Retira su yelmo, reconoce su rostro y &#8216;queda sin voz y sin palabras&#8217;, mientras el cielo se abre a la muerte :<br \/>\nEI pasaje que nos interesa es el siguiente: Trancedo quien por supuesto no la identifica&#8230;Nos gustar\u00eda mostrar que la manera de escribir de Lo presupone un c\u00e1lculo inteligente que se manifiesta en el evento de esta informaci\u00f3n; la meta de Lo es economizarle al lector un laborioso rean\u00e1lisis.<br \/>\nPrimeramente se\u00f1alaremos que la producci\u00f3n de esta pieza de informaci\u00f3n responde a una pura necesidad textual. Verdaderamente, si consideramos la obra dram\u00e1tica en s\u00ed, no es esencial para la comprensi\u00f3n de la acci\u00f3n. En esta instancia, podemos imaginar perfectamente a un productor que trata de comunicar a la audiencia el hecho de que el enemigo desafiado por Tancredo no es Clorinda, a fin de conducir al tr\u00e1gico descubrimiento final del h\u00e9roe. AI describir precisamente que Tancredo desconoce la identidad de su adversario al comienzo del combate, satisface la necesidad ligada a la comprensi\u00f3n no de la trama de la \u00f3pera sino del texto (2). \u00bfC\u00f3mo se concibe esta suerte de necesidad? Si suprimimos en (2) la cl\u00e1usula quien, por supuesto no la identifica&#8230; obtenemos un nuevo texto (2&#8242;) que a\u00fan es comprensible pero que implica una estrategia de lectura a un alto costo cognitivo. Un lector de (2&#8242;) no tiene motivo, a primera vista, para no interpretar que la se refiere a Clorinda. Lo mismo sucede con las descripciones siguientes la joven doncella, su adversario y los pronombres. EI lector que interpreta (2&#8242;) de esta manera, enfrenta un problema de coherencia al final del texto. Su problema radica en esta cuesti\u00f3n:\u00bfc\u00f3mo puede el escritor de (2&#8242;) decir que Tancredo descubre repentinamente que ha herido el delicado cuerpo de Clorinda, mientras que los pasajes precedentes implican que \u00e9l sabe que est\u00e1 luchando contra ella? La inferencia Tancredo lucha contra Clorinda (y \u00e9l lo sabe) es provocada por el modo expresivo adoptado en esta versi\u00f3n del texto. \u00c9sta no se basa en materias propiamente ling\u00fc\u00edsticas sino que es provocado naturalmente.<br \/>\nLawler considera que en tales instancias, I cumple con la hip\u00f3tesis normal; es decir, I act\u00faa como si la emisi\u00f3n fuera interpretada en un contexto transparente. Esta es \u201cla estrategia menos costosa&#8217;\u201d (Lawler) y Lo, que sabe que esta estrategia es normal, s\u00f3lo indica a I que \u00e9l no es responsable de una descripci\u00f3n definida o de una denominaci\u00f3n. Lawler dice tambi\u00e9n que \u201ccuando I no percibe ninguna contradicci\u00f3n, I interpreta las descripciones como si fueran hechas por el participante responsable de estas\u201d.<br \/>\nEsta estrategia explica lo que ocurre cuando alguien lee la versi\u00f3n (2&#8242;) de la historia de Tancredo y Clorinda. Cuando el lector Ilega a Tancredo la persigue y la desaf\u00eda&#8230; no tiene motivos para suponer que hay un cambio de espacios mentales en este punto del texto. Cumple con la hip\u00f3tesis normal seg\u00fan la cual, si el escritor no marca expl\u00edcitamente un cambio de espacio mental, puede seguir interpretando el texto de la misma manera que en los pasajes precedentes. Como las dos primeras oraciones no contienen ninguna marca que implique una lectura opaca, I las trata a manera de contexto transparente y hace lo mismo con el resto del texto. Cuando Ilega a &#8230;reconoce su rostro&#8230; I es obligado a reconsiderar su estrategia para preservar la coherencia del texto. Por eso retrocede en el texto ( rean\u00e1lisis inteligente) hacia Tancredo la persigue y la desaf\u00eda&#8230; Calcula que hay un cambio en la manera en que Lo sustenta las denominaciones, descripciones y referencias relacionadas con Clorinda, y concluye que Tancredo no sabe que el lucha contra Clorinda al comienzo del combate. Contin\u00faa con esta nueva interpretaci\u00f3n hasta el final del texto y, al ver que no ocasiona mayores problemas, considera que este modo de comprensi\u00f3n es el requerido por (2&#8242;). Este rean\u00e1lisis es posible debido al fen\u00f3meno de subdeterminaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica en los cambios de espacio (Fauconnier). (2&#8242;) admite una lectura similar a la segunda lectura observada arriba, pues no hay regla ling\u00fc\u00edstica que obligue a Lo a se\u00f1alar un cambio de espacios mentales en tal contexto<br \/>\nDesde un punto de vista cognitivo, (2\u2019) requiere un rean\u00e1lisis relativamente extenso que puede constituir una pesada carga para el lector. Verdaderamente, \u00e9l debe situar un punto posible de cambio de espacios, volver a este punto que est\u00e1 distante del lugar catastr\u00f3fico, y corregir su primera interpretaci\u00f3n sobre este punto. Si Lo creyera que esta estrategia de rean\u00e1lisis es muy costosa y pudo ver un medio conveniente, apto para facilitar la tarea del lector, probablemente emplear\u00eda este artificio, y as\u00ed ahorrar\u00e1 al lector un extenso proceso de reinterpretaci\u00f3n. Este es quiz\u00e1s el motivo por el cual el autor de (2\u2019) mencion\u00f3 en la versi\u00f3n original que Tancredo desconoc\u00eda por supuesto la identidad de su adversario el comienzo del combate.<br \/>\nUn ladr\u00f3n en la noche<br \/>\nEl siguiente ejemplo suministra otra ilustraci\u00f3n de la hip\u00f3tesis normal evocada anteriormente. Es un extracto de la revista americana New York (Sept. 1,1980 ), reimpresa por Hatakeyama, J.S. Pet\u00f6fi, E. S\u00f6zer:<br \/>\n(3) Un ladr\u00f3n en la noche<br \/>\nDurante el reciente choque de tr\u00e1nsito, un joven caminaba desde el trabajo hacia su casa cruzando el parque. Era tarde y estaba solo. A mitad de camino, vio que alguien se le acercaba. Tuvo, por supuesto, un arrebato de miedo. Cambi\u00f3 de rumbo, y el extra\u00f1o tambi\u00e9n. Pero como ambos cambiaron de rumbo en la misma direcci\u00f3n tropezaron.<br \/>\nUnos momentos despu\u00e9s, el joven pens\u00f3 que dif\u00edcilmente se trat\u00f3 de un accidente, y busc\u00f3 su billetera.<br \/>\n\u00c9sta hab\u00eda desaparecido.<br \/>\nEncolerizado por el triunfo, se volvi\u00f3, detuvo al carterista y le pidi\u00f3 su billetera.<br \/>\nEl hombre se la entreg\u00f3.<br \/>\nCuando lleg\u00f3 a su casa, lo primero que vio fue su billetera sobre la cama.<br \/>\nNo pod\u00eda evitar la verdad. Hab\u00eda asaltado a alguien.<br \/>\nLos fen\u00f3menos que podemos observar en conexi\u00f3n con este texto, son de la misma naturaleza que los que describimos en la historia de Tancredo y Clorinda. La peculiaridad de (3) radica en el hecho de que el lector cae sistem\u00e1ticamente en la trampa y se lo obliga a reinterpretarla. Verdaderamente cualquiera que observe a trav\u00e9s del texto no tiene motivo para sospechar, en una primera lectura, que la descripci\u00f3n definida el carterista y las expresiones su billetera, el hombre se la entreg\u00f3 deben entenderse de un modo opaco. Considerando que estas expresiones no est\u00e1n marcadas, el lector las interpreta seg\u00fan el modo normal \u2013es decir, del mismo modo adoptado para el tratamiento de los pasajes precedentes del texto. Dado que los pasajes precedentes son de f\u00e1cil interpretaci\u00f3n a la manera de contexto transparente (como una novela relatada por un narrador omnisciente) el lector no piensa que las expresiones citadas arriba necesitan un tratamiento opaco particular. As\u00ed, cuando el lector descubre al final del texto que el ladr\u00f3n no es el que \u00e9l cre\u00eda, la \u00fanica soluci\u00f3n es observar nuevamente el pasaje donde se extravi\u00f3. Este proceso de reinterpretaci\u00f3n est\u00e1 ligado pr\u00e1cticamente al acontecimiento. Adem\u00e1s, no s\u00f3lo lo conciernen el carterista, su billetera y el hombre se la entreg\u00f3; la conexi\u00f3n tambi\u00e9n reside en \u00e9sta desapareci\u00f3 y a\u00fan con el t\u00edtulo.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo eligi\u00f3 las expresiones que pueden o deben ser corregidas? \u00bfC\u00f3mo determinar, en esta instancia, el alcance del proceso de correcci\u00f3n? La cuesti\u00f3n surge debido a que I comenzar\u00eda a sospechar y reconsiderar otras expresiones que las indicadas arriba. Pero nadie piensa mientras reinterpreta (3), luego del descubrimiento del punto final, corregir su comprensi\u00f3n de alguien&#8230; en vio que alguien se le acercaba. Este punto es importante porque nos permite marcar suposiciones m\u00e1s precisas sobre lo que sucede durante la fase de rean\u00e1lisis, y por qu\u00e9 el rean\u00e1lisis es inteligente. Adem\u00e1s, puede conjeturarse que el lector considera el problema al cual se confronta, como la base para el proceso de rean\u00e1lisis. De este modo, recoge y corrige s\u00f3lo la informaci\u00f3n ligada con la base del problema. Dado que el problema en (3), en esta instancia, consiste en conocer a qui\u00e9n pertenece la billetera, el actor es capaz de corregir s\u00f3lo el dato del texto conectado con el tema en cuesti\u00f3n.<br \/>\nPreferir\u00eda agregar dos observaciones sobre (3). Primero, el autor habr\u00eda separado a sus lectores del proceso de reinterpretaci\u00f3n. Las marcas de cita, o expresiones referidas seg\u00fan Lawlor, se\u00f1alar\u00edan, por ejemplo, la opacidad del carterista. Si el escritor de (3) hubiera escrito detuvo al \u201ccarterista\u201d y le pidi\u00f3 \u201csu\u201d billetera. El hombre se la entreg\u00f3&#8230;, el lector habr\u00eda advertido que Lo no quiere ser responsables de las expresiones entre las marcas de la cita. Por otra parte, el t\u00edtulo tambi\u00e9n deber\u00eda formularse as\u00ed: Un ladr\u00f3n en la noche, As\u00ed se invita al lector a inferir que si el escritor no acept\u00f3 las denominaciones y descripciones citadas, se debe a que \u00e9l las juzg\u00f3 como falsas. De esta manera, los lectores habr\u00edan anticipado el final de la historia. Pero dado que (3) s\u00f3lo se interesa por las singularidad de su final, ciertamente explica el motivo por el cual el escritor eligi\u00f3 un modo de expresi\u00f3n particularmente subdeterminado. Finalmente, podemos conjeturar que voluntariamente ha formulado la historia de esta manera para enga\u00f1ar a sus lectores del mismo modo en que el joven enga\u00f1a al \u201ccarterita\u201d del relato. Por lo tanto, podemos ver c\u00f3mo el escritor construye inteligentemente sobre la inteligencia del lector y las estrategias naturales de interpretaci\u00f3n.<br \/>\nEl segundo punto concierne a un t\u00f3pico m\u00e1s ling\u00fc\u00edstico. La posibilidad de decepci\u00f3n en la lectura se debe aqu\u00ed al fen\u00f3meno de subdeterminaci\u00f3n en los cambios de espacios mentales comunes en la comunicaci\u00f3n de la lengua natural. Tambi\u00e9n se debe la empleo del estilo indirecto el cual pierde ambig\u00fcedades imposibles en el estilo directo. A\u00fan cuando el pedido del joven se hubiera expresado como:<br \/>\nDetuvo al carterista y le dijo: \u201cDeme mi billetera\u201d. El hombre se la entreg\u00f3<br \/>\nEl empleo de marcas de cita a\u00fan hubiese sido posible:<br \/>\nDetuvo al carterista y le dijo : \u201cDeme mi billetera\u201d. El hombre se \u201cla entreg\u00f3\u201d&#8230;<br \/>\nPero la reinterpretaci\u00f3n final no habr\u00eda sido m\u00e1s f\u00e1cil. \u00bfPor qu\u00e9? La dificultad viene de la menci\u00f3n de que el hombre entreg\u00f3 la billetera al joven. Si el hombre acepta \u201centregar\u201d la billetera, se le permite al lector inferir que el hombre la rob\u00f3, y el final del texto se hace pr\u00e1cticamente inconcebible. Las marcas de cita sobre la entreg\u00f3 no cambiar\u00edan el problema. En tal contexto, probablemente se habr\u00edan interpretado de manera similar a una marca de cita literal, que indica que el hombre en realidad ha empleado el verbo entregar durante el intercambio y, consecuentemente, que ha reconocido el robo de la billetera. En el estilo directo, el pasaje examinado aqu\u00ed se hace pr\u00e1cticamente imposible de recuperar mediante un rean\u00e1lisis inteligente. EI empleo de marcas de cita no facilitan en absoluto el proceso de reinterpretaci\u00f3n. Esto se explica f\u00e1cilmente: el uso del estilo directo no permite ambig\u00fcedades en los contenidos de los universos de creencias o espacios de mentales de Lo y los participantes involucrados. Si el joven dice a su interlocutor \u201cdeme mi billetera\u201d, esto prueba que \u00e9l cree que la persona a quien habla la ha robado y le indica su creencia. Luego, si el interlocutor entrega la billetera, esto prueba que ha aceptado la creencia de Lo como relevante para el intercambio. As\u00ed, el universo de creencias del joven se presenta compartido y consecuentemente legitimado por el participante del di\u00e1logo que es un testigo ontol\u00f3gicamente decisivo. Por lo tanto, Lo no puede marcar este universo como falso.<br \/>\nDe este modo, podemos ver c\u00f3mo el escrito de (3) toma ventaja de las posibilidades de subdeterminaci\u00f3n ofrecida por el estilo directo. El hecho de que no emplee el estilo directo es otra evidencia de la inteligencia y perfidia de su estrategia de escritura que est\u00e1 lejos de ser cooperativa en el sentido cl\u00e1sico de la palabra.<br \/>\nAdaptado de M. Charolles, \u201cCoherence as Principle in the Regulation of Discursive Production\u201d, en W. Haydrich et al., Connexli and Coherence, Londres, De Gruyter, 1989: 3-15. Traducci\u00f3n de Gabriela Folchieri.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 4 TEXTO FUENTE\/ Ir a Coherencia En otros textos intent\u00e9 defender la idea de que la coherencia -diferente de la conectividad- no es una propiedad inherente de los discursos sino un constructo por parte de los int\u00e9rpretes. 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