{"id":369,"date":"2011-08-28T08:04:52","date_gmt":"2011-08-28T08:04:52","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/2011\/08\/28\/la-ciudad-y-sus-signos-fragmento\/"},"modified":"2011-08-28T08:04:52","modified_gmt":"2011-08-28T08:04:52","slug":"la-ciudad-y-sus-signos-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2011\/08\/28\/la-ciudad-y-sus-signos-fragmento\/","title":{"rendered":"La ciudad y sus signos (fragmento)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Mario Margulis*. Edici\u00f3n de Laura Oriato para el proyecto La ciudad como texto<\/strong><br \/>\n<strong><br \/>\nLa ciudad como texto<\/strong><br \/>\nNuestro punto de partida es, consecuentemente, que desde la perspectiva de la sociolog\u00eda de la cultura, es decir, desde el \u00e1mbito de los sistemas significativos, desde el inter\u00e9s por los c\u00f3digos que hacen posible la comunicaci\u00f3n, la interacci\u00f3n, el reconocimiento y la identidad, podemos leer la ciudad como si fuera un texto. Para Roland Barthes \u201cla ciudad es un discurso, y este discurso es verdaderamente un lenguaje: la ciudad habla a sus habitantes\u201d (1). La ciudad no s\u00f3lo funciona, tambi\u00e9n comunica (2) y desde este \u00e1ngulo podemos leer e interpretar en ella las numerosas huellas que va dejando la acci\u00f3n prolongada de sus habitantes, las construcciones de sentido que va imprimiendo la din\u00e1mica social, que se manifiestan como una escritura colectiva que es descifrable en sus edificaciones, en sus calles, en la circulaci\u00f3n, en los comportamientos. La met\u00e1fora \u201cescritura colectiva\u201d, empleada en numerosos casos por la literatura al referirse a la ciudad, indica que \u00e9sta puede ser descifrada como si fuera un texto, que contiene en sus estructuras de significaci\u00f3n las huellas de los procesos hist\u00f3ricos \u2014con su conflictividad y sus disputas\u2014 que han dado lugar a su construcci\u00f3n, incluyendo las estrategias urban\u00edsticas, las elecciones est\u00e9ticas y las decisiones pol\u00edticas.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nA trav\u00e9s de la modulaci\u00f3n del espacio urbano la ciudad va expresando \u2014en forma material y simb\u00f3lica\u2014 la desigualdad social, la diversidad de los grupos sociales que la habitan y las diferencias y conflictividad que los envuelven. En la ciudad se pueden reconocer las tendencias sociales dominantes en cada momento hist\u00f3rico, y la ciudad de hoy da cuenta, en su evoluci\u00f3n, de los cambios tecnol\u00f3gicos recientes y del peso abrumador de las fuerzas del mercado.<br \/>\n<strong>Imaginarios de la ciudad diversa<\/strong><br \/>\nEl espacio, las calles, los edificios y el paisaje urbano son significantes. Caminar por la ciudad lleva consigo la posibilidad de recibir e interpretar m\u00faltiples mensajes que hablan a sus habitantes, emiten se\u00f1ales e intervienen en los comportamientos. El habitante que tiene competencia cultural para comprender su ciudad puede interpretar, en diversas dimensiones, las se\u00f1ales que \u00e9sta contiene y descifrar, en la marea semiol\u00f3gica contenida en el espacio urbano, signos sensibles, est\u00edmulos, se\u00f1ales de identidad, prescripciones o prohibiciones que orientan sus pr\u00e1cticas.<br \/>\nLa competencia ciudadana indica la capacidad de actuar con eficacia, abrirse camino en el laberinto de signos que la ciudad emite. Es preciso poder descifrar esos signos, hacer una labor de recepci\u00f3n, de lectura y comprensi\u00f3n que permita orientar las acciones. Una performance eficaz obliga a un desciframiento autom\u00e1tico de sus m\u00faltiples se\u00f1ales, y ello implica poseer, tal vez sin tomar conciencia de ello, un tesoro de saberes.<br \/>\n\u201cLos significados pasan, los significantes quedan\u201d, afirma Roland Barthes, (3) y esta frase podr\u00eda aludir, en el caso de la ciudad, a la permanencia de los objetos (calles, edificios, monumentos) y al cambio en su significaci\u00f3n. Los estudios sobre el lenguaje revelan que las palabras superponen, con el paso del tiempo, nuevos modos de significaci\u00f3n. Su uso en otros contextos va imponiendo sentidos renovados a un viejo significante, que no obstante conserva en su intimidad restos de sus antiguos usos: diversas capas de significado ocultas en el espesor de la palabra. En el caso de las ciudades, pueden hallarse situaciones an\u00e1logas: configuraciones urbanas que han persistido \u2014que han sobrevivido al paso del tiempo y conservado sus rasgos materiales\u2014 van adquiriendo, sin embargo, una nueva significaci\u00f3n. Partes de la ciudad son decodificadas de modo diferente por las varias generaciones, que les otorgan distinto uso o bien las perciben y vivencian de manera nueva, porque cada nueva generaci\u00f3n se socializa con nuevas pautas de percepci\u00f3n y apreciaci\u00f3n. Los significantes urbanos son percibidos, usados y apreciados de modos diferentes por los variados grupos que en ella habitan; cada grupo les otorga significaciones no coincidentes y a veces muy distintas, que var\u00edan en funci\u00f3n de sus c\u00f3digos culturales de clase, de etnia o de generaci\u00f3n. As\u00ed, los integrantes de diferentes grupos que habitan la ciudad est\u00e1n relacionados entre s\u00ed por variables generacionales, \u00e9tnicas o tribales y comparten c\u00f3digos culturales, entre ellos modos de percibir y de apreciar. La misma ciudad, sus calles, casas o paisajes, son percibidos y descodificados de modo dis\u00edmil: podr\u00eda afirmarse que cada uno de esos grupos imagina y vivencia una ciudad distinta. Habr\u00eda entonces, en cierto modo, ciudades paralelas y simult\u00e1neas, pero diferentes si se las distingue desde la intimidad de las vivencias de los diversos grupos de habitantes (4). Cada una de las subculturas que conviven en la ciudad posee sus propios dispositivos epist\u00e9micos que operan sobre su modo de percibir la ciudad. A veces personas de distintas generaciones o sectores sociales comparten el mismo tiempo y espacio, y transitan por una ciudad que se vuelve subjetivamente m\u00faltiple: modos de la realidad que se superponen sin tocarse, en mundos de vida que responden a historias, ritmos, memorias y futuros diferentes.<br \/>\nLa ciudad cambia por las acciones que en ella se desarrollan y por la articulaci\u00f3n material y simb\u00f3lica de su tiempo y espacio. La ciudad es distinta entre el d\u00eda y la noche. La ciudad nocturna es escenario de otros actores, escenarios, movimientos y vivencias. Es el tiempo de los j\u00f3venes, que usan la nocturnidad como \u00e1mbito de mayor libertad para la fiesta y la diversi\u00f3n (5). Tambi\u00e9n el tiempo de los trabajadores nocturnos y de escenas menos atractivas en guardias de hospitales, comisar\u00edas y velatorios.<br \/>\nEl habitante de la ciudad vivencia algunos espacios urbanos de modo diferencial. Hay territorios m\u00e1s cargados de afectividad, recuerdo y memoria. Partes de la ciudad m\u00e1s ligadas con su uso cotidiano y con recuerdos del pasado: el barrio, las calles que se recorren todos los d\u00edas, o bien otras zonas de la ciudad, menos inmediatas y m\u00e1s indiferentes. Culturas y subculturas se manifiestan en las pr\u00e1cticas, que son su forma activa de expresi\u00f3n en la vida cotidiana.<br \/>\nLa ciudad es tambi\u00e9n, y sobre todo, sus habitantes. La ciudad expresa la cultura compartida por quienes la habitan. No es s\u00f3lo objetos: edificios, calles, arquitectura; m\u00e1s all\u00e1 de que \u00e9stos van dando cuenta de las caracter\u00edsticas culturales de quienes los habitan, es tambi\u00e9n el movimiento, los lenguajes, los comportamientos, las vivencias y modos de vivir de sus habitantes. La ciudad se manifiesta, tambi\u00e9n, en el ritmo que le imprimen los ciudadanos, en sus itinerarios y en los usos de la ciudad. La ciudad se manifiesta, asimismo, en el paisaje humano, en c\u00f3mo se camina \u2014ritmos, cadencias\u2014 en c\u00f3mo se habla, en los idiomas, acentos y dialectos.<br \/>\nLa ciudad es inteligible para sus habitantes, que poseen los c\u00f3digos que les permiten descifrar y apreciar. Esta inteligibilidad var\u00eda seg\u00fan el v\u00ednculo que el ciudadano tenga con cada lugar de la ciudad, con la historia y memoria que lo relaciona en forma intelectual y afectiva \u2014desde la emotividad hasta la indiferencia\u2014 con cada sitio, calle o barrio. En los habitus (6) incorporados que refieren a la ciudad, en los usos que se hace de ella, en los c\u00f3digos y en las pr\u00e1cticas influye la historia personal, familiar y barrial, el sitio ocupado en la ciudad y la diferente carga afectiva y cognitiva relacionada con los diferentes lugares. Desde el punto de vista subjetivo, var\u00eda el grado de comunicaci\u00f3n, de intimidad, la significatividad de cada espacio urbano; de all\u00ed la sensibilidad hacia las modificaciones. [\u2026] Todo habitante construye marcas simb\u00f3licas que definen su espacio personal, que sustraen una parte de la ciudad del anonimato, que la vuelven propia y familiar. Este proceso consiste en la transformaci\u00f3n del territorio en lugar, que ocurre en el plano de la subjetividad con la depositaci\u00f3n de identidad y de afecto sobre algunos espacios urbanos. (7)<br \/>\nPero la expropiaci\u00f3n de la memoria, el avance irremediable de nuevos paisajes urbanos, de nuevas funciones, flujos y ritmos, no ata\u00f1e solamente al habitante individual; la ciudad resultante de esas transformaciones particulares es asunto p\u00fablico, concierne a los ciudadanos y a su identidad, porque la ciudad es antes que los edificios y perfiles arquitect\u00f3nicos \u2014que tienden a igualarse a lo largo del planeta\u2014 la depositaci\u00f3n de s\u00edmbolos y de sentidos, de usos y de formas culturales que son creaci\u00f3n hist\u00f3rica de sus habitantes. En ese sentido Armando Silva sostiene: \u201cla ciudad aparece como una densa red simb\u00f3lica en permanente construcci\u00f3n y expansi\u00f3n\u201d. (8)<br \/>\nSe puede intentar la interpretaci\u00f3n de la cultura a partir de la ciudad considerada como un texto infinito, un texto compuesto no s\u00f3lo por la configuraci\u00f3n de edificios veh\u00edculos y objetos, sino tambi\u00e9n por sus habitantes en movimiento, sus pr\u00e1cticas e itinerarios, sus acciones y la regulaci\u00f3n de las mismas por c\u00f3digos que no son visibles y evidentes. La ciudad presenta formas de articulaci\u00f3n del espacio, de los movimientos, de los ritmos y velocidades, que le son peculiares, y sus habitantes se socializan en esas modalidades del tiempo y del espacio, aprehenden e incorporan estas modulaciones en lo que tienen de general y en lo propio de los espacios espec\u00edficos, los barrios, las calles. La ciudad es un agente en el proceso de socializaci\u00f3n, de incorporaci\u00f3n de cultura, y cada individuo que nace y crece en ella se impregna, por canales sutiles, de los ritmos y cadencias, de los modos y modalidades, de los sistemas de reconocimiento y apreciaci\u00f3n; aprende lenguajes y dialectos, gestos y signos que construyen la identidad del habitante y de cada miembro de las subculturas urbanas pertenecientes a los m\u00faltiples nichos culturales, sociales o espaciales que confluyen en la ciudad.<br \/>\n(1) Roland Barthes, La aventura semiol\u00f3gica, Barcelona, Paid\u00f3s Comunicaci\u00f3n, 1990, p. 260.<br \/>\n(2) \u201c\u2026disfrutamos de la arquitectura como acto de comunicaci\u00f3n, sin excluir su funciona lidad\u201d. Umberto Eco, La estructura ausente. Introducci\u00f3n a la semi\u00f3tica, Barcelona, Lumen, 1972, p. 325.<br \/>\n(3) Barthes, op. cit., p. 262.<br \/>\n(4) \u201cLas ciudades, como los sue\u00f1os, est\u00e1n construidas de deseos y temores, aunque el hilo de su discurrir sea secreto, sus normas absurdas, sus perspectivas enga\u00f1osas, y cada cosa esconda otra.\u201d Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Barcelona, Minotauro, 1990, p. 58.<br \/>\n(5) Cfr. Mario Margulis et al., La cultura de la noche: la vida nocturna de los j\u00f3venes de Buenos Aires, Buenos Aires, Biblos, 1997.<br \/>\n(6) Para Bourdieu, habitus se refiere a un sistema de disposiciones para la pr\u00e1ctica, para la acci\u00f3n. Incluye formas de percepci\u00f3n y esquemas para apreciar e interpretar. Habitus sugiere una l\u00f3gica pr\u00e1ctica que define la relaci\u00f3n ordinaria con el mundo. (V\u00e9ase Pierre Bourdieu, Cosas dichas, Barcelona, Gedisa, 1987, pp. 84 y siguientes). Tambi\u00e9n \u201cse podr\u00eda considerar el habitus de clase (o grupo), es decir el habitus individual en la medida que refleja o expresa el de clase (o grupo) como un sistema subjetivo pero no individual de estructuras interiorizadas, principios comunes de percepci\u00f3n, concepci\u00f3n y acci\u00f3n\u2026\u201d. Bourdieu, El sentido pr\u00e1ctico, Madrid, Taurus, 1991, p. 104.<br \/>\n(7) Seg\u00fan Aug\u00e9 \u201cEl lugar antropol\u00f3gico, es al mismo tiempo principio de sentido para aquellos que lo habitan y principio de inteligibilidad para aquel que lo observa\u201d. Marc Aug\u00e9, Los \u201cno lugares\u201d, espacios de anonimato, Barcelona, Gedisa, 1993, p. 58. Para complementar, conviene agregar la siguiente cita del mismo autor y texto: \u201cSi un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e hist\u00f3rico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad, ni como relacional ni como hist\u00f3rico, definir\u00e1 un no lugar\u201d, p. 83.<br \/>\n(8) Armando Silva, Imaginarios urbanos. Bogot\u00e1 y S\u00e3o Paulo: Cultura y comunicaci\u00f3n urbana en Am\u00e9rica Latina, Bogot\u00e1, Tercer Mundo Editores, 1994, p. 23. Y este autor agrega: \u201cLo que hace diferente a una ciudad de otra no es tanto su capacidad arquitect\u00f3nica, lo cual ha quedado rezagado luego de un urbanismo unificador en avanzada crisis, cuanto m\u00e1s bien los s\u00edmbolos que sobre ella construyen sus propios moradores. Y el s\u00edmbolo cambia como cambian las fantas\u00edas que una colectividad despliega para hacer suya la urbanizaci\u00f3n de una ciudad\u201d, p. 23.<br \/>\n<strong><strong>*Los p\u00e1rrafos arriba citados son fragmentos del art\u00edculo &#8220;La ciudad y sus signos&#8221; de Mario Margulis (2002). <\/strong>Estudios sociol\u00f3gicos, septiembre-diciembre, a\u00f1o\/vol. XX, n\u00famero 003. El Colegio de M\u00e9xico. Distrito Federal M\u00e9xico, pp.515-536.<br \/>\nArt\u00edculo completo disponible en: http:\/\/redalyc.uaemex.mx\/src\/inicio\/ArtPdfRed.jsp?iCve=59806001<br \/>\nPdf disponible en: http:\/\/taller4a.files.wordpress.com\/2010\/04\/margulis_la_ciudad_y_sus_signos_2.pdf<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Mario Margulis*. 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