{"id":605,"date":"2012-10-08T20:32:01","date_gmt":"2012-10-08T20:32:01","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/?p=605"},"modified":"2012-10-08T20:32:01","modified_gmt":"2012-10-08T20:32:01","slug":"golpe-76","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2012\/10\/08\/golpe-76\/","title":{"rendered":"Golpe \u00b476"},"content":{"rendered":"<p>*Textos de Eduardo Galeano seleccionados por el auxiliar alumno Ramiro Palma Nigro<\/p>\n<blockquote><p><strong>30 de abril de 1977<\/strong><\/p>\n<p><strong>Buenos Aires<\/strong><\/p>\n<p>Las madres de Plaza de Mayo, mujeres paridas por sus hijos, son el coro griego de esta tragedia. Enarbolando las fotos de sus desaparecidos, dan vueltas y vueltas a la pir\u00e1mide, ante la rosada casa de gobierno, con la misma\u00a0obstinaci\u00f3n con que peregrinan por cuarteles y comisar\u00edas y sacrist\u00edas, secas de tanto llorar, desesperadas de tanto esperar a los que estaban y ya no est\u00e1n, o quiz\u00e1s siguen estando, o qui\u00e9n sabe:<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>-Me\u00a0despierto y siento que est\u00e1 vivo -dice una, dicen todas-. Me\u00a0voy desinflando mientras pasa la ma\u00f1ana. Se me\u00a0muere al mediod\u00eda. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegar\u00e1 y pongo un plato para \u00e9l en la mesa, pero se me\u00a0vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me\u00a0despierto y siento que est\u00e1 vivo&#8230;<\/p>\n<p>Las llaman locas. Normalmente no se habla de ellas. Normalizada la situaci\u00f3n, el d\u00f3lar est\u00e1 barato y cierta gente tambi\u00e9n. Los poetas locos van al muere y los poetas normales besan la espada y cometen elogios y silencios. Con toda normalidad el ministro de Econom\u00eda caza leones y jirafas en la selva africana y los generales cazan obreros en los suburbios de Buenos Aires. Nuevas normas de lenguaje obligan a llamar Reorganizaci\u00f3n Nacional a la dictadura militar.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>\u00a0<strong>Tamara vuela dos veces<\/strong><\/p>\n<p>Tamara Arze, que despareci\u00f3 al a\u00f1o y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Est\u00e1 en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogi\u00f3 cuando qued\u00f3 tirada por ah\u00ed. A pedido de la madre, las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la b\u00fasqueda. Contaban con pocas pistas. Al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado. Cada ma\u00f1ana, Tamara vende queros\u00e9n en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni o\u00edr hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jam\u00e1s la abandon\u00f3. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la f\u00e1brica, en Buenos Aires&#8230;<\/p>\n<p>Rosa fue torturada, bajo control de un m\u00e9dico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pas\u00f3 ocho a\u00f1os presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el a\u00f1o pasado la expulsaron de la Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Tamara viene volando hacia ella.<br \/>\nTamara viaja acompa\u00f1ada por dos abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avi\u00f3n, sin dejar una miga de pan ni un grano de az\u00facar.<\/p>\n<p>En Lima, Rosa y Tamara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son id\u00e9nticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares.<\/p>\n<p>Cuando llega la noche, Rosa ba\u00f1a a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulz\u00f3n; y vuelve a ba\u00f1arla. Y otra vez. Y por m\u00e1s jab\u00f3n que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro&#8230; Y de pronto, Rosa recuerda. \u00c9ste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar: Tamara tiene diez a\u00f1os y esta noche huele a reci\u00e9n nacida.<\/p>\n<p>Eduardo Galeano, <em><strong>Memoria del fuego III. El siglo del viento<\/strong><\/em>, 1986<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p><strong>Las edades de Ana <\/strong><\/p>\n<p>En sus primeros a\u00f1os, Ana Fellini cre\u00eda que sus padres hab\u00edan muerto en un accidente. Sus abuelos se lo dijeron. Le dijeron que sus padres ven\u00edan a buscarla cuando se cay\u00f3 el avi\u00f3n que los tra\u00eda.<\/p>\n<p>A los once a\u00f1os, alguien le dijo que sus padres hab\u00edan muerto peleando contra la dictadura militar argentina. Nada pregunt\u00f3, no dijo nada. Ella hab\u00eda sido ni\u00f1a parlanchina, pero desde entonces habl\u00f3 poco o nada.<\/p>\n<p>A los diecisiete a\u00f1os, le costaba besar. Ten\u00eda una llaguita bajo la lengua.<\/p>\n<p>A los dieciocho, le costaba comer. La llaga era cada vez m\u00e1s honda.<\/p>\n<p>A los diecinueve, la operaron.<\/p>\n<p>A los veinte, muri\u00f3.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico dijo que la mat\u00f3 un c\u00e1ncer a la boca.<\/p>\n<p>Los abuelos dijeron que la mat\u00f3 la verdad.<\/p>\n<p>La bruja del barrio dijo que muri\u00f3 porque no grit\u00f3.<\/p>\n<p>Eduardo Galeano, <em><strong>Espejos<\/strong><\/em>,<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Textos de Eduardo Galeano seleccionados por el auxiliar alumno Ramiro Palma Nigro 30 de abril de 1977 Buenos Aires Las madres de Plaza de Mayo, mujeres paridas por sus hijos, son el coro griego de esta tragedia. 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