{"id":3974,"date":"2026-04-13T09:13:34","date_gmt":"2026-04-13T12:13:34","guid":{"rendered":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/?p=3974"},"modified":"2026-04-13T09:15:38","modified_gmt":"2026-04-13T12:15:38","slug":"regalo-textual-no-2-las-viudas-de-los-jueves","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2026\/04\/13\/regalo-textual-no-2-las-viudas-de-los-jueves\/","title":{"rendered":"Regalo textual N\u00ba 2: Las viudas de los jueves"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-3975\" src=\"http:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2026\/04\/Claudia-Pineiro.jpg\" alt=\"\" width=\"183\" height=\"275\" \/><\/p>\n<p>La semana pasada fue Juliana quien trajo un texto para regalarno. En este caso, fue el cap\u00edtulo N\u00ba9 de la novela <em>Las viudas de los jueves<\/em>, de la escritora argentina Claudia Pi\u00f1eiro.<!--more--><\/p>\n<p><strong>Las viudas de los jueves, cap\u00edtulo 9<\/strong><\/p>\n<p>Romina ya hab\u00eda salido para el colegio. La llevaba un rem\u00eds. A Mariana la pon\u00eda de mal humor levantarse tan temprano, y si lo hac\u00eda, se aseguraba una ma\u00f1ana cruzada. Tampoco Romina amanec\u00eda de mejor talante. Cuando tuviera que llevar a Pedro s\u00ed que se levantar\u00eda, pero hasta para la nena, ahora su hija, Romina, era m\u00e1s agradable viajar en rem\u00eds con Antonia que aguantar su fastidio matutino, pensaba. Mariana entr\u00f3 en la ducha y se qued\u00f3 bajo el chorro de agua hasta que la modorra empez\u00f3 a ceder. Cuando sali\u00f3 del ba\u00f1o, envuelta en una toalla, Antonia ya hab\u00eda regresado del colegio, hab\u00eda hecho su cuarto, dejado una bandeja con su desayuno sobre la mesa de luz, y estaba juntando la ropa abollada al pie de la cama. Evidentemente estas mujeres tienen otro biorritmo, pens\u00f3 Mariana, son mulas de carga. Y se tir\u00f3 otros cinco minutos sobre la cama. Antonia se agach\u00f3 a levantar del<br \/>\npiso la remera de spandex y piedritas brillantes que Mariana hab\u00eda usado la noche anterior y not\u00f3 que ten\u00eda un peque\u00f1o agujero. \u00abSe\u00f1ora, \u00bfusted vio esto?\u00bb Mariana se acerc\u00f3 e inspeccion\u00f3 la remera. \u00abParece una chispa\u00bb, dijo Antonia. \u00abEsto fue el cigarrillo de alg\u00fan pelotudo. Cien d\u00f3lares chamuscados en una postura\u2026\u00bb Mariana devolvi\u00f3 la remera al bollo de ropa sucia que llevaba Antonia y se empez\u00f3 a desenredar el pelo. Antonia inspeccion\u00f3 el peque\u00f1o agujero debajo de la axila. \u00ab\u00bfQuiere que trate de zurcirla?\u00bb, dijo con timidez. Mariana la mir\u00f3. \u00ab\u00bfAlguna vez me<br \/>\nviste usar algo zurcido?\u00bb<\/p>\n<p>Antonia sali\u00f3 y fue al lavadero. Estaba contenta. Cuando Mariana dejaba de usar alguna ropa se la regalaba, y esa remera era mucho m\u00e1s de lo que hubiera so\u00f1ado regalarle a su hija el pr\u00f3ximo cumplea\u00f1os. La revis\u00f3 antes de lavarla a mano. Sobre la tela negra, las piedras brillantes formaban c\u00edrculos conc\u00e9ntricos que casi la mareaban. Estaban todas las piedritas, intactas, y con dos puntadas el agujero desaparecer\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando la remera cumpli\u00f3 su ciclo de lavado y planchado, Antonia la subi\u00f3 al vestidor de Mariana, la dobl\u00f3, y la dej\u00f3 en el casillero de las remeras negras. Sab\u00eda que pronto ser\u00eda suya, ojal\u00e1 antes de que Paulita cumpla a\u00f1os, pens\u00f3, pero no pod\u00eda tomarse el atrevimiento de qued\u00e1rsela sin que su patrona se lo dijera. Unos d\u00edas despu\u00e9s Mariana recibi\u00f3 a tres vecinas a tomar el t\u00e9. Las mujeres manejaban, entre otras cosas, el comedor infantil que estaba a unas cuadras de la entrada de Altos de la Cascada. \u00abLas Damas de los Altos\u00bb, se hac\u00edan llamar, y estaban armando una fundaci\u00f3n. Teresa Scaglia, Carmen Ins\u00faa y Nane P\u00e9rez Ayerra. Trataban de interesar a Mariana para que se sumara a su cruzada. \u00abLo que m\u00e1s<br \/>\nnecesitamos son zapatillas, si no, cuando llueve, la mitad de los chicos no viene a comer porque no pueden pasar por el barro descalzos, \u00bfvos podes creer?\u00bb, dijo la que hab\u00eda elegido t\u00e9 de mango y frutilla. \u00abQu\u00e9 incre\u00edble\u2026\u00bb, dijo Mariana, mientras Antonia le alcanzaba una tetera con m\u00e1s agua caliente. \u00abTenes que venir un d\u00eda, Mariana, y ten\u00e9s que traer a tus chicos, para que vean lo que es la realidad, porque si no los criamos como en una burbuja.\u00bb Y Mariana asinti\u00f3 y se qued\u00f3 pensando qu\u00e9 le pasar\u00eda a Romina cuando los viera, porque Romina hab\u00eda sido como ellos, o peor que<br \/>\nellos, pens\u00f3, hab\u00eda sido Ramona, segu\u00eda si\u00e9ndolo en el fondo de esos ojos oscuros que le daban miedo. En cambio Pedro siempre fue de ella, desde el primer momento. \u00abGracias, Antonia, por ah\u00ed est\u00e1 bien\u00bb, le indic\u00f3 a la empleada parada junto a ella con el agua de recambio para la tetera.<\/p>\n<p>Pasaron unos d\u00edas y una ma\u00f1ana, cuando Antonia entr\u00f3 en el cuarto de Mariana, encontr\u00f3 sobre el ba\u00fal, al pie de la cama, una pila de ropa doblada. La segunda prenda empezando de abajo hacia arriba era la remera negra con piedras brillantes. El resto era ropa de Mariana y de los chicos en desuso, y dos remeras de golf de Ernesto, descoloridas por el sol. \u00abPoneme esa ropa en una bolsa que la va a pasar a buscar Nane Ayerra.\u00bb Antonia no entendi\u00f3, no era lo que Mariana sol\u00eda hacer con su ropa en desuso, si siempre le daba todo a ella para que lo llevara a Misiones y lo repartiera<br \/>\ncon la familia. \u00ab\u00bfSabes qui\u00e9n es Nane, no? Esa rubia mona que estuvo tomando el t\u00e9 el otro d\u00eda.\u00bb Antonia asinti\u00f3 aunque no sab\u00eda, ni escuchaba, ni entend\u00eda por qu\u00e9 esa remera que era casi suya iba a terminar en manos de una mona rubia. Si una se\u00f1ora as\u00ed tampoco usar\u00eda ropa zurcida. No se atrevi\u00f3 a preguntar, busc\u00f3 una bolsa y meti\u00f3 todo adentro. Cuando estaba por salir del cuarto, Mariana la detuvo. \u00abAh, y si quer\u00e9s, el viernes al medio d\u00eda en la casa de Nane hacemos una feria americana para juntar\u00a0 fondos para el comedor infantil. Es exclusiva para empleadas dom\u00e9sticas, as\u00ed que<br \/>\nqu\u00e9date tranquila que van a ser precios reconvenientes. Todos, con mucho o con poco, tenemos que ser m\u00e1s solidarios, \u00bfno te parece?\u00bb Antonia asinti\u00f3, pero no sab\u00eda si le parec\u00eda porque mucho no hab\u00eda entendido. O no hab\u00eda escuchado, s\u00f3lo pensaba en la remera negra de brillitos. A lo mejor se la pod\u00eda comprar. Precios convenientes, hab\u00eda dicho la se\u00f1ora. Ella no sab\u00eda qu\u00e9 era precios convenientes para su patrona. Hasta diez, ella pod\u00eda. O hasta quince, porque la remera era muy fina, la se\u00f1ora la hab\u00eda comprado en Miami, y con dos puntadas el agujerito ni se ver\u00eda.<\/p>\n<p>El viernes Antonia fue a la feria, a la hora de la siesta, cuando termin\u00f3 de trapear la cocina. Adentro hab\u00eda dos o tres chicas que conoc\u00eda de tomar el colectivo los s\u00e1bados al mediod\u00eda. Las salud\u00f3, pero no se pusieron a charlar. Estaba la rubia mona, la\u00a0 due\u00f1a del garaje donde hab\u00edan puesto la ropa, y tres mujeres m\u00e1s que conoc\u00eda de haberlas visto en la casa de su patrona. Charlaban, se re\u00edan y tomaban caf\u00e9. Cada tanto se acercaban para contestar cu\u00e1nto val\u00eda alguna prenda. Una de las chicas del colectivo eligi\u00f3 un vestido de seda rojo coral. Era lindo, pero ten\u00eda dos manchitas en el ruedo, parec\u00eda lavandina. Si fuera azul ella lo arreglaba, una vez se le mancharon de lavandina los pantalones de gimnasia de Romina, les pas\u00f3 birome, y Mariana<br \/>\nnunca se dio cuenta. A Romina se le hab\u00eda ocurrido cuando la vio preocupada por la mancha. Romina siempre la ayudaba, era arisca pero inteligente la chica, no como ella, pens\u00f3. Ese rojo era muy dif\u00edcil. Le cobraron cinco pesos a la chica del colectivo. A Antonia le pareci\u00f3 que si esos eran los precios, la iba a poder comprar. Pero no vio la remera de brillos de su patrona por ninguna parte. Revis\u00f3 todas las pilas y no la encontr\u00f3. Se atrevi\u00f3 a preguntar, eran demasiadas las ganas. \u00abRemera negra, creo que no hay ninguna. \u00bfVos viste alguna remera negra como para ella, Nane?\u00bb, le pregunt\u00f3<br \/>\notra de las se\u00f1oras. \u00abNo, negra no hay. \u00bfPero por qu\u00e9 quer\u00e9s negra? Ese color no te va a lucir, te va a apagar. Ll\u00e9vate algo que te levante un poco, que te d\u00e9 brillo en la cara. Fijate en aquella pila\u00bb, intervino Teresa. \u00abNo es para m\u00ed, es para mi nena\u00bb, dijo Antonia, pero no la escucharon porque ya estaban otra vez charlando entre ellas.<\/p>\n<p>Antonia sigui\u00f3 recorriendo las pilas, pero sin buscar. Si no era la remera negra de la se\u00f1ora, no iba a ser nada. Ella quer\u00eda esa, la que le iba a regalar a Paulita. \u00abGracias\u00bb, dijo y sali\u00f3 con las manos vac\u00edas. Durante los d\u00edas siguientes Antonia pens\u00f3 varias veces en la remera que no fue suya. Se preguntaba qui\u00e9n se la habr\u00eda llevado. Ese fin de semana pregunt\u00f3 en el colectivo, pero nadie la hab\u00eda visto. Despu\u00e9s se olvid\u00f3, \u00abal fin y al cabo una remera no le cambia la vida a nadie\u00bb, pens\u00f3.<\/p>\n<p>Hasta que lleg\u00f3 Halloween. Mariana hab\u00eda comprado caramelos para darles a los chicos que golpearan la puerta esa noche. A Romina le hab\u00eda comprado un disfraz de bruja para que saliera a decir \u00abSweet or trick\u00bbpor las puertas vecinas, pero desde que hab\u00eda llegado del colegio se hab\u00eda encerrado en su cuarto y Mariana no estaba dispuesta a rogarle. Pedro todav\u00eda era muy chico para salir a pedir y lloraba cuando ve\u00eda gente disfrazada. A la puerta de los Andrade golpearon varias veces. Hijos de amigos, compa\u00f1eros del colegio de Romina, \u00abchicos con ganas de divertirse sanamente\u00bb, le dijo Mariana a su hija a modo de reproche. Los caramelos los compraba en el s\u00faper unos d\u00edas antes, y los guardaba en el mueble del living, donde se escond\u00eda todo lo que Mariana no quer\u00eda que se consumiera. Para las nueve de la noche ya hab\u00edan pasado tres grupos de chicos. A las nueve y cuarto tocaron el timbre otra vez. Antonia fue a atender con la orden de repartir los caramelos que quedaban y despacharlos. A Mariana no le gustaba que interrumpieran a la hora de la cena. Del otro lado se encontr\u00f3 con un grupo de nenas que bajaban del ba\u00fal de una cuatro por cuatro que manejaba Nane P\u00e9rez Ayerra. Ella tambi\u00e9n se baj\u00f3 y le dijo a Antonia que llamara a la se\u00f1ora. Se lo tuvo que decir dos veces porque Antonia, inm\u00f3vil, no pod\u00eda hacer otra cosa que mirar a su hija, una nena de unos ocho a\u00f1os, disfrazada de bruja, con u\u00f1as plateadas y colmillos filosos, un hilo de pintura roja corriendo desde su boca, que llevaba puesta una pollera negra larga hasta el piso, y la remera de las piedritas brillantes que hab\u00eda sido de su patrona. \u00abTe quer\u00eda mostrar esto\u00bb, le dijo Nane a Mariana cuando \u00e9sta se asom\u00f3. \u00ab\u00a1No te creo que es mi remera!\u00bb Antonia dijo: \u00abS\u00ed, es\u00bb, pero nadie la escuch\u00f3. \u00abViste c\u00f3mo son las chicas a esta edad, la vio cuando acomodaba las cosas para la feria y se encaprich\u00f3 que la quer\u00eda para la Noche de Brujas, as\u00ed que la saqu\u00e9 de la venta. Pero ella sabe que despu\u00e9s de Halloween me la tiene que devolver, \u00bfno?\u00bb La nena no contest\u00f3, segu\u00eda cargando su canastita con los caramelos de la bolsa que Antonia sosten\u00eda. \u00abLa dejo sacarse el gusto y en la pr\u00f3xima feria la pongo a la venta.\u00bb \u00abAy, si le gusta tanto dejala que se la quede. Es un regalo de la t\u00eda Mariana\u00bb, le dijo y se agach\u00f3 a darle un beso. \u00abBueno, pero si es as\u00ed, vas a tener que elegir una de tus remeras y d\u00e1rmela a cambio, porque todos tenemos que aprender a ser solidarios desde chiquitos si queremos que este mundo cambie, \u00bfo no?\u00bb, le dijo su madre, pero la chica no pudo contestar porque ten\u00eda la boca ocupada por un caramelo de dulce de leche gigante que no pod\u00eda terminar de masticar. Antonia estuvo todo el tiempo parada all\u00ed, mirando la remera. Cont\u00f3 cinco piedritas brillantes que faltaban en los c\u00edrculos conc\u00e9ntricos Pero por suerte no era en lugares muy destacados dos en un costado, casi llegando a la costura, dos cerca del dobladillo, y una debajo del busto. Le dio pena, antes no le faltaba ninguna. Aunque as\u00ed, con menos piedritas, en la pr\u00f3xima feria iba a estar m\u00e1s conveniente, como dec\u00eda su patrona. La mercader\u00eda fallada siempre vale menos, pens\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La semana pasada fue Juliana quien trajo un texto para regalarno. 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