{"id":370,"date":"2011-08-28T08:54:41","date_gmt":"2011-08-28T08:54:41","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/2011\/08\/28\/el-lenguaje-de-la-ciudad\/"},"modified":"2011-08-28T08:54:41","modified_gmt":"2011-08-28T08:54:41","slug":"el-lenguaje-de-la-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2011\/08\/28\/el-lenguaje-de-la-ciudad\/","title":{"rendered":"El lenguaje de la ciudad"},"content":{"rendered":"<p><strong>Edici\u00f3n de Laura Oriato para el proyecto La ciudad como texto<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por Adri\u00e1n Eduardo Duplatt.*<\/strong><br \/>\n<strong>La ciudad como texto <\/strong><br \/>\nLa comunicaci\u00f3n es la base de la interacci\u00f3n humana. Comunicaci\u00f3n y sociedad son indisolubles. Alicia Entel define la comunicaci\u00f3n social como \u201cuna pluralidad de pr\u00e1cticas que hacen coherente la convivencia grupal, y tambi\u00e9n, al mundo de significaciones e imaginarios en torno a lo que dar\u00eda consistencia y sentido a los v\u00ednculos de una comunidad humana determinada\u201d (Entel, 1996:26).<br \/>\nErgo, no es aventurado afirmar que con los procesos de interacci\u00f3n social se construye identidad, entendida como fruto de una negociaci\u00f3n entre las significaciones intra e intersubjetivas. Sin comunicaci\u00f3n, no hay identidad. As\u00ed, los elementos simb\u00f3licos -cargados de significaciones por los actuantes- son los que permiten entablar interacciones sociales.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nDentro de la identidad, el territorio es un elemento imprescindible de an\u00e1lisis, aunque no el \u00fanico. En \u00e9l se pueden hallar una retah\u00edla de constituyentes simb\u00f3licos. La ciudad (el barrio, el pa\u00eds) es, entonces, plausible de estudio como ingrediente constructor de identidad. Entel la define como cristalizaci\u00f3n \u201cde procesos pol\u00edticos, hist\u00f3ricos y culturales donde la gente y su h\u00e1bitat son producidos y se producen mutuamente\u201d (Entel, 1996:21).<br \/>\nLa ciudad ha sido enfocada desde la sociolog\u00eda, la econom\u00eda, el urbanismo, la antropolog\u00eda. As\u00ed, v.gr. Marc Aug\u00e9 se refiere a los lugares -la ciudad es uno de ellos- como espacios relacionales e hist\u00f3ricos trabajados y simbolizados por el hombre, de los que se extrae la identidad individual y colectiva (1993). A estos an\u00e1lisis se le pueden adicionar los de la comunicaci\u00f3n para hacer de la ciudad un objeto de estudio variopinto. La ciudad no solo es un espacio de comunicaci\u00f3n, sino que puede ser vista como un mensaje en la comunicaci\u00f3n. Rossana Reguillo (1997) habla de objetivarla no como un continente en el que ocurren cosas y s\u00ed por su papel coconstitutivo en formas de socialidad espec\u00edfica. De igual modo, Entel -parafraseando a Richard M. Morse- imagina a la ciudad como un teatro, \u201ca los grupos sociales como actores y a los espacios como escenarios\u201d (Entel, 1996:37) y cree que es \u201cposible descubrir la riqueza y la capacidad predictiva de las lecturas minuciosas que el investigador puede realizar de esa dram\u00e1tica urbana (Entel, 1996:37).<br \/>\nEn el campo de la comunicaci\u00f3n, la ciudad ha sido estudiada en sus relaciones con los medios o como escenario de pr\u00e1cticas culturales. No abundan los trabajos que la problematizan como portadora de lenguaje o un texto en s\u00ed misma. Un tipo de an\u00e1lisis que no invalida a los otros, sino que los contin\u00faa por otros ra\u00edles.<br \/>\nLos lugares son portadores de signos y s\u00edmbolos que son interpretados por quienes los observan. La idea que los habitantes tienen de la ciudad se nutre de las representaciones sociales elaboradas por los medios de comunicaci\u00f3n y por sus propias experiencias cotidianas. \u201cEn este sentido, se puede decir que los ciudadanos, sujetos sociales, leen la ciudad como primer referente de su experiencia existencial y, a la vez, negocian sus percepciones y vivencias con las lecturas que vienen propuestas -o impuestas- por parte de los medios de difusi\u00f3n masiva\u201d (Rizo Garc\u00eda, 2004).<br \/>\nLas vivencias propias de la ciudad aportan datos que no pueden ser suplidos con la informaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n, pero estos, a su vez, no pueden ser olvidados a la hora de reconstruir el modo en que los individuos construyen modelos mentales de la realidad en los t\u00e9rminos que postula Teun Van Dijk (1994).<br \/>\n(Existen enunciados sobre la ciudad que vienen desde afuera (los medios) y que se elaboran desde adentro (los de los propios habitantes). Es decir, adem\u00e1s de los producidos por los medios, en el espacio urbano circulan discursos que se elaboran en el interior del lugar. De acuerdo a ellos, Hugo Gaggiotti (Rizo Garc\u00eda, 2004) reconoce tres formas de percibir la ciudad: 1) una ciudad idealizada en el pasado, que justifica el origen y entiende el presente a partir de su g\u00e9nesis, inventa elementos simb\u00f3licos, lugares y personajes ligados a un momento simb\u00f3lico de fundaci\u00f3n; 2) una ciudad idealizada en el futuro, que ayuda a organizar proyectos, que se compara con otras ciudades y busca la identidad a partir de la comparaci\u00f3n y 3) una ciudad idealizada en transici\u00f3n, que polariza a los habitantes entre la ruptura o la continuidad del pasado para la sobrevivencia de la ciudad).<br \/>\nSi los habitantes pueden \u201cleer\u201d la ciudad para elaborar una imagen primigenia (o no) de ella, quiere decir, entonces, que puede ser entendida como un texto o, mejor a\u00fan, como discurso: la asociaci\u00f3n de un texto y su contexto (Maingueneau, 1996).<br \/>\n<strong>El discurso de la ciudad<\/strong><br \/>\nEl lenguaje es un conjunto sistem\u00e1tico de signos que permite un cierto tipo de comunicaci\u00f3n. Dicho de otro modo, el lenguaje est\u00e1 constituido por signos que son interpretados por los hablantes. En realidad \u201ctoda cultura es construcci\u00f3n de sentido por medio de s\u00edmbolos y signos; los hechos dados son la expresi\u00f3n a trav\u00e9s de la cual podemos acceder a las estructuras de significaci\u00f3n que los hombres producen sin saberlo\u201d (Ulloa, 2006). La ciudad, producto humano, est\u00e1 constituido por s\u00edmbolos, signos y huellas.<br \/>\nLa huella es la se\u00f1al del paso humano. La ciudad puede ser tomada como una \u201chuella de sentido\u201d en cuanto tiene significados comunes que acercan y llevan a experimentar un espacio com\u00fan (Ver\u00f3n Ospina, 2000). Las huellas significan la ciudad y por medio de ellas la ciudad significa a sus habitantes. Las huellas van edificando el lenguaje del lugar. Se trata de una \u201cescritura colectiva que es descifrable en su edificaciones, en sus calles, en la circulaci\u00f3n, en los comportamientos\u201d (Margulis, 2001, 122).<br \/>\nEl lenguaje es el c\u00f3digo simb\u00f3lico por antonomasia. Construye y da a conocer las percepciones de la cultura. La ciudad, como lugar -hist\u00f3rico, relacional, identitario- tambi\u00e9n permite vislumbrar la cultura. Expresa los m\u00faltiples aspectos de la vida social y transmite sus significados (Margulis, 2001:121). Roland Barthes afirmaba que la ciudad es en s\u00ed misma un discurso, un verdadero lenguaje y que la ciudad habla a sus habitantes (Barthes, 1990). En la distinci\u00f3n entre lengua y habla de Ferdinand de Saussure, la ciudad ser\u00eda la lengua, un sistema de significaciones compartido hist\u00f3ricamente; en tanto que el uso, las apropiaciones, las pr\u00e1cticas, las transformaciones y la improntas del poder ocupan el lugar del habla (Margulis, 2001).<br \/>\nPero la ciudad tiene otros recursos sem\u00e1nticos, ret\u00f3ricos y l\u00f3gicos, distintos del lenguaje ortodoxo. \u201cEl discurso de la ciudad tiene sus particulares juegos de lenguaje que difieren en su l\u00f3gica y alcance de los que se manifiestan en el nivel ling\u00fc\u00edstico, y dentro de \u00e9ste, en sus distintos planos tem\u00e1ticos\u201d (Margulis, 2001:123). Alicia Entel sostiene que se puede leer la crisis en el espacio urbano, aunque la gente no diga palabras; el sentimiento de las personas, sus frustraciones, se asienta en los edificios, en los comportamientos en la calle y en los proyectos pol\u00edticos en la calle -las plazas- (Alarc\u00f3n, 2006).<br \/>\nPara Mario Margulis, el espacio, las calles, los edificios y el paisaje urbano son significantes. El caminar por las calles, veredas y espacios p\u00fablicos de una ciudad conlleva la posibilidad de recibir y reinterpretar \u201cm\u00faltiples mensajes que hablan a sus habitantes, emiten se\u00f1ales e intervienen en los comportamientos\u201d (Margulis, 2001, 123). Est\u00e1 claro que las competencias interpretativas son dis\u00edmiles entre un vecino y un for\u00e1neo. Cada uno puede interpretar los mensajes de manera diferente, al igual que ocurre con cualquier texto y sus gram\u00e1ticas de reconocimiento (Ver\u00f3n, 2004).<br \/>\nEn un derrotero inverso, Ludwing Wittgenstein comparaba al lenguaje con una ciudad: \u201cNuestro lenguaje puede verse como una vieja ciudad: una mara\u00f1a de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casa con anexos de diversos per\u00edodos; y esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y rectangulares y con casas uniformes\u201d (Wittgenstein,1988:18,31). En todo caso, si el lenguaje es como una ciudad, entonces la ciudad es como un lenguaje.<br \/>\nLos significados pasan y los significantes quedan, afirmaba Barthes; Margulis traspola el aforismo a la ciudad y habla de la permanencia de los objetos (calles, edificios, monumentos) y al cambio de sentido. El uso de signos adquiere nuevos significados con el paso del tiempo y la renovaci\u00f3n del \u201cusuario\u201d del lenguaje. Una plaza puede adquirir un significado distinto de una generaci\u00f3n a otra, o en distintos grupos en un mismo tiempo, o en el mismo grupo a una hora diferente del d\u00eda.<br \/>\nPor ello son ingentes las lecturas posibles de una ciudad. Margulis cree que \u201cse puede intentar la interpretaci\u00f3n de la cultura a partir de la ciudad considerada como un texto infinito, un texto compuesto no s\u00f3lo por la configuraci\u00f3n de edificios, veh\u00edculos y objetos, sino tambi\u00e9n por sus habitantes en movimiento, sus pr\u00e1cticas e itinerarios, sus acciones\u2026\u201d (Margulis, 2001:129). Entel (1996:35) llama \u201cgestos sociales\u201d a esos rituales que llevan a la gente circular o moverse de determinada manera y que son portadores de sentidos que deben dilucidarse. Es importante, entonces, prestar atenci\u00f3n al aspecto material y a la cadencia de la ciudad, sus ritmos, las formas de caminar, hablar, interactuar, los recorridos habituales, los lugares rutinarios de visita y de paso, los censurados&#8230;<br \/>\nBel\u00e9n Gache explica que las formaciones espaciales act\u00faan como modelos estructurales a partir de los cuales las narraciones se van armando. Los mapas dan pie a constelaciones textuales y permiten una lectura topogr\u00e1fica de esos textos. De este modo, el acto de lectura posee una fuerte relaci\u00f3n con la idea de viaje o traslado. La lectura implica saberes espaciales, al igual que recorrer una ciudad. La ciudad, en esta met\u00e1fora es un texto (en el que, asimismo, la lectura de carteles representa un inmenso texto po\u00e9tico a ser recorrido) (Gache, 2003).<br \/>\nLos propios ciudadanos leen e interpretan la ciudad. Lo que para un for\u00e1neo puede volverse abstruso \u201ces inteligibe para sus habitantes que poseen los c\u00f3digos que les permiten descifrar y apreciar. Esta inteligibilidad var\u00eda seg\u00fan el v\u00ednculo que el ciudadano tenga con cada lugar de la ciudad, con la historia y memoria que lo relacionan en forma intelectual y afectiva -desde la emotividad hasta la indiferencia- con cada sitio, calle o barrio\u201d (Margulis, 2001:127). La propia historia del individuo, su habitus -al decir de Pierre Bourdieu- lo transforma en un semi\u00f3logo diletante con competencia para traducir lo que lee en la ciudad.<br \/>\nLa vinculaci\u00f3n del habitante con el territorio transforma a la ciudad en un lugar tal como lo ha definido Aug\u00e9. De all\u00ed la aptitud del habitante para interpretar los signos y semantizar los sucesos, como, v.gr. las modificaciones agresivas al paisaje ciudadano: una demolici\u00f3n, el fin de un bald\u00edo, el inicio de nuevas obras. Las pol\u00edticas p\u00fablicas parecen obviar la visi\u00f3n de la gente al planificar una calle, un edificio o una plaza. Como se\u00f1ala Amalia Signorelli, el arquitecto valora lo construido en t\u00e9rminos funcionales, el usuario, en cambio, en t\u00e9rminos relacionales. Para el primero el espacio construido es el espacio que debe funcionar; para el segundo, el espacio de las relaciones (Signorelli, 1999). Es esta una mirada en el sentido tradicional de la arquitectura, que pone mayor foco en los estilos y dise\u00f1os urbanos que en la ciudad como habitat humano (Entel, 1996:21).<br \/>\n(Por su parte, Carles y Palmese creen que el an\u00e1lisis arquitect\u00f3nico y urban\u00edstico actual se rige \u00fanicamente por criterios visuales, a pesar de que la percepci\u00f3n del medio es multisensorial. Entienden que es importante estudiar la relaci\u00f3n afectiva y emocional con el sonido y el contexto en que es percibido. Para Carles y Palmese la presencia del sonido contribuye al proceso que transforma los ambientes en lugares. \u201cLa identidad sonora es, as\u00ed, el conjunto de caracter\u00edsticas comunes a un lugar partiendo de una hip\u00f3tesis inicial: la de que los espacios urbanos, las plazas, calles, rincones y patios de las ciudades son espacios vivos, sensibles, representativos\u201d (1996)).<br \/>\nLa ciudades nacen, crecen y pueden morir. Van mutando con el tiempo. Cada etapa va dejando sus marcas en la arquitectura, en la disposici\u00f3n espacial, en las casas, calles, plazas y negocios. Charles Baudelaire con Par\u00eds y Jos\u00e9 Mart\u00ed con Nueva York son dos ejemplos de lo que un observador atento puede desentra\u00f1ar al caminar una ciudad. El flaneur, el errante que aguza los sentidos, percibe lo que la ciudad le dice y lo comunica por medio de cr\u00f3nicas o cuentos representa el esp\u00edritu de quien busca descifrar la ciudad. Al igual que \u201cEl hombre en la multitud\u201d de Edgar Allan Poe, el curioso -cr\u00edtico- indaga y se pregunta por lo que recibe con sus sentidos.<br \/>\nPor ejemplo: la ciudad tambi\u00e9n relata sus desigualdades. Muestra sus zonas ricas y sus zonas pobres. Las casas, los barrios, los lugares p\u00fablicos, tipos de construcci\u00f3n, el asfalto y muchos otros signos le indican al visitante, y le recuerdan al lugare\u00f1o, qui\u00e9n es qui\u00e9n en el lugar. La ciudad -el barrio- ayuda a la \u201cconstrucci\u00f3n de imaginarios, cristalizaci\u00f3n de fetiches que emanan del sistema mercantil. Las representaciones colectivas est\u00e1n influidas por los sesgos ideol\u00f3gicos que operan sobre la construcci\u00f3n social del sentido e inciden en la significaci\u00f3n de toda clase de objetos\u201d (Margulis, 2001:128). La ciudad es expresi\u00f3n de la desigualdad social a trav\u00e9s de lo material o las costumbres de sus pobladores.<br \/>\nEn s\u00edntesis: la met\u00e1fora de la ciudad como texto es \u00fatil para leer la cultura de un lugar. Los signos est\u00e1n constituidos, entre otros elementos, por casas, calles, carteles, plazas y edificios y por los usos y apropiaciones que de ellos hacen los habitantes, al igual que por sus acciones. Interpretar el lenguaje de la ciudad es contribuir a descifrar los procesos identitarios de una poblaci\u00f3n y las representaciones sociales que construyen sus individuos.<br \/>\n<strong><br \/>\nBIBLIOGRAF\u00cdA:<\/strong><br \/>\nALARC\u00d3N, Cristian (2006): \u201c`La idea de comunidad es aqu\u00ed muy ef\u00edmera\u2019. La investigadora Alicia Entel analiza la construcci\u00f3n social de los miedos\u201d, en P\u00e1gina\/12, 10\/7\/06.<br \/>\nBARTHES, Roland (1990): La aventura semiol\u00f3gica. Buenos Aires, Paid\u00f3s.<br \/>\nCARLES, Jos\u00e9 Luis y PALMESE, Cristina (1996): \u201cIdentidad sonora urbana\u201d, en Revista de Ac\u00fastica. N\u00famero Extraordinario. Sociedad Espa\u00f1ola de Ac\u00fastica.<br \/>\nENTEL, Alicia (1996): La ciudad bajo sospecha. Comunicaci\u00f3n y protesta urbana. Buenos Aires, Paid\u00f3s.<br \/>\nGACHE, Bel\u00e9n (2003): \u201cLiteraturas n\u00f3mades: ciudades, textos y derivas\u201d, en Cuadernos del Limbo, nro. 1, primavera de 2003.<br \/>\nMAINGUENEAU, Dominique (1996): T\u00e9rminos claves del an\u00e1lisis del discurso. Buenos Aires, Nueva Visi\u00f3n.<br \/>\nMARGULIS, Mario (2001): \u201cLa ciudad y sus signos\u201d, en Revista Sociedad, nro. 19, diciembre de 2001. Fac. de Cs. Ss. (UBA).<br \/>\nREGUILLO, Rossana (1997): \u201cCiudad y comunicaci\u00f3n. Densidades, ejes y niveles\u201d, en revista Di\u00e1logos, nro. 47, marzo de 1997.<br \/>\nRIZO GARC\u00cdA, Marta (2004): \u201cLa comunicaci\u00f3n como base de la interacci\u00f3n social. Aportaciones de la comunicolog\u00eda al estudio de la ciudad, la identidad y la inmigraci\u00f3n\u201d, en revista Contempor\u00e1nea, nro. 3, diciembre de 2004.<br \/>\nSIGNORELLI, Amalia (1999): Antropolog\u00eda urbana. Barcelona, Anthropos.<br \/>\nULLOA, Alejandro (2006): \u201cCultura, identidad y comunicaci\u00f3n\u201d, en www.felafacs.org\/ files4Ulloa.pdf<br \/>\nVAN DIJK, Teun (1994): Prensa, racismo y poder. M\u00e9xico, Univ. Iberoamericana.<br \/>\nVER\u00d3N, Eliseo (2004): Fragmentos de un tejido. Barcelona, Gedisa.<br \/>\nVER\u00d3N OSPINA, Alberto Antonio (2000): \u201cLas huellas del sentido y sus efectos en los estudios culturales acerca de lo urbano\u201d, en Revista de Ciencias Humanas, nro. 23, abril de 2000.<br \/>\nWITTGENSTEIN, Ludwing (1988): Investigaciones filos\u00f3ficas. Barcelona, Cr\u00edtica.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<br \/>\n<strong>*\u201cEl lenguaje de la ciudad\u201d. Narrativas. Revista Patag\u00f3nica de Periodismo y Comunicaci\u00f3n. N\u00b0 9 Julio-Agosto de 2006. www.narrativas.com.ar<\/strong> Disponible en: http:\/\/www.arqhys.com\/arquitectura\/lenguaje-ciudad.html &#8211; http:\/\/www.arqhys.com\/arquitectura\/discurso-ciudad.html<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Edici\u00f3n de Laura Oriato para el proyecto La ciudad como texto Por Adri\u00e1n Eduardo Duplatt.* La ciudad como texto La comunicaci\u00f3n es la base de la interacci\u00f3n humana. Comunicaci\u00f3n y sociedad son indisolubles. 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