{"id":2420,"date":"2023-06-01T12:44:27","date_gmt":"2023-06-01T12:44:27","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/?p=2420"},"modified":"2023-06-01T12:44:27","modified_gmt":"2023-06-01T12:44:27","slug":"regalo-textual-no-8-de-la-amistad-y-la-belleza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2023\/06\/01\/regalo-textual-no-8-de-la-amistad-y-la-belleza\/","title":{"rendered":"Regalo Textual N\u00ba 8: De la amistad y la belleza"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2023\/06\/Ojos-de-poeta.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2023\/06\/Ojos-de-poeta-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2421\" \/><\/a><em>Hace tiempo que pienso en eso. En desterrar el lugar com\u00fan de tener cosas en com\u00fan. La amistad es una voluntad misteriosa y cuando fluye parece un partido de tenis, siempre nos devolvemos la pelota, se pregunta, se escucha, se repregunta.<\/em><br \/>\n&#8212;<br \/>\n<strong>Por Joana D&#8217;alessio<\/strong><!--more--><\/p>\n<p>Estoy intentando caminar todos los d\u00edas. Pas\u00e9 meses absorta en mi trabajo, y ahora veo que fue una forma de sostenerme. Todo a mi alrededor estaba tambaleando y, en el caos de la vida, mi trabajo es mi centro. Pero estoy a punto de romperme. Un insomnio feroz y una sucesi\u00f3n de s\u00edntomas que se presentaron uno tras otro como un collar de piedras que me ahoga, me obligaron a pensar. Alergias nuevas, una contractura cervical despiadada, cefaleas al atardecer: el caj\u00f3n de mi mesa de luz es un festival de blisters. Y mi cabeza es una secuencia de pensamientos obsesivos, una espiral a la nada, donde caigo cada noche. Quiero encontrar un ritmo nuevo. Salir, ver gente, hacer actividad f\u00edsica. Mi mam\u00e1 est\u00e1 muy sana y hace treinta a\u00f1os que camina una hora por d\u00eda. Quiero hacerme de esa secta, quiero ser de la secta de los caminantes. Es oto\u00f1o, las veredas crujen de hojas al atardecer como una invitaci\u00f3n. Pero me cuesta salir. S\u00e9 pasar tiempo sola en mi casa, puedo estar d\u00edas y d\u00edas leyendo, trabajando y cuidando mis plantas. Sin embargo, para cruzar el umbral, necesito compa\u00f1\u00eda. Entonces decido pedir ayuda. Les ruego a mis amigas que caminen conmigo.<\/p>\n<p><strong>-1-<br \/>\nFlora. Espino de fuego. <\/strong><br \/>\nSon las tres de la tarde de un viernes, hice un esfuerzo por ubicar todas mis reuniones durante la ma\u00f1ana y terminar a tiempo para la caminata. Cuando Flora me toca el timbre se larga a llover. De forma torrencial. Decidimos tomar un caf\u00e9 y esperar. Se sienta a la mesa de la cocina y me dice: \u00bfqu\u00e9 es todo este dengue? Flora siempre me ayuda a ordenar mi casa. Cuando me separ\u00e9, hace tres a\u00f1os, fue la persona que me acompa\u00f1\u00f3 en la mudanza y estuvo al lado m\u00edo cuando abr\u00ed los cajones de los recuerdos. Ella decidi\u00f3 armar una caja que rotul\u00f3 con una cinta que dec\u00eda: no abrir hasta 2020. Y ah\u00ed fueron las fotos de mi casamiento, las cartas de amor, las tarjetas que mi ex marido me hac\u00eda para mis cumplea\u00f1os. Flora le dice dengue a los amontonamientos de cositas en lugares. Mientras le hago un caf\u00e9 me cuenta de un ex que le escribi\u00f3 un mail. Es obvio que \u00e9l no quiere nada con ella, solo quiere tenerla ah\u00ed. A \u00e9l no le importa tu felicidad, le digo mientras saco un jam\u00f3n crudo de la heladera, lo pongo arriba de la mesa y agrego: en cambio a m\u00ed s\u00ed.<br \/>\nCuando terminamos el caf\u00e9 Flora me propone marikondear un rato. Estoy cansada y no tengo ganas pero acepto. Vamos a mi estudio, el lugar m\u00e1s ca\u00f3tico de la casa. Mi escritorio est\u00e1 lleno de libros apilados. Todas las superficies lisas de mi casa est\u00e1n llenas de libros apilados. Hasta en el piso, al lado de la cama, hay libros apilados. Tambi\u00e9n hay l\u00e1pices y lapiceras desparramados en mesas y escritorios. Tengo una debilidad por los l\u00e1pices, por los cuadernos, por los sacapuntas, por las gomas de borrar, por los papeles de envolver, por las acuarelas, por los pinceles y por varios tipos de papel. Enseguida ella se concentra y decide que tengo que guardar todos mis art\u00edculos de librer\u00eda en un solo lugar. Hay una ley universal del orden que es que las cosas de la misma categor\u00eda van en un \u00fanico lugar. Elige unos estantes y se pone a trabajar. Clasifica, decide, tira.<br \/>\nHablamos mientras ordenamos, ella eficiente, yo distra\u00edda. Afuera la lluvia cae y resuena en el techo de mi casa. La conversaci\u00f3n con Flora siempre es desafiante y bella. Como un camino de cornisa. Ella tiene algunas ideas definidas acerca de c\u00f3mo son las cosas, usa sus cristales para ver. Y la mayor\u00eda de sus ideas son atrapantes, funcionan como peque\u00f1os relatos. Es inteligente y racional pero cree fuertemente en la parte m\u00e1gica de la vida. Prende velas, considera que los objetos son algo m\u00e1s que cosas y le gusta mucho unir ideas que a primera vista no parecen tener relaci\u00f3n. Siempre me da su punto de vista y, aunque tenemos momentos de tensi\u00f3n, fogonazos, no peleamos.<br \/>\nNos hacemos compa\u00f1\u00eda en los malos momentos. El 2018 fue un a\u00f1o dif\u00edcil para ella, fue el a\u00f1o en que lloraba en mi sill\u00f3n. Una vez por semana ven\u00eda y sus ojos verdeazules se llenaban de agua, sacaba un pa\u00f1uelito blanco y se limpiaba los mocos. A veces aparec\u00edan mis hijas y quer\u00edan saber qu\u00e9 le pasaba. \u00bfMami Flora llora por un novio?<br \/>\nRecorrimos juntas el mundo. Las playas del sur de Brasil, Machu Pichu, Cabo Polonio, Nueva York. Barcelona: nosotras hablando en el autob\u00fas que nos llev\u00f3 del aeropuerto a la ciudad, nosotras hablando en el Paseo de Gracia, nosotras hablando en el Parque G\u00fcell, nosotras hablando en el Barrio G\u00f3tico. Veo ahora ese viaje como el clip de una pel\u00edcula: el fondo cambia, hay elipsis, la conversaci\u00f3n es una m\u00fasica que une todo.<br \/>\nHace poco Flora tuvo que refaccionar su casa y vino a vivir conmigo unos meses. Una tarde est\u00e1bamos en el living, yo le\u00eda y ella bordaba, y me empez\u00f3 a contar algo. La mir\u00e9 y dijo: est\u00e1 bien, no te hablo. Es la \u00fanica persona en el mundo que sabe cuando no quiero hablar.<br \/>\nEs raro, somos muy diferentes. Ella practica ayurveda, medita, hace kung fu. Yo soy una bestia ansiosa y mi dieta principal son los animales muertos. Ella tiene pocas cosas y yo soy una acumuladora serial. Supongo que los motivos de una amistad son tan indescifrables como los del amor rom\u00e1ntico. \u201cLa amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquier de las otras fases de esta confusi\u00f3n que es la vida. He sospechado alguna vez que la \u00fanica cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por s\u00ed sola\u201d, escribe J.L. Borges en El indigno.<br \/>\nNos regalamos cosas porque s\u00ed, ella me cocina berenjenas cuando estoy triste, yo le hago p\u00e9keles cuando viene a verme. Tenemos nuestro propio glosario de estados emocionales: \u201cla nube\u201d es para d\u00edas de tristeza, \u201cfuze-tea\u201d es para depresi\u00f3n intensa en la cama, \u201ccristal\u201d es una forma de decir que nos mostramos bien hacia el afuera. Si estamos realmente felices no necesitamos nombrarlo.<br \/>\nAhora la lluvia es m\u00e1s suave pero persiste. Flora ya llen\u00f3 dos bolsas de residuos y acomod\u00f3 mis l\u00e1pices y acuarelas en una repisa como si fuera un local de Palermo. Me muestra un libro que tengo repetido: Los peque\u00f1os macabros, de Edward Gorey. Le regalo un ejemplar y se lo guarda. Despu\u00e9s quiere acomodar mis libros del escritorio y le digo que no, que esos son los que estoy leyendo ahora, van ah\u00ed. A veces nos leemos fragmentos de libros, como hacen los enamorados. Abro uno, La mujer y la ciudad, de Vivian Gornick. Amiga, te quiero leer esto, escuch\u00e1: \u201cLa buena conversaci\u00f3n no es una cuesti\u00f3n de compartir intereses, ideales, sino una cuesti\u00f3n de temperamento, cuando se comparte el mismo temperamento, la conversaci\u00f3n nunca pierde espontaneidad y frescura; cuando no, uno siempre tiene que andarse con pies de plomo\u201d.<br \/>\nHace tiempo que pienso en eso. En desterrar el lugar com\u00fan de tener cosas en com\u00fan. La amistad es una voluntad misteriosa y cuando fluye parece un partido de tenis, siempre nos devolvemos la pelota, se pregunta, se escucha, se repregunta. Un hilito que nadie suelta. La amistad es una conversaci\u00f3n que se puede retomar en cualquier punto y en cualquier lugar del mundo.<br \/>\nFlora me cuenta que hace poco le hizo un chiste medio \u00e1cido a su novio y \u00e9l respondi\u00f3: \u00bftrajiste m\u00e1s de esas piedritas en tu bolsita para lanzarme? Se rieron. Claro, digo yo, se entienden, fluye. Y ella me responde: s\u00ed, viste como soy, y no voy a cambiar, pero a \u00e9l le parezco graciosa. Luego conversamos sobre la importancia del di\u00e1logo en la pareja, y sobre qu\u00e9 tontas o qu\u00e9 j\u00f3venes \u00e9ramos cuando nos dej\u00e1bamos llevar por la atracci\u00f3n f\u00edsica, qu\u00e9 im\u00e1n est\u00fapido, qu\u00e9 fuente de felicidad tan ef\u00edmera es la belleza del otro. Me pregunta por el hombre con el que salgo y le digo que tuvimos una pelea. Ella lo detesta, ya tiene decidido hace mucho que no me conviene. No tengo fuerzas para contarle los detalles, adem\u00e1s, ser\u00eda darle la raz\u00f3n, y prefiero no hacerlo.<br \/>\nLa tormenta cedi\u00f3, hay una lluvia finita y el cielo se clare\u00f3; Flora decide que vamos a salir a caminar. Agarramos por Arcos hacia el lado de General Paz. La calle se va ensanchando y hay muchos \u00e1rboles que en esta \u00e9poca est\u00e1n dorados. En esta zona hay varias de mis casas preferidas: las que tienen porche. Puedo curiosear los jardincitos, es muy com\u00fan ver en los porches malvones y jazmines. Ahora no es \u00e9poca de jazmines, aunque no falta tanto y los espero anhelante con la llegada de la primavera. S\u00ed de malvones, ya que todas las \u00e9pocas son de los malvones, son muy nobles, dan flores en continuado y aguantan todo. En casa tengo muchos, los fui comprando de a uno como un homenaje a mi abuela. Yo recordaba su voz diciendo malv\u00f3n (no sus malvones, su voz) y los atiendo como si fueran delicados, me gusta entrarlos a casa cuando llueve. No tiene sentido, pero no puedo evitarlo. En las veredas hay canteros con rosas chinas y me llama mucho la atenci\u00f3n un arbusto que da una flor coral que es como un pirincho, es la flor del aloe, es dram\u00e1tica y le da un toque extempor\u00e1neo al oto\u00f1o.<br \/>\nMientras caminamos le hago la pregunta fundamental: \u00bfy vos, c\u00f3mo est\u00e1s? Me dice: no doy m\u00e1s amiga, estoy harta de micro fracasar todo el d\u00eda con todo lo que intento hacer. Yo me r\u00edo, su forma de decirlo me encanta. Mis amistades m\u00e1s profundas est\u00e1n basadas en los relatos de los fracasos. Una vez tuve una amiga que contaba solo lo bueno, le gustaba la propaganda de la vida. O su vida era perfecta, no lo s\u00e9, pero me irritaba su relato del \u00e9xito, y me hac\u00eda sentir miserable.<br \/>\nA las pocas cuadras la lluvia se detiene y queda ese halo refulgente en las calles y las veredas. Est\u00e1 lleno de colchones de hojas: amarillas, naranjas, cobrizas. La belleza del oto\u00f1o me abruma y siento un bienestar inesperado, como un golpecito.<br \/>\nVolvemos por Cuba y en una esquina veo un arbusto que me llama la atenci\u00f3n, tiene un fruto rojo y diminuto, como manzanas en escala miniatura. Me hace acordar a mi infancia y a la navidad, a una navidad que no existe en mi vida, la de la nieve, la de las pel\u00edculas. Me acerco a cortar una rama, siempre me gusta cuando camino agarrar algo, soy como una cartonera de flores silvestres. A veces las seco, tengo una suerte de herbario indisciplinado, otras veces las dibujo y las pinto con acuarelas. Me pincho porque tiene espinas. En mi casa anterior, en la casa donde nacieron mis hijas, ten\u00edamos un arbusto as\u00ed. Veo la pel\u00edcula de mi vida marcha atr\u00e1s. Creo que no imaginaba tener esta vida que tengo ahora, pero no est\u00e1 mal, a veces es dif\u00edcil pero es verdadera. Pienso en esa frase de mi mam\u00e1: somos hojitas al viento. Guardo la rama en el bolsillo de mi tapado. Flora me acompa\u00f1a unas cuadras m\u00e1s hasta la puerta de mi casa.<br \/>\nAl llegar pongo mi bot\u00edn en un frasco con agua; el vidrio y el agua producen un efecto de lupa, y los frutos diminutos se ven muy brillantes. La transparencia es hermosa. Se llaman crataegus o espino de fuego, lo busco en una aplicaci\u00f3n. Llevo a\u00f1os en un v\u00ednculo con ellos pero hasta hoy no conoc\u00eda su nombre.<\/p>\n<p><strong> -2-<\/strong><br \/>\n<strong>Gabriela. Lirios blancos. <\/strong><\/p>\n<p>No fue f\u00e1cil agendar una caminata con Gaby. Ella quer\u00eda a toda costa organizar un plan que incluyera a nuestros hijos, tiene poco tiempo libre y prefiere verme cuando est\u00e1 con ellos. Tuve que explicarle varias veces que necesitaba un plan s\u00f3lo con ella, sin ni\u00f1os. Entramos en un chat interminable de d\u00edas, ella me dec\u00eda que soy prioridad, pero insist\u00eda en juntarnos todos el Domingo. Al final le dije: mir\u00e1, no te quiero dar pena, es la \u00faltima vez que te lo digo, no estoy bien y quiero que nos veamos solas, si no pod\u00e9s todo bien, dej\u00e1.<br \/>\nGaby es de mis amigas preferidas para hablar. Me gusta mucho estar con ella porque todo lo que me cuenta me despierta inter\u00e9s y a ella todo lo que le cuento le interesa, somos como una m\u00e1quina perfecta, un flujo continuo de palabras e ideas que se van acomodando y haciendo lugar unas a otras, sin interrupciones ni cortocircuitos. La conversaci\u00f3n con ella es un patinaje suave. Nos ayudamos a resolver problemas. Yo expongo, presento el caso, ella ofrece soluciones. Y despu\u00e9s al rev\u00e9s. Si alguna de las dos tiene un caso muy grave nos concentramos solo en eso. Es usual que nos digamos: hoy tengo un tema, amiga. Hacemos muchas digresiones, porque somos dos personas con esa tendencia, pero eso es oxigenante y est\u00e1 bien, siempre retomamos el hilo. En general logramos, con la paciencia de un artesano, cerrar todos los par\u00e9ntesis y volver al tronco. Creo que tambi\u00e9n me produce felicidad su forma de hablar, se esmera en elegir las palabras, es vehemente y expresiva, mueve siempre las manos.<br \/>\nEl d\u00eda en que finalmente nos vemos decidimos caminar por los lagos de Palermo. Vamos a hacerlo r\u00e1pido, como un ejercicio. Hace un poco de fr\u00edo y el lago est\u00e1 plateado, parece de cristal, rodeado por enormes \u00e1rboles. Hay eucaliptus, robles y jacarand\u00e1s reflejados en el espejo de agua. Es la hora m\u00e1gica, ese ratito entre la puesta del sol y la oscuridad total, el sol ya no est\u00e1 en el horizonte pero su luz perdura como un resplandor violeta. Tengo el impulso de agarrar mi tel\u00e9fono y sacar una foto, pero lo reprimo. Me entrego a este momento que se desliza parejo, de charla y amplitud, no quiero interrumpirlo. La vida podr\u00eda ser esto, mi amiga y yo bordeando un lago. Los \u00faltimos meses pas\u00e9 demasiado tiempo cuidando a mis hijas y acompa\u00f1ando a mis padres. La existencia en general es caos y desorden y el di\u00e1logo con una amiga me ayuda a juntar los pedazos, a entender el mundo, a entenderme. Gaby es mi amiga m\u00e1s af\u00edn, casi siempre que hablamos pensamos lo mismo, y lo que hacemos con la conversaci\u00f3n es sacarle brillo a las ideas. Solucionamos problemas y de repente las cosas se ven di\u00e1fanas, transparentes, bellas, y as\u00ed conseguimos que por un momento desaparezca el horror del mundo. La calma de la conversaci\u00f3n aquieta mi ansiedad galopante, no quiero nada m\u00e1s, no quiero estar en otro lugar; ahora en este lago, en este paso sincronizado y r\u00e1pido junto a mi amiga, dejo de sentirme escindida, dejo de sentir que me falta algo.<br \/>\nMientras la noche cae a nuestro alrededor le cuento a Gaby una pelea que tuve con el hombre con el que salgo. Le digo c\u00f3mo sus argumentos y su forma de discutir me irritan, me vuelven loca. Mientras camino, salto y caigo con fuerza contra el piso como si estuviera matando bichitos, bichitos malignos, para descargar la ira que todav\u00eda siento. Claro, discute como un hombre, dice ella. \u00a1S\u00ed! Grito yo. \u00a1Es eso! \u00a1Quiere ganar! Quiere tener raz\u00f3n. No quiere escuchar, no quiere llegar a un acuerdo, no quiere construir un lugar donde los dos podamos ver el mismo objeto aunque sea desde \u00e1ngulos distintos, quiere m\u00e1s que nada en el mundo sostener lo que dijo y que le den la medalla de la raz\u00f3n. Y tambi\u00e9n le interesa mucho encontrar fallas en mis argumentos, si me desdigo le parece algo atroz. Yo un d\u00eda pienso una cosa y al otro d\u00eda pienso la contraria, soy as\u00ed, es algo esencial. Y quiero cambiar muchas cosas de m\u00ed, pero esta no. Le cuento que despu\u00e9s de la pelea me mand\u00f3 flores en un intento por arreglar las cosas, y que yo me enoj\u00e9. Pero, nena, \u00bfc\u00f3mo te vas a enojar si te manda flores? Es algo lindo, dice ella. La verdad es que mis hijas no saben que \u00e9l existe, y ellas viven conmigo. Me pareci\u00f3 invasivo. Tuve que responder muchas preguntas, las flores llegaron de noche y con una tarjeta que ten\u00eda un mensaje y las iniciales del hombre. Adem\u00e1s: estaban cerradas. Eran capullos, \u00bfc\u00f3mo vas a mandar un ramo de flores as\u00ed? Contuve las ganas de tirarlas y las puse en mi ba\u00f1o, lejos de la vista de mis hijas. Pasaron los d\u00edas y se fueron abriendo. Resultaron ser lirios blancos. Se parecen a las calas, tienen tallos largos y las flores son elegantes y, aunque me parec\u00edan un poco de velorio, daban un perfume lindo, dulz\u00f3n. Ajazminado. Tanto que las acomod\u00e9 en la mesa de luz que est\u00e1 del lado de la cama que no uso. A las dos semanas segu\u00edan ah\u00ed, hasta que un d\u00eda not\u00e9 que sus estambres hab\u00edan segregado un polvo amarillo sobre mis libros y las tir\u00e9 al tacho de basura.<br \/>\nYa dimos toda la vuelta al lago, es noche cerrada, pero tenemos m\u00e1s cosas para decirnos. Nadie menciona nada acerca del horario o el recorrido, salimos del lago y seguimos caminando por Figuero Alcorta hacia la zona de River, sin plan, nos pasan por el costado los autos veloces con sus luces y de fondo suena ese colch\u00f3n del ruido de los motores. Gaby quiere saber c\u00f3mo estoy yo, c\u00f3mo est\u00e1 mi pap\u00e1, como van mis cosas; sabemos que el hombre es una pantalla, pero yo la hago hablar a ella, soy r\u00e1pida cambiando el eje y ella es f\u00e1cil de distraer. En general puedo hablar de cualquier cosa en cualquier lugar y con casi cualquier persona, pero hay d\u00edas en los que no quiero hablar de lo que me duele. Me cuenta un problema que tiene en el trabajo, de c\u00f3mo se le est\u00e1 escapando un proyecto que le entusiasma mucho. Conozco a una persona que est\u00e1 involucrada y le digo que voy a intentar hacer alguna movida para ayudarla. Hablamos de unos terrenos que hay en venta en La cumbre, C\u00f3rdoba. Una de nuestras amigas, Vero, ya se compr\u00f3 uno, y nosotras tenemos la fantas\u00eda de comprar uno juntas y hacernos unas casitas. No son caros y se venden con un plan de cuotas a cinco a\u00f1os. En septiembre, vamos a ir en auto a conocer el lugar: Flora, Vero, Gaby y yo. Me imagino ese viaje como un Thelma y Louis pero sin el salto al vac\u00edo; la ruta, la m\u00fasica, el horizonte. Tampoco me interesa mucho Brad Pitt. Pienso que podr\u00eda pasar que nunca m\u00e1s vuelva a vivir con un hombre, pero tampoco me imagino en una casa sola con gatos. La vida en comunidad, rodeada de amigas y de naturaleza, me parece una vida posible.<\/p>\n<p>-3-<br \/>\n<strong>Julieta. Ojos negros. <\/strong><br \/>\nTengo una cita para caminar con Juli a las tres de la tarde. Me pongo mis jogging rojos, buen abrigo, zapatillas c\u00f3modas y una ri\u00f1onera muy poco elegante donde llevo auriculares, el tel\u00e9fono y dinero. Nunca compro nada pero me siento desnuda en la calle sin plata. Soy lenta para salir de mi casa, como si cruzar el umbral supusiera cada vez dejar algo atr\u00e1s, una p\u00e9rdida min\u00fascula. Finalmente salgo y decido que voy a bajar por Iber\u00e1 hacia el lado de River. El paso nivel de Iber\u00e1 es uno de los m\u00e1s lindos de la zona, tiene unos murales con escalas crom\u00e1ticas en las paredes y por alguna raz\u00f3n los autos no van tan r\u00e1pido como en el de Manuela Pedraza, la sensaci\u00f3n en el cuerpo de bajar y subir siempre me renueva algo. Suena mi tel\u00e9fono, es Juli. Ella est\u00e1 caminando en Miami y yo en Buenos Aires, nos sincronizamos para salir al mismo tiempo y hablar por tel\u00e9fono durante nuestros paseos.<br \/>\nJuli es mi mejor amiga, hablamos todo el d\u00eda y de forma continuada, desde la ma\u00f1ana hasta la noche, como supongo que hablan los novios, no s\u00e9, eso ya lo olvid\u00e9. Nuestra conversaci\u00f3n lleva veintis\u00e9is a\u00f1os. Mi primer recuerdo de ella: ten\u00eda una chomba azul, camin\u00e1bamos por la calle Bol\u00edvar y ella hablaba sin parar. A mi me llam\u00f3 la atenci\u00f3n su desparpajo. Nunca hab\u00eda conocido una persona as\u00ed, Julieta era alguien que dec\u00eda lo que pensaba de las cosas cuando decir lo que uno piensa no estaba de moda como ahora. Y era una mujer joven, porque en ese entonces ten\u00eda 18 a\u00f1os, que iba siempre detr\u00e1s de su deseo, sin importarle mucho lo que pensaran los dem\u00e1s ni los usos sociales o las etiquetas. Escorpiana, aguda, y con una carcajada descomunal.<br \/>\nSomos muy buenas diciendo esto: te entiendo amiga, es un baj\u00f3n. Somos distintas pero entender el mundo y los v\u00ednculos juntas, de a dos, nos resulta fascinante. A ella le da pereza el despliegue, es m\u00e1s concreta y entiende todo de una vez, ve el plano general con rayos X. En cambio yo voy a los detalles, avanzo, retrocedo, dudo. Tengo pensamientos obsesivos sobre los que regreso de forma permanente. A veces supongo que la irrito, pero jam\u00e1s me lo hace sentir, en general puede escuchar mi mismo tema d\u00eda tras d\u00eda tras d\u00eda. Tambi\u00e9n hablamos de libros, compartimos el inter\u00e9s por la no ficci\u00f3n. Nos mandamos fotos de fragmentos que leemos y yo le env\u00edo libros que creo que le pueden gustar cuando su mam\u00e1 viaja a verla. Hace poco comentamos mucho Despojos, Sobre el matrimonio y la separaci\u00f3n, de Rachel Cusk. Las dos lo le\u00edmos dos veces, ella porque hizo un taller y lo reley\u00f3 para verlo con sus alumnas, yo porque lo hab\u00eda le\u00eddo en Kindle y lo que me pasa es que si no lo leo en papel el libro no se queda conmigo. Hacia el final Cusk narra una escena en una florister\u00eda y dice algo que muchas veces intent\u00e9 parafrasear y no pude, y es lo siguiente: no hay presencia cromos\u00f3mica de lo masculino: este ambiente fresco y perfumado es una arboleda de feminidad, de fecundidad pura en cierto modo, como si no hubiera necesidad de ning\u00fan conflicto, de ninguna lucha de contrarios, para que estas formas y olores se vuelven completos.<br \/>\nHoy la charla empieza mal porque le cuento algo y me dice: te vas enojar si te digo lo que pienso. Le respondo: ya van varias veces que me dec\u00eds eso y lo que creo en este punto es que quer\u00e9s pelear conmigo, \u00bfpara qu\u00e9 me dec\u00eds algo que sab\u00e9s que me va a hacer enojar?<br \/>\nLo que sucedi\u00f3 es que intercambi\u00e9 unos mensajes con el hombre, el resultado fue frustrante y ahora solo espero que Juli avale mi teor\u00eda: que \u00e9l me est\u00e1 intentando manipular. Pero ella no tiene ganas de darme la raz\u00f3n, tiene otras ideas sobre c\u00f3mo son las cosas, y yo no tengo ganas de escuchar sus otras ideas. Camino como una desquiciada por River con los auriculares puestos y grit\u00e1ndole al viento: \u00bfpor qu\u00e9 no pod\u00e9s entender que estoy angustiada y que necesito que me digas que el chab\u00f3n es un pelotudo? \u00c9l solo quiere que le dore la p\u00edldora y cuando hago algo que no le gusta me castiga.<br \/>\nLa discusi\u00f3n escala, nos gritamos y nos reprochamos cosas, pero seguimos firmes conversando y diciendo lo que pensamos hasta que en alg\u00fan momento logramos entendernos y volver a la senda de la buena conversaci\u00f3n. Como cuando un nudo se desata m\u00e1gicamente. Despu\u00e9s Juli me pregunta por mi pap\u00e1. Le digo algunas cosas pero siento que se me cierra la garganta y entonces le pregunto por el suyo. Su pap\u00e1 tiene una enfermedad incurable en la m\u00e9dula. Hace tres a\u00f1os, cuando se le declar\u00f3, ella viaj\u00f3 a Buenos Aires. Recuerdo que fuimos a tomar un caf\u00e9 al Pain Quotidien de Gelly y me repet\u00eda como un rezo: mi pap\u00e1 se va a morir, mi pap\u00e1 se va a morir. Mi pap\u00e1 se va a morir. Yo la escuchaba pero para adentro pensaba: \u00bfpor qu\u00e9 me lo dice tantas veces?. Ahora tal vez entiendo m\u00e1s, me imagino que la idea de un mundo sin pap\u00e1 es una idea aterradora, como caer al vac\u00edo, y ella necesitaba decirlo para tranquilizarse. Al final su pap\u00e1 no se muri\u00f3, pero est\u00e1 bastante enfermo y no tiene una buena vida. Concluimos que peor que morir es tener una agon\u00eda prolongada y dolorosa. La muerte al fin y al cabo es inevitable, el sufrimiento no. Y como dice Katherine Mansfield en su Diario: el sufrimiento no tiene l\u00edmites, es la eternidad.<br \/>\nDespu\u00e9s me cuenta que est\u00e1 contenta, que siente que la terapia le hizo bien y que por primera vez en la vida cree que puede ser feliz. Me dice: soy como un algoritmo, porque cada vez que pasa algo complicado lo resuelvo un poco mejor.<br \/>\nEs un d\u00eda de sol y River est\u00e1 radiante, la clave es nunca llegar a Alcorta, caminar por el boulevard Lidoro Quintero, por las calles curvas, y observar los frentes de las casas. A veces me cuesta elegir este camino porque tengo que cruzar Libertador que es como un r\u00edo sucio y revuelto, pero vale la pena: River es uno de mis barrios preferidos. Lo que m\u00e1s me atrae es que es un h\u00edbrido, nunca se sabe qu\u00e9 va a aparecer: un caser\u00f3n antiguo, una casa de ladrillos de los a\u00f1os ochenta, un espacio verde, un edificio de hormig\u00f3n moderno. Est\u00e1 gobernado por una r\u00edtmica imprevisible. Y ese es para m\u00ed el gran encanto de los paisajes urbanos: en la ciudad uno puede repetir el mismo camino muchas veces pero siempre hay algo distinto, inesperado, a la vuelta de la esquina. Hace poco viaj\u00e9 al sur, y su paisaje prodigioso me cortaba la respiraci\u00f3n al l\u00edmite de sentir una angustia, un abismo. La secuencia es regular y tiende al infinito: a la vuelta de la curva hay otra monta\u00f1a y otro lago. El cielo azul e inmaculado me excluye. La metr\u00f3poli es m\u00e1s ocurrente, su anarqu\u00eda y su acumulaci\u00f3n de elementos sin sentido son mi clonazepan. Tal vez es porque tengo estos pensamientos obsesivos y requieren de algo que se oponga, que interrumpa el loop. Es como si la ciudad traccionara hacia el lado contrario de donde va mi mente y esa lucha de fuerzas me cobijara. La tensi\u00f3n es mi medio natural.<br \/>\nLlego hasta Blanco Encalada y Artilleros. Ah\u00ed aparece en la esquina esa casona inglesa, que funciona como sal\u00f3n de fiestas para gente de clase media alta: Lowlands Club. Ocupa casi una manzana y tiene un jard\u00edn impecable, muy british, con \u00e1rboles a\u00f1ejos enormes y pasto aterciopelado. Ah\u00ed fue la fiesta de casamiento de Julieta, hace m\u00e1s de 20 a\u00f1os. Fue la primera de mis amigas en casarse y tener hijos. Todav\u00eda hoy puedo escuchar del otro lado del tel\u00e9fono: amiga, sentate que tengo una noticia, \u00bfest\u00e1s? Estoy embarazada y lo m\u00e1s probable es que lo tenga. A su novio lo hab\u00eda conocido en mi casa hac\u00eda unos meses. En realidad fue en una fiesta en la casa de mi pap\u00e1. En esa \u00e9poca hac\u00edamos muchas fiestas. Ahora su hijo mayor va a la Universidad.<br \/>\nPor fuera del club Lowlands se ve todo un pared\u00f3n de ladrillos y por arriba sobresale un gomero gigante. Enfrente hay un hibiscus, m\u00e1s conocido como rosa china, en Buenos Aires est\u00e1 lleno y dan flores con bastante generosidad. A veces estoy caminando y me sorprende que podamos vivir rodeados de todas estas especies, \u00e1rboles y flores. No me parece del todo real. En el camino de vuelta, contra una pared, me llama la atenci\u00f3n una enorme planta trepadora de hojas verdes con flores naranjas que en el centro tienen un punto negro, negr\u00edsimo. Son tantas que cubren toda la pared. Su nombre cient\u00edfico es Tunbergia pero se la llama tambi\u00e9n: ojos de poeta, ojos negros, ojo morado, hierba del susto. \u00daltimamente noto una concomitancia entre el amor por las palabras y el amor por la bot\u00e1nica; hace poco me enter\u00e9 que antolog\u00eda, que para m\u00ed siempre signific\u00f3 una recopilaci\u00f3n de obras literarias, en su origen quiere decir colecci\u00f3n de flores. La palabra proviene del griego anthos, que significa \u2018flor\u2019, y legein, que quiere decir \u2018escoger\u2019. Es decir que originalmente la palabra se usaba para designar una selecci\u00f3n de flores para un ramillete.<br \/>\nEsta planta tiene flores naranjas pero tambi\u00e9n hay amarillas, rojas y rosas. Es una planta bastante salvaje, incluso invasiva. Corto algunas pero se me deshacen en las manos, sus p\u00e9talos son delicados. Voy a conseguir una para mi casa. Tengo much\u00edsimas plantas en mi casa pero siempre se puede tener una m\u00e1s. Las plantas son como los libros, nunca son suficientes.<\/p>\n<p><strong>Ep\u00edlogo<br \/>\nFrancisco. Ampelopsis <\/strong><br \/>\nEs domingo y arregl\u00e9 con Fran, mi hermano, para ir juntos a la casa de mi pap\u00e1. \u00cdbamos a ir caminando, a pedido m\u00edo, pero antes de salir me di cuenta de que ten\u00eda que ir en auto porque Mariano me va a llevar mis hijas y sus bolsitos ah\u00ed. En el camino hablamos de pap\u00e1. Est\u00e1 grande y con dificultades nuevas. Ahora, cuando se levanta de la silla, le rezo a mi dios inexistente que no se caiga, sus movimientos son inseguros. Trastabilla. Cuando le cuento alg\u00fan problema veo c\u00f3mo levanta las cejas, ensaya una sonrisa forzada, y calla.<br \/>\nUn recuerdo de mi infancia: mis pap\u00e1s se est\u00e1n peleando a los gritos y se est\u00e1n tirando cosas (esto pasaba m\u00e1s seguido de lo que hubiera querido) y mi hermano y yo estamos encerrados en el cuarto, abrazados, llorando. Tenemos miedo y al final sacamos la mesa de luz que separa nuestras camas, las juntamos, y nos dormimos de la mano. Mis pap\u00e1s peleaban mucho, much\u00edsimo, dir\u00eda que estaban en una guerra permanente que a veces se expresaba como una guerra fr\u00eda, una tensi\u00f3n en el aire, en los ambientes, en la casa, en el auto, en los paseos, en los fines de semana, en las vacaciones, en las comidas, y otras veces era una lucha descarnada, violenta. Mi pap\u00e1 siempre dice que no estuvo bueno pero que nosotros no salimos tan mal. Tal vez ser dos nos salv\u00f3, nuestro v\u00ednculo era una peque\u00f1a barca que nos manten\u00eda a flote mientras naveg\u00e1bamos en las tempestades familiares.<br \/>\nHay que tener mucha suerte para que te funcione una familia. Es como un experimento rar\u00edsimo: encerrar a unas personas en un lugar a ver si la pasan bien juntas. Si la familia no sale bien, el lugar preferencial donde se verifica el malestar suele ser el auto. La pareja se elige, pero adem\u00e1s de que eso puede fallar o desconfigurarse con el tiempo, porque el deseo es cambiante y la gente tambi\u00e9n, hay que lidiar con la familia pol\u00edtica, los hijos, los v\u00ednculos entre hermanos, todo eso puede ser una fiesta o puede ser un accidente nefasto. En el caso del v\u00ednculo con mi hermano es una celebraci\u00f3n. Nos divertimos, nos contamos todo, nos protegemos. Hace poco se mud\u00f3 a un departamento, en parte, porque quedaba cerca de donde vivo yo, aunque no era el barrio que prefer\u00eda. Elegimos estar cerca y mitigamos muchas veces a trav\u00e9s de nuestro di\u00e1logo los efectos secundarios indeseables de los conflictos familiares. Somos amigos. Dice en La Amistad Francesco Albertoni: el amigo se limita a preguntar: \u00bfc\u00f3mo est\u00e1s? \u00bfEst\u00e1s bien?. Y eso porque lo \u00fanico que le interesa es que estemos bien.<br \/>\nHoy aprovechamos el camino para hablar del d\u00eda del padre, falta poco y es un momento dif\u00edcil para todos. Tambi\u00e9n quiere saber c\u00f3mo ando. Le digo que estoy mejor, que las cosas se est\u00e1n acomodando. Me desespera que \u00e9l me vea fuerte, siempre piensa que voy a arregl\u00e1rmelas. A veces sue\u00f1o con tener un derrape total, y que mi familia decida venir a cuidarme, que dejen de darme el rol de poder con todo y me traigan la sopa a la cama.<br \/>\nMi pap\u00e1 vive en una casa grande, con un jard\u00edn lleno de \u00e1rboles y plantas y una pileta. Hace veinte a\u00f1os, cuando Nu\u00f1ez era un barrio perif\u00e9rico de edificaciones bajas, empezaron a construir una torre al lado de su casa. Como a \u00e9l le inquietaba tener vecinos cerca urdi\u00f3 un plan: mand\u00f3 a construir una estructura met\u00e1lica en el jard\u00edn, una especie de caja que se eleva diez metros por sobre el nivel del techo de la casa. Qued\u00f3 como un toldo gigante con una malla met\u00e1lica, es decir: un monstruo. Cuando lo vimos nos pareci\u00f3 un espanto. Pero \u00e9l ten\u00eda una visi\u00f3n y no ten\u00eda apuro. Con el jardinero guiaron una ampelopsis hacia la estructura, y unos a\u00f1os despu\u00e9s, dos o tres, estaba totalmente recubierta. La ampelopsis es la enredadera de las hojas grandes, la que es no perenne. La casa con eso se termin\u00f3 de volver una peque\u00f1a selva en medio de la ciudad, hacia abajo caen como lianas ramas de las ampelopsis. Lo que s\u00ed, en oto\u00f1o las hojas caen y cubren la pileta, y hay que limpiarla todos los d\u00edas. (Tambi\u00e9n tiene un jazm\u00edn del pa\u00eds enorme, que florece en primavera, y como sabe que me encanta siempre me corta ramitas con una tijera. Un \u00e1rbol de jazm\u00edn del cabo, glicinas, quinotos, y much\u00edsimos malvones. Cuando yo era chica mi pap\u00e1 me llevaba al colegio y tengo muy vivo un recuerdo de \u00e9l dici\u00e9ndome: mir\u00e1 este jazm\u00edn blanco y perfumado es el jazm\u00edn del pa\u00eds o tambi\u00e9n le dicen jazm\u00edn de leche, despu\u00e9s est\u00e1 el celeste, que se llama jazm\u00edn del cielo. En aquel entonces yo me preguntaba por qu\u00e9 \u00e9l me contaba esas cosas, cosas que para m\u00ed no ten\u00edan importancia).<br \/>\nHace unos a\u00f1os dej\u00f3 de calentar la pileta en invierno. Resultaba muy costoso, estaba preocupado por su econom\u00eda, y adem\u00e1s hab\u00edamos dejado de ir de forma asidua. Fue la temporada de las separaciones. Primero se separ\u00f3 mi hermana, fue una separaci\u00f3n compleja. Despu\u00e9s mi hermano, fue triste, ten\u00edan un hijo muy chiquito. Y finalmente me separ\u00e9 yo, para sorpresa de todos. \u00c9ramos una buena pareja, nos trat\u00e1bamos bien y nos quer\u00edamos, pero nuestras vidas empezaron a tomar caminos distintos y fue imposible mantenernos juntos.<br \/>\nHoy es un d\u00eda de sol y fr\u00edo y pap\u00e1 calent\u00f3 la pileta. Lo s\u00e9 porque cuando entramos con Fran veo el humo, ese vapor que se eleva por el contraste de temperaturas. No hizo asado pero puso una carne al horno. Mariano me trae las nenas, con miles de bolsos. Se queda un rato charlando con Fran y mi pap\u00e1 le convida un knishe. Yo estoy en la pileta y le pregunto si se va a anotar para la vacuna, tiene direcci\u00f3n en Lan\u00fas, y podr\u00eda hacerlo. Responde que s\u00ed. Una parte de mi le dir\u00eda: \u00bfno quer\u00e9s darte un chapuz\u00f3n?<br \/>\nMis hijas aparecen corriendo por el borde de la pileta con sus trajes de ba\u00f1o coloridos y antiparras. Son mellizas, y tienen \u00e9pocas en que pelean por todo y \u00e9pocas en que se r\u00eden, secretean y son mejores amigas. Estos d\u00edas son mejores amigas. Me pongo antiparras y les digo: \u00a1vamos a nadar! Aunque ya son grandes e independientes, en el agua se me pegan como ventosas. Intento nadar y se vuelve un juego en el que me persiguen y yo me desmarco. Me sumerjo, nado con fuerza hacia abajo, hacia la parte m\u00e1s honda de la pileta, giro y veo desde la profundidad c\u00f3mo se acercan hacia mi. Tengo una visi\u00f3n total: sus pelos ondulando en c\u00e1mara lenta, sus piernas doradas, sus caritas apretadas por las antiparras, las burbujas. El sonido con eco, afelpado, reverberante. Ac\u00e1, bajo el agua, est\u00e1 lleno de hojas enormes de la ampelopsis: doradas, amarillas, rojas tirando a bord\u00f3, giran infinitas. La luz del sol atraviesa de costado el agua y produce destellos de colores, peque\u00f1os arco iris caprichosos.<br \/>\nNado un poco m\u00e1s, el agua caliente es m\u00e1gica y poderosa.<br \/>\nMi hermano me pregunta si estoy bien.<br \/>\nLe digo que s\u00ed, le digo: estoy como drogada, no puedo creer toda esta belleza, hace mucho que no me siento tan bien. Me alegro hermanita, me dice, se pone las antiparras y se sumerge.<\/p>\n<p>Publicado en https:\/\/laagenda.buenosaires.gob.ar\/contenido\/9265-de-la-amistad-y-la-belleza <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace tiempo que pienso en eso. En desterrar el lugar com\u00fan de tener cosas en com\u00fan. 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