{"id":675,"date":"2012-10-26T21:29:21","date_gmt":"2012-10-26T21:29:21","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/?p=675"},"modified":"2012-10-26T21:29:21","modified_gmt":"2012-10-26T21:29:21","slug":"el-fulgor-de-lo-imaginario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2012\/10\/26\/el-fulgor-de-lo-imaginario\/","title":{"rendered":"El fulgor de lo imaginario"},"content":{"rendered":"<p>por Laura Oriato<\/p>\n<p>Es mi\u00e9rcoles al mediod\u00eda pero parece viernes. Es pre feriado y la gente ya respira el descanso del fin de semana largo. El aire parece enrarecido como durante un carnaval triste, quiz\u00e1s por el motivo que convoca a la interrupci\u00f3n de nuestras rutinarias vidas. O ser\u00e1 el oto\u00f1o. O la lluvia. O <em>todoesojunto<\/em>.<\/p>\n<p>En la parada de colectivos, comparto mi paraguas con una desconocida. Un piloto negro me hace sentir disfrazada de falsa detective. En diagonal, una chica con id\u00e9ntico impermeable lleva un par de ojotas <em>havaianas<\/em>. No me entusiasma la combinaci\u00f3n ciudad grande &#8211; lluvia &#8211; pies casi descalzos. Cuando llueve, Rosario es m\u00e1s urbe que nunca, la gente se pega entre s\u00ed al igual que un chicle viejo en los dedos.<!--more--><\/p>\n<p>La extra\u00f1a que se esconde debajo de mi <em>esquivagotas<\/em> bromea con dos amigas. Una de las tres necesita un manual de instrucciones para usar paraguas y de eso se r\u00eden. Se r\u00eden de ella.\u00a0Llega el 127 y dejo a mi refugiada a la intemperie. Casualmente, la chica que tiene dificultades para usar paraguas sube al mismo colectivo. Se confirma la teor\u00eda de sus amigas emp\u00edricamente: mientras sube las escaleras, la joven sacude su paraguas empapado sobre un hombre que le pisa los talones.<\/p>\n<p>Marco la tarjeta y me ubico en esos asientos que el com\u00fan de los sujetos evita para no marearse, y supongo que tampoco los prefieren porque hay que viajar de cara al resto de los pasajeros e incluso chocarse las rodillas con el de enfrente. A la mayor\u00eda de la gente le desagrada hacer contacto visual con un rostro an\u00f3nimo y mejor no hablar de la convergencia entre otros sectores del cuerpo.<\/p>\n<p>En la parte destinada para las personas en sillas de ruedas, ah\u00ed donde hay veces que se amontonan los estudiantes llenos de bolsos, van cuatro chicos parados con todo su instrumental para limpiar parabrisas.\u00a0En eso me doy cuenta de que dos pasajeros est\u00e1n mirando sin disimulo a una mujer que viaja sentada del otro lado del pasillo. La miro con discreci\u00f3n y me detengo en sus manos: son demasiado grandes.<\/p>\n<p>Segundos m\u00e1s tarde, el colectivero frena y se baja. Una mujer de cuerpo min\u00fasculo sube la rampa manejando una silla de ruedas electr\u00f3nica. Se pone a hablar con uno de los pibes que limpian vidrios, se nota que se conocen. Los pasajeros que est\u00e1n en los \u00faltimos asientos de los costados parecen un jurado a punto de dictar la sentencia.<\/p>\n<p>Sube m\u00e1s gente, decido correrme unos asientos m\u00e1s atr\u00e1s. Me siento en el fondo, en el medio de dos parejas de adolescentes. Si no fuese por un nene que acompa\u00f1a a una de las duplas, podr\u00eda hacer de violinista. Los de la izquierda escuchan <em>Welcome to the jungle <\/em>por el celular, los de la derecha son un 2\u00a0en 1 sin audio en su isla de amantes.<\/p>\n<p>Una chica balancea de manera sincronizada su culo, su mochila de marca y su pelo recogido hacia un costado, desliza sus\u00a0zapatillas \u2013tambi\u00e9n de marca\u2013 haciendo ruido y a m\u00e1s de uno le enferma los nervios, habla con otra adolescente con cara de \u201csal\u00ed de ac\u00e1, no me toques, no me mires\u201d, bronceado de enero y carterita de Tommy, el del apellido que cuesta pronunciar. Dos j\u00f3venes comentan que un amigo se mud\u00f3 frente a la casa de su novia y acotan que por eso es un imb\u00e9cil. Un sub-30 trajeado riega el pasillo con su fragancia importada, guarda la tarjeta de colectivo en su billetera cara y desentona con el ecosistema. Un joven se r\u00ede y se pone serio con las p\u00e1ginas de un libro. Resulta tentador espiar qu\u00e9 lee la gente en los espacios p\u00fablicos. Aun a sabiendas de que el lector pueda agarrarme con los ojos en las letras, me asomo y alcanzo a leer un t\u00edtulo que no tiene nada que ver con el dise\u00f1o de tapa. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0Al costado de la puerta de atr\u00e1s, un hombre que viaja parado amaga que va a bajar pero no baja nada. Se agarra del ca\u00f1o y mantiene su mano en posici\u00f3n hist\u00e9rica, cerca del timbre. Casi lo toca pero no lo toca.\u00a0La parejita que va con el nene est\u00e1 a los besos y el tipo que coquetea con el timbre los vigila con tanta cara de desprecio que da ganas de despreciarlo a \u00e9l tambi\u00e9n. Los adolescentes parecieran leerle el gesto, cambian a los Guns por cumbia y empiezan a tararear el tema. El chico comenta que una canci\u00f3n es capaz de levantarle el \u00e1nimo a cualquiera.<\/p>\n<p>En la parte de Laprida que Rosario se asemeja m\u00e1s a Par\u00eds que a Rosario, los adolescentes de la izquierda se ponen de pie y el nene dice que no quiere bajar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Te hubieses quedado en tu casa si no quer\u00edas venir, pero te da miedo quedarte solo<em>, <\/em>\u2013dice la muchacha cumbiera mientras intenta convencerlo para que descienda del colectivo. El nene se pone unos dientes de cotill\u00f3n \u2013blancos y con colmillos de Dr\u00e1cula\u2013, y habla sin que se le entienda una palabra. Me meto en la vi\u00f1eta dirigi\u00e9ndome a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2013Con esos dientes, el \u00fanico que puede llegar a dar miedo sos vos.<\/p>\n<p>El muchacho cumbiero sonr\u00ede y le apunta:<\/p>\n<p>\u2013La chica te est\u00e1 hablando.<\/p>\n<p>Mini Dr\u00e1cula pone cara de verg\u00fcenza y no responde, s\u00f3lo repite que no se quiere bajar. La muchacha cumbiera comenta que el nene se est\u00e1 haciendo el t\u00edmido y toca el timbre para que el colectivo se detenga en la Plaza 25 de Mayo.\u00a0Antes de pisar la escalera, el nene se da vuelta, me dirige una mirada de dandi<em>\u00a0<\/em>y me dice chau con la mano. Lo saludo y pienso que cuando crezca conquistar\u00e1 a muchas chicas, la timidez tiene\u00a0<em>sex appeal<\/em>.\u00a0Mientras tanto, el chofer irritado le grita a una se\u00f1ora que intenta bajarse en la mitad de la cuadra, cuando el colectivo todav\u00eda est\u00e1 andando.<\/p>\n<p>La disposici\u00f3n de los cuerpos sumada al montaje de subidas y bajadas, timbres y permisos, apoyos y pisoteos, configuran un paisaje en donde el \u00e9ter se pone tan denso que s\u00f3lo es posible cortarlo con una motosierra. A esta altura del mediod\u00eda, mi est\u00f3mago comienza a parecerse a un circo: hay un le\u00f3n que ruge, saltimbanquis que se chocan entre s\u00ed y un trapecista que hace equilibrio ante tanto vac\u00edo. S\u00f3lo falta el elefante que quisiera devorar.<\/p>\n<p>Antes de llegar a Pocho Lepratti, hago sonar el timbre. Mientras bajo del colectivo, recuerdo el comentario del chico acerca de las canciones y empiezo a entonar bajito: \u201cEn los extraaa\u00f1os puedo hallarrr, puedo verrr, el fulgorrr de lo imaginario<em>\u201d<\/em>. Al son de los bramidos de mis tripas, me pierdo en medio de una Rosario casi feriada, siempre h\u00fameda y salvaje.\u00a0<\/p>\n<p><strong>Nada que ver<\/strong>, narradoras rosarinas. Autoras varias. Editado por Recovecos-Caballo negro editora, C\u00f3rdoba 2012, p\u00e1ginas 19-25.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Laura Oriato Es mi\u00e9rcoles al mediod\u00eda pero parece viernes. Es pre feriado y la gente ya respira el descanso del fin de semana largo. El aire parece enrarecido como durante un carnaval triste, quiz\u00e1s por el motivo que convoca a la interrupci\u00f3n de nuestras rutinarias vidas. O ser\u00e1 el oto\u00f1o. O la lluvia. 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