{"id":1259,"date":"2014-05-28T20:14:32","date_gmt":"2014-05-28T20:14:32","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/programa\/?p=1259"},"modified":"2014-05-28T20:14:32","modified_gmt":"2014-05-28T20:14:32","slug":"la-distancia-de-la-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/2014\/05\/28\/la-distancia-de-la-luna\/","title":{"rendered":"La distancia de la luna"},"content":{"rendered":"<p>( Las Cosmic\u00f3micas, 1965. Italo Calvino)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2014\/05\/italo-calvino-cosmic\u00f3micas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/programa\/files\/2014\/05\/italo-calvino-cosmic\u00f3micas.jpg\" alt=\"italo-calvino-cosmic\u00f3micas\" width=\"112\" height=\"172\" class=\"alignleft size-full wp-image-1260\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Hubo un tiempo, seg\u00fan Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empuj\u00e1ndola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energ\u00eda.<\/em><br \/>\n<!--more--><\/p>\n<p> \u00a1Claro que lo s\u00e9 \u2013exclam\u00f3 el viejo Qfwfq\u2013, ustedes no pueden acordarse, pero yo s\u00ed. La ten\u00edamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio \u2013noches claras como de d\u00eda, pero con una luz color manteca\u2013 parec\u00eda que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parec\u00eda a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse all\u00ed anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las \u00f3rbitas, y la inclinaci\u00f3n de no recuerdo qu\u00e9; adem\u00e1s, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los hab\u00eda a cada rato, imag\u00ednense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.<br \/>\n\u00bfLa \u00f3rbita? El\u00edptica, naturalmente, el\u00edptica; por momentos se nos echaba encima, por momentos remontaba vuelo. Las mareas, cuando la Luna estaba m\u00e1s baja, sub\u00edan que no hab\u00eda quien las sujetara. Eran noches de plenilunio bajo bajo y de marea alta alta y si la Luna no se mojaba en el mar era por un pelo, digamos, por pocos metros. \u00bfSi nunca hab\u00edamos tratado de subirnos? \u00a1C\u00f3mo no! Bastaba llegar justo debajo con la barca, apoyar una escalera y arriba.<br \/>\nEl punto donde la Luna pasaba m\u00e1s bajo estaba en mar abierto, en los Escollos de Zinc. Ibamos en esas barquitas de remos que se usaban entonces, redondas y chatas, de corcho. \u00c9ramos varios: yo, el capit\u00e1n Vhd Vhd, su mujer, mi primo el sordo y a veces la peque\u00f1a Xlthlx, que entonces tendr\u00eda doce a\u00f1os. El agua estaba aquellas noches tranquil\u00edsima, plateada que parec\u00eda mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no pod\u00edan resistir a la atracci\u00f3n de la Luna y sal\u00edan todos a la superficie, y tambi\u00e9n pulpos y medusas de color azafr\u00e1n. Hab\u00eda siempre un vuelo de animalitos menudos \u2013peque\u00f1os cangrejos, calamares y tambi\u00e9n algas livianas y di\u00e1fanas y plantitas de coral\u2013 que se despegaban del mar y termnaban en la Luna, colgando de aquel techo calc\u00e1reo, o se quedaban all\u00ed en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyent\u00e1bamos agitando hojas de banano.<br \/>\nNuestro trabajo era as\u00ed: en la barca llev\u00e1bamos una escalera; uno la sosten\u00eda, otro sub\u00eda y otro le daba a los remos hasta llegar debajo de la Luna; por eso ten\u00edamos que ser tantos (s\u00f3lo he nombrado a los principales). El que estaba en la cima de la escalera, cuando la barca se acercaba a la Luna gritaba espantado: &#8220;\u00a1Alto! \u00a1Alto! \u00a1Me voy a pegar un cabezazo!&#8221; Era la impresi\u00f3n que daba vi\u00e9ndola encima tan inmensa, tan erizada de espinas filosas y bordes mellados y dentados. Ahora quiz\u00e1 sea distinto, pero entonces la Luna, o mejor dicho el fondo, el vientre de la Luna, en fin, la parte que pasaba m\u00e1s arrimada a la Tierra hasta casi rozarla, estaba cubierta de una costra de escamas puntiagudas. Al vientre de un pez se parec\u00eda y tambi\u00e9n el olor, por lo que recuerdo, era si no exactamente de pescado, apenas m\u00e1s leve, como de salm\u00f3n ahumado.<br \/>\nEn realidad, desde lo alto de la escalera se llegaba justo a tocarla extendiendo los brazos, de pie, en equilibrio sobre el \u00faltimo pelda\u00f1o. Hab\u00edamos tomado bien las medidas (todav\u00eda no sospech\u00e1bamos que se estaba alejando); en lo \u00fanico que hab\u00eda que fijarse bien era en la forma de poner las manos. Yo eleg\u00eda una escama que pareciera s\u00f3lida (nos tocaba subir a todos, por turno, en tandas de cinco o seis), me agarraba con una mano, despu\u00e9s con la otra e inmediatamente sent\u00eda que escalera y barca se me escapaban y el movimiento de la Luna me arrancaba a la atracci\u00f3n terrestre. S\u00ed, la Luna ten\u00eda una fuerza que te arrastraba, lo sent\u00edas en aquel momento de paso entre una y otra; hab\u00eda que incorporarse de repente, con una especie de cabriola, aferrarse a las escamas, alzar las piernas para encontrarse de pie en el fondo lunar. Visto desde la Tierra parec\u00edas colgado cabeza abajo, pero para ti era la misma posici\u00f3n de siempre, y lo \u00fanico extra\u00f1o era, al alzar los ojos, verte encima la capa del mar luciente con la barca y los amigos patas arriba, balance\u00e1ndose como un racimo de sarmiento.<br \/>\n En aquellos saltos el que desplegaba un gran talento era mi primo el sordo. Sus toscas manos, apenas tocaban la superficie lunar (era siempre el primero que saltaba la escalera), se volv\u00edan de pronto suaves y seguras. Encontraban en seguida el punto a que deb\u00edan agarrarse para izarse, y parec\u00eda que le bastaba la presi\u00f3n de las palmas para adherirse a la corteza del sat\u00e9lite. Una vez tuve realmente la impresi\u00f3n de que la Luna se le acercaba cuando \u00e9l le tend\u00eda las manos.<br \/>\nIgualmente h\u00e1bil era en el descenso a Tierra, operaci\u00f3n m\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda. Para nosotros consist\u00eda en un salto en alto, lo m\u00e1s alto posible, con los brazos levantados (visto desde la Luna, porque visto desde la Tierra en cambio se parec\u00eda m\u00e1s a una zambullida, o a nadar en profundidad, con los brazos colgando), en fin, igual al salto desde la Tierra, s\u00f3lo que ahora faltaba la escalera porque en la Luna no hab\u00eda nada donde apoyarla. Pero mi primo, en vez de echarse con los brazos adelante, se inclinaba sobre la superficie lunar con la cabeza hacia abajo como para una cabriola, y se pon\u00eda a dar saltos haciendo fuerza con las manos. Desde la barca lo ve\u00edamos de pie en el aire como si sostuviera la enorme pelota de la Luna y la hiciera rebotar golpe\u00e1ndola con las manos, hasta que sus piernas quedaban a nuestro alcance y consegu\u00edamos atraparlo por los tobillos y bajarlo a bordo.<br \/>\nAhora me preguntar\u00e1n ustedes qu\u00e9 diablos \u00edbamos a hacer en la Luna, y les explico. Ibamos a recoger leche, con una gran cuchara y un balde. La leche lunar era muy densa, como una especie de reques\u00f3n. Se formaba en los intersticios entre escama y escama por la fermentaci\u00f3n de diversos cuerpos y sustancias de origen terrestre, procedentes de los prados y montes y lagunas que el sat\u00e9lite sobrevolaba. Se compon\u00eda esencialmente de: jugos vegetales, renacuajos, asfalto, lentejas, miel de abejas, cristales de almid\u00f3n, huevos de esturi\u00f3n, mohos, pollitos, sustancias gelatinosas, gusanos, resinas, pimienta, sales minerales, material de combusti\u00f3n. Bastaba meter la cuchara debajo de las escamas que cubr\u00edan el suelo costroso de la Luna para retirarla llena de aquel precioso lodo. No en estado puro, claro; las escorias eran muchas: en la fermentaci\u00f3n (la Luna atravesaba extensiones de aire t\u00f3rrido sobre los desiertos) no todos los cuerpos se fund\u00edan; algunos permanec\u00edan hincados all\u00ed: u\u00f1as y cart\u00edlagos, clavos, hipocampos, carozos y ped\u00fanculos, pedazos de loza, anzuelos de pescar, a veces hasta un peine. De modo que ese pur\u00e9, despu\u00e9s de recogido, hab\u00eda que descremarlo, pasarlo por un colador. Pero la dificultad no era \u00e9sa, sino c\u00f3mo enviarlo a la Tierra. Se hac\u00eda as\u00ed: cada cucharada se disparaba hacia arriba manejando la cuchara como una catapulta, con las dos manos. El reques\u00f3n volaba y si el tiro era bastante fuerte iba a estrellarse en el techo, es decir, en la superficie marina. Una vez all\u00ed quedaba flotando y recogerlo desde la barca era f\u00e1cil. Tambi\u00e9n en estos lanzamientos mi primo el sordo desplegaba una particular habilidad; ten\u00eda pulso y punter\u00eda; con un golpe decidido consegu\u00eda centrar su tiro en un balde que le tend\u00edamos desde la barca. En cambio yo a veces erraba el tiro; la cucharada no consegu\u00eda vencer la atracci\u00f3n lunar y me ca\u00eda en un ojo.<br \/>\nTodav\u00eda no les he dicho todo sobre las operaciones en que mi primo se destacaba. Aquel trabajo de exprimir leche lunar de las escamas era para \u00e9l una especie de juego; en lugar de la cuchara a veces le bastaba meter debajo de las escamas la mano desnuda o s\u00f3lo un dedo. No proced\u00eda con orden sino en puntos aislados, yendo de uno a otro a saltos, como si quisiera hacer bromas a la Luna, darle sorpresas o directamente hacerle cosquillas. Y donde \u00e9l met\u00eda la mano saltaba el chorro de leche como de las ubres de una cabra. Tanto que nos bastaba irle detr\u00e1s y recoger con las cucharas la sustancia que aqu\u00ed y all\u00e1 hac\u00eda rezumar, pero siempre como por casualidad, porque los itinerarios del sordo no parec\u00edan responder a ning\u00fan prop\u00f3sito pr\u00e1ctico definido. Hab\u00eda puntos, por ejemplo, que tocaba solamente por el gusto de tocarlos: intersticios entre escama y escama, pliegues desnudos y tiernos de la pulpa lunar. A veces mi primo apretaba, no con los dedos de la mano, sino \u2013en un impulso bien calculado de sus saltos\u2013 con el dedo gordo del pie (sub\u00eda a la Luna descalzo) y parec\u00eda que aquello fuera para \u00e9l el colmo de la diversi\u00f3n, a juzgar por el ga\u00f1ido que emit\u00eda su \u00favula, y los nuevos saltos que segu\u00edan.<br \/>\n El suelo de la Luna no era uniformemente escamoso, sino que mostraba zonas desnudas irregulares de una resbalosa arcilla p\u00e1lida. Al sordo esos espacios suaves le daban antojos de cabriolas o de vuelos casi de p\u00e1jaro, como si quisiera incrustarse en la pasta lunar con toda su persona. Como se iba alejando, en cierto momento lo perd\u00edamos de vista. En la Luna se extend\u00edan regiones que nunca hab\u00edamos tenido motivo o curiosidad de explorar, y all\u00ed desaparec\u00eda mi primo; y a m\u00ed se me hab\u00eda ocurrido que todas aquellas cabriolas y pellizcos en que se desahogaba delante de nuestros ojos s\u00f3lo eran una preparaci\u00f3n, un preludio a algo secreto que deb\u00eda desarrollarse en las zonas ocultas.<br \/>\n Un humor especial era el nuestro, en aquellas noches de los Escollos de Zinc, alegre pero un poco expectante, como si dentro del cr\u00e1neo sinti\u00e9ramos, en lugar del cerebro, un pez que flotara atra\u00eddo por la Luna. Y as\u00ed naveg\u00e1bamos haciendo m\u00fasica y cantando. La mujer del capit\u00e1n tocaba el arpa; ten\u00eda brazos largu\u00edsimos, plateados aquellas noches como anguilas, y axilas oscuras y misteriosas como erizos marinos; y el sonido del arpa era tan dulce y agudo, tan dulce y agudo, que casi no se pod\u00eda sopobar, y ten\u00edamos que lanzar grandes gritos, no tanto para acompa\u00f1ar la m\u00fasica como para protegernos el o\u00eddo.<br \/>\nMedusas transparentes afloraban a la superficie marina, vibraban un poco, echaban a volar hacia la Luna ondulando. La peque\u00f1a Xlthlx se divert\u00eda atrap\u00e1ndolas en el aire, pero no era f\u00e1cil. Una vez, al tender los bracitos para agarrar una, dio un peque\u00f1o salto y se encontr\u00f3 tambi\u00e9n suspendida. Como era flaquita le faltaban algunas onzas para que la gravedad la devolviera a la Tierra venciendo la atracci\u00f3n lunar, as\u00ed que volaba entre las medusas colgando sobre el mar. De pronto se asust\u00f3, se ech\u00f3 a llorar, despu\u00e9s se ri\u00f3 y se puso a jugar atrapando al vuelo crust\u00e1ceos y pececitos, llev\u00e1ndose algunos a la boca y mordisque\u00e1ndolos. Nosotros naveg\u00e1bamos sigui\u00e9ndola; la Luna corr\u00eda por su elipse arrastrando aquel enjambre de fauna marina por el cielo, y una cola de algas ensortijadas, y la ni\u00f1a suspendida en el medio. Ten\u00eda dos trencitas delgadas, Xlthlx, que parec\u00edan volar por su cuenta, tendidas hacia la Luna; pero entre tanto pataleaba, daba puntapi\u00e9s al aire como si quisiera combatir aquel influjo, y los calcetines \u2013hab\u00eda perdido las sandalias en el vuelo\u2013 se le escurr\u00edan de los pies y colgaban atra\u00eddos por la fuerza terrestre. Nosotros subidos a la escalera trat\u00e1bamos de agarrarlos.<br \/>\nAquello de ponerse a comer los animalitos suspendidos hab\u00eda sido una buena idea; cuanto m\u00e1s aumentaba el peso de Xlthlx, m\u00e1s bajaba hacia la Tierra; adem\u00e1s, como entre aquellos cuerpos suspendidos el suyo era el de mayor masa, moluscos y algas y plancton empezaron a gravitar sobre ella y en seguida la ni\u00f1a qued\u00f3 cubierta de min\u00fasculas c\u00e1scaras sil\u00edceas, caparazones quitinosos, carapachos y filamentos de hierbas marinas. Y cuanto m\u00e1s se perd\u00eda en esa mara\u00f1a, m\u00e1s iba libr\u00e1ndose del influjo lunar, hasta que roz\u00f3 la superficie del agua y se zambull\u00f3.<br \/>\n Remamos r\u00e1pido para recogerla y socorrerla; su cuerpo estaba imantado y tuvimos que esmerarnos para quitarle todo lo que se le hab\u00eda incrustado. Corales tiernos le envolv\u00edan la cabeza, y del pelo, cada vez que pasaba el peine, llov\u00edan anchoas y camarones; los ojos estaban tapados por caparazones de lapas que se pegaban a los p\u00e1rpados con sus ventosas; tent\u00e1culos de sepias se enroscaban alrededor de los brazos y el cuello; la chaquetita parec\u00eda entretejida s\u00f3lo de algas y de esponjas. Le quitamos lo m\u00e1s gordo; y durante semanas ella sigui\u00f3 despeg\u00e1ndose mejillones y conchillas, pero la piel marcada por menud\u00edsimas diatomeas, eso le qued\u00f3 para siempre, bajo la apariencia \u2013para quien no lo observaba bien\u2013 de un sutil polvillo de lunares.<br \/>\n As\u00ed de disputado era el intersticio entre Tierra y Luna por los dos influjos que se equilibraban. Dir\u00e9 m\u00e1s: un cuerpo que bajaba a Tierra desde el sat\u00e9lite permanec\u00eda por alg\u00fan tiempo cargado de fuerza lunar y se negaba a la atracci\u00f3n de nuestro mundo. Incluso yo, a pesar de ser alto y gordo, cada vez que hab\u00eda estado all\u00e1 tardaba en acostumbrarme de nuevo al arriba y al abajo terrestres, y los amigos ten\u00edan que atraparme por los brazos y retenerme a la fuerza, colgados en racimo de la barca oscilante mientras yo, cabeza abajo, segu\u00eda estirando las piernas hacia el cielo.<br \/>\n \u2013\u00a1Ag\u00e1rrate! \u00a1Ag\u00e1rrate fuerte a nosotros!&#8217;\u2013me gritaban, y yo en aquel braceo a veces terrninaba por aferrar un pecho de la se\u00f1ora Vhd Vhd, que los ten\u00eda redondos y macizos, y el contacto era bueno y seguro; ejerc\u00eda una atracci\u00f3n igual o m\u00e1s fuerte que la de la Luna, sobre todo si en mi bajada de cabeza consegu\u00eda con el otro brazo ce\u00f1irle las caderas; y as\u00ed pasaba de nuevo a este mundo y ca\u00eda de golpe en el fondo de la barca, y el capit\u00e1n Vhd Vhd para reanimarme me arrojaba encima un cubo de agua.<br \/>\n As\u00ed empez\u00f3 la historia de mi enamoramiento de la mujer del capit\u00e1n, y de mis sufrimientos. Porque no tard\u00e9 en notar a qui\u00e9n se dirig\u00edan las miradas m\u00e1s tercas de la se\u00f1ora: cuando las manos de mi primo se posaban seguras en el sat\u00e9lite, yo le clavaba la vista y en su mirada le\u00eda los pensamientos que aquella confianza entre el sordo y la Luna le iba suscitando, y cuando \u00e9l desaparec\u00eda en sus misteriosas exploraciones lunares ve\u00eda que se inquietaba, estaba como sobre ascuas y entonces todo me resultaba claro: c\u00f3mo la se\u00f1ora Vhd Vhd se iba poniendo celosa de la Luna y yo celoso de mi primo. Ten\u00eda ojos de diamante la se\u00f1ora Vhd Vhd, llameaban cuando miraba la Luna, casi en desaf\u00edo, como si dijera: &#8220;\u00a1No lo conseguir\u00e1s!&#8221; Y yo me sent\u00eda excluido.<br \/>\n De todo esto el que menos se daba por enterado era el sordo. Cuando le ayud\u00e1bamos a bajar tir\u00e1ndole \u2013como ya les he explicado\u2013 de las piernas, la se\u00f1ora Vhd Vhd perd\u00eda todo recato prodig\u00e1ndose, ech\u00e1ndole encima el peso de su persona, envolvi\u00e9ndolo en sus largos brazos plateados; yo sent\u00eda una punzada en el coraz\u00f3n (las veces que yo me agarraba a ella, su cuerpo era d\u00f3cil y amable, pero no se echaba hacia adelante como con mi primo), mien tras \u00e9l parec\u00eda indiferente, perdido todav\u00eda en su arrobamiento lunar.<br \/>\n Yo miraba al capit\u00e1n, pregunt\u00e1ndome si tambi\u00e9n \u00e9l notaba el comportamiento de su mujer; pero ninguna expresi\u00f3n pasaba jam\u00e1s por aquella cara roja de salitre, surcada de arrugas embreadas. Como el sordo era siempre el \u00faltimo en despegarse de la Luna, su descenso era la se\u00f1al de partida para las barcas. Entonces, con un gesto ins\u00f3litamente amable, Vhd Vhd recog\u00eda el arpa del fondo de la barca y la tend\u00eda a su mujer. Ella estaba obligada a tomarla y a sacar algunas notas. Nada pod\u00eda separarla m\u00e1s del sordo que el sonido del arpa. Yo empezaba a entonar aquella canci\u00f3n melanc\u00f3lica que dice: &#8220;Flotan flotan los peces lucientes y los oscuros se van al fondo&#8230;&#8221; y todos, menos mi primo, me hac\u00edan coro.<br \/>\n Todos los meses, apenas hab\u00eda pasado el sat\u00e9lite, el sordo volv\u00eda a su aislado desapego de las cosas del mundo; s\u00f3lo la cercan\u00eda del plenilunio lo despertaba. Aquella vez yo me las hab\u00eda ingeniado para no formar parte de los que sub\u00edan y quedarme en la barca, junto a la mujer del capit\u00e1n. Y apenas mi primo hab\u00eda trepado a la escalera, la se\u00f1ora Vhd Vhd dijo:<br \/>\n \u2013\u00a1Hoy quiero ir yo tambi\u00e9n all\u00e1 arriba!<br \/>\n Nunca hab\u00eda ocurrido que la mujer del capit\u00e1n subiera a la Luna. Pero Vhd Vhd no se opuso, al contrario, casi la levant\u00f3 en vilo poni\u00e9ndola en la escalera, exclamando: \u2013\u00a1Pues anda!\u2013 y todos empezamos a ayudarla y yo la sosten\u00eda de atr\u00e1s, y la sent\u00eda en mis brazos redonda y suave, y para empujarla apretaba contra ella las palmas y la cara, y cuando la sent\u00ed subirse a la esfera lunar me dio tanta congoja aquel contacto perdido, que trat\u00e9 de irme tras ella deciendo:<br \/>\n \u2013\u00a1Yo tambi\u00e9n voy un rato arriba a dar una mano!<br \/>\n Algo como una morsa me detuvo.<br \/>\n \u2013T\u00fa te quedas aqu\u00ed, que tambi\u00e9n hay que hacer \u2013me orden\u00f3, sin levantar la voz, el capit\u00e1n Vhd Vhd.<br \/>\n Las intenciones de cada uno ya eran claras en aquel momento. Y sin embargo yo no entend\u00eda, y todav\u00eda hoy no estoy seguro de haber interpretado todo exactamente. Claro que la mujer del capit\u00e1n hab\u00eda alimentado largamente el deseo de apartarse all\u00e1 arriba con mi primo (o por lo menos, de no dejar que \u00e9l se apartase solo con la Luna), pero probablemente su plan ten\u00eda un objetivo m\u00e1s ambicioso, que deb\u00eda de haber sido urdido en inteligencia con el sordo: esconderse juntos all\u00e1 arriba y quedarse en la Luna un mes. Pero puede ser que mi primo, como era sordo, no hubiese entendido nada de lo que ella hab\u00eda tratado de explicarle, o que directamente no se hubiera dado cuenta siquiera de ser objeto de los deseos de la se\u00f1ora. \u00bfY el capit\u00e1n? No esperaba m\u00e1s que liberarse de su mujer, tanto que apenas ella qued\u00f3 confinada all\u00e1 arriba, vimos que se abandonaba a sus inclinaciones y se hund\u00eda en el vicio, y entonces comprendimos por qu\u00e9 no hab\u00eda hecho nada por retenerla. \u00bfPero sab\u00eda \u00e9l desde el principio que la \u00f3rbita de la Luna se iba agrandando?<br \/>\n Ninguno de nosoeros pod\u00eda sospecharlo. El sordo, quiz\u00e1 \u00fanicamente el sordo: de la manera larval en que sab\u00eda las cosas, hab\u00eda presentido que aquella noche le tocaba despedirse de la Luna. Por eso se escondi\u00f3 en sus lugares secretos y s\u00f3lo reapareci\u00f3 para volver a bordo. Y fue in\u00fatil que la mujer del capit\u00e1n lo siguiera: vimos que atravesaba la extensi\u00f3n escamosa varias veces, a lo largo y a lo ancho, y de golpe se detuvo mirando a los que hab\u00edamos permanecido en la barca, casi a punto de preguntarnos si lo hab\u00edamos visto.<br \/>\n Claro que hab\u00eda algo ins\u00f3lito aquella noche. La superficie del mar, aunque tensa como siempre que hab\u00eda plenilunio y hasta casi arqueada hacia el cielo, ahora parec\u00eda relajarse, floja, como si el im\u00e1n lunar no ejerciera toda su fuerza. Y sin embargo no se hubiera dicho que la luz era la misma de los otros plenilunios, como por un espesarse de la tiniebla nocturna. Hasta los compa\u00f1eros, arriba, debieron de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, pues alzaron hacia nosotros ojos despavoridos. Y de sus bocas y las nuestras, en el mismo momento, sali\u00f3 un grito:<br \/>\n \u2013\u00a1La Luna se aleja!<br \/>\n Todav\u00eda no se hab\u00eda apagado este grito cuando en la Luna apareci\u00f3 mi primo corriendo. No parec\u00eda asustado, ni siquiera sorprendido; pos\u00f3 las manos en el suelo para la cabriola de siempre, pero esta vez despu\u00e9s de lanzarse al aire se qued\u00f3 all\u00ed, suspendido, como ya le hab\u00eda sucedido a la peque\u00f1a Xlthlx, dio volteretas por un momento entre Luna y Tierra, se puso cabeza abajo y con un esfuerzo de los brazos como el que nadando debe vencer una corriente, se dirigi\u00f3, con ins\u00f3lita lentitud, hacia nuestro planeta.<br \/>\n Desde la Luna los otros marineros se apresuraron a seguir su ejemplo. Ninguno pensaba en hacer llegar a la barca la leche recogida, ni el capit\u00e1n los amonestaba por eso. Ya hab\u00edan esperado demasiado, la distancia era ahora dif\u00edcil de atravesar; por m\u00e1s que trataban de imitar el vuelo o la nataci\u00f3n de mi primo, se quedaron gesticulando, suspendidos en medio del cielo. \u2013\u00a1Aprieten filas, imb\u00e9ciles, aprieten filas! \u2013grit\u00f3 el capit\u00e1n. A su orden, los marineros trataron de reagruparse, de juntarse, de pujar todos juntos para llegar a la zona de atracci\u00f3n terrestre, hasta que de pronto una cascada de cuerpos se zambull\u00f3 en el mar.<br \/>\n Ahora las barcas remaban para recogerlos. \u2013\u00a1Esperen! \u00a1Falta la se\u00f1ora! \u2013grit\u00e9. La mujer del capit\u00e1n tambi\u00e9n hab\u00eda intentado el salto pero hab\u00eda quedado suspendida a pocos metros de la Luna y mov\u00eda muellemente los brazos plateados en el aire. Me trep\u00e9 a la escalerilla y en el vano intento de ofrecerle un asidero le tend\u00eda el arpa. \u2013\u00a1No llego! \u00a1Hay que ir a buscarla! \u2013y trat\u00e9 de lanzarme blandiendo el arpa. Sobre m\u00ed, el enorme disco lunar no parec\u00eda ya el mismo de antes, tanto se hab\u00eda achicado, y ahora se iba contrayendo cada vez m\u00e1s como si fuese mi morada la que lo alejaba, y el cielo desocupado se abr\u00eda como un abismo en cuyo fondo las eserellas se iban multiplicando y la noche se volcaba sobre m\u00ed como un r\u00edo de vac\u00edo, me inundaba de zozobra y de v\u00e9rtigo.<br \/>\n &#8220;\u00a1Tengo miedo! \u2013pens\u00e9\u2013. \u00a1Tengo demasiado miedo para tirarme! \u00a1Soy un cobarde!&#8221; y en aquel momento me tir\u00e9. Nadaba por el cielo furiosamente, tend\u00eda el arpa hacia ella, y ella en vez de venir a mi encuentro se volv\u00eda sobre s\u00ed misma mostr\u00e1ndome ya la cara, ya el trasero.<br \/>\n \u2013\u00a1Un\u00e1monos! \u2013grit\u00e9, y ya la alcanzaba y la aferraba por la cintura y enlazaba mis miembros con los suyos\u2013. \u00a1Un\u00e1monos y caigamos juntos! \u2013y concentraba mis fuerzas en unirme m\u00e1s estrechamente a ella, y mis sensaciones en gustar la plenitud de aquel abrazo. Tanto que tard\u00e9 en darme cuenta de que estaba arranc\u00e1ndola de su estado de suspensi\u00f3n, pero para hacerla caer en la Luna. \u00bfNo me di cuenta? \u00bfO \u00e9sta hab\u00eda sido desde el principio mi intenci\u00f3n? Todav\u00eda no hab\u00eda conseguido formular un pensamiento y ya un grito irrump\u00eda de mi garganta: \u2013\u00a1Yo soy el que se quedar\u00e1 contigo un mes! \u2013y\u2013 \u00a1Sobre ti! \u2013gritaba en mi excitaci\u00f3n\u2013: \u00a1Yo sobre ti un mes! \u2013y en aquel momento la ca\u00edda en el cielo lunar hab\u00eda disuelto nuestro abrazo, nos hab\u00eda hecho rodar a m\u00ed aqu\u00ed y a ella all\u00e1 entre las fr\u00edas escamas.<br \/>\n Alc\u00e9 los ojos como cada vez que tocaba la corteza de la Luna, seguro de encontrar encima de m\u00ed el nativo mar como un techo desmesurado, y lo vi, s\u00ed, lo vi esta vez, \u00a1pero cu\u00e1nto m\u00e1s alto, y cu\u00e1n exiguamente limitado por sus contornos de costas y escollos y promontorios, y qu\u00e9 peque\u00f1as parec\u00edan las barcas e irreconocibles las caras de los compa\u00f1eros y d\u00e9biles sus gritos! Me lleg\u00f3 un sonido poco distante: la se\u00f1ora Vhd Vhd hab\u00eda encontrado su arpa y la acariciaba insinuando un acorde apesadumbrado como un llanto.<br \/>\n Comenz\u00f3 un largo mes. La Luna giraba lenta en torno a la Tierra. En el globo suspendido ve\u00edamos no ya nuestra orilla familiar sino el transcurrir de oc\u00e9anos profundos como abismos, y desiertos de lapilli incandescentes, y continentes de hielo, y selvas culebreantes de reptiles, y las paredes de roca de las cadenas monta\u00f1osas cortadas por el filo de los r\u00edos impetuosos, y ciudades palustres, y necr\u00f3polis de tosca, y reinos de arcilla y fango. La lejan\u00eda untaba todas las cosas del mismo color; manadas de elefantes y mangas de langosta recorr\u00edan las llanuras tan igualmente vastas y densas y tupidas que no se diferenciaban.<br \/>\n Deb\u00eda haber sido feliz: como en mis sue\u00f1os estaba solo con ella, la intimidad con la Luna tantas veces envidiada a mi primo y la de la se\u00f1ora Vhd Vhd eran ahora mi exclusivo privilegio, un mes de d\u00edas y noches lunares se extend\u00eda ininterrumpido delante de nosotros, la corteza del sat\u00e9lite nos nutr\u00eda con su leche de sabor \u00e1cido y familiar, nuestra mirada se alzaba hacia el mundo donde hab\u00edamos nacido, finalmente recorrido en toda su multiforme extensi\u00f3n, explorado en paisajes jam\u00e1s vistos por ning\u00fan terr\u00e1queo, o contemplaba las estrellas m\u00e1s all\u00e1 de la Luna, grandes como frutas de luz maduras en los curvos ramos del cielo, y todo superaba las esperanzas m\u00e1s luminosas, y en cambio, en cambio era el exilio.<br \/>\n No pensaba m\u00e1s que en la Tierra. La Tierra era la que hac\u00eda que cada uno fuera \u00e9se y no otro; aqu\u00ed arriba, arrancado de la Tierra, era como si yo no fuese yo, ni ella para m\u00ed ella. Estaba ansioso por volver a la Tierra, y temblaba de miedo de haberla perdido. El cumplimiento de mi sue\u00f1o de amor hab\u00eda durado s\u00f3lo el instante en que nos hab\u00edamos unido rodando entre Tierra y Luna; privado de su suelo terrestre, mi enamoramiento s\u00f3lo conoc\u00eda ahora la nostalgia desgarradora de aquello que nos faltaba: un d\u00f3nde, un alrededor, un antes, un despu\u00e9s. Esto era lo que yo sent\u00eda. \u00bfY ella? Al pregunt\u00e1rselo estaba dividido en mis temores. Porque si tami\u00e9n ella s\u00f3lo pensaba en la Tierra, pod\u00eda ser una buena se\u00f1al, se\u00f1al de que hab\u00eda llegado finalmente a un entendimiento conmigo, pero pod\u00eda ser tambi\u00e9n se\u00f1al de que todo hab\u00eda sido in\u00fatil, de que \u00fanicamente al sordo segu\u00edan apuntando sus deseos. En cambio, nada. No alzaba jam\u00e1s la mirada al viejo planeta, andaba p\u00e1lida por aquellas landas murmurando cantinelas y acariciando el arpa, como ensimismada en su provisional (as\u00ed cre\u00eda yo) condici\u00f3n lunar. \u00bfEra se\u00f1al de que hab\u00eda vencido a mi rival? No; hab\u00eda perdido; una derrota desesperada. Porque ella hab\u00eda comprendido que el amor de mi primo era s\u00f3lo para la Luna, y lo \u00fanico que quer\u00eda ahora era convertirse en Luna, asimilarse al objeto de aquel amor extrahumano.<br \/>\n Cumplido que hubo la Luna su vuelta del planeta, nos encontramos de nuevo sobre los Escollos de Zinc. Con estupor los reconoc\u00ed: ni siquiera en mis m\u00e1s negras previsiones me hab\u00eda esperado verlos tan empeque\u00f1ecidos por la distancia. En aquel mar como un charco los compa\u00f1eros hab\u00edan vuelto a navegar sin la escalera ahora in\u00fatil, pero desde las barcas se alz\u00f3 como una selva de largas lanzas; cada uno bland\u00eda la suya, provista en la punta de un arp\u00f3n o garfio, quiz\u00e1 con la esperanza de raspar todav\u00eda un poco del \u00faltimo reques\u00f3n lunar y quiz\u00e1 de tendernos a nosotros, pobres desgraciados de aqu\u00ed arriba, alguna ayuda.<br \/>\n Pero en seguida se vio claramente que no hab\u00eda p\u00e9rtiga bastante larga para alcanzar la Luna, y cayeron, rid\u00edculamente cortas, humilladas, para flotar en el mar; y alguna barca en aquel desbarajuste perdi\u00f3 el equilibrio y se volc\u00f3. Pero justo entonces desde otra embarcaci\u00f3n empez\u00f3 a levantarse una m\u00e1s larga, arrastrada hasta all\u00ed al ras del agua; deb\u00eda de ser de bamb\u00fa, de muchas y muchas ca\u00f1as de bamb\u00fa encajadas una en otra, y para levantarla hab\u00eda que andar despacio a fin de que \u2013fina como era\u2013 las oscilaciones no la despedazaran, y manejarla con gran fuerza y destreza para que el peso totalmente vertical no hiciera perder el equilibrio a la barquita.<br \/>\n Y s\u00ed: era evidente que la punta de aquella asta tocar\u00eda la Luna, y la vimos rozar y hacer presi\u00f3n en su suelo escamoso, apoyarse all\u00ed un momento, dar casi un peque\u00f1o empuj\u00f3n, incluso un fuerte empuj\u00f3n que la hac\u00eda alejarse de nuevo, y despu\u00e9s volver a golpear en aquel punto como de rebote, y de nuevo alejarse. Y entonces lo reconoc\u00ed, los de \u2013yo y la se\u00f1ora\u2013 reconocimos a mi primo, no pod\u00eda ser sino \u00e9l, \u00e9l que jugaba su \u00faltimo juego con la Luna, una artima\u00f1a de las suyas, con la Luna en la punta de la ca\u00f1a como si la sostuviera en equilibio. Y comprendimos que su destreza no apuntaba a nada, no pretend\u00eda alcanzar ning\u00fan resultado pr\u00e1ctico, incluso se hubiera dicho que iba empujando a la Luna, que favorec\u00eda su alejamiento, que la quer\u00eda acompa\u00f1ar en su \u00f3rbita m\u00e1s distante. Y tambi\u00e9n esto era de \u00e9l, de \u00e9l que no sab\u00eda concebir deseos contrarios a la naturaleza de la Luna y a su curso y su destino, y si la Luna ahora tend\u00eda a alejarse, pues \u00e9l gozaba de este alejamiento como hab\u00eda gozado hasta entonces de su cercan\u00eda.<br \/>\n \u00bfQu\u00e9 deb\u00eda hacer, frente a esto, la se\u00f1ora Vhd Vhd? S\u00f3lo en aquel instante mostr\u00f3 hasta qu\u00e9 punto su enamoramiento del sordo no hab\u00eda sido un capricho fr\u00edvolo sino un voto sin recompensa. Si lo que mi primo amaba ahora era la Luna lejana, ella permanecer\u00eda lejana, en la Luna. Lo intu\u00ed viendo que no daba un paso hacia el bamb\u00fa, sino que s\u00f3lo dirig\u00eda el arpa hacia la Tierra alta en el cielo, pellizcando las cuerdas. Digo que la vi, pero en realidad s\u00f3lo de reojo apres\u00e9 su imagen, porque apenas el asta toc\u00f3 la corteza lunar, yo salt\u00e9 para aferrarme a ella, y ya, r\u00e1pido como una serpiente, trepaba por los nudos del bamb\u00fa, sub\u00eda a fuerza de rodillas, liviano en el espacio enrarecido, impulsado como por una fuerza de la naturaleza que me ordenaba volver a la Tierra, olvidando el motivo que me hab\u00eda llevado arriba, o quiz\u00e1 m\u00e1s consciente que nunca de \u00e9l y de su final desafortunado, y en el escalamiento de la p\u00e9rtiga ondulante hab\u00eda llegado ya al punto en que no necesitaba hacer esfuerzo alguno sino s\u00f3lo dejarme deslizar cabeza abajo atra\u00eddo por la Tierra, hasta que en esa carrera la ca\u00f1a se rompi\u00f3 en mil pedazos y yo ca\u00ed al mar entre las barcas.<br \/>\nEra el dulce retorno, la patria recobrada, pero mi pensamiento s\u00f3lo era de dolor por haberla perdido, y mis ojos apuntaban a la Luna por siempre inalcanzable, busc\u00e1ndola. Y la vi. Estaba all\u00ed donde la hab\u00eda dejado, tendida en una playa justo sobre nuestras cabezas, y no dec\u00eda nada. Era del color de la Luna; apoyaba el arpa en su costado, y mov\u00eda una mano en arpegios lentos y espaciados. Se distingu\u00eda bien la forma del pecho, de los brazos, de las caderas, as\u00ed como la recuerdo todav\u00eda, como a\u00fan ahora que la Luna se ha convertido en ese circulito chato y lejano, sigo busc\u00e1ndola siempre con la mirada, apenas asoma el primer gajo en el cielo, y cuanto m\u00e1s crece m\u00e1s me imagino que la veo, ella o algo de ella pero s\u00f3lo ella, en cien, en mil posturas diversas, ella por la que es Luna la Luna y que en cada plenilunio hace aullar a los perros toda la noche y a m\u00ed con ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>( Las Cosmic\u00f3micas, 1965. Italo Calvino) Hubo un tiempo, seg\u00fan Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. 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