{"id":1432,"date":"2016-07-02T11:15:20","date_gmt":"2016-07-02T11:15:20","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/?p=1432"},"modified":"2016-07-02T11:15:20","modified_gmt":"2016-07-02T11:15:20","slug":"ese-hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2016\/07\/02\/ese-hombre\/","title":{"rendered":"Ese hombre"},"content":{"rendered":"<p><em>Rodolfo Walsh<\/em><br \/>\n<a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2016\/07\/Walsh_Caricatura.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2016\/07\/Walsh_Caricatura-224x300.jpg\" alt=\"Walsh_Caricatura\" width=\"224\" height=\"300\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1433\" \/><\/a><br \/>\nEl guardia civil pregunta el nombre, consulta su lista, abre la puerta del parque. El tenue sol madrile\u00f1o quita de las rodillas la lluvia de Par\u00eds, funde la nieve de Praga.<br \/>\nEn la casa me recibe el secretario discreto, urgido por irradiaci\u00f3n cotidiana. Yo s\u00e9 que deber\u00eda estar observando los detalles pero no veo m\u00e1s que la alfombra, el artesonado, la penumbra de la sala donde enseguida aparece el Viejo, su voz tranquila. Me estaba esperando.<br \/>\nSigue alto y erguido, indestructible. Se agacha un poco para darme la mano.<br \/>\n-Lo estaba esperando -dice.<br \/>\n-Ten\u00eda muchos deseos de conocerlo -aseguro.<br \/>\nTodo es claro y ordenado en su despacho: libros en los anaqueles, un Mart\u00edn Fierro a caballo, el bander\u00edn argentino, Juan XXIII bajo el vidrio del escritorio.<br \/>\nCuando se sienta, veo por primera vez la desollada cara del Viejo, la cascada de venitas rojas que no aparece en las fotos o que las fotos olvidan, lo mismo que uno.<br \/>\n-\u00bfCaf\u00e9? -dice-. \u00bfCo\u00f1ac?<br \/>\nOfrece Winstons, se inclina hacia adelante para dar fuego con el encendedor de oro. Tal vez me he quedado dormido en alguna butaca de alg\u00fan aeropuerto en alguna indescifrable escala nocturna y este sue\u00f1o preocupado es una broma del cansancio. Pero el Viejo est\u00e1 all\u00ed, veo el traje pizarra, el pul\u00f3ver rojo, las ideas que se ordenan en su cara, la embellecen, escucho la voz persuasiva que habla del mundo, sus grandes movimientos circulares, sus leyes inmutables.<br \/>\n-A los imperios no los derriba nadie -dice-. Se pudren por dentro, se caen solos.<br \/>\nSolos, pienso.<br \/>\nParece que adivina.<br \/>\n-Cuando alguien los empuja -dice, recuerda-. En este continente yo los he enfrentado -dice, anulando de un golpe la distancia, regresando o no partiendo nunca, clavado a este continente que no es este, no es la muchacha que vuelve y sirve el co\u00f1ac y sirve el caf\u00e9.<br \/>\n-Caf\u00e9 sin cafe\u00edna -dice el Viejo-. Es m\u00e1s sano. Mire Vietnam -dice.<br \/>\nMiro Vietnam: sonrisas ambiguas, pisadas nocturnas en la selva h\u00fameda, espaldas maternas cargando obuses, una bandera roja flameando sobre Hu\u00e9 bajo una lluvia incesante de napalm.<br \/>\n-Los militares yanquis -explica- son muy brutos, no leen la historia, creen que la guerra se gana con el ej\u00e9rcito.<br \/>\nOtra vez el gesto circular abarca las edades, los pueblos, el orgullo pisoteado, Roma se derrumba en el espejo de la memoria y la voz del Viejo parece que gozara.<br \/>\n-L\u00edneas de abastecimiento. Lo sabe un cadete.<br \/>\nToma su caf\u00e9 sin cafe\u00edna.<br \/>\n-Ya no les quedan amigos en el mundo -dice.<br \/>\n-Si estos se salvan -dice- ser\u00e1 porque tienen dos oc\u00e9anos de por medio.<br \/>\n-Pero a usted lo derrocaron.<br \/>\n-A m\u00ed me derroc\u00f3 la Sinarqu\u00eda -aclara-. Despu\u00e9s vinieron a buscarme. Los yanquis -dice, rememora-. Cu\u00e1ntas veces.<br \/>\n-Y usted.<br \/>\nMe pregunta si conozco el cuento del vasco. Escucho el cuento del vasco, rodeado de parientes, que no quer\u00eda firmar el testamento. El \u00edndice del Viejo va y viene despacio sobre el \u00edndice izquierdo, preparando la pregunta, la pausa, el corte de manga, su porfiada respuesta. Y ahora no s\u00e9 cu\u00e1l es mi risa, cu\u00e1l es la suya, la del Papa Juan divertido a su modo en el cromo.<br \/>\nEl c\u00edrculo pulsa, se achica, se concentra. El Viejo desliza sobre el vidrio una caja taraceada de tabacos. Tomo uno, lo hago girar entre los dedos, aspiro su lejano aroma.<br \/>\n-Me los manda Fidel -dice el Viejo-. C\u00f3mo est\u00e1n por all\u00e1.<br \/>\n-Siempre preguntan por usted.<br \/>\nEs cierto: siempre preguntan por \u00e9l.<br \/>\n-Esperaban su visita -digo.<br \/>\n-Me hubiera gustado ir -suspira-. No ha llegado el momento. Usted sabe, hab\u00eda que pasar por Mosc\u00fa.<br \/>\nEl peri\u00f3dico sigue inm\u00f3vil sobre el escritorio, con sus terremotos, naufragios, sobresaltos del oro, el nuevo r\u00e9cord de Iberia: seis horas, treinta y dos minutos, vuelo directo. No veo las manos del Viejo, tal vez el \u00edndice derecho sigue movi\u00e9ndose despacito sobre el izquierdo, debajo de la mesa, una broma conjunta que podemos apreciar.<br \/>\nEl c\u00edrculo ha vuelto a crecer, las costas se dilatan, la selva. Am\u00e9rica. Ahora hablamos de los muertos. El Viejo guarda la caja de tabacos, saca un libro abierto en la dedicatoria de -un adversario que evolucion\u00f3-, la firma brev\u00edsima del gran muerto reciente cuyas cenizas llueven sobre mil ciudades, que anda por ah\u00ed asomado a las cocinas, a los dormitorios, probando el caldo de las ollas, creciendo en los huesos de los chicos.<br \/>\n-Ten\u00eda el fuego sagrado -dice el Viejo-. L\u00e1stima que no trabajara para nosotros -y la cara se le nubla, de pena, desconcierto, qui\u00e9n sabe.<br \/>\n-\u00c9l pensaba que hab\u00eda que apurarse.<br \/>\n-S\u00ed, pero ya ve.<br \/>\n-Porque ellos creen que Vietnam se acaba, y que despu\u00e9s caer\u00e1n sobre ellos, sobre nosotros -digo-. Por eso estaban apurados.<br \/>\n-La guerra es larga -responde sin apuro.<br \/>\nVuelvo a mirarlo como si yo fuera el Viejo y \u00e9l tuviera un largo futuro por delante.<br \/>\nSi \u00e9l quisiera, pienso.<br \/>\nLa puerta se abre sola. Un fogonazo de alegr\u00eda alumbra la cara surcada de venitas del Viejo, que se para, avanza hacia el perro lanudo que entra en dos patas. Yo miro el despliegue de mimos y festejos que corta las preguntas, acaso la entrevista.<br \/>\nPero el Viejo vuelve, se sienta.<br \/>\n-Otro caf\u00e9 -dice.<br \/>\nDe la manga del saco sale otra an\u00e9cdota, como otro conejo. Cada vez que el general Roca recib\u00eda al embajador boliviano, pon\u00eda dos sillas. Una para el embajador, otra para la mala fe.<br \/>\n-Yo le mand\u00e9 decir que tuviera cuidado, que desconfiara de esa gente. No era tiempo.<br \/>\n-Cu\u00e1ndo entonces -digo.<br \/>\n-Yo he esperado mucho.<br \/>\nTal vez lo estoy fastidiando, acaso va a mirar su reloj, usar un pretexto que no necesita, la mujer que atraves\u00f3 el Atl\u00e1ntico para conseguir su dedicatoria en una foto, el dirigente que aguarda en la sala su epifan\u00eda de palabras lejos, vestales con pinta de herederos, tah\u00fares de doble entra\u00f1a, empresarios dispuestos a compartir las p\u00e9rdidas, terratenientes a socializar los caminos, cl\u00e9rigos a repartir el reino de los cielos, gorilas convertidos.<br \/>\nEl arresto del \u00faltimo general que casi se subleva flota sobre los pocillos de caf\u00e9 sin cafe\u00edna.<br \/>\n-Es un buen muchacho -sugiere-. Le voy a contar un chiste -sugiere.<br \/>\nLas once de la ma\u00f1ana entran por el ventanal, aclarando la sonrisa.<br \/>\nUn empresario americano fue a Brasil, donde quer\u00edan comprar petr\u00f3leo; fue a Kuwait: quer\u00edan vender petr\u00f3leo; a Grecia: les propone transportar petr\u00f3leo. Arm\u00f3 el negocio, se qued\u00f3 con la mitad. Los otros le peguntaron: \u00bfPero usted qu\u00e9 pone?<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo qu\u00e9 pongo?-, dijo el empresario -dice el Viejo-. -Yo pongo el Atl\u00e1ntico.- Con este muchacho pasa lo mismo. El ej\u00e9rcito pone las armas. Nosotros ponemos la gente. \u00bfY \u00e9l qu\u00e9 pone? \u00bfLa patria?<br \/>\nRisas. Imposible no re\u00edr cuando el Viejo cuenta un chiste, porque lo cuenta muy bien. Pero consigue que el cotejo con la realidad parezca un segundo chiste, mejor que el primero.<br \/>\nAhora s\u00ed, ha mirado su reloj. De golpe entiendo que he pasado horas sumergido en la envolvente conversaci\u00f3n del Viejo, como quien escuchara a cualquier padre, y que al salir estar\u00e9 caminando por una calle de Puerta de Hierro, de Southampton, de Mart\u00edn Garc\u00eda, con todas las preguntas sin hacer.<br \/>\n-Esa mujer -digo.<br \/>\nSu cara es gris. Una muralla.<br \/>\n-Creo que la quemaron -dice.<br \/>\n-No la quemaron -fantaseo-. Est\u00e1 en un jard\u00edn, en una embajada, de pie, una estatua bajo tierra, donde llueve -digo. Llueve siempre, pienso, y ella se pudre.<br \/>\n-Puede ser -su cara es m\u00e1s remota que nunca-. Alg\u00fan d\u00eda se sabr\u00e1.<br \/>\n-Y los otros muertos -quiero saber-. Los fusilados, los torturados.<br \/>\nUn ramaje de la vieja c\u00f3lera circula por su cara, rel\u00e1mpago entre nubes.<br \/>\n-El pueblo pedir\u00e1 cuentas.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1ndo?<br \/>\n-Alg\u00fan d\u00eda. Saldr\u00e1 a la calle, como el 56, el 57.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 no ha vuelto a salir?<br \/>\n-Porque yo no he querido -dice.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1ndo, general, cu\u00e1ndo?<\/p>\n<p><em>Este cuento fue publicado en Walsh, Rodolfo (2007) <em>Ese hombre y otros papeles personales<\/em>. Edici\u00f3n y pr\u00f3logo de<br \/>\nDaniel Link. Buenos Aires: De la Flor.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rodolfo Walsh El guardia civil pregunta el nombre, consulta su lista, abre la puerta del parque. El tenue sol madrile\u00f1o quita de las rodillas la lluvia de Par\u00eds, funde la nieve de Praga. En la casa me recibe el secretario discreto, urgido por irradiaci\u00f3n cotidiana. Yo s\u00e9 que deber\u00eda estar observando los detalles pero no [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10,7],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1432"}],"collection":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1432"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1432\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1432"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1432"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1432"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}