{"id":131,"date":"2008-03-13T16:21:01","date_gmt":"2008-03-13T16:21:01","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/2008\/03\/13\/encomio-de-helena-gorgias\/"},"modified":"2008-03-13T16:21:01","modified_gmt":"2008-03-13T16:21:01","slug":"encomio-de-helena-gorgias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/13\/encomio-de-helena-gorgias\/","title":{"rendered":"Encomio de Helena &#8211;  GORGIAS"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/helenaymenelao.jpg\" alt=\"helenaymenelao.jpg\" width=\"329\" height=\"200\" align=\"right\" hspace=\"10\" \/><br \/>\n<strong>UNIDAD 7<\/strong><br \/>\n<strong>TEXTO FUENTE DE TEXTO<\/strong>\/ Ir a <a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2008\/03\/13\/evolucion-historica-de-la-argumentacion\/\">Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la argumentaci\u00f3n<\/a><br \/>\nOrnato de la ciudad es el coraje varonil, del cuerpo la belleza, del alma la sabidur\u00eda, de la acci\u00f3n la virtud, de la palabra la verdad. Contrario de todo esto es el desorden. Hombre y mujer, palabra y obra, ciudad y acci\u00f3n, lo digno de elogio se debe honrar con el elogio, lo indigno d\u00e9bese cubrir de vituperio. Pues el mismo error y nesciencia es vituperar lo loable, que loar lo vituperable. Empe\u00f1o es del mismo hombre proclamar correctamente el deber y reprobar a quienes vituperaron a Helena, mujer en torno a la cual se ha convertido en unanimidad de palabra y de sentimiento el testimonio de todos los poetas y la fama del nombre convertido en memorial de desgracias.<br \/>\nMi intenci\u00f3n es que, dotando de una cierta l\u00f3gica este discurso, acabe con la acusaci\u00f3n de ella, que tan mala fama tiene; y poniendo de manifiesto la mentira de quienes la vituperan y mostrando la verdad haga cesar la nescencia.<br \/>\nQue por naturaleza y linaje la mujer sobre la cual versa este discurso fue la primera entre los primeros hombres y mujeres, no es desconocido ni aun a pocos. En efecto, es manifiesto que su madre fue Leda y su padre aut\u00e9ntico un dios, el putativo un mortal, T\u00edndaro y Zeus: \u00e9ste, puesto que lo era, lo parec\u00eda; aqu\u00e9l, puesto que lo representaba, era discutido; el primero el m\u00e1s poderoso de los hombres, el segundo el se\u00f1or de todo.<br \/>\nNacida de tales progenitores, posey\u00f3 una belleza parecida a una diosa; la recibi\u00f3, y la posey\u00f3 sin esconder. En much\u00edsimos provoc\u00f3 much\u00edsimos deseos de amor, y con su solo cuerpo excit\u00f3 a muchos cuerpos de hombres de altos designios para altas empresas, unos con grandes riquezas, otros con la gloria de la antigua nobleza, otros con el vigor de la fuerza personal, otros con la fuerza de una sabidur\u00eda adquirida; todos hab\u00edan acudido por un amor codicioso de victoria y por un af\u00e1n invencible de honores. Qui\u00e9n fue, y por qu\u00e9 y c\u00f3mo, aqu\u00e9l que saci\u00f3 su amor cas\u00e1ndose con Helena, no voy a decirlo. En efecto, decir a quien sabe lo que ya sabe produce credibilidad, no produce, empero, satisfacci\u00f3n. Omitir\u00e9, pues, en este discurso, aquella \u00e9poca y abordar\u00e9 el comienzo del discurso que voy a pronunciar, a fin de presentar las razones por las cuales era natural que ocurriese la partida de Helena hacia Troya.<br \/>\nEn efecto, o por disposici\u00f3n de la Suerte, o por disposici\u00f3n de los dioses, o por decreto de la Necesidad, ella lo que hizo, o arrebatada por la violencia, o persuadida por razones, (o cautivada por amor). Si, pues, se debi\u00f3 a la primera causa, el causante merece ser el encausado; ciertamente, el deseo de un dios es imposible de impedir por un prop\u00f3sito humano. De hecho, es natural que el m\u00e1s fuerte no sea obstaculizado por el m\u00e1s feble, sino que el m\u00e1s feble sea dominado y guiado por el m\u00e1s fuerte; el m\u00e1s fuerte gu\u00eda, el m\u00e1s feble sigue. La divinidad es m\u00e1s fuerte que el hombre, en violencia, en sabidur\u00eda, en lo dem\u00e1s. As\u00ed, pues, si hay que imputar la responsabilidad a Fortuna o a un dios, hay que absolver a Helena del deshonor.<br \/>\nSi fue arrebatada por la violencia, si fue forzada contra ley, si fue violentada injustamente, es patente que el raptor es el culpable por haber hecho violencia, y que ella, la raptada, fue infortunada por haber sido violentada. Aquel b\u00e1rbaro, por tanto, que emprendi\u00f3 una empresa b\u00e1rbara, es imputable por la palabra, por la ley y por la acci\u00f3n: por la palabra, que sufra la acusaci\u00f3n, por la ley, la infamia, por la acci\u00f3n, el castigo. Ella, violentada, privada de su patria, hu\u00e9rfana de sus amigos, \u00bfc\u00f3mo no ser\u00e1 con raz\u00f3n antes compadecida que difamada? Aqu\u00e9l hizo cosas terribles, ella las sufri\u00f3. Es justo, entonces, que se la compadezca, \u00e9l que sea odiado.<br \/>\nSi fue la palabra lo que la convenci\u00f3 y enga\u00f1\u00f3 a su alma, tampoco en esto es dif\u00edcil defenderse y disipar la culpa, de la siguiente manera:<br \/>\nLa palabra es un gran soberano que con un cuerpo peque\u00f1\u00edsimo y totalmente invisible realiza acciones divinas. Puede, en efecto, hacer cesar el miedo, eliminar el dolor, provocar el gozo, aumentar la compasi\u00f3n. C\u00f3mo sucede voy a explicarlo. Es preciso que lo explique para la opini\u00f3n de los oyentes. Considero, as\u00ed como lo digo, que cualquier clase de poes\u00eda es un discurso con medida; a quien la escucha penetra un escalofr\u00edo lleno de terror, una compasi\u00f3n que arranca las l\u00e1grimas, una codicia derretida de nostalgia; por efecto de la palabra el alma sufre un sufrimiento peculiar en relaci\u00f3n a la suerte y al fracaso de hechos y personas ajenas.<br \/>\nEa, pues, volvamos al discurso que llevamos. Los hechizos inspirados por medio de las palabras se convierten en creadores de placer, eliminadores de tristeza. Pues, mezclada con la opini\u00f3n, la fuerza del encantamiento del alma la hechiza, persuade y transporta por su seducci\u00f3n.<br \/>\nDos artes de seducci\u00f3n y de hechicer\u00eda se inventaron: son los errores del alma y los enga\u00f1os de la opini\u00f3n. Cu\u00e1ntos han persuadido a cu\u00e1ntos sobre cu\u00e1nto, y siguen persuadiendo forjando un discurso mentiroso. Pues si todo el mundo poseyese de todas las cosas el recuerdo de las pasadas, (la conciencia) de las presentes, la previsi\u00f3n de las futuras, el mismo discurso no ser\u00eda como es: para nadie hay ahora la posibilidad de recordar el pasado ni de examinar el presente ni de adivinar el futuro. De manera que, sobre muchas cuestiones, la mayor parte de la gente entrega su alma a la opini\u00f3n como consejera. La opini\u00f3n, por ser vacilante e insegura, proyecta en quien se sirve de ella unas situaciones vacilantes e inseguras.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 motivo impide, pues, creer que Helena fue impelida por las palabras, pero no por la propia voluntad, como si fuese arrebatada por la violencia? As\u00ed se puede ver la fuerza de la persuasi\u00f3n: no tiene forma de inexorabilidad, pero tiene su potencia. La palabra, pues, que ha persuadido a un alma coacciona al alma que ha persuadido a cumplir los dictados y a consentir en los hechos.<br \/>\nAquel, pues, que persuadi\u00f3 es el culpable, puesto que actu\u00f3 forzando; quien obedeci\u00f3 es in\u00fatilmente difamada puesto que se vio forzada por la palabra. Y puesto que la persuasi\u00f3n, cuando se a\u00f1ade a la palabra, sella el alma como quiere, hay que aprender, en primer lugar, los discursos de los meteor\u00f3logos, los cuales eliminando una opini\u00f3n, construyendo otra, hicieron aparecer a los ojos de la opini\u00f3n cosas incre\u00edbles y obscuras; en segundo lugar, los debates oratorios forzosos en los que un solo discurso, aunque no pronunciado seg\u00fan verdad, pero redactado con arte, deleita y convence a una gran multitud; en tercer lugar, las contiendas de los discursos filos\u00f3ficos: en ellas se pone de manifiesto con qu\u00e9 rapidez el pensamiento hace cambiar las creencias de la opini\u00f3n. Hay una analog\u00eda entre la potencia del discurso y la regulaci\u00f3n del alma, y entre la regulaci\u00f3n de las medicinas eliminan de los cuerpos ciertos humores y otras otros, y unas pueden hacer cesar el dolor, pero otras la vida, as\u00ed mismo, unos discursos pueden provocar pena, otros deleite, otros terror, otros disponen a los oyentes a la valent\u00eda, otros, con una cierta persuasi\u00f3n nefasta, drogar y seducir el alma.<br \/>\nEntonces, ha sido demostrado que si se la persuadi\u00f3 con la palabra, ella no es culpable, sino infortunada.<br \/>\nPero expondr\u00e9 la cuarta causa con un cuarto razonamiento. Si fue, efectivamente, amor quien produjo todas estas cosas, no ser\u00e1 dif\u00edcil que sea absuelta de la culpa que se le imputa. La naturaleza de las cosas que vemos no es como nosotros queremos, sino tal como cupo a cada cosa. Por la vista el alma recibe una impresi\u00f3n de acuerdo con lo que son las circunstancias. Por ejemplo, si la vista repara en enemigos armados de bronce y de acero, el uno para la defensa, el otro para el ataque, se perturba y perturba el alma, hasta tal punto que a menudo, aterrorizados, huyen del peligro como si fuese inminente. Pues la fuerza de costumbre se ve percutida por el miedo producido por la vista, la cual, cuando se presenta, hace descuidar la belleza que proviene de la ley y el bien que nace de la victoria. Algunos, al ver cosas pavorosas, en aquel instante pierden las entendederas que todav\u00eda conservan: hasta tal punto el terror sofoca y elimina el intelecto. Muchos fueron a caer en vanos afanes, en terribles enfermedades, en locuras incurables: de esta manera la vista imprimi\u00f3 en la conciencia las im\u00e1genes de las cosas vistas. Prescindo de muchas cosas espantables; aquellas de las que prescindo son como aquellas de las que he hablado.<br \/>\nAdem\u00e1s, los pintores, cuando a partir de muchos colores y vol\u00famenes llegan a dar perfecta forma a un solo cuerpo y a una sola figura, deleitan la vista; la creaci\u00f3n de estatuas humanas y el tallado de esculturas divinas procuran un placentero espect\u00e1culo a los ojos. As\u00ed tambi\u00e9n, ciertas cosas producen naturalmente dolor a los ojos, otras los atraen. Muchas cosas en muchos consiguen forjar amor y deseo de muchos objetos y personas. As\u00ed, pues, si la visi\u00f3n de Helena al gozar del cuerpo de Alejandro provoc\u00f3 en su alma un deseo y un impulso de amor, \u00bfqu\u00e9 maravilla hay? Si el amor es un dios que tiene la fuerza divinal de los dioses, \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 capaz, qui\u00e9n es m\u00e1s feble de eliminarlo y precaverse? Si es una enfermedad humana y una ignorancia del alma, no hemos de recriminarlo como una falta, sino considerarlo como una desgracia. Pues llega como llega, por saqueos de fortuna y no por decisi\u00f3n de la inteligencia, por ineluctabilidad del amor, no por artificiosas componendas.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo, pues, se puede tener por justo el vituperio de Helena, la cual, tanto si hizo lo que hizo plenamente enamorada o persuadida por un discurso o raptada por la violencia, o bien forzada por una fuerza divina, ha de ser absuelta totalmente de la culpa? ineluctable<br \/>\nElimin\u00e9 con este discurso el deshonor de una mujer, me mantuve en la norma que hab\u00eda establecido al iniciar el discurso. Intent\u00e9 abolir la injusticia del vituperio y la nescencia de la opini\u00f3n. Quise escribir este discurso como un elogio de Helena, como un juego para m\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNIDAD 7 TEXTO FUENTE DE TEXTO\/ Ir a Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la argumentaci\u00f3n Ornato de la ciudad es el coraje varonil, del cuerpo la belleza, del alma la sabidur\u00eda, de la acci\u00f3n la virtud, de la palabra la verdad. Contrario de todo esto es el desorden. 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