{"id":186,"date":"2008-03-20T21:05:10","date_gmt":"2008-03-20T21:05:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/03\/20\/todos-los-lectores-el-lector\/"},"modified":"2008-03-20T21:05:10","modified_gmt":"2008-03-20T21:05:10","slug":"todos-los-lectores-el-lector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/20\/todos-los-lectores-el-lector\/","title":{"rendered":"Todos los lectores, el lector"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"lectores.bmp\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/lectores.bmp\" width=\"200\" height=\"310\" align=\"right\" hspace=\"15\" \/><br \/>\n<strong>UNIDAD 2<br \/>\nTEXTO COMPLEMENTARIO<\/strong>\/ Ir a <a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/08\/la-lectura-como-proceso-cognitivo-y-comunicativo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">La lectura como proceso cognitivo y comunicativo<\/a><br \/>\n<strong>Por Eduardo Fidanza<\/strong><br \/>\nPara LA NACION &#8211; Art\u00edculo publicado el S\u00e1bado 21 de abril de 2007<br \/>\nIL mondo \u00e9 bello perch\u00e9 \u00e9 vario -el mundo es bello porque es variado- suelen decir los italianos. Pensando en la lectura y en el libro -que en estos d\u00edas nos convocan-, la expresi\u00f3n resulta certera: hay distintas formas de leer, soportes diferentes, lectores m\u00faltiples. Si nos complace la pluralidad, deberemos tal vez agradecerla a la ca\u00edda de los c\u00e1nones, un estallido de voces que nos precipita en la belleza polif\u00f3nica.<br \/>\nAdem\u00e1s de belleza, la diversidad estimula el af\u00e1n clasificatorio. Los libros en sus estantes o secciones; los lectores seg\u00fan sus costumbres y estilos. La sociolog\u00eda de la lectura intenta ordenar este universo. A veces con lucidez, otras con trivialidad, nos instruye acerca de la distribuci\u00f3n social de los lectores y los no lectores; de los motivos por los que se lee o no se lee; de los modos que adquiere la lectura, seg\u00fan las intenciones de quienes se acercan a ella.<br \/>\nAunque condicionados por al margen de error y las metodolog\u00edas que se empleen, conocemos algunas magnitudes: en la Argentina aproximadamente la mitad de la poblaci\u00f3n adulta lee libros con alguna asiduidad, mientras la otra mitad no lee y tal vez, de acuerdo a sus caracter\u00edsticas sociales y psicol\u00f3gicas, nunca lo har\u00e1. En Espa\u00f1a, para establecer una comparaci\u00f3n, el reparto es similar. Tambi\u00e9n tenemos una idea aproximada de los tipos de lectores y de su distribuci\u00f3n: una porci\u00f3n menor de ellos, que equivale al 6 o 7 por ciento de la poblaci\u00f3n total, son apasionados por los libros, lectores voraces y creativos; personas a las que les ser\u00eda muy dif\u00edcil vivir en un mundo sin libros. Otro 10 por ciento est\u00e1 conformado tambi\u00e9n por lectores sistem\u00e1ticos, aunque de menor intensidad; se parecen a los apasionados, aman al libro y lo tienen a tiro, pero dedican menos tiempo a leer.<br \/>\nLuego, entre los lectores constantes y los no lectores existe una franja, equivalente a un tercio de la poblaci\u00f3n, que lee circunstancialmente, al comp\u00e1s de est\u00edmulos externos, que van desde la publicidad hasta el llamado de atenci\u00f3n del pr\u00f3jimo: lee este libro que te va a gustar, o lo vas a necesitar. Los best sellers , la literatura de divulgaci\u00f3n, las novelas hist\u00f3ricas, los manuales de autoayuda o de capacitaci\u00f3n, suelen ser los g\u00e9neros m\u00e1s frecuentados en este segmento. Aunque los cr\u00edticos soberbios (no los soberbios cr\u00edticos), suelen denostar ese tipo de lecturas, para la gente es motivo de genuino entretenimiento, o la oportunidad de aventurarse en temas que despiertan inter\u00e9s, aunque sea coyuntural y liviano. (Desde que un viejo librero me explic\u00f3 que, en ciertos casos, se llega a los cl\u00e1sicos empezando por los best sellers , dej\u00e9 de creer en los estragos de la literatura chatarra).<br \/>\nAlgo m\u00e1s, que conviene atender, nos informan nuestros soci\u00f3logos de la lectura: las probabilidades de leer se desvanecen a medida que disminuye el nivel socioecon\u00f3mico de los individuos y las familias. Es decir: la pobreza se lleva mal con la lectura. Para las familias que no llegan a fin de mes el libro no es prioridad, y, que sepamos, las bibliotecas p\u00fablicas no suplen esa deficiencia.<br \/>\n\u00bfSe lee m\u00e1s o menos que antes? Para esta pregunta recurrente no hay una respuesta taxativa. El sentido com\u00fan indica que la televisi\u00f3n atenta cada d\u00eda m\u00e1s contra el libro, pero faltan investigaciones sistem\u00e1ticas y longitudinales para probarlo. Adem\u00e1s, habr\u00eda que definir con precisi\u00f3n qu\u00e9 entendemos por leer, porque si consideramos las lecturas m\u00faltiples que afloran de Internet, encontraremos una compensaci\u00f3n inesperada a lo que la televisi\u00f3n roba. (La pantalla no siempre es verdugo, muchas veces es partera).<br \/>\nCuando la sociolog\u00eda concluye su trabajo, la autorreflexi\u00f3n de lectores y escritores, su experiencia e historia, pueden decirnos algo m\u00e1s. La lectura data de siglos; como otras pocas actividades elementales, que requieren escasas herramientas y se valen del esp\u00edritu, atraviesa el tiempo, imp\u00e1vida ante el avance tecnol\u00f3gico y la velocidad creciente de las costumbres. Para el que hoy y aqu\u00ed aprecia la lectura, es fascinante ver la cantidad de gente que lee en el colectivo, en el subte, o en los bares, indiferente al ruido de la ciudad. Estas ceremonias de la intimidad en el f\u00e1rrago constituyen el prodigio; si se lee a Dan Brown o a Shakespeare puede discutirse despu\u00e9s.<br \/>\nSin embargo, y m\u00e1s all\u00e1 de esos milagros cotidianos, es cierto que los cambios econ\u00f3micos y culturales impactan y hacen vacilar al lector. Modifican el concepto de lo que es leer, su sentido original, can\u00f3nico. Lo que se pierde se idealiza. Hacerlo es inevitable, y sin ese ejercicio nos empobrecer\u00edamos. La lectura, como el amor, es, y ha sido, objeto de idealizaci\u00f3n. Y motivo de nostalgia, que el cambio hist\u00f3rico acrecienta.<br \/>\nJoseph Roth, el autor de novelas inolvidables, como La Marcha Radetzky y La leyenda del santo bebedor , titul\u00f3, ir\u00f3nicamente, una nota period\u00edstica publicada en un diario berlin\u00e9s en 1922, &#8220;Necrol\u00f3gica del querido lector&#8221;. Escribe all\u00ed el epitafio del lector pr\u00f3ximo y fiel, aquel que atend\u00eda m\u00e1s al escritor que a la obra, y &#8220;pod\u00eda imaginarse c\u00f3mo vive come y bebe \u00absu poeta\u00bb&#8221;; el que &#8220;se aprestaba a la palabra con deseo y devoci\u00f3n&#8221;. Y lo contrapone al lector sin atributo -una derivaci\u00f3n del hombre de Musil-, al que retrata como alguien que &#8220;no se preocupa por el expendedor de palabras. No conoce al productor de la mercanc\u00eda intelectual que ha adquirido en la librer\u00eda. Tampoco conoce el nombre del fabricante cuyo jab\u00f3n ha comprado. El lector sin atributo compra palabras cuando tiene necesidad&#8221;. Es el lector llano, el lector sin m\u00e1s.<br \/>\nTener menester, dijo alguna vez Ortega en pulcro espa\u00f1ol, es el requisito para aprender. No puedo ense\u00f1arles metaf\u00edsica, record\u00f3 a unos alumnos noveles, s\u00f3lo puedo, tal vez, ense\u00f1arles a necesitarla. Volviendo a Roth: el querido lector era un pr\u00f3jimo de su autor, que escrib\u00eda para \u00e9l; el lector sin atributo es una consecuencia de la opacidad que introduce la mercanc\u00eda. Pero ambos se parecen en un punto: necesitan el libro, sus contenidos y su contorno, siempre o a veces, por motivos profundos o por modas pasajeras, por propio deseo o por atracci\u00f3n inducida. Ning\u00fan adulto, en una sociedad plural, est\u00e1 obligado a leer. Si se lee, pudiendo hacer tantas otras cosas, es porque algo valioso se ha incrustado en el esp\u00edritu. Esta cualidad perenne tal vez alivie la nostalgia.<br \/>\nLa fractura del canon de lectura multiplica los lectores, los temas, los textos. Y habilita la transgresi\u00f3n. Pero, seg\u00fan predica el Evangelio, la libertad viene despu\u00e9s del pedagogo. En la escuela primaria se sigue presentando al libro como un emblema de la cultura que merece un trato especial. El docente ense\u00f1a a tomarlo y a manipularlo, recuerda que sus partes no se doblan ni se da\u00f1an (ni se humedecen los dedos con saliva para pasar las hojas); explica la conveniencia de adoptar una postura corporal adecuada, y una actitud de respeto y devoci\u00f3n a la hora de leer.<br \/>\nEl escritor cubano Guillermo Cabrera Infante rememora un episodio de su vida escolar, donde se trasluce el aliento inicial que la pedagog\u00eda es capaz de insuflar al libro y su entorno: &#8220;El libro que me dieron, no me prestaron, ten\u00eda una cubierta de colores vivos: el mismo libro estaba vivo. Me lo met\u00ed bajo la camisa y regres\u00e9 corriendo a la escuela. En el aula se lo entregu\u00e9 a mi maestro, al que todos en el pueblo llamaban Ramon\u00edn. Todos menos nosotros los alumnos que lo llam\u00e1bamos maestro. Ramon\u00edn tom\u00f3 el libro con su mano izquierda, lo pas\u00f3 de mano y con su mano derecha me lo devolvi\u00f3. Es decir me lo entreg\u00f3. -Es para ti. Como premio a la excelencia.&#8221;<br \/>\nDespu\u00e9s, cada uno hace su camino. Para muchos, recuerdos como \u00e9ste son el \u00faltimo contacto con el libro. La lectura se les pierde entre los pliegues de la vida. Para otros, es la estaci\u00f3n inicial de un viaje sin t\u00e9rmino; o el lugar al que se vuelve de vez en cuando, vaya a saber por qu\u00e9. Los motivos de la lectura son tantos como los lectores: la vocaci\u00f3n de leer como si se escribiera, en di\u00e1logo con el texto; la b\u00fasqueda de ayuda o consuelo; el puro placer o el entretenimiento; la obligaci\u00f3n de capacitarse, el apuro por saber. La necesidad de hallar la identidad.<br \/>\nMarcel Proust escribi\u00f3 que el p\u00e9ndulo y el fuego no exigen respuesta. Por eso acompa\u00f1an al lector sin perturbarlo, a diferencia de las solicitudes de los otros. La expresi\u00f3n no agota todas las formas de la lectura, pero expresa a muchas. Evoca un pacto de confianza y complicidad. La serenidad que introduce el amor incondicional. Una se\u00f1ora, quiz\u00e1s apremiada por la vida, dec\u00eda en una entrevista: &#8220;Yo los tengo como compa\u00f1\u00eda, son los \u00fanicos que no me apuran, los puedo agarrar y dejar y es como que est\u00e1 todo bien con los libros&#8221;. No es Proust, pero suena a \u00e9l.<br \/>\nVivimos los d\u00edas de la Feria del Libro. Feria quiere decir a la vez fiesta e intercambio. Transacci\u00f3n cara a cara. Punto de encuentro. De textos m\u00faltiples y de personas diversas. Desde el autor confeso y el sesudo lector, hasta el chico o la chica de guardapolvo blanco que engullen, distra\u00eddos, una hamburguesa en los pasillos. Cada uno en torno de la letra impresa, con razones distintas pero una sustancia com\u00fan. Todos los lectores, un solo lector. Pasando las p\u00e1ginas del gran libro del mundo.<br \/>\n<strong>El autor es soci\u00f3logo y profesor de la Universidad de Buenos Aires.<\/strong><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.lanacion.com.ar\/opinion\/nota.asp?nota_id=902048\">http:\/\/www.lanacion.com.ar\/opinion\/nota.asp?nota_id=902048<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 2 TEXTO COMPLEMENTARIO\/ Ir a La lectura como proceso cognitivo y comunicativo Por Eduardo Fidanza Para LA NACION &#8211; Art\u00edculo publicado el S\u00e1bado 21 de abril de 2007 IL mondo \u00e9 bello perch\u00e9 \u00e9 vario -el mundo es bello porque es variado- suelen decir los italianos. 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