{"id":832,"date":"2014-09-01T20:32:51","date_gmt":"2014-09-01T20:32:51","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-reviglio\/?p=832"},"modified":"2014-09-01T20:32:51","modified_gmt":"2014-09-01T20:32:51","slug":"por-el-estilo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2014\/09\/01\/por-el-estilo\/","title":{"rendered":"Por el estilo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\"><a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2014\/09\/martin-caparros.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-833\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2014\/09\/martin-caparros.jpg\" alt=\"martin-caparros\" width=\"294\" height=\"156\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>de Mart\u00edn Caparr\u00f3s*<\/em><\/p>\n<p>Hace ahora cuatro a\u00f1os me embarcaba en un fracaso m\u00e1s: el principio de un diario. Aquel se llamaba <strong>Cr\u00edtica de la Argentina<\/strong>, lo iba a dirigir Jorge Lanata y yo a subdirigir. Saldr\u00eda en marzo de 2008; en esos d\u00edas de verano lo est\u00e1bamos armando. Para contribuir a ese armado organic\u00e9 un peque\u00f1o ayudamemoria que titul\u00e9 <strong>Por el estilo<\/strong> y subtitul\u00e9, swiftly, <strong>\u201cModestas proposiciones para mantener la buena relaci\u00f3n y convivencia entre los escribas del diario Cr\u00edtica y sus queridos puestos de trabajo\u201d<\/strong>.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: left\">El que no las mantuvo fui yo. Dur\u00e9 muy poco en mi puesto de \u2013relativo\u2013 mando; no estaba muy de acuerdo con la derrota general, y a poco de salir ya me hab\u00eda ido. El text\u00edculo sigui\u00f3 dando vueltas por ah\u00ed, para uso sobre todo de colegas, pero nunca quise publicarlo; hasta ahora \u2013si es que esto puede llamarse publicar. Se habla tanto de periodismo, \u00faltimamente; \u00e9sta, creo, es otra forma de hacerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">Esto no es un libro de estilo. Por no ser, no es siquiera una libreta de estilo; s\u00f3lo se trata de proponer ciertas normas de estructura y escritura que unifiquen los criterios de redacci\u00f3n de <em>Cr\u00edtica<\/em>.<\/p>\n<p>Pero, antes, una reivindicaci\u00f3n vibrante sentida entra\u00f1able inverecunda: nada nos importa tanto como construir textos que produzcan placer, asombro, risa, indignaci\u00f3n, ganas, respeto, envidia, malhumor \u2013o algo. De \u00faltimas, eso es lo que hacemos: captar la atenci\u00f3n de nuestro lector y producirle algo con cada texto que escribimos. Si no queremos o podemos, todo bien: hay tantas profesiones honestas en el mundo.<\/p>\n<p>Pero si s\u00ed, nuestra herramienta central es la escritura. Un buen texto period\u00edstico puede estar hecho de megagigas de conocimientos previos, horas y horas de b\u00fasquedas y charlas, descubrimientos incre\u00edbles, esperas infinitas, an\u00e1lisis sesud\u00edsimos, revelaciones s\u00fabitas, pero nada de eso sirve para nada si no est\u00e1 bien contado.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que queremos escribir lo m\u00e1s claro posible. La belleza no consiste en complicar al pedo: eso ser\u00eda, m\u00e1s bien, el kitsch del jarr\u00f3n de porcelana y flores falsas. Pero sabemos que hay cuestiones complejas que no son reductibles a la simplificaci\u00f3n \u2013y no queremos simplificar lo complejo sino contarlo, analizarlo, explicarlo.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed queremos es no complicar lo simple.<\/p>\n<p>Y sabemos tambi\u00e9n \u2013debemos saber, convencernos\u2013 que nuestros lectores no son tontos: son, por el contrario, gente muuuuy inteligente y, por eso, ponernos a su altura merece todo nuestro esfuerzo.<\/p>\n<p>Esfuerzo, escucharon: dije esfuerzo. Dice Alex Grijelmo, presidente de EFE y autor del <em>Libro de Estilo de El Pa\u00eds<\/em>, que el peor vicio del periodismo actual es \u201cla pereza. Cada vez se est\u00e1 m\u00e1s tiempo en las redacciones y se abusa de las notas telef\u00f3nicas. Se sale poco a ver la cara de la gente y los escenarios; aunque se llegue tarde a la nota, siempre es mejor ver c\u00f3mo era la calle y la casa de quien era el protagonista. Padecemos de pereza mental\u00a0 \u2013esto es no buscar mejores palabras y t\u00edtulos para nuestras notas\u2013, y de soberbia, otro defecto.\u201d Hay m\u00e1s, sin duda. Pero con estos ya alcanza para cargarse cualquier texto.<\/p>\n<p><strong>Qu\u00e9 contar.<\/strong><\/p>\n<p>Lo primero es descubrir qu\u00e9 se quiere contar y c\u00f3mo. Parece obvio, y sin embargo. Es cierto aquello de que no hay malos temas sino malos periodistas, pero un buen tema ayuda tanto. Y, sobre todo, saber c\u00f3mo encararlo. Entender lo que se va a contar. Dilucidar d\u00f3nde est\u00e1 el coraz\u00f3n de la cosa. Preguntarme qu\u00e9 quiero que entienda o se pregunte el lector despu\u00e9s de leerme. Qu\u00e9 va a hacer que valga la pena, qu\u00e9 lo va a hacer distinto de lo que se cuenta cientos de miles de veces en todo tipo de medios. Si algo me llama la atenci\u00f3n especialmente, tengo que confiar en que eso va a llamarle la atenci\u00f3n a los dem\u00e1s: confiar en ese entusiasmo por las cosas que me sorprenden o interpelan, y centrarme en ellas.<\/p>\n<p>A menudo, notas que podr\u00edan haber sido muy buenas pasan justo al costado del foco de la cuesti\u00f3n. Errarle por un cent\u00edmetro o por un kil\u00f3metro da lo mismo. Pero errarle por un cent\u00edmetro es m\u00e1s triste. Para ayudarse a buscar este foco \u2013y ayudar al mismo tiempo al progreso de esta noble instituci\u00f3n\u2013 los periodistas de <em>Cr\u00edtica<\/em> cuentan con una herramienta inestimable: antes de empezar a escribir cada nota, deben componer una peque\u00f1a s\u00edntesis de ella, que se usar\u00e1, p\u00fablicamente, para subir a nuestra p\u00e1gina web y, privadamente, para aclararse las ideas.<\/p>\n<p><strong>Estructura de los textos.<\/strong><\/p>\n<p>La lectura o no lectura de una nota, en general, se juega en el primer p\u00e1rrafo: la cabeza. Ah\u00ed es cuando se capta o no se capta la atenci\u00f3n del lector. Para eso hay estrategias variadas: la concentraci\u00f3n de informaci\u00f3n que sol\u00edan llamar pir\u00e1mide gay, el relato de una situaci\u00f3n o an\u00e9cdota interesante, el atractivo de un dato sorprendente, el establecimiento de un enigma a resolver y tantas m\u00e1s. Entre los cambios formales que introdujo entre nosotros el abuelito P\/12 estaba el uso, en la cabeza, de esas historias, di\u00e1logos, an\u00e9cdotas o datos que invitaban a seguir.<\/p>\n<p>Las opciones son varias, y se puede elegir; lo que no se puede, de ning\u00fan modo, es aburrir, banalizar, darle al lector la sensaci\u00f3n de que va a leer un informe burocr\u00e1tico sobre lo que ya sabe o no quiere saber.<\/p>\n<p>Encontrar esa cabeza es el foco del periodista cuando se sienta ante su m\u00e1quina. Un buen truco consiste en pensar qu\u00e9 le contar\u00edamos a un amigo imaginario, mujer, marido, concubinos diversos a la vuelta de un viaje o una noche agitada. Qu\u00e9 nos impresion\u00f3 m\u00e1s, qu\u00e9 nos llam\u00f3 m\u00e1s la atenci\u00f3n: qu\u00e9 puede llamarle la atenci\u00f3n al interlocutor, como para que no deje de escuchar.<\/p>\n<p>A partir de all\u00ed, la receta es tan simple que muy pocos la usan: desplegar informaci\u00f3n, datos y m\u00e1s datos, procurar que cada p\u00e1rrafo tenga por lo menos uno. Por supuesto que los datos no son s\u00f3lo n\u00fameros y declaraciones; la camisa a rayitas de un ministro puede serlo, su mueca, el cuadro de detr\u00e1s, el recuerdo de lo que dijo hace dos meses, tantas cosas, si ayudan a entender lo que se est\u00e1 contando.<\/p>\n<p>Y, al final, bandera roja de remate. Los textos no se desvanecen; acaban, culminan en un remate digno. Remate no significa moraleja, consejo, editorial sedicente o solapada, sino un dato que funcione como s\u00edntesis, paradoja, puesta en cuesti\u00f3n, chanch\u00e1n.<\/p>\n<p><strong>Editoriales sedicentes.<\/strong><\/p>\n<p>Las notas no son banquitos: no deben usarse para subirse encima, levantar el dedo y decir sho opino que. Por supuesto, cada cual tiene una opini\u00f3n sobre cada cosa, y esa opini\u00f3n influye en lo que escribe. Pero no hay nada m\u00e1s pavo que manifestar esa opini\u00f3n con diatribas, chistecitos, gui\u00f1os de ojo. Es una forma segura de incomodar al lector y, con frecuencia, de espantarlo: de darle una excusa f\u00e1cil para que descalifique lo que uno lo cuenta: ah, \u00e9ste me quiere convencer de que el capitalismo es una mierda. Si alguien quisiera \u2013dios no lo permita\u2013 exponer semejante idea o cualquier otra, lo har\u00eda en la forma en que categoriza lo que cuenta: qu\u00e9 dice primero, qu\u00e9 despu\u00e9s, qu\u00e9 datos junta o separa, qu\u00e9 subraya, en cu\u00e1les se extiende, en cu\u00e1les no. Es lo que hacemos todos todo el tiempo, aunque la mayor\u00eda simule que no y se escude tras la famosa objetividad, trabajadora sexual de precio escaso. Y, ya que lo hacemos con o sin intenci\u00f3n, mejor es con.<\/p>\n<p><strong>Personas. <\/strong><\/p>\n<p>Muchos de ustedes saben \u2013o por lo menos han o\u00eddo comentar\u2013 que el verbo en castellano admite tres personas \u2013y otras tres en plural, que ahora no nos interesan. La segunda tampoco es asunto nuestro: son contadas las notas que alguien alguna vez escribi\u00f3 en segunda persona. Se va la segunda.<\/p>\n<p>La m\u00e1s habitual, por supuesto, es la tercera: si no media una raz\u00f3n muy poderosa, las notas de este diario se escriben en tercera persona.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, de tanto en tanto, historias que justifican el uso de la primera: situaciones en que la presencia del cronista \u2013sus experiencias, sus observaciones\u2013 forma parte de lo que queremos contar. Hay que dosificar much\u00edsimo este uso. Y a\u00fan as\u00ed, cuando corresponda, importa cuidar la diferencia fundamental entre escribir <em>en<\/em> primera persona y escribir <em>sobre<\/em> la primera persona. El cronista, aun cuando dice yo, tiene que centrarse siempre en lo que cuenta. Que un fulano haya estado en tal lugar nos importa un carajo si no sirve para contarnos mejor lo que pasaba.<\/p>\n<p><strong>Unas palabras.<\/strong><\/p>\n<p>\u2013Escribir es, contra todo lo que se pueda pensar, un ejercicio muy simple: consiste en elegir palabras. Ni mucho m\u00e1s ni mucho menos: ELEGIR palabras.<\/p>\n<p>Cada cinco, siete, ocho, tres, nueve tecleos hemos elegido una palabra en lugar de tantas otras. Interes\u00e9monos por las palabras: son la materia prima. El asunto ser\u00eda saber \u2013tratar de saber, dentro de lo posible\u2013 por qu\u00e9, en cada momento, estamos eligiendo \u00e9sta y no aqu\u00e9llas. Cuanto m\u00e1s sepamos por qu\u00e9 elegimos cada palabra, mejor vamos a escribir, dec\u00eda Perogrullo, y escrib\u00eda cualquier paparruchada.<\/p>\n<p>Es triste \u2013es tan triste\u2013 ver c\u00f3mo tantas veces tanta gente escribe lo que no quer\u00eda escribir: cuando usa una palabra que no dice lo que quer\u00eda decir sino otra cosa. Hay que tratar de dominar a las palabras, para no dejarse dominar por ellas. Saber qu\u00e9 es lo que uno dice cuando dice: escribir.<\/p>\n<p>(En caso de duda \u2013y es bueno dudar cuando uno no sabe, lo dif\u00edcil es saber que no se sabe\u2013, el diccionario es un amigo fiel, perrito sanbernardo. Muy \u00fatil, en estos tiempos cibern\u00e9ticos, un sitio ib\u00e9rico: <a href=\"http:\/\/www.fundeu.es\/\">www.fundeu.es<\/a>, la \u201cFundaci\u00f3n del Espa\u00f1ol Urgente\u201d).<\/p>\n<p>\u2013En los textos period\u00edsticos abundan lo que alguien llam\u00f3 las \u201csegundas palabras\u201d, o sea: esos exabruptos que aparecen cuando el periodista piensa hospital y escribe nosocomio, piensa lleg\u00f3 y escribe arrib\u00f3, piensa entr\u00f3 y escribe ingres\u00f3, piensa despu\u00e9s y escribe luego, piensa polic\u00eda y escribe servidor del orden, piensa calle y escribe v\u00eda p\u00fablica, piensa term\u00f3metro y escribe columna mercurial y as\u00ed de seguido o sucesivamente. (Nos dir\u00e1n que este p\u00e1rrafo es falaz: describe a un periodista que piensa como doce veces; es s\u00f3lo una hip\u00f3tesis).<\/p>\n<p>Esas segundas palabras \u2013o lugares comunes, muy comunes\u2013 llegan a la jerigonza de prensa por contagio: suelen venir de jergas policiales, pol\u00edticas, deportivas. Pero un texto period\u00edstico no es un campeonato de sinonimia, y en general las segundas palabras son mucho m\u00e1s imprecisas, feas y berretas que las primeras. As\u00ed que, salvo error u omisi\u00f3n: \u00a1usen las primeras palabras, que tan bien dicen lo que dicen!<\/p>\n<p>Una variante particularmente insidiosa de las segundas palabras son los eufemismos. Duro con ellos: la guerra de Irak es guerra y no conflicto. Si hay torturas no es abuso. Un reajuste o reestructuraci\u00f3n de tarifas suele ser un aumento.<\/p>\n<p>Otra son las siamesas. Hay palabras que se siamesaron y formaron monstruitos antip\u00e1ticos: la atenci\u00f3n ya no puede ser llamada poderosamente, los admiradores no son m\u00e1s fervientes, el dramatismo hondo, las lloviznas pertinaces. Empu\u00f1en, sin temblor, el bistur\u00ed: para reinar, dividan.<\/p>\n<p>\u2013Mientras no se demuestre lo contrario, el lugar de los adjetivos est\u00e1 despu\u00e9s de los sustantivos. Los adjetivos est\u00e1n muy c\u00f3modos detr\u00e1s, soplando nucas: la estructura con que pensamos nuestro idioma tiende a situar primero el sustantivo y despu\u00e9s adjetivarlo \u2013a diferencia, por ejemplo, del ingl\u00e9s. En el castellano corriente el adjetivo antepuesto es un signo de la misma supuesta belleza mersokitsch donde militan las segundas palabras: aquel bello jarr\u00f3n y sus violetas flores.<\/p>\n<p>Los adjetivos, adem\u00e1s, deben mezquinarse. Son como la merca, un suponer: un pase de vez en cuando te puede poner en \u00f3rbita, pero si no par\u00e1s vas a necesitar cada vez m\u00e1s para producir alg\u00fan efecto. As\u00ed, los adjetivos: para que sirvan, para que adjetiven, no deben ser una costumbre sino un sacud\u00f3n que aparece cada tanto. Caso extremo: dos o m\u00e1s adjetivos sobre un solo sustantivo lo destruyen \u2013y destruyen, en general, al periodista que los arroja cual confetti viejo.<\/p>\n<p>\u2013Los verbos tienen tiempos y los tiempos son tiranos. No al libertinaje: cuando uno empieza a escribir en un tiempo debe sostenerlo a lo largo del texto. Puestos a elegir, el pasado suele ser el m\u00e1s \u00fatil, manejable, cre\u00edble.<\/p>\n<p>Los verbos se relacionan entre s\u00ed seg\u00fan reglas, los muy rig\u00eddos. Existe lo que los antiguos llamaban la \u201cconsecutio temporum\u201d, o correspondencia de los tiempos. No se puede decir \u201cme dijo que piensa en m\u00ed\u201d, sino \u201cme dijo que pensaba en m\u00ed\u201d \u2013s\u00ed, la saben. \u00bfEntonces por qu\u00e9 todos escriben \u201cno soport\u00e9 que me hable de \u00e9l\u201d en vez de \u201cno soport\u00e9 que me hablara \u2013o hablase\u2013 de \u00e9l\u201d?<\/p>\n<p>Conviene \u2013conviene es poco\u2013 evitar los verbos en infinitivo y utilizar siempre que sea posible las conjugaciones. Nada lleva adelante una narraci\u00f3n tanto como el verbo. Verbos simples, directos, decididos. El verbo es la forma de describir una acci\u00f3n. Y, para no ir contra su esencia, quedan mucho mejor cuando se los usa en activa. La naturaleza del verbo es la voz activa. La pasiva, en cambio, es un bar cl\u00e1sico de la avenida 18 de Julio, Montevideo, Uruguay, vamos con los franfruter.<\/p>\n<p>Y, por si no lo notaron: los gerundios huelen a podrido. Todos son feos, sucios, malos, pero algunos son venenosos: nos referimos a esta noble adici\u00f3n \u2013\u00bfadicci\u00f3n?\u2013 reciente a nuestro idioma consistente en utilizar el gerundio anglo para decir \u2013y creerse que uno es muy fashion o muy corporativo o muy moderno\u2013 \u201clas clases van a estar empezando el 2 de marzo\u201d. Los que vayan a estar usando semejante adefesio van a estar escribiendo la lista de las compras mucho antes de lo que pueden estar imaginando. As\u00ed de mal.<\/p>\n<p>\u2013El sujeto y el verbo se necesitan como el sol y su luz, la perra y su baba, este diario y ustedes, la demagogia y yo \u2013o lo que sea. No hay nada m\u00e1s letal para esa relaci\u00f3n que intercalarles una coma. Las comas son la segunda causa de muerte en accidente laboral period\u00edstico pero, a\u00fan as\u00ed, queridos desairados: las comas no sirven para respirar, sino para darle estructura a una frase.<\/p>\n<p>La coma es un signo ortogr\u00e1fico que organiza el sentido de una oraci\u00f3n. As\u00ed como con el punto termino una exposici\u00f3n y empiezo otra, la coma sirve para que dentro de una idea haya un sector separado del otro: lo que aparece entre comas, por ejemplo, es una enunciaci\u00f3n de otro nivel. Por eso, si uno pone una coma al empezar ese sector debe poner otra cuando el sector termina, para indicar que ha vuelto a la idea principal. En tal caso, uno debe poder sacar la frase que ha quedado encerrada entre comas y la frase principal debe conservar su sentido, su sujeto, su predicado. La coma tambi\u00e9n sirve para acumular unidades de una enumeraci\u00f3n: los perros, los gatos, los periodistas, los sillones. O para separar un complemento de tiempo, de lugar, de causa, de modo: en aquellos d\u00edas, algunos escrib\u00edan en castellano. Hay m\u00e1s posibilidades, que no vamos a agotar. Pero una coma mal puesta, queda dicho, es arma muy nociva para todos y, m\u00e1s que nada, un b\u00famerang fatal. As\u00ed que, en caso de duda, por favor abstenerse.<\/p>\n<p>La coma abunda silvestre; el punto y coma, en cambio, tan \u00fatil, es animal raro. El punto y coma, como su nombre podr\u00eda indicar, es poco m\u00e1s que una coma y poco menos que un punto. Cuando se quiere separar dos ideas, pero no tanto como para decir aqu\u00ed termina una enunciaci\u00f3n y empieza decididamente otra, se puede usar el punto y coma. En periodismo no se usa casi nunca. Ha sido reemplazado por el punto: seguimos resignando posibilidades, activos trabajosamente adquiridos a lo largo de siglos, rematando las joyas de la abuela.<\/p>\n<p>Y los nunca bien ponderados dos puntos: un modo tan gauchito de establecer una sucesi\u00f3n causal \u2013u otras\u2013 sin tener que hundirse en chucruts tales como \u201cpor lo tanto\u201d, \u201cen consecuencia\u201d y tantos m\u00e1s que la pluma repele.<\/p>\n<p>Los tres puntos, en cambio, como ha quedado claro en simposio reciente, son caca de la vaca: sono fuori.<\/p>\n<p>\u2013Estamos, grosso modo, en contra de las relaciones de poder: las oraciones subordinadas, subordinadas como est\u00e1n a otras oraciones, suelen ser un espect\u00e1culo denigrante para cualquier amante de las libertades p\u00fablicas. Y, adem\u00e1s, complican, pesan, aburren, atontan. Cuando vayan a usarlas, piensenlon dos veces, a ver si encuentran otra soluci\u00f3n. Casi siempre las hay.<\/p>\n<p>\u2013Un problema habitual: c\u00f3mo empiezo esta frase. A veces se complica: uno se cree obligado a alguna introducci\u00f3n, a poner algo antes para ayudarse, una muleta que no sirve para nada: antes de hablar queser\u00eda decir unas palabras. Usamos alg\u00fan tipo de adverbial de tiempo o de consecuencia \u2013entonces, por lo tanto, sin embargo y el largu\u00edsimo etc\u00e9tera\u2013 y \u00e9sos suelen ser los momentos m\u00e1s pesados de una frase. Hay que cuidar esas transiciones: crecen silvestres, son da\u00f1inas, pueden arruinar cualquier jard\u00edn. La forma en que uno empieza la frase determina de qu\u00e9 modo se va a leer. Chequeen la frase sin esos conectivos: tantas veces se van a dar cuenta de que no serv\u00edan ni pa\u2019aca y, sin ellos, al final, la vida sigue igual \u2013o mucho mejor.<\/p>\n<p>Otro principio triste es el acad\u00e9mico-forense: uno que te dice \u00e9sta es la historia del perro que mordi\u00f3 al futbolista, y despu\u00e9s te cuenta la historia del perro que mordi\u00f3 al futbolista. S\u00ed, pap\u00e1, ya me lo hab\u00edas dicho. En principio, en los principios, no hay que enunciar lo que se va a hacer sino hacerlo. Y lo mismo en cualquier otro lado.<\/p>\n<p>\u2013La primera cita \u2013y las dem\u00e1s, que todas nos excitan en este amor que persevera. Cuando lo que alguien dice resulta tan maravilloso fascinante estremecedor como para merecer una cita directa \u2013entre comillas si est\u00e1 dentro de un texto, tras gui\u00f3n si va en una entrevista\u2013, la frase del citado o entrevistado debe aparecer con su sintaxis y forma original. No somos la oficina de prensa de los entrevistados, para andar mejor\u00e1ndoles la prosa. Y, sobre todo: la forma en que alguien dice las cosas es tan importante, tan significativa, como las cosas que trata de decir.<\/p>\n<p>Por otro lado: el castellano ofrece unas 100.000 palabras. Se sospecha que un argentino medio s\u00f3lo m\u00f3dicamente analfabeto usa, en promedio, entre dos y tres mil. O sea: hay muchas, no es necesario decir <em>Cr\u00edtica<\/em> cada dos renglones \u2013ni, mucho menos, este diario, esta publicaci\u00f3n, este peri\u00f3dico, aggg. Cuando alguien habla en una nota, es bastante probable que se lo haya \u201cdicho a <em>Cr\u00edtica<\/em>\u201d: no vale la pena repetirlo como si tuvi\u00e9ramos que convencer a alguien \u2013convencernos\u2013 de que algunos nos hablan.<\/p>\n<p>\u2013Pero, m\u00e1s en general, cuando uno relee su nota \u2013quiz\u00e1s la primera, o la segunda, o la tercera vez que relee, porque releer lo propio es una pr\u00e1ctica casi tan \u00fatil como leer lo ajeno\u2013, encuentra que ha incluido materia innecesaria. Es el momento de eliminar las adiposidades: liposucci\u00f3n de las palabras. La aspiraci\u00f3n m\u00e1xima es que todo lo que haya en el texto sea necesario: descartar lo superfluo, lo que no quiere decir necesariamente ser seco ni austero ni antip\u00e1tico ni malaonda. S\u00f3lo preciso, s\u00f3lo capaz de elegir y dominar las palabras usadas y de contar lo que vale la pena de ser contado.<\/p>\n<p>En esa relectura, ya que estamos, canten: \u00bfsuena bien lo que acaban de escribir? M\u00e1s all\u00e1 de los significados, un texto tambi\u00e9n es un conjunto de sonidos. Leerlo, o\u00edrlo, repetirlo, ver qu\u00e9 suena mejor. Buscar frases entonadas. Para lograr un ritmo, un arrullo, es central ir oyendo lo que se escribe y hacer peque\u00f1os ajustes que permitan que cada frase fluya. Eliminar esos ruidos que parecen tonter\u00edas pero marcan diferencia. Hacer que el texto cante, aunque sea bajito, desfinado, mal, duchado pero cante.<\/p>\n<p>\u2013El mundo est\u00e1 lleno de palabras mal usadas, pero qu\u00e9 bello ser\u00eda que <em>Cr\u00edtica<\/em> no rebosara de ellas. Esperamos que esta lista se expanda con sus amables colaboraciones. De mientras, algunos ejemplos:<\/p>\n<p>Primer tiene femenino. Aunque no lo crean, aunque imaginen que son todas de segunda, las mujeres tambi\u00e9n pueden ser primeras. As\u00ed que no existe la primer vez, existe la primera vez \u2013y as\u00ed sucesivamente. O sea: el femenino de primer no es primer sino primera.<\/p>\n<p>No es tan f\u00e1cil esperar por. Se puede esperar por boludo, por quedado, por optimista, por tantas razones, pero en cada uno de esos casos el esperador espera a o simplemente espera. Si espera a una persona espera a; si espera una cosa espera. Pero no por, por favor.<\/p>\n<p>Si no saben si sino se escribe sino o si no, siempre pueden ir y preguntar. Por ahora: si no es sino de destino, si no quiere decir que no tienen que escribir eso sino esto, sino se escribe si no. Y si no, sino. M\u00e1s claro, agua, vecino.<\/p>\n<p>El castellano rebosa de adverbios de cantidad: mucho, m\u00e1s, menos, poco, bastante, demasiado, muy, mucho, apenas, casi, algo, nada, entre otros. \u201cFuerte\u201d no es uno de ellos, por m\u00e1s que <em>Clar\u00edn<\/em> parezca creerlo y lo haya convertido en su gran aporte al idioma de los argentinos. Si quieren, usenlo: sepan que estar\u00e1n mimando a uno de los diarios peor escritos de la lengua.<\/p>\n<p>Cuando alguien dice, dice. No confiesa, revela, asegura, repite, define, declara, subraya, etc\u00e9tera etc\u00e9tera. Confesar, revelar, asegurar, repetir, definir, declarar, subrayar etc\u00e9tera etc\u00e9tera son acciones muy precisas, distintas entre s\u00ed y distintas de decir, y hay que guardar esos verbos para cuando eso es lo que el personaje hace. Cuando no hace nada de eso, cuando dice, dice, y nosotros somos valientes y, sin miedo, decimos que dice \u2013y que al que no le guste turur\u00fa y que se anote en aquel torneo de sinonimia, a ver c\u00f3mo le va.<\/p>\n<p>Y as\u00ed hasta el infinito, o un poco m\u00e1s ac\u00e1, que tampoco es tan cerca.<\/p>\n<p><em>*<strong>Mart\u00edn Caparr\u00f3s<\/strong> (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de Espa\u00f1a. Su libro m\u00e1s reciente es la novela Com\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>de Mart\u00edn Caparr\u00f3s* Hace ahora cuatro a\u00f1os me embarcaba en un fracaso m\u00e1s: el principio de un diario. Aquel se llamaba Cr\u00edtica de la Argentina, lo iba a dirigir Jorge Lanata y yo a subdirigir. Saldr\u00eda en marzo de 2008; en esos d\u00edas de verano lo est\u00e1bamos armando. 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