{"id":206,"date":"2009-06-01T22:15:51","date_gmt":"2009-06-01T22:15:51","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-reviglio\/2009\/06\/01\/la-influencia-de-los-soportes-textuales-en-las-practicas-de-lectura-un-recorrido-por-la-historia-de-los-textos-escritos\/"},"modified":"2009-06-01T22:15:51","modified_gmt":"2009-06-01T22:15:51","slug":"la-influencia-de-los-soportes-textuales-en-las-practicas-de-lectura-un-recorrido-por-la-historia-de-los-textos-escritos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2009\/06\/01\/la-influencia-de-los-soportes-textuales-en-las-practicas-de-lectura-un-recorrido-por-la-historia-de-los-textos-escritos\/","title":{"rendered":"La influencia de los soportes textuales en las pr\u00e1cticas de lectura: un recorrido por la historia de los textos escritos"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"libros%207.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/libros%207.jpg\" width=\"123\" height=\"82\" \/><br \/>\n<em>Por Cecilia Reviglio<\/em><br \/>\nIntentar resumir en algunas pocas p\u00e1ginas la historia de lectura a partir del recorrido de los diferentes soportes en los que se ha presentado la palabra escrita puede parecer, al menos, ambicioso. Intentar\u00e9 por ello presentar los principales mojones en la historia de la escritura en relaci\u00f3n con una figura clave: el lector y sus modos de relaci\u00f3n con lo escrito a partir de los aportes de algunos estudiosos que se han dedicado largamente a estos temas. Es decir, tal como lo plantea Chartier \u201casociar en un mismo an\u00e1lisis los papeles atribuidos a lo escrito, las formas y los soportes de la escritura, y las maneras de leer\u201d (Chartier, 2008:10).<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nEn un trabajo reciente, Karin Littau afirma que \u201clas caracter\u00edsticas materiales con que nos llega lo escrito \u2014tabillas grabadas, rollos, p\u00e1ginas encuadernadas de un c\u00f3dice, ejemplares impresos producidos masivamente o hipertextos\u2014 son un factor de importancia para determinar nuestra relaci\u00f3n con la palabra escrita. Tambi\u00e9n influye sobre el modo en que llevamos a cabo la lectura, sobre el lugar elegido para leer, el tipo de literatura que leemos y el volumen de nuestras lecturas. (\u2026) El modo en que se produce, se hace circular y se ofrece al p\u00fablico una obra, as\u00ed como el hecho de que todo ello cambi\u00f3 con la imprenta y al computadora, son factores que hay que tener en cuenta en la historia de la lectura\u201d (Littau, 2008: 36).<br \/>\nIntentaremos ir viendo c\u00f3mo se han producido estas modificaciones a la saga de los cambios tecnol\u00f3gicos que produc\u00edan, a su vez, alteraciones en los soportes y formatos de la palabra escrita y de su circulaci\u00f3n.<br \/>\n<strong>Antig\u00fcedad y Edad Media <\/strong><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"libro%20arcilla.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/libro%20arcilla.jpg\" width=\"77\" height=\"110\" \/><br \/>\nEn la Antig\u00fcedad, la funci\u00f3n de la escritura estaba reducida a un instrumento de la memoria, un modo de  registro de la palabra hablada. Son famosos los argumentos de Plat\u00f3n en contra de la tecnolog\u00eda de la escritura, la cual, seg\u00fan el fil\u00f3sofo, no era m\u00e1s que copia y traici\u00f3n del discurso oral. Denostada o elogiada, la escritura naci\u00f3 como un modo de registro de lo oral.<br \/>\nLos primeros libros conocidos, los mesopot\u00e1micos, ten\u00edan un gran tama\u00f1o, sobre todo aquellos pensados como \u201cobras de referencia\u201d. El tama\u00f1o daba cuenta de su jerarqu\u00eda: \u201cun libro de leyes con un formato tan grande sin duda aportaba a los ojos del lector mesopot\u00e1mico, la autoridad misma de las leyes\u201d (Manguel, 2005:139). Tambi\u00e9n de esa \u00e9poca son algunos libros m\u00e1s peque\u00f1os, formados por trozos cuadrados de arcilla, que pod\u00edan llevarse en la mano y se transportaban en una bolsa de cuero en el orden preestablecido para su lectura.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"pergamino%201.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/pergamino%201.jpg\" width=\"96\" height=\"129\" \/><br \/>\nOtro formato de la \u00e9poca es el rollo de papiro (fabricado con tallos de una planta similar al junco) o bien de pergamino (fabricado de piel de animales). Sin embargo, la incomodidad del rollo radicaba en la imposibilidad de percibir el libro en su totalidad, ya que la mayor parte del texto permanec\u00eda enrollado y s\u00f3lo se pod\u00eda mirar una porci\u00f3n limitada del mismo. Del mismo modo, para leer este formato hab\u00eda que ocupar ambas manos (necesarias para sostener abierta la parte del rollo a ser le\u00edda), con lo cual se dificultaba la acci\u00f3n de tomar notas, por ejemplo, actividad importante en los textos manuscritos donde la glosa ten\u00eda una funci\u00f3n principal.<br \/>\nEntre los siglos III y IV aparece una nueva forma de libro que supera estas dificultades del rollo. Es el c\u00f3dice, un fajo de hojas de pergamino encuadernadas que presentaba varias ventajas, a saber: era f\u00e1cil de transportar, permit\u00eda consultar f\u00e1cilmente cualquier secci\u00f3n del texto, se utilizaban ambas caras de la hoja, las p\u00e1ginas ten\u00edan cuatro m\u00e1rgenes donde se pod\u00edan incluir glosas y comentarios, el texto dej\u00f3 de estar supeditado a la cantidad de espacio que el rollo ofrec\u00eda y se organiz\u00f3 en funci\u00f3n de sus contenidos en cap\u00edtulos o libros de diferentes extensiones (Cfr. Manguel, op cit). Adem\u00e1s, se introdujo la paginaci\u00f3n y los \u00edndices (Littau, op. cit.) que favorec\u00edan la relectura selectiva.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"codice%203.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/codice%203.jpg\" width=\"124\" height=\"93\" \/><br \/>\nAl respecto, Manguel y Chartier coinciden en afirmar el triunfo del c\u00f3dice en los primeros siglos de la era cristiana. Ten\u00eda un formato rectangular del que, aunque de diversas medidas, se prefirieron aquellas que permit\u00edan sostenerlo con mayor facilidad en la mano. Cabe destacar, tal como lo se\u00f1ala Chartier (op. cit.), esta transformaci\u00f3n no estuvo acompa\u00f1ada por un cambio en \u201cla t\u00e9cnica de reproducci\u00f3n de los textos, siempre asegurada por la copia manuscrita\u201d (Ib\u00eddem: 11). Es decir, que cada c\u00f3dice era una pieza \u00fanica, a\u00fan cuando fuera copia de otro manuscrito.<br \/>\nAhora bien, \u00bfqu\u00e9 implicancias ten\u00edan estas condiciones materiales de los textos en las pr\u00e1cticas de lectura? Ya mencionamos que los rollos presentaban cierta dificultad para tomar notas a medida que se avanzaba en la lectura, as\u00ed como tambi\u00e9n para la percepci\u00f3n de la obra completa. Ambas desventajas fueron saldadas por la aparici\u00f3n del c\u00f3dice.<br \/>\nAdem\u00e1s, sabemos que las primeras pr\u00e1cticas de lectura eran colectivas y por lo tanto, se realizaban en voz alta. Esto se deb\u00eda a motivos de diversa naturaleza. Por un lado, a la escasa cantidad de ejemplares de los que se dispon\u00eda y por otro, al alto grado de analfabetismo de esa \u00e9poca. Pero hay una cuesti\u00f3n relacionada con el formato de los textos que no es menor. Hasta el siglo VII (cuando fue incorporada aunque no se generaliz\u00f3  hasta el siglo XI), no exist\u00eda la separaci\u00f3n entre palabras ni la puntuaci\u00f3n para tomar aliento, con lo cual \u201cERAMUCHOM\u00c1SFACILPARAELLECTOR-<br \/>\nLEERENVOZALTAELTEXTOPARAADVERTIRENQU\u00c9LUGARPOD\u00cdANESTARLASPA-USAS\u201d (Littau, op.cit.: 37).<br \/>\nPero \u00bfcu\u00e1l es el origen de esta pr\u00e1ctica colectiva? Manguel identifica a San Benito como el primer promotor de la lectura en voz alta all\u00e1 por el a\u00f1o  529 cuando fund\u00f3 un monasterio. Dice Maguel: \u201cQuiz\u00e1 porque buscaba en las escrituras la visi\u00f3n global que se le conceder\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s, o porque cre\u00eda, al igual que sir Thomas Browne que dios nos ofrece el mundo de dos maneras, como naturaleza y como libro, Benito decret\u00f3 que la lectura fuese una parte esencial de la vida cotidiana en el monasterio\u201d. (Manguel; op. cit.: 128) Se eleg\u00eda un lector para toda la semana que deb\u00eda comenzar su tarea un domingo y leer todos los d\u00edas hasta el domingo siguiente. Esta regla fue adoptada a partir del siglo XII por todos los monasterios europeos.<br \/>\nPor la misma \u00e9poca, en los \u00e1mbitos familiares, la lectura en voz alta tambi\u00e9n era habitual, tanto para instrucci\u00f3n como para entretenimiento. Incluso hab\u00eda lectores p\u00fablicos que viajaban de ciudad en ciudad leyendo a viva voz en mercados y ferias, as\u00ed como lectores cortesanos.<br \/>\nSin embargo, la lectura en voz alta no fue el \u00fanico tipo de lectura que se desarroll\u00f3 durante la Edad Media. Es posible distinguir dos tipos m\u00e1s: la lectura silenciosa y la lectura en voz baja. De esta clasificaci\u00f3n (Hamesse; 1998), resulta particularmente interesante la idea de la lectura en voz baja, murmullo o ruminatio. Esta \u00faltima palabra era utilizada para designar la lectura lenta, regular, en profundidad que en general se hac\u00eda de la Biblia. La ruminatio consiste en rumiar, en masticar lenta y constantemente, detenerse en cada palabra para extraer de ella toda la riqueza de su resonancia, gust\u00e1ndola y palade\u00e1ndola. Para la lectura b\u00edblica se utilizaba este m\u00e9todo que promov\u00eda la asimilaci\u00f3n de la palabra -tal como los rumiantes asimilan los alimentos que ingieren-  no en la cabeza sino en el coraz\u00f3n. Se trata de sumergirse en el texto profundamente para entender lo que dice, aunque no se trata de un entendimiento intelectual, sino sensorial.<br \/>\nSobre la lectura silenciosa, diremos que antes que la invenci\u00f3n de la imprenta, fue la expansi\u00f3n de las universidades entre los siglos XII y XIV lo que modific\u00f3 la funci\u00f3n de la lectura y la escritura, pasando de ser un medio para conservar y memorizar a ser parte de un trabajo intelectual. Aunque en los primeros tiempos, la escasez de ejemplares disponibles en las universidades (ya que eran todav\u00eda piezas \u00fanicas escritas o copiadas a mano), obligaba a la permanencia de las lecturas grupales, esta nueva funci\u00f3n de los textos escritos promovieron la lectura en silencio.<br \/>\n<strong>La Modernidad y la Imprenta: primeros libros impresos, nuevo tipo de lectores <\/strong><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"libros4.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/libros4.jpg\" width=\"112\" height=\"73\" \/><br \/>\nLa invenci\u00f3n de la imprenta a mediados del siglo XV \u201cno s\u00f3lo redujo el n\u00famero de horas de trabajo necesarias para confeccionar un libro sino que aument\u00f3 de manera espectacular su producci\u00f3n, alterando para siempre la relaci\u00f3n de un lector con lo que ya no era un objeto exclusivo y \u00fanico elaborado por las manos de un copista\u201d (Manguel; op. cit.: 145). La producci\u00f3n en serie de los libros produjo cambios en los h\u00e1bitos de lectura que a su vez promovieron nuevos formatos m\u00e1s apropiados a estas nuevas pr\u00e1cticas.<br \/>\nAl mismo tiempo que los libros se convert\u00edan en objetos f\u00e1ciles de conseguir, la cantidad de personas que aprend\u00edan a leer e incluso a escribir aumentaba, tambi\u00e9n. Cambi\u00f3 entonces la figura del lector. Ya no era esa \u00fanica persona que le\u00eda para otros, en voz alta, sino que se inaugur\u00f3 la pr\u00e1ctica de la lectura solitaria. Seg\u00fan Littau (op. cit.), as\u00ed como en los monasterios cat\u00f3licos se promovi\u00f3 la idea de una lectura colectiva y en voz alta, fue el protestantismo quien inaugur\u00f3 los modos silenciosos y, sobre todo, solitarios de lectura a partir del rechazo de las figuras cat\u00f3licas de los mediadores de la palabra de dios. La Biblia pas\u00f3 a ser entonces un texto de autointerpretaci\u00f3n cuyo sentido se lograba en la repetici\u00f3n de la lectura.   Para la autora, la pr\u00e1ctica protestante de la lectura solitaria es el anuncio del \u201cindividualismo que tom\u00f3 por asalto a Europa en el siglo XVII\u201d (Ib\u00eddem: 42).<br \/>\nLa explosi\u00f3n de libros en el mercado tambi\u00e9n dio lugar a otras modificaciones en los h\u00e1bitos de lectura. As\u00ed, algunos autores hablan del paso de una lectura intensiva a una lectura extensiva. La primera refer\u00eda a una lectura profunda y repetida de la Biblia,\u2014 \u00fanico libro que sol\u00edan poseer las familias\u2014 mientras que la segunda, ubicada hacia la mitad del siglo XVIII,  se realizaba para llenar el tiempo libre, yendo de un libro a otro. \u201cDe este modo, la gente comenz\u00f3 a leer muchas novelas superficialmente en lugar de releer la Palabra de Dios con profundidad\u201d (Ib\u00eddem: 45), desplaz\u00e1ndose as\u00ed a una pr\u00e1ctica libre, eligiendo los momentos de lectura seg\u00fan sus deseos u ocupaciones.<br \/>\nParalelamente a estas modificaciones, se incrementaba la cantidad de bibliotecas privadas que a su vez, tambi\u00e9n iban creciendo en tama\u00f1o. As\u00ed, el nuevo h\u00e1bito de lectura en soledad y, por lo tanto, individual y ya no colectiva, trajo consigo un nuevo formato de libro, m\u00e1s peque\u00f1o. Los libros m\u00e1s reducidos en tama\u00f1o eran m\u00e1s f\u00e1ciles de manejar, ocupaban menos espacio y eran m\u00e1s econ\u00f3micos. De hecho, entre las ventajas de la producci\u00f3n en serie de libros, se listan la velocidad, la uniformidad de los textos y el precio. De a poco se fueron dejando de lado los elementos ornamentales en los libros impresos que pretend\u00edan emular los antiguos libros manuscritos a favor de la legibilidad y el libro dej\u00f3 de ser considerado un objeto de pieza \u00fanica, s\u00edmbolo de riqueza para ser un instrumento de estudio que pod\u00eda reemplazarse por uno id\u00e9ntico si se perd\u00eda o malograba. (Cfr. Manguel, op. cit.: 148 \u2013 151).<br \/>\nPaulatinamente, los tama\u00f1os se fueron reduciendo hasta alcanzar el que hoy conocemos como \u201clibro de bolsillo\u201d. Efectivamente, la aparici\u00f3n de este tipo de libros es un ejemplo curioso de c\u00f3mo los nuevos formatos modifican las pr\u00e1cticas de lectura. Fue concebido como un libro para ser le\u00eddo al aire libre, que se lleva en los viajes y se lee en los trenes. En el siglo XIX se comenzaron a editar libros especiales para leer en exteriores. En el a\u00f1o 1848, en Londres se abri\u00f3 el primer quiosco de peri\u00f3dicos para usuarios de trenes donde r\u00e1pidamente se comenzaron a vender colecciones pensadas para los viajeros y series de novelas ilustradas, que incluso eran llamadas \u201cnovelas de ferrocarril\u201d. Hay quienes afirman que se instalaron all\u00ed a consecuencia de la recomendaci\u00f3n que por aquel entonces se daba a las se\u00f1oras que viajaban solas:  \u201cleer para eludir las miradas de los extra\u00f1os\u201d. Casi un siglo m\u00e1s tarde, a un empelado de una editorial inglesa se le ocurri\u00f3 que se necesitaban ediciones baratas pero de literatura de buena calidad para ser vendidas en estaciones de trenes, salones de t\u00e9 y  papeler\u00edas destinadas a un p\u00fablico amplio: desde intelectuales hasta personas con poca educaci\u00f3n. Despu\u00e9s de un a\u00f1o de tratar de convencer a varios editores, en 1935 se publicaron los primeros diez libros de la editorial \u201cPenguin\u201d. (Cfr. Ib\u00eddem: 153 \u2013 158 y Littau, op. cit: 81) As\u00ed, el formato de bolsillo permiti\u00f3 sacar a los libros de las bibliotecas p\u00fablicas o privadas y llevarlos de viaje, pr\u00e1ctica de lectura casi imposible hasta entonces.<br \/>\n<strong>La era digital: de la imprenta a la pantalla<\/strong><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"pantallas.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/reviglio\/pantallas.jpg\" width=\"123\" height=\"106\" \/><br \/>\nLlegamos al siglo XX, el siglo en el que se invent\u00f3 el cine, la televisi\u00f3n y la computadora. Siglo de pantallas. Si somos coherentes con lo que venimos planteando, diremos que las pantallas como superficies textuales est\u00e1n instalando pr\u00e1cticas de lectura novedosas respecto de las que conocimos con el formato libro t\u00edpico de la era tipogr\u00e1fica. Sin embargo, la contemporaneidad del fen\u00f3meno no nos permite m\u00e1s que dar algunas impresiones preliminares de las modificaciones que percibimos mientras las vamos transitando como lectores y protagonistas, nosotros mismos. Al respecto, Littau plantea que s\u00f3lo es posible afirmar que la computadora presenta dos senderos respecto de la lectura: los hipertextos y los entornos de realidad virtual. Nos ocuparemos aqu\u00ed del primero, dejando de lado el segundo.<br \/>\nPor \u201cHipertexto\u201d se entiende un texto formado por fragmentos de texto conectados por nexos electr\u00f3nicos, configurado a partir de una l\u00f3gica de red. Presenta una articulaci\u00f3n que podr\u00edamos llamar \u201ctranstextual\u201d, es decir, aquello que pone al texto en relaci\u00f3n con otros textos; un despliegue textual discontinuo, fracturado; posiciones dispersas y plurales, multiplicidad de actores discursivos (Landow; 1955).<br \/>\nLa l\u00f3gica no lineal del hipertexto que no plantea un \u00fanico sino diversos recorridos posibles tambi\u00e9n exige cambios en la estructura temporal interna del texto, ya que el lector ser\u00e1 quien determine qu\u00e9 bloques leer primero y cu\u00e1les despu\u00e9s. Las referencias hacia atr\u00e1s y hacia adelante en el texto se vuelven vac\u00edas de sentido en tanto ese \u201cm\u00e1s adelante\u201d en el tiempo textual o \u201cm\u00e1s atr\u00e1s\u201d han pedido toda referencia. El lector, en su recorrido de lectura construye una temporalidad nueva y propia que no puede ser prevista por el escritor quien tiene que construir su texto de modo de que las referencias sean lo m\u00e1s expl\u00edcitas posibles. \u201cCon la red Internet, nuestra civilizaci\u00f3n entr\u00f3 en una nueva edad donde la \u2018tecnologizaci\u00f3n de la palabra\u2019 es llevada al extremo, y donde la referencia se hace todav\u00eda mucho m\u00e1s movible y aleatoria que sobre el papel\u201d (Vandendorpe; 2003: 84).<br \/>\nLandow, por su parte, plantea la condici\u00f3n de libertad que promueve el hipertexto en tanto sus lectores tienen la posibilidad de participar de los mismos haciendo comentarios, apoyando o contradiciendo las interpretaciones originales y agregando estas opiniones al texto mismo. Esta ser\u00eda otra diferencia respecto del libro tal como lo conocemos desde la imprenta. El hipertexto se convertir\u00eda, entonces, en un texto coral, ampliamente polif\u00f3nico, plural. Los nuevos lectores contar\u00e1n no s\u00f3lo con la posibilidad de agregar sus pareceres sobre el texto, sino tambi\u00e9n de conocer las opiniones y reflexiones de otros lectores. Esto lo acercar\u00eda a las \u00e9pocas en las que se agregaban glosas en los c\u00f3dices manuscritos e incluso las nuevas copias que se hac\u00edan inclu\u00edan estos comentarios de lectores anteriores (con la diferencia nada menor respecto de las posibilidades de acceso). El hipertexto permite acceder a m\u00faltiples puntos de vista dispuestos en forma de trama en la cual el principio se presenta inhallable, ya que ha perdido su lugar central.<br \/>\nEste tipo textual parece postular un lector m\u00f3vil, curioso, inquieto, que podr\u00e1 ir y venir sobre la superficie, tambi\u00e9n \u00e9l realizando elecciones en pos de lograr construir un sentido del texto. \u201cLa tecnolog\u00eda del hipertexto transforma en virtud aquello que los cr\u00edticos se\u00f1alaban como amenazadora costumbre general en los siglos XVIII y XIX: La lectura \u2018fugaz\u2019 o \u2018sin orden ni concierto\u2019\u201d (Littau, op. cit: 96) eso mismo que algunos autores llamaron \u201clectura extensiva\u201d en contraposici\u00f3n a la lectura \u201cintensiva\u201d.<br \/>\nPor \u00faltimo diremos que el soporte pantalla tiene implicaciones nada despreciables sobre la pr\u00e1ctica de lectura. La materialidad luminosa y plana de la pantalla no parece recordar en nada a la corporeidad t\u00e1ctil e incluso olfativa de un libro. Las posturas corporales, los lugares f\u00edsicos desde los que se puede acceder a un hipertexto son bastante limitada en relaci\u00f3n con lo que el libro permite. (No obstante, la aparici\u00f3n de PC port\u00e1tiles cada vez m\u00e1s peque\u00f1as est\u00e1n resolviendo los problemas relacionados con el lugar f\u00edsico en el que los lectores se emplazan para leer).<br \/>\nSin embargo, estas nuevas tecnolog\u00edas de la escritura y lectura est\u00e1n modificando mucho m\u00e1s que pr\u00e1cticas o h\u00e1bitos cotidianos, sino estructuras m\u00e1s profundas: \u201cSi los conocimientos ya no est\u00e1n contenidos en el libro impreso ubicado f\u00edsicamente en las estanter\u00edas, sino diseminados en redes, esta situaci\u00f3n modifica sin duda nuestra trayectoria de aprendizaje (la adquisici\u00f3n de competencia simb\u00f3lica) y tambi\u00e9n afecta la manera en que pensamos (la inducci\u00f3n de comportamientos cognitivos). En los sistemas de hipertextos, los lectores adquieren conocimientos haciendo incesantes conexiones entre datos afines y dis\u00edmiles, un modus operandi \u2018conexionista\u2019 que, seg\u00fan Bazin, fomenta la interdisciplinariedad\u201d (Littau; op. cit.: 98).<br \/>\n<strong>Algunas reflexiones finales<\/strong><br \/>\nHasta aqu\u00ed un r\u00e1pido y tal vez incompleto recorrido por la historia en un intento de poner en relaci\u00f3n las tecnolog\u00edas de la escritura con los modos de leer y sus protagonistas, los lectores. La intenci\u00f3n del escrito era dar cuenta de los diferentes modos en que se ha le\u00eddo a lo largo de la historia y c\u00f3mo esos modos y  las tecnolog\u00edas de la escritura se interrelacionan y se influyen mutuamente. Es cierto, tal como afirma Beatriz Sarlo (1997: 193 &#8211; 194) que \u201clos hipertextos, Internet, los CDROM y los programas de computadora suponen la lectura, obligan a la lectura y no son m\u00e1s sencillos que los libros tal como los conocimos hasta hoy. (\u2026) Hasta hoy, nuestra cultura (quiero decir la cultura llamada occidental en sus diversas versiones) es visual y escrita.\u201d  Sin embargo, los modos de nuestra cultura siempre en movimiento suponen relaciones din\u00e1micas y cambiantes entre nosotros y lo escrito, seg\u00fan pasan los a\u00f1os.<br \/>\n<strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><br \/>\n<strong>Cavallo, Guglielmo y Chartier, Roger<\/strong> (Directores) (1998)  Historia de la lectura en el mundo occidental. Taurus. Madrid.<br \/>\n<strong>Chartier, Roger<\/strong> (2008) Escuchar a los muertos con los ojos. Madrid. Katz editores.<br \/>\n<strong>Landow, George <\/strong>(1995) Hipertexto: La convergencia de la teor\u00eda cr\u00edtica contempor\u00e1nea y la tecnolog\u00eda. Barcelona. Paid\u00f3s.<br \/>\n<strong>Littau, Karin<\/strong> (2008) Teor\u00edas de la lectura: libros, cuerpos y biblioman\u00eda. Buenos Aires, Manantial.<br \/>\n<strong>Manuel, Alberto<\/strong> (2005) Una historia de la lectura. Buenos Aires, Emec\u00e9 editores.<br \/>\n<strong>Hamesse, Jacqueline<\/strong>. (1998) \u201cEl modelo escol\u00e1stico de la lectura\u201d en Cavallo, Guglielmo y Chartier, Roger; op. cit..<br \/>\n<strong>Retamoso, Roberto<\/strong> (1999) \u201cLa derogaci\u00f3n de lo lineal\u201d en Anuario del Departamento de Ciencias  de la Comunicaci\u00f3n. Volumen 4. UNR Editora. Rosario. P\u00e1g. 66<br \/>\n<strong>Sarlo, Beatriz<\/strong> (1997) Instant\u00e1neas. Medios, ciudad y costumbres en el fin de siglo. Buenos Aires.  Ariel.<br \/>\n<strong>Vandendorpe, Christian<\/strong> (2003)  Del papiro al hipertexto. Ensayo sobre las mutaciones del texto y la lectura. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Cecilia Reviglio Intentar resumir en algunas pocas p\u00e1ginas la historia de lectura a partir del recorrido de los diferentes soportes en los que se ha presentado la palabra escrita puede parecer, al menos, ambicioso. 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