{"id":1978,"date":"2021-10-26T18:04:56","date_gmt":"2021-10-26T18:04:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs-fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/?p=1978"},"modified":"2021-10-26T18:04:56","modified_gmt":"2021-10-26T18:04:56","slug":"1978","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/2021\/10\/26\/1978\/","title":{"rendered":"Regalo textual de Juan: Apuntes para un retrato"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2021\/10\/Berger_.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2021\/10\/Berger_.jpg\" alt=\"\" width=\"219\" height=\"230\" class=\"alignleft size-full wp-image-1979\" \/><\/a><\/p>\n<p>Hoy Juan nos regal\u00f3 <em><a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2008\/02\/17\/domingo\/1203223955_850215.html\" rel=\"noopener\" target=\"_blank\">Apuntes para un retrato<\/a><\/em> del ingl\u00e9s John Berger:<!--more--><\/p>\n<p><strong>Apuntes para un retrato<\/strong><br \/>\nEstoy sentado en una caba\u00f1a a las afueras de San Crist\u00f3bal de las Casas, en el sureste de M\u00e9xico, a punto de comenzar un retrato del subcomandante Marcos.<\/p>\n<p>Hace apenas veinte a\u00f1os, en esta ciudad de calles estrechas, casas coloridas y aceras desniveladas, cuando un ind\u00edgena se cruzaba en su camino con un blanco, se bajaba del bordillo para dejarlo pasar. Tras el alzamiento zapatista de 1994, las cosas han cambiado. Lo que suceda hoy en estas mismas aceras ya no tiene que ver con la discriminaci\u00f3n, sino que es una cuesti\u00f3n de elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando entr\u00e9 en la caba\u00f1a, que es su alojamiento estos d\u00edas, me pregunt\u00f3 d\u00f3nde quer\u00eda que se sentara. Le se\u00f1al\u00e9 una silla al lado de las de los dos comandantes zapatistas tambi\u00e9n presentes en la caba\u00f1a: una mujer -con su hija, una ni\u00f1a de seis a\u00f1os- y un hombre de edad. &#8220;As\u00ed&#8221;, dije para mis adentros, &#8220;se pondr\u00e1 a charlar con ellos y me dejar\u00e1 en paz&#8221;. Me mir\u00f3, ir\u00f3nico, como si hubiera le\u00eddo mis pensamientos. \u00bfEn paz? S\u00ed, la paz es s\u00f3lo un momento.<\/p>\n<p>El d\u00eda anterior hab\u00eda anunciado ante varios cientos de personas que no volver\u00eda a aparecer en p\u00fablico, al menos durante alg\u00fan tiempo. La amenaza bajo la que han vivido las comunidades zapatistas a lo largo de estos \u00faltimos 13 a\u00f1os se ha agudizado tanto en la actualidad, que \u00e9l debe volver a ser el soldado clandestino que fue, a fin de ayudar a organizar su defensa en las monta\u00f1as. La defensa de quienes renunciaron formalmente a la lucha armada en 1996 -nos record\u00f3 Marcos a los all\u00ed reunidos-, pero no dudar\u00e1n en resistir hasta la muerte si son atacados. Tras las fraudulentas elecciones del a\u00f1o pasado, parece que entra en los c\u00e1lculos del presidente Calder\u00f3n y de su Gobierno proceder en breve a la eliminaci\u00f3n de las comunidades zapatistas, pues creen que la medida no producir\u00eda hoy una protesta generalizada. Tambi\u00e9n creen que as\u00ed borrar\u00e1n para siempre el ejemplo que ofrecen los zapatistas de desobediencia a la tiran\u00eda global de este fascismo econ\u00f3mico conocido como neoliberalismo.<\/p>\n<p>Marcos y los comandantes se ponen a charlar y yo empiezo a dibujar. Los tres -y asimismo la peque\u00f1a- llevan pasamonta\u00f1as. &#8220;Cubrimos nuestro rostro para hacernos visibles&#8221;, dicen los zapatistas. Una extra\u00f1a paradoja sobre la que reflexionar mientras se dibuja un retrato.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas estuve conversando con cinco de los concejales de la comunidad zapatista de Oventic. Aquellas mujeres y aquellos hombres hablaban con toda la calma del mundo, porque lo que contaban eran sus verdades, algo que es muy diferente de la verdad. La calma que muestran quienes creen en una sola verdad es una indiferencia despiadada. La suya era una calma considerada. Y los pasamonta\u00f1as no los hac\u00edan menos humanos, menos \u00fanicos, sino m\u00e1s. Le\u00eda sus caras a trav\u00e9s de los ojos, y los mensajes de los ojos son los menos controlables de todas las expresiones faciales y, por eso, los m\u00e1s sinceros.<\/p>\n<p>Y hablando de sinceridad, se me viene a la cabeza la foto de una mujer que lleva la cara descubierta. Se llama Mar\u00eda Concepci\u00f3n Moreno Arteaga. Tiene 47 a\u00f1os y vive en un pueblecito 200 kil\u00f3metros al norte de Ciudad de M\u00e9xico. Es madre de seis chicos, a los que ha criado sola. Se ganaba la vida de lavandera. Hace tres a\u00f1os, las fuerzas de seguridad del Gobierno mexicano la detuvieron y la metieron en la c\u00e1rcel, acusada de pertenecer a una red de tr\u00e1fico ilegal de inmigrantes. Un cargo completamente falso. [Las fuerzas de seguridad mexicanas deportan todos los a\u00f1os a decenas de miles de los hondure\u00f1os, guatemaltecos y salvadore\u00f1os que intentan atravesar el pa\u00eds para llegar a la frontera de Estados Unidos, donde, si consiguen cruzar una frontera m\u00e1s, esperan encontrar trabajo]. Un d\u00eda, Mar\u00eda Concepci\u00f3n se tropez\u00f3 con seis de estos inmigrantes. Hab\u00edan logrado atravesar m\u00e1s de la mitad del pa\u00eds; iban en harapos y le suplicaron que les diera agua. Se la dio, y tambi\u00e9n algo de comer, porque, viendo el estado en el que se encontraban, &#8220;era imposible negarse&#8221;.<\/p>\n<p>Estuvo presa m\u00e1s de dos a\u00f1os. En la c\u00e1rcel trabaj\u00f3 en la fabricaci\u00f3n de las etiquetas para algunas de esas marcas de ropa que circulan en el mercado libre. Con los pesos que le daban por este trabajo forzado se compraba jab\u00f3n y papel higi\u00e9nico.<\/p>\n<p>Lo que dicen sus ojos en la foto es: &#8220;Era imposible negarse&#8221;.<\/p>\n<p>Marcos tiene unas manos grandes, de dedos largos. Son unas manos trabajadas, encallecidas; su textura recuerda a las de los campesinos. En sus apariciones p\u00fablicas adopta el adem\u00e1n y la expresi\u00f3n de un mensajero: lee el nuevo mensaje despacio, muy atento a lo que est\u00e1 haciendo, en voz alta y clara; o simplemente lo encarna con su sola presencia. Por el contrario, aqu\u00ed, en la caba\u00f1a, parece estar a sus anchas, inconsciente del paso del tiempo. Los brazos y las piernas se le ven completamente relajados, como los del piloto que acaba de aterrizar una vez m\u00e1s en una pista peligrosa. De pronto se me ocurre que guarda cierta afinidad f\u00edsica con Saint-Exup\u00e9ry: un tipo parecido de retraimiento o de reserva, provocado, tal vez, por su altura, por su tama\u00f1o corporal.<\/p>\n<p>Como no tardaron en descubrir los conquistadores, M\u00e9xico cuenta con una de las minas de plata m\u00e1s grandes del mundo. Es tambi\u00e9n un pa\u00eds de espejos: palaciegos, algunos, enmarcados y en tantas ocasiones hechos a\u00f1icos; pero lo m\u00e1s frecuente es una multitud de fragmentos, de lentejuelas, de baratijas o de esquirlas de espejo y mica que reflejan la luz. &#8220;Cuando tocamos los corazones de otros, pues tocamos tambi\u00e9n sus dolores. O sea, que como que nos vimos en un espejo&#8221;, afirmaban hace dos a\u00f1os los zapatistas en la Sexta Declaraci\u00f3n de la Selva Lacandona.<\/p>\n<p>Con una poblaci\u00f3n que supera los 20 millones de habitantes y sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, Ciudad de M\u00e9xico se encuentra posiblemente entre las tres metr\u00f3polis m\u00e1s grandes del mundo. Es una ciudad en la que conviven el consumismo desenfrenado, el crimen organizado y la pobreza. Hay barrios enteros gobernados por las mafias del narcotr\u00e1fico y grandes avenidas residenciales vigiladas por guardas jurados provistos de chalecos antibalas. Una contaminaci\u00f3n colosal. Un tr\u00e1fico ca\u00f3tico. El r\u00edo Piedad discurre hacia el este de la ciudad por un cauce que es un horrendo conducto carcomido por el \u00f3xido. El transporte p\u00fablico es m\u00ednimo, pero hay pasos elevados con varios niveles para los coches. Bajo ellos, los apresurados peatones parecen tijeretas. El coche es aqu\u00ed tan indispensable como la vivienda para quienes tienen trabajo. Los intereses de la industria automovil\u00edstica han alcanzado a la antigua ciudad azteca de Tenochtitl\u00e1n, que ha terminado sitiada por las autopistas.<\/p>\n<p>Un mill\u00f3n de campesinos e ind\u00edgenas abandonan cada a\u00f1o el medio rural, forzados por la pobreza o la falta de tierra, y se trasladan a la capital o a otras ciudades mexicanas. Mientras tanto, las grandes empresas agr\u00edcolas transnacionales se apoderan de la tierra.<\/p>\n<p>M\u00e9xico es un pa\u00eds de emigrantes. Quince millones de mexicanos y mexicanas trabajan en Estados Unidos. Cada a\u00f1o env\u00edan a su pa\u00eds unos 25.000 millones de d\u00f3lares, el producto de su trabajo. La mayor\u00eda de ellos son ilegales, y en Estados Unidos se les considera delincuentes y como tales son tratados.<\/p>\n<p>Lo que sucede es una reproducci\u00f3n especular de lo que suced\u00eda en el Gulag sovi\u00e9tico. All\u00ed se forzaba a los prisioneros a trabajar hasta que ca\u00edan extenuados; aqu\u00ed se persigue a los trabajadores inmigrantes como si fueran delincuentes, hasta que terminan por estar fuera de la ley.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que sucede esto en Estados Unidos, en la Ciudad de M\u00e9xico se intercambian millones de inquisitivas miradas por segundo, tras las cuales se esconden chanchullos, oportunidades, bromas, alternativas, rutinas, cuestiones de honor o, simplemente, preguntas sin respuesta.<\/p>\n<p>&#8220;S\u00f3lo para el poderoso la historia es una l\u00ednea ascendente donde la c\u00faspide es siempre su hoy&#8221;, dicen los zapatistas. &#8220;Para quien abajo es, el quehacer hist\u00f3rico es una interrogante que s\u00f3lo se responde mirando hacia atr\u00e1s y hacia delante, dibujando as\u00ed nuevas preguntas&#8221;.<\/p>\n<p>Observo sus cejas, las arrugas en la parte inferior de la frente, las ojeras, la protuberancia de la nariz bajo el pasamonta\u00f1as. Su voz f\u00edsica es distante y convincente al mismo tiempo. Otra cosa es su voz escrita. Al contrario de lo que se suele suponer, la voz del escritor de verdad casi nunca (o quiz\u00e1 nunca) es su propia voz: es una voz que surge de la intimidad y de la identificaci\u00f3n del escritor con otros que conocen el camino a ciegas y que lo gu\u00edan en silencio. No procede del temperamento del escritor, sino de la confianza.<\/p>\n<p>Y mientras doy volumen a su cabeza, pienso en c\u00f3mo podr\u00eda definir, en c\u00f3mo delinear, el lugar de donde proviene su voz, la voz del autor de los mensajes zapatistas. \u00bfDesde d\u00f3nde habla al mundo esta voz?<\/p>\n<p>La voz habla f\u00edsicamente desde aqu\u00ed, desde los escarpados altos de Chiapas, hoy controlados por sus pobladores ind\u00edgenas, quienes han recuperado y vuelven a cultivar las tierras que les fueron arrebatadas y construyen escuelas, ambulatorios y centros c\u00edvicos. Pero \u00bfdesde d\u00f3nde habla esa voz figuradamente?<\/p>\n<p>Acaba de hacer re\u00edr a la ni\u00f1a. Su peque\u00f1o pasamonta\u00f1as se sacude como los papos de un cachorro.<\/p>\n<p>Volvamos a la ciudad para intentar encontrar una respuesta a mi pregunta. Hasta cierto punto, no deja de sorprender que la v\u00eda principal se siga llamando avenida Insurgentes. En el centro de la ciudad todav\u00eda hay muchas calles con el nombre de capitales y pa\u00edses europeos, porque hace cien a\u00f1os M\u00e9xico se consideraba un faro del progreso y de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Son muchos los mexicanos que alguna vez en su vida acuden en peregrinaci\u00f3n a la bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe. Pero casi son tantos los que visitan en grandes grupos familiares La epopeya del pueblo mexicano, los murales de Diego Rivera. Y no van a ver estas pinturas inmensas por razones art\u00edsticas, sino para recordarse su destino y reflexionar sobre su historia.<\/p>\n<p>He cambiado de la tinta al carboncillo, porque \u00e9ste es m\u00e1s indeciso, m\u00e1s deshilachado, m\u00e1s quebradizo. La pintura sabe desde el principio lo que quiere decir; el carboncillo escucha.<\/p>\n<p>Ninguna reproducci\u00f3n puede dar una idea de la escala del fresco de Rivera que corona la escalera principal de lo que fue, hasta tiempos recientes, la sede del Gobierno. Se suele comparar con la Capilla Sixtina, y la comparaci\u00f3n no es exagerada, siempre y cuando se limite a los frescos del Juicio Final.<\/p>\n<p>Diego, El Elefante, como lo apod\u00f3 Frida Kahlo, era una persona corriente y moliente, como cualquiera de nosotros. A veces era pendenciero; a veces, derrotista; a veces, perezoso, y a menudo, inconsecuente. Se transformaba, sin embargo, cuando sent\u00eda que estaba llamado a pintar y a representar en estos muros la historia de su pueblo. Entonces se hac\u00eda consecuente hasta el punto de ser capaz de dar a cada detalle, a cada rasgo, su lugar concreto en un destino hist\u00f3rico vast\u00edsimo. En lo alto de esa escalera, uno tiene la sensaci\u00f3n de que mil a\u00f1os de historia dieron origen a un pintor colosal, y no a la inversa.<\/p>\n<p>Los cientos de figuras de tama\u00f1o natural, que representan las civilizaciones precolombinas, el mercado de Tenochtitl\u00e1n, los tres siglos de explotaci\u00f3n colonial espa\u00f1ola, la Guerra de la Independencia, que termin\u00f3 en 1821, y, sobre todo, el siglo que sigui\u00f3 a esa guerra y que llev\u00f3 a la Revoluci\u00f3n de 1910 y a la esperanza de un futuro diferente, est\u00e1n todas contenidas, las notorias y las an\u00f3nimas, en una visi\u00f3n tal de la energ\u00eda y la continuidad de un pueblo que, pese a las muchas crueldades, se resume en algo parecido a una invitaci\u00f3n fraternal. Se dir\u00eda que cuando baja las escaleras para irse, cada visitante mexicano se lleva de regalo una cala de los cestos de las vendedoras de flores pintadas en el mural.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo -y \u00e9sta es, quiz\u00e1, otra de las razones por las que pienso en la convulsi\u00f3n del Juicio Final de Miguel \u00c1ngel-, la historia pol\u00edtica del M\u00e9xico moderno, tal como aparece expuesta en estos muros y conforme a todo lo que ha sucedido desde que los pint\u00f3 Ribera, no es sino un gigantesco campo de promesas rotas.<\/p>\n<p>Un tipo de esclavitud sigui\u00f3 a otro; nuevos sistemas de represi\u00f3n y de discriminaci\u00f3n sustituyeron a los antiguos; se inventaron y se impusieron nuevas formas de pobreza; los gringos del norte no han dejado de sangrar el pa\u00eds, de expoliar sus recursos naturales, y los ind\u00edgenas se han visto cada vez m\u00e1s despose\u00eddos. S\u00f3lo el grito de Zapata (&#8220;\u00a1Tierra y libertad!&#8221;) sonaba todav\u00eda convincente. Zapata muri\u00f3 asesinado en 1919.<\/p>\n<p>Y as\u00ed he llegado a donde quer\u00eda llegar. Hab\u00eda que salvar la quebrada que separa ese inmenso campo de promesas rotas, a un lado, de las demandas populares de justicia, al otro. Y lo que hicieron durante setenta a\u00f1os los principales partidos pol\u00edticos, empezando por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), fue rellenar ese vac\u00edo con los escombros de lo que en su d\u00eda fue un lenguaje pol\u00edtico. Promesas rotas, premisas rotas, proposiciones rotas, leyes rotas.<\/p>\n<p>Todo principio -excepto el del inter\u00e9s propio- ha quedado vac\u00edo de significado. El discurso pol\u00edtico, las campa\u00f1as electorales, las declaraciones a la prensa han sido reducidos sistem\u00e1ticamente a las evasivas, a las mentiras y a las mil maneras de desviar la atenci\u00f3n utilizadas por aquellos que en la antigua Grecia se denominaban idioti (los que buscan su propio provecho), quienes no ten\u00edan nada que ver con los politici. Bajo el fascismo econ\u00f3mico del neoliberalismo, esto se ha convertido hoy en un fen\u00f3meno mundial. La voz de los mensajes zapatistas, que ofrecen un ejemplo de resistencia local y global, habla desde esa quebrada.<\/p>\n<p>&#8220;No a tratar de resolver desde arriba&#8230; S\u00ed a construir desde abajo y por abajo. No creemos que los fines justifiquen los medios. En definitiva, creemos que los medios son el fin. Construimos nuestro objetivo al mismo tiempo que construimos los medios para seguir en la lucha. En este sentido damos mucho valor a la palabra dicha, a la honradez y a la sinceridad, aunque a veces nuestra ingenuidad nos lleve a cometer errores&#8221;.<\/p>\n<p>Marcos me observa dibujarlo y sonr\u00ede. Hay dos tipos de sonrisa (entre muchos otros): la de cuando est\u00e1s esperando a o\u00edr c\u00f3mo acaba el chiste, y la de cuando recuerdas un chiste que te contaron hace tiempo. La suya es la segunda.<\/p>\n<p>Estuve en Acamilpa, un pueblecito del Estado de Morelos, de donde era originario Zapata. La milpa es un maizal en el que junto con el ma\u00edz crecen otras muchas plantas y conviven infinidad de p\u00e1jaros, insectos y otros animales. Quiero describir la cara de una anciana que me result\u00f3 extra\u00f1amente conocida. Podr\u00eda ser una anciana del pueblo de los Alpes donde vivo. \u00bfO es que con la edad acabamos todos en el mismo pueblo? Era un s\u00e1bado por la tarde, y en el patio de un peque\u00f1o rancho se ve\u00edan varias mesas cubiertas con manteles blancos: se celebraba un cumplea\u00f1os y los invitados estaban a punto de llegar. El acordeonista ya hab\u00eda empezado a tocar. Hab\u00eda una acacia inmensa, que posiblemente ya estaba all\u00ed cuando Emiliano Zapata era ni\u00f1o. En una de las mesas, trece ancianos de los pueblos circundantes manten\u00edan una reuni\u00f3n importante; estaban coordinando sus actividades de desobediencia civil y obstrucci\u00f3n, a fin de impedir que los especuladores de suelo les roben el agua que les pertenece. Hablaban por turno, atentos a lo que dec\u00edan, con convicci\u00f3n. Aceptaban la m\u00fasica como si fuera un plato que coc\u00eda a fuego lento y que comer\u00edan m\u00e1s tarde. Era una mujer de cara morena, curtida por las inclemencias, y sus ojos brillantes indicaban que estaban hechos a mirar a lo lejos, hacia el lugar de donde vienen los vientos. Entre la acacia y la casa hab\u00edan colgado globos de colores para la fiesta de cumplea\u00f1os. Esto es lo que me dijo:<\/p>\n<p>&#8220;Yo ya he vivido todo lo que me ha tocado vivir y ahora pienso en el futuro. Pienso en mis nietos y en los hijos de mis nietos, y en c\u00f3mo vivir\u00e1n ellos. Quienes gobiernan hoy quieren destruir a los campesinos, a las comunidades ind\u00edgenas, para quedarse con todas las semillas de la tierra, con cada gota de agua que baja de nuestras monta\u00f1as. As\u00ed que no dejamos pasar sus camiones cuando vienen a robar lo que es nuestro&#8230; Es mejor morir de pie que vivir de rodillas&#8221;.<\/p>\n<p>El cabello, largo y tan blanco como el m\u00edo, lo llevaba recogido atr\u00e1s en un mo\u00f1o.<\/p>\n<p>Marcos lleva un reloj en cada mu\u00f1eca. Uno para el tiempo de paz. Y el otro para el tiempo de guerra. Cuando los zapatistas est\u00e1n metidos en una operaci\u00f3n defensiva, en previsi\u00f3n de que puedan interceptar sus mensajes, trastocan el sistema horario.<\/p>\n<p>De todos modos, hay ocasiones en las que desaf\u00edan cualquiera de los dos tiempos, o al tiempo sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>En San Andr\u00e9s, el municipio donde, en febrero de 1996, el Gobierno mexicano lleg\u00f3 a un acuerdo con los zapatistas por el que se compromet\u00eda a reconocer los derechos de todos los pueblos ind\u00edgenas -un acuerdo del que se retract\u00f3 al poco tiempo-, hay una iglesia consagrada a este ap\u00f3stol. Su interior cobija una profusi\u00f3n de im\u00e1genes de la Virgen y de los santos, todos vestidos con ropas bordadas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de la semana pasada, hacia el final de la ma\u00f1ana, me par\u00e9 all\u00ed porque, al igual que en el pueblo de Acamilpa, o\u00ed m\u00fasica. \u00c9sta era una m\u00fasica m\u00e1s antigua, diferente. Dentro de la iglesia hab\u00eda dos mujeres ind\u00edgenas, con sus peque\u00f1os colgados a la espalda, y, a cierta distancia de ellas, dos hombres. No hab\u00eda ning\u00fan sacerdote presente. Los cuatro formaban con sus voces un coro polif\u00f3nico. Mil velas ard\u00edan en el suelo de la iglesia, algunas dentro de tarros de cristal, sus llamas vacilantes, porque entraba aire por una puerta lateral entreabierta. Una de las mujeres balanceaba un incensario mientras cantaba, y el humo del incienso envolv\u00eda las llamas, como flores entre la bruma. Parec\u00edan ajenos al a\u00f1o, a la estaci\u00f3n, al d\u00eda, a la hora. Hasta que uno de los peque\u00f1os se puso a llorar y la madre le dio el pecho. La otra mujer alisaba con las manos la t\u00fanica que hab\u00eda tra\u00eddo para la imagen de san Andr\u00e9s: sab\u00eda que hab\u00eda que lavar la que ten\u00eda puesta y cambiarla por una limpia.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s del pasamonta\u00f1as, bajo la nariz protuberante, una boca y una laringe que hablan de esperanza desde la quebrada. He dibujado lo que he podido.<\/p>\n<p>Mientras tanto, lo m\u00e1s seguro es que los zapatistas est\u00e9n ahora mismo en peligro. Los ataques vendr\u00e1n de quienes muestran su miop\u00eda pensando que su ejemplo se puede borrar.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2021\/10\/Sub-Marcos-por-Berger.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-reviglio\/files\/2021\/10\/Sub-Marcos-por-Berger-216x300.jpg\" alt=\"\" width=\"216\" height=\"300\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1980\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n de Pilar V\u00e1zquez<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy Juan nos regal\u00f3 Apuntes para un retrato del ingl\u00e9s John Berger:<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,29],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1978"}],"collection":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1978"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1978\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1978"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1978"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-reviglio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1978"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}