{"id":1508,"date":"2019-04-16T15:59:10","date_gmt":"2019-04-16T15:59:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/?p=1508"},"modified":"2019-04-16T15:59:10","modified_gmt":"2019-04-16T15:59:10","slug":"un-texto-de-liliana-heker-mi-credo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2019\/04\/16\/un-texto-de-liliana-heker-mi-credo\/","title":{"rendered":"Un texto de Liliana Heker: Mi credo"},"content":{"rendered":"<p> <a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2019\/04\/Heker-con-gato.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2019\/04\/Heker-con-gato-300x221.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"221\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1509\" \/><\/a> (Antolog\u00eda personal, de Liliana Heker. Editorial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos aires, 2006)<\/p>\n<p>Las ganas de escribir vienen escribiendo. Es in\u00fatil esperar el momento en que los problemas del mundo exterior han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de escribir: ese instante de perfecci\u00f3n es altamente improbable. Uno suele instalarse para la escritura venciendo cierta resistencia \u2013salir del estado de ocio no es natural-, uno oficia ciertos ritos dilatorios, por fin, con cierta cautela, uno escribe. Y en alg\u00fan momento descubre que est\u00e1 sumergido hasta los pelos, que los problemas del exterior han desaparecido, que en el mundo no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir.<!--more--><\/p>\n<p>    En literatura no existen sin\u00f3nimos ni equivalencias: no es lo mismo un rostro, que una cara, que una jeta. \u201cDijo que estaba harto\u201d no equivale a \u201cEstoy harto \u2013dijo\u201d. Decidir cu\u00e1l m\u00fasica, qu\u00e9 textura, cu\u00e1nta carga de afecto o de violencia debe guardar una palabra, dar con una sintaxis, ir tanteando \u2013ir sosteniendo- el ritmo interno de un relato, eso y no otra cosa es el oficio de escribir.<\/p>\n<p>    Saber que un hombre vio algo que brillaba es conocer la historia que se est\u00e1 contando. Saber si lo que el hombre vio fue un resplandor, un relumbr\u00f3n, o meramente algo que brillaba, es conocer el arte de escribir historia.<\/p>\n<p>    La palabra justa no siempre \u2013o casi nunca- acude por su cuenta. Hay que rastrearla entre el mont\u00f3n, enamorarse a primera vista de ella, probarla en el texto. Y si no va, descartarla sin piedad aunque sea hermosa.<\/p>\n<p>    La primera versi\u00f3n de un texto es s\u00f3lo un mal necesario. Suele estar bien lejos de aquello completo e intenso que uno difusamente ha concebido. Corregir no es otra cosa que ir encontrando a Mois\u00e9s dentro del bloque de m\u00e1rmol.<\/p>\n<p>    Ni la espontaneidad ni la velocidad son valores en literatura. Tantear, tachar, descubrir nuevas posibilidades, equivocarse tantas veces como haga falta, ir acerc\u00e1ndose paso a paso al texto buscado: ese es el verdadero acto creador. Lo otro es como estornudar.<\/p>\n<p>    Aferrarse a una frase o una palabra simplemente porque ha salido as\u00ed del alma, es por lo menos un riesgo: el alma, a veces, dicta obviedades. En Filosof\u00eda de la composici\u00f3n, Poe cuenta que, durante la escritura de su poema El cuervo, decidi\u00f3 que necesitaba un animal parlante para que repitiera un leit motiv al final de cada estrofa. Y naturalmente el primer animal que se le cruz\u00f3 fue el loro. A veces es bueno sacrificar al loro.<\/p>\n<p>    Cuando se escribe, no hay que tenerles miedo a los sentimientos, pero tampoco hay que tenerle miedo a la lucidez. Uno tiene tan pocas cualidades que no veo raz\u00f3n para que se despoje de algunas de ellas para hacer literatura.<\/p>\n<p>    No hay que empezar un cuento si no se sabe c\u00f3mo va a terminar. Se corre el riesgo de ir de ac\u00e1 para all\u00e1, sin ton ni son, esperando que el final caiga del cielo. Los buenos finales no suelen tener origen celestial: con disimulo, vienen mandados desde la primera frase.<\/p>\n<p>    Una novela requiere una escritura y una estructura igual de rigurosas que las de un cuento. Si tiene p\u00e1ginas grises, esos grises deben estar tan cargados de tensi\u00f3n como lo est\u00e1n en el Guernica, de Picasso. Si no, son meramente un plomo.<\/p>\n<p>    La inspiraci\u00f3n no existe; en eso se parece a las brujas. Aun as\u00ed, cuando las palabras parecen cantarle a uno en la oreja, y siente que todo lo que est\u00e1 escribiendo tiene la m\u00fasica justa, el ritmo exacto, la tensi\u00f3n precisa que debe tener, podr\u00e1 llamar a ese estado de priovilegio como m\u00e1s le guste, pero lo mejor ser\u00e1 que suelte el freno y deje rodar la locura. Es hermoso, solo que no hay que creer que es el \u00fanico estado en que se hace literatura. Porque se corre el riesgo de no escribir m\u00e1s que una p\u00e1gina en toda la vida.<\/p>\n<p>    Hay que nutrirse de los credos y hay que aprender a desconfiar de ellos. No existen reglas universales para el oficio de escribir. Es uno mismo quien a la larga, con verdades y mentiras propias y ajenas, va estableciendo sus propios ritos, va permiti\u00e9ndose sus propias man\u00edas, va construyendo su propio credo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Antolog\u00eda personal, de Liliana Heker. 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