{"id":133,"date":"2008-03-13T16:33:28","date_gmt":"2008-03-13T16:33:28","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/03\/13\/persuadir-y-convencer-ch-perelman-y-l-olbretchts-tyteca\/"},"modified":"2008-03-13T16:33:28","modified_gmt":"2008-03-13T16:33:28","slug":"persuadir-y-convencer-ch-perelman-y-l-olbretchts-tyteca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/13\/persuadir-y-convencer-ch-perelman-y-l-olbretchts-tyteca\/","title":{"rendered":"Persuadir y convencer &#8211; Ch. PERELMAN y L. OLBRETCHTS-TYTECA"},"content":{"rendered":"<p><strong>UNIDAD 7<\/strong><br \/>\n<strong>TEXTO FUENTE<\/strong>\/ Ir a   <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2008\/03\/evolucion_historica_de_la_argu.php\">Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la argumentaci\u00f3n<\/a><br \/>\n<strong>Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L<\/strong>, <em>Tratado de la argumentaci\u00f3n. La nueva ret\u00f3rica<\/em>, Editorial Gredos, Madrid, 1994, p\u00e1g. 65)<br \/>\nLa variedad de los auditorios es casi infinita y, de querer adaptarse a todas sus particularidades, el orador se encuentra frente a innumerables problemas. Quiz\u00e1 sea \u00e9sta una de las razones por las cuales lo que suscita un inter\u00e9s enorme es una t\u00e9cnica argumentativa que se impusiera indiferentemente a todos los auditorios o, al menos, a todos los auditorios compuestos por hombres competentes o razonables.<br \/>\nLa b\u00fasqueda de una objetividad, cualquiera que sea su naturaleza, corresponde al ideal, al deseo de trascender las particularidades hist\u00f3ricas o locales de forma que todos aceptan las tesis defendidas. Se asiste, sin embargo, a un debate secular entre los partidarios de la verdad y los de la opini\u00f3n, entre fil\u00f3sofos, buscadores de lo absoluto, y ret\u00f3ricos, comprometidos en la acci\u00f3n. Con motivo de este debate, parece que se elabora la distinci\u00f3n entre persuadir y convencer, distinci\u00f3n a la que aludimos en funci\u00f3n de una teor\u00eda de la argumentaci\u00f3n y del papel desempe\u00f1ado por ciertos auditorios.<br \/>\nPara aquel que se preocupa por el resultado, persuadir es m\u00e1s que convencer, al ser la convicci\u00f3n s\u00f3lo la primera fase que induce a la acci\u00f3n.<br \/>\nNosotros nos proponemos llamar persuasiva a la argumentaci\u00f3n que s\u00f3lo pretende servir para un auditorio particular y nominar convincente a que se supone que obtiene la adhesi\u00f3n de todo ente de raz\u00f3n. El matiz es m\u00ednimo y depende, esencialmente, de la idea que el orador se forma de la encarnaci\u00f3n de la raz\u00f3n. Cada hombre cree en un conjunto de hechos, de verdades, que todo hombre \u201cnormal\u201d debe, seg\u00fan \u00e9l, admitir, porque son v\u00e1lidos para todo ser racional. Pero, \u00bfes as\u00ed de verdad? \u00bfNo es exorbitante la pretensi\u00f3n a una validez absoluta para cualquier auditorio compuesto por seres racionales? Incluso al autor m\u00e1s concienzudo no le queda, en este punto, m\u00e1s remedio que someterse al examen de los hechos, al juicio de los lectores. En todo caso, habr\u00e1 hecho lo que est\u00e1 en su mano para convencer, si cree que se dirige v\u00e1lidamente a semejante auditorio.<br \/>\nLa distinci\u00f3n que proponemos entre persuasi\u00f3n y convicci\u00f3n da cuenta, de modo indirecto, del v\u00ednculo que a menudo se establece, aunque de forma confusa, entre persuasi\u00f3n y acci\u00f3n, por una parte, y entre convicci\u00f3n e inteligencia, por otra. En efecto, el car\u00e1cter intemporal de ciertos auditorios explica que los argumentos que le presentan no constituyan en absoluto una llamada a la acci\u00f3n inmediata.<br \/>\nEsta distinci\u00f3n, fundada en los rasgos del auditorio al que se dirige el orador, no parece, a primera vista, que explique la distinci\u00f3n entre convicci\u00f3n y persuasi\u00f3n tal como la siente el propio oyente. Pero, resulta f\u00e1cil ver que se puede aplicar el mismo criterio, si se tiene en cuenta que este oyente piensa en la transferencia a otros auditorios de los argumentos que le presentan y se preocupa por la acogida que les estar\u00eda reservada.<br \/>\nDesde nuestro punto de vista, es comprensible que el matiz entre los t\u00e9rminos convencer y persuadir sea siempre impreciso y que, en la pr\u00e1ctica, se suprima. Pues, mientras que las fronteras entre la inteligencia y la voluntad, entre la raz\u00f3n y lo irracional pueden constituir un l\u00edmite preciso, la distinci\u00f3n entre diversos auditorios es mucho m\u00e1s confusa, y esto tanto m\u00e1s cuanto que la imagen que el orador se forma de los auditorios es el resultado de un esfuerzo siempre susceptible de poder reanudarlo.<br \/>\nEs la naturaleza del auditorio al que pueden someterse con \u00e9xito los argumentos lo que determina, en la mayor\u00eda de los casos, no s\u00f3lo el tono que adoptar\u00e1n las argumentaciones sino tambi\u00e9n el car\u00e1cter, el alcance que se le atribuir\u00e1. \u00bfCu\u00e1les son los auditorios a los que se les atribuye el papel normativo que permite saber si una argumentaci\u00f3n es convincente o no?<br \/>\nEncontramos tres clases de auditorios, considerados privilegiados a este respecto, tanto en la pr\u00e1ctica habitual como en el pensamiento filos\u00f3fico: el primero, constituido por toda la humanidad o, al menos, por todos los hombres adultos y normales y al que llamaremos el auditorio universal; el segundo, formado, desde el punto de vista del di\u00e1logo, por el \u00fanico interlocutor al que nos dirigimos; el tercero, por \u00faltimo, integrado por el propio sujeto, cuando delibera sobre o evoca las razones de sus actos. A continuaci\u00f3n, conviene a\u00f1adir que, s\u00f3lo cuando el hombre en las reflexiones consigo mismo o el interlocutor del di\u00e1logo encarnan al auditorio universal, \u00e9stos adquieren el privilegio filos\u00f3fico que se le otorgan a la raz\u00f3n, en virtud del cual la argumentaci\u00f3n que se dirige a ellos ha quedado asimilada, con frecuencia, a un discurso l\u00f3gico. En efecto, si visto desde fuera, se puede pensar que el auditorio universal de cada orador es un auditorio particular, esto no significa que, a cada instante y para cada persona, exista un auditorio particular, cuyas reacciones conocemos y cuyas caracter\u00edsticas, a lo sumo, hemos estudiado. De ah\u00ed la importancia primordial del auditorio universal en tanto que norma de la argumentaci\u00f3n objetiva, puesto que el interlocutor y el individuo deliberadamente consigo mismo constituyen meras encarnaciones siempre precarias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 7 TEXTO FUENTE\/ Ir a Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la argumentaci\u00f3n Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L, Tratado de la argumentaci\u00f3n. La nueva ret\u00f3rica, Editorial Gredos, Madrid, 1994, p\u00e1g. 65) La variedad de los auditorios es casi infinita y, de querer adaptarse a todas sus particularidades, el orador se encuentra frente a innumerables problemas. 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