{"id":3553,"date":"2024-04-09T15:32:49","date_gmt":"2024-04-09T18:32:49","guid":{"rendered":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/?p=3553"},"modified":"2024-04-09T15:32:49","modified_gmt":"2024-04-09T18:32:49","slug":"ejercicio-de-escritura-no-1-una-memoria-de-la-escritura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2024\/04\/09\/ejercicio-de-escritura-no-1-una-memoria-de-la-escritura\/","title":{"rendered":"Ejercicio de escritura N\u00ba 1: Una memoria de la escritura"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3555\" src=\"http:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/04\/El-infinito-en-un-junco.jpg\" alt=\"\" width=\"184\" height=\"274\" \/><\/p>\n<p><strong>Objetivo<\/strong>: que el estudiante ejercite la escritura a partir de un recuerdo que tenga a la propia escritura como motivo.<\/p>\n<p><strong>Consignas:<\/strong><!--more--><\/p>\n<ol>\n<li>Le\u00e9 en clase del texto motivador: Fragmento del cap\u00edtulo n\u00ba 49 de <em>El infinito en un junco<\/em> de Irene Vallejo, copiado al final de la publicaci\u00f3n.<\/li>\n<li>En clase, escrib\u00ed un texto breve en el que cuentes c\u00f3mo empezaste a leer y\/o a escribir, c\u00f3mo fue la relaci\u00f3n con las letras de chiquito, incluso antes de la escuela. \u00bfTe le\u00edan? \u00bfHac\u00edas que le\u00edas? \u00bfInventabas un c\u00f3digo propio para escribir? \u00bfConoc\u00edas las letras?<\/li>\n<li>Le\u00e9 tu texto en clase.<\/li>\n<li>En casa, ped\u00ed a quien pasara tiempo con vos cuando eras chico\/chica \u2014mam\u00e1, pap\u00e1, abuela, hermanos mayores\u2014 que te ayude a recordar cosas sobre esas primeras experiencias tuyas con la lectura y la escritura. Inclu\u00ed lo que te cuenten en tu relato.<\/li>\n<li>Revis\u00e1 el texto escrito en clase (\u00bfhay que ajustar la puntuaci\u00f3n? \u00bftiene errores de ortograf\u00eda, alg\u00fan verbo mal conjugado, una oraci\u00f3n que puede ser reescrita?), sum\u00e1 algo de lo que te hayan contado y\/o algo m\u00e1s que hayas recordado y a partir de todo eso, reescrib\u00ed el texto propio. (Eso no significa hacerlo todo de nuevo, sino seguir trabajando en el texto)<\/li>\n<li>\u00bfTe anim\u00e1s a agregarle un t\u00edtulo? Hacelo.<\/li>\n<li>En un mismo archivo de Word adjunto , envi\u00e1 la versi\u00f3n que escribiste en clase y esta nueva a la direcci\u00f3n de correo ceciliareviglio@hotmail.com antes del martes 16 de abril. (no olvides revisar las <a href=\"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2024\/04\/08\/ponerse-de-acuerdo-pautas-importantes-para-cursar-la-materia-2\/\">pautas para enviar trabajos aqu\u00ed<\/a>, antes de hacerlo)<\/li>\n<\/ol>\n<p>El archivo debe llevar como nombre: Apellido_Red1_C3_Ejercicio1<\/p>\n<p>El mail debe llevar por asunto: Redacci\u00f3n 1 \u2013Ejercicio 1<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3554\" src=\"http:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2024\/04\/Irene-Vallejo.jpg\" alt=\"\" width=\"275\" height=\"183\" \/>Cap. 49 de <em>El infinito en un junco<\/em> (Fragmento)<\/strong><\/p>\n<p>Mi madre quiso ense\u00f1arme a leer y yo me negu\u00e9. Ten\u00eda miedo. En mi colegio hab\u00eda un ni\u00f1o llamado Alvarito, hijo de maestros, que hab\u00eda aprendido en casa. Cuando los dem\u00e1s todav\u00eda tartamude\u00e1bamos con los tarjetones de las s\u00edlabas, \u00e9l le\u00eda de corrido con distra\u00edda perfecci\u00f3n. Una facilidad pasmosa, dif\u00edcil de soportar. La venganza se desencaden\u00f3 en el patio de recreo. Lo persegu\u00edan. Gritaban: cuatro ojos, gordinflas. Le pisotearon la cartera. Le colgaron el anorak de las ramas de la higuera, donde no pod\u00eda alcanzarlo porque no era \u00e1gil trepando. Alvarito hab\u00eda quebrantado el c\u00f3digo de la escuela; se hab\u00eda pasado de listo. Sus padres tuvieron que cambiarlo de colegio.<\/p>\n<p>A m\u00ed no me pasar\u00e1, pens\u00e9 con orgullo. Adem\u00e1s, no me hac\u00eda ninguna falta tomarles la delantera a los dem\u00e1s. Mi madre me le\u00eda cuentos por la noche. Nuestro peque\u00f1o teatro nocturno no correr\u00eda peligro mientras yo no supiera leer. Lo que de verdad quer\u00eda era aprender a escribir. Ignoraba que ambas cosas van juntas y se necesitan.<\/p>\n<p>Un d\u00eda por fin tengo un l\u00e1piz entre los dedos. No se deja sujetar f\u00e1cilmente, hay que domesticarlo. Lo aprieto con fuerza contra el papel para que no se escape, pero a veces se planta en rebeli\u00f3n, parti\u00e9ndose las narices contra el cuaderno. Entonces necesito el tajador para afilar otra vez la punta. Puedo verme; estoy sentada con otros ni\u00f1os en una mesa redonda de color vainilla. Inclinada hacia delante, dibujo palotes, puentes, redondeles, curvas. La lengua me asoma entre los labios, siguiendo el desplazamiento de la mano. Filas de emes enganchadas con sus vecinas. Filas de bes con su barriguita. No me gusta la barra transversal de la t (complica el asunto).<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, asciendo: ya puedo juntar letras. La eme extiende un rabito hacia la a. Al principio todo parece un embrollo, un l\u00edo de rayujos. Sigo adelante. Como soy zurda, restriego el pu\u00f1o por encima de los renglones al avanzar y los voy esfumando. Dejo una estela gris. Con la mano ennegrecida, contin\u00fao. Hasta que una ma\u00f1ana, sin darme cuenta, por sorpresa, le arranco el secreto a la escritura. Hago magia. Mam\u00e1. Los palitos y los redondeles cantan en silencio. He atrapado la realidad con una red de letras. Ya no hay solo l\u00edneas; es ella la que aparece de pronto en el papel: su voz tan bonita, las ondas de su pelo casta\u00f1o, la mirada c\u00e1lida, la sonrisa que ense\u00f1a unos incisivos prominentes y, por eso, porque le dan verg\u00fcenza sus dientes desordenados, acaba siempre en un gesto t\u00edmido. La he llamado con mi l\u00e1piz, est\u00e1 ah\u00ed. \u00a1Mam\u00e1! Acabo de escribir y comprender mi primera palabra.<\/p>\n<p>En todas las sociedades que utilizan la escritura, aprender a leer tiene algo de rito inici\u00e1tico. Los ni\u00f1os saben que est\u00e1n m\u00e1s cerca de los mayores cuando son capaces de entender las letras. Es un paso siempre emocionante hacia la edad adulta. Sella una alianza, desgaja una parte superada de la infancia. Se vive con felicidad y euforia. Todo pone a prueba el nuevo poder. \u00bfQui\u00e9n iba a sospechar que el mundo entero estaba engalanado con cadenetas de letras, como una gran verbena? Ahora hay que descifrar la calle: far-ma-cia, pa-na-d\u2026e-ro, se al-quiiii-la. Las s\u00edlabas estallan en la boca como fuegos artificiales, lanzando chispas. En casa, en la mesa, por todas partes te asaltan mensajes. Empiezan las r\u00e1fagas de preguntas: \u00bfqu\u00e9 significa bajoencalor\u00edas?, \u00bfy aguamineralnatural?, \u00bfconsumirpreferentemente?<\/p>\n<p>En la sociedad jud\u00eda medieval se celebraba con una ceremonia solemne el momento del aprendizaje, cuando los libros hac\u00edan part\u00edcipes a los chiquillos de la memoria comunitaria y del pasado compartido. Durante la fiesta de Pentecost\u00e9s, el maestro sentaba en su regazo al ni\u00f1o al que iba a iniciar. Le ense\u00f1aba una pizarra en la que estaban escritos los signos del alfabeto hebreo y a continuaci\u00f3n un pasaje de las Escrituras. El maestro le\u00eda en voz alta, y el alumno repet\u00eda. Luego se untaba con miel la pizarra y el iniciado la lam\u00eda, para que las palabras penetrasen simb\u00f3licamente en su cuerpo. Tambi\u00e9n se escrib\u00edan letras en huevos duros ya pelados o en pasteles. El alfabeto se volv\u00eda dulce y salado, se masticaba y se asimilaba. Entraba a formar parte de uno mismo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no va a ser m\u00e1gico el alfabeto, que descifra el mundo y revela los pensamientos? Los griegos antiguos tambi\u00e9n sent\u00edan su hechizo. En aquel tiempo, las letras se utilizaban para representar, adem\u00e1s de palabras, n\u00fameros y notas musicales. Cada una de sus siete vocales simbolizaba uno de los siete planetas y de los siete \u00e1ngeles que los presiden. Se utilizaban para embrujos y amuletos.<\/p>\n<p>En aquellas remotas escuelas griegas \u2014tardes pardas, llovizna, monoton\u00eda tras las ventanas\u2014, los ni\u00f1os cantaban a coro las letras: \u00abHay alfa, beta, gamma y delta, y \u00e9psilon, y tambi\u00e9n zeta\u2026\u00bb. Despu\u00e9s, las s\u00edlabas: beta con alfa, ba. El maestro las dibujaba y luego, tomando la mano de su alumno con la suya, le hac\u00eda repasar el trazo por encima. Los ni\u00f1os repet\u00edan mil veces los modelos. Copiaban o escrib\u00edan al dictado breves m\u00e1ximas de una l\u00ednea. Como nosotros, aprend\u00edan poemas de memoria \u2014sus \u00abdiez ca\u00f1ones por banda\u00bb y \u00abasombrose un portugu\u00e9s\u00bb\u2014 y retah\u00edlas de palabras raras. Recuerdo una de esas cantilenas de infancia: brujir, grujir y desquijerar; nunca m\u00e1s he vuelto a tropezar con esos verbos chirriantes.<\/p>\n<p>La did\u00e1ctica era obsesiva y cansina. El maestro-domador recitaba, y los alumnos repet\u00edan. El aprendizaje avanzaba a ritmo lento (no era raro que ni\u00f1os de diez o doce a\u00f1os todav\u00eda estuvieran aprendiendo a escribir). En cuanto eran capaces, empezaban a leer, repetir, resumir, comentar y copiar una selecci\u00f3n de textos esenciales, casi siempre los mismos. Sobre todo de Homero, tambi\u00e9n de Hes\u00edodo. Y de otros indispensables. Los antiguos, que ve\u00edan a los ni\u00f1os como una especie de adultos en miniatura sin gustos ni talentos propios, les ofrec\u00edan los mismos libros que le\u00edan los adultos. No hab\u00eda nada parecido a la actual literatura infantil o juvenil, ninguna facilidad. Todav\u00eda no se hab\u00eda inventado la infancia, a\u00fan no hab\u00eda llegado Freud para atribuir una importancia crucial a los primeros a\u00f1os. Entonces, lo mejor que pod\u00edas hacer por un ni\u00f1o era zambullirlo de cabeza en el mundo adulto y quitarle la ni\u00f1ez a restregones, como si fuera mugre.<\/p>\n<p>El alfabeto pod\u00eda ser m\u00e1gico, pero el m\u00e9todo de ense\u00f1anza era con frecuencia s\u00e1dico. Los castigos corporales eran inseparables de la rutina escolar de los ni\u00f1os griegos, igual que lo hab\u00edan sido para los escribas egipcios o jud\u00edos. En una obrita humor\u00edstica de Herodas, el maestro brama: \u00ab\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el cuero duro, la cola de buey con la que azoto a los rebeldes? D\u00e1dmelo antes de que estalle mi c\u00f3lera\u00bb.<\/p>\n<p>pp.132\/134<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Primer regalo textual<\/strong>: Cap. 49 de El infinito en un junco. p. 132. Es la escena de iniciaci\u00f3n de la escritura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cap. 49 de El infinito en un junco (Fragmento)<\/strong><\/p>\n<p>Mi madre quiso ense\u00f1arme a leer y yo me negu\u00e9. Ten\u00eda miedo. En mi colegio hab\u00eda un ni\u00f1o llamado Alvarito, hijo de maestros, que hab\u00eda aprendido en casa. Cuando los dem\u00e1s todav\u00eda tartamude\u00e1bamos con los tarjetones de las s\u00edlabas, \u00e9l le\u00eda de corrido con distra\u00edda perfecci\u00f3n. Una facilidad pasmosa, dif\u00edcil de soportar. La venganza se desencaden\u00f3 en el patio de recreo. Lo persegu\u00edan. Gritaban: cuatro ojos, gordinflas. Le pisotearon la cartera. Le colgaron el anorak de las ramas de la higuera, donde no pod\u00eda alcanzarlo porque no era \u00e1gil trepando. Alvarito hab\u00eda quebrantado el c\u00f3digo de la escuela; se hab\u00eda pasado de listo. Sus padres tuvieron que cambiarlo de colegio.<\/p>\n<p>A m\u00ed no me pasar\u00e1, pens\u00e9 con orgullo. Adem\u00e1s, no me hac\u00eda ninguna falta tomarles la delantera a los dem\u00e1s. Mi madre me le\u00eda cuentos por la noche. Nuestro peque\u00f1o teatro nocturno no correr\u00eda peligro mientras yo no supiera leer. Lo que de verdad quer\u00eda era aprender a escribir. Ignoraba que ambas cosas van juntas y se necesitan.<\/p>\n<p>Un d\u00eda por fin tengo un l\u00e1piz entre los dedos. No se deja sujetar f\u00e1cilmente, hay que domesticarlo. Lo aprieto con fuerza contra el papel para que no se escape, pero a veces se planta en rebeli\u00f3n, parti\u00e9ndose las narices contra el cuaderno. Entonces necesito el tajador para afilar otra vez la punta. Puedo verme; estoy sentada con otros ni\u00f1os en una mesa redonda de color vainilla. Inclinada hacia delante, dibujo palotes, puentes, redondeles, curvas. La lengua me asoma entre los labios, siguiendo el desplazamiento de la mano. Filas de emes enganchadas con sus vecinas. Filas de bes con su barriguita. No me gusta la barra transversal de la t (complica el asunto).<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s, asciendo: ya puedo juntar letras. La eme extiende un rabito hacia la a. Al principio todo parece un embrollo, un l\u00edo de rayujos. Sigo adelante. Como soy zurda, restriego el pu\u00f1o por encima de los renglones al avanzar y los voy esfumando. Dejo una estela gris. Con la mano ennegrecida, contin\u00fao. Hasta que una ma\u00f1ana, sin darme cuenta, por sorpresa, le arranco el secreto a la escritura. Hago magia. Mam\u00e1. Los palitos y los redondeles cantan en silencio. He atrapado la realidad con una red de letras. Ya no hay solo l\u00edneas; es ella la que aparece de pronto en el papel: su voz tan bonita, las ondas de su pelo casta\u00f1o, la mirada c\u00e1lida, la sonrisa que ense\u00f1a unos incisivos prominentes y, por eso, porque le dan verg\u00fcenza sus dientes desordenados, acaba siempre en un gesto t\u00edmido. La he llamado con mi l\u00e1piz, est\u00e1 ah\u00ed. \u00a1Mam\u00e1! Acabo de escribir y comprender mi primera palabra.<\/p>\n<p>En todas las sociedades que utilizan la escritura, aprender a leer tiene algo de rito inici\u00e1tico. Los ni\u00f1os saben que est\u00e1n m\u00e1s cerca de los mayores cuando son capaces de entender las letras. Es un paso siempre emocionante hacia la edad adulta. Sella una alianza, desgaja una parte superada de la infancia. Se vive con felicidad y euforia. Todo pone a prueba el nuevo poder. \u00bfQui\u00e9n iba a sospechar que el mundo entero estaba engalanado con cadenetas de letras, como una gran verbena? Ahora hay que descifrar la calle: far-ma-cia, pa-na-d\u2026e-ro, se al-quiiii-la. Las s\u00edlabas estallan en la boca como fuegos artificiales, lanzando chispas. En casa, en la mesa, por todas partes te asaltan mensajes. Empiezan las r\u00e1fagas de preguntas: \u00bfqu\u00e9 significa bajoencalor\u00edas?, \u00bfy aguamineralnatural?, \u00bfconsumirpreferentemente?<\/p>\n<p>En la sociedad jud\u00eda medieval se celebraba con una ceremonia solemne el momento del aprendizaje, cuando los libros hac\u00edan part\u00edcipes a los chiquillos de la memoria comunitaria y del pasado compartido. Durante la fiesta de Pentecost\u00e9s, el maestro sentaba en su regazo al ni\u00f1o al que iba a iniciar. Le ense\u00f1aba una pizarra en la que estaban escritos los signos del alfabeto hebreo y a continuaci\u00f3n un pasaje de las Escrituras. El maestro le\u00eda en voz alta, y el alumno repet\u00eda. Luego se untaba con miel la pizarra y el iniciado la lam\u00eda, para que las palabras penetrasen simb\u00f3licamente en su cuerpo. Tambi\u00e9n se escrib\u00edan letras en huevos duros ya pelados o en pasteles. El alfabeto se volv\u00eda dulce y salado, se masticaba y se asimilaba. Entraba a formar parte de uno mismo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no va a ser m\u00e1gico el alfabeto, que descifra el mundo y revela los pensamientos? Los griegos antiguos tambi\u00e9n sent\u00edan su hechizo. En aquel tiempo, las letras se utilizaban para representar, adem\u00e1s de palabras, n\u00fameros y notas musicales. Cada una de sus siete vocales simbolizaba uno de los siete planetas y de los siete \u00e1ngeles que los presiden. Se utilizaban para embrujos y amuletos.<\/p>\n<p>En aquellas remotas escuelas griegas \u2014tardes pardas, llovizna, monoton\u00eda tras las ventanas\u2014, los ni\u00f1os cantaban a coro las letras: \u00abHay alfa, beta, gamma y delta, y \u00e9psilon, y tambi\u00e9n zeta\u2026\u00bb. Despu\u00e9s, las s\u00edlabas: beta con alfa, ba. El maestro las dibujaba y luego, tomando la mano de su alumno con la suya, le hac\u00eda repasar el trazo por encima. Los ni\u00f1os repet\u00edan mil veces los modelos. Copiaban o escrib\u00edan al dictado breves m\u00e1ximas de una l\u00ednea. Como nosotros, aprend\u00edan poemas de memoria \u2014sus \u00abdiez ca\u00f1ones por banda\u00bb y \u00abasombrose un portugu\u00e9s\u00bb\u2014 y retah\u00edlas de palabras raras. Recuerdo una de esas cantilenas de infancia: brujir, grujir y desquijerar; nunca m\u00e1s he vuelto a tropezar con esos verbos chirriantes.<\/p>\n<p>La did\u00e1ctica era obsesiva y cansina. El maestro-domador recitaba, y los alumnos repet\u00edan. El aprendizaje avanzaba a ritmo lento (no era raro que ni\u00f1os de diez o doce a\u00f1os todav\u00eda estuvieran aprendiendo a escribir). En cuanto eran capaces, empezaban a leer, repetir, resumir, comentar y copiar una selecci\u00f3n de textos esenciales, casi siempre los mismos. Sobre todo de Homero, tambi\u00e9n de Hes\u00edodo. Y de otros indispensables. Los antiguos, que ve\u00edan a los ni\u00f1os como una especie de adultos en miniatura sin gustos ni talentos propios, les ofrec\u00edan los mismos libros que le\u00edan los adultos. No hab\u00eda nada parecido a la actual literatura infantil o juvenil, ninguna facilidad. Todav\u00eda no se hab\u00eda inventado la infancia, a\u00fan no hab\u00eda llegado Freud para atribuir una importancia crucial a los primeros a\u00f1os. Entonces, lo mejor que pod\u00edas hacer por un ni\u00f1o era zambullirlo de cabeza en el mundo adulto y quitarle la ni\u00f1ez a restregones, como si fuera mugre.<\/p>\n<p>El alfabeto pod\u00eda ser m\u00e1gico, pero el m\u00e9todo de ense\u00f1anza era con frecuencia s\u00e1dico. Los castigos corporales eran inseparables de la rutina escolar de los ni\u00f1os griegos, igual que lo hab\u00edan sido para los escribas egipcios o jud\u00edos. En una obrita humor\u00edstica de Herodas, el maestro brama: \u00ab\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el cuero duro, la cola de buey con la que azoto a los rebeldes? D\u00e1dmelo antes de que estalle mi c\u00f3lera\u00bb.<\/p>\n<p>pp.132\/134<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Objetivo: que el estudiante ejercite la escritura a partir de un recuerdo que tenga a la propia escritura como motivo. 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