{"id":2462,"date":"2017-08-04T19:09:34","date_gmt":"2017-08-04T19:09:34","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/?p=2462"},"modified":"2017-08-04T19:09:34","modified_gmt":"2017-08-04T19:09:34","slug":"la-historia-de-juan-se-iba-por-el-rio-el-cuento-perdido-de-rodolfo-walsh","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2017\/08\/04\/la-historia-de-juan-se-iba-por-el-rio-el-cuento-perdido-de-rodolfo-walsh\/","title":{"rendered":"La historia de &quot;Juan se iba por el r\u00edo&quot;, el cuento perdido de Rodolfo Walsh."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por <a href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/autores\/11200-ivana-romero\">Ivana Romero<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Lectura seleccionada por M. Cecilia Reviglio<\/p>\n<div class=\"article-titles\">\n<div class=\"article-prefix\" style=\"text-align: center\"><strong>La ida y la vuelta<\/strong><\/div>\n<div class=\"article-prefix\" style=\"text-align: center\"><\/div>\n<div class=\"article-prefix\" style=\"text-align: center\"><\/div>\n<div class=\"article-title\"><\/div>\n<div class=\"article-summary\">Mientras redactaba su Carta abierta de un escritor a la Junta militar entre enero y marzo de 1977, Walsh tambi\u00e9n escrib\u00eda un cuento que desaparecer\u00eda con otros papeles en la ESMA despu\u00e9s de haber sido llevados en un allanamiento en su casa de San Vicente. Considerado su \u00faltimo texto de ficci\u00f3n, ya irremediablemente perdido, da cuenta de una tensi\u00f3n entre pol\u00edtica y literatura que persisti\u00f3 hasta el final en la po\u00e9tica del escritor.<\/div>\n<div class=\"article-summary\">\n<figure style=\"width: 514px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/focal_16_9_960x540\/public\/2017-03\/sl04fo03_1.jpg?itok=cFAhEDeg\" alt=\"Con Lilia Ferreyra\" width=\"514\" height=\"289\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Con Lilia Ferreyra<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<div class=\"article-summary\"><\/div>\n<\/div>\n<p><!--more--><!--more--><\/p>\n<div class=\"article-main-media\">\n<div class=\"article-main-media-header\">\n<div class=\"article-author\"><\/div>\n<div class=\"article-author\"><\/div>\n<div class=\"article-author\">\n<hr \/>\n<\/div>\n<div class=\"article-author\">\u201cJuan Antonio lo llam\u00f3 su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina y su mujer, Teresa\u201d. Lilia Ferreyra recit\u00f3 estas l\u00edneas de memoria en un caf\u00e9 de la Gran V\u00eda, en Madrid, una tarde de 1982. Mart\u00edn Gras la escuch\u00f3 en silencio. Dijo: \u201cYo le\u00ed ese cuento. Se llamaba \u2018Juan se iba por el r\u00edo\u2019\u201d.<\/div>\n<div class=\"article-author\"><\/div>\n<div class=\"article-author\">Ella lo mir\u00f3 con sorpresa. Se trataba de la \u00faltima obra de ficci\u00f3n que hab\u00eda escrito Rodolfo Walsh, poco antes de su desaparici\u00f3n. Lilia \u2013su \u00faltima pareja, fallecida en 2015\u2013 pensaba que era la \u00fanica que sab\u00eda de ese cuento in\u00e9dito, secuestrado junto a otros papeles. Pero Gras hab\u00eda llegado a leerlo durante su cautiverio en la Escuela de Mec\u00e1nica de la Armada, all\u00ed donde tambi\u00e9n estuvo Walsh.<\/div>\n<div class=\"article-author\">\n<p>\u201cJuan se iba por el r\u00edo\u201d fue escrito entre enero y marzo de 1977. De forma paralela el periodista redactaba la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, que divulg\u00f3 ese 24 de marzo para denunciar los cr\u00edmenes cometidos por la dictadura en su primer a\u00f1o de gobierno. \u00c9l siempre fue consciente de la tensi\u00f3n entre ficci\u00f3n y pol\u00edtica; de hecho, su obra est\u00e1 escindida por ese contraste. Sin embargo, la decisi\u00f3n de trabajar a la par estos dos textos da cuenta de una po\u00e9tica com\u00fan. Es decir, de un hombre que necesitaba chequear hasta la obsesi\u00f3n cualquier dato (no por casualidad fue cript\u00f3grafo) y al mismo tiempo, refugiarse en la literatura para sentir la libertad de crear otros mundos en \u00e9ste.<\/p>\n<p>Pero la importancia del texto no se agota all\u00ed. \u201cJuan se iba por el r\u00edo\u201d, el \u00faltimo cuento que Walsh escribi\u00f3 en versi\u00f3n definitiva, contin\u00faa desaparecido al igual que su autor.<\/p>\n<h3>CRUZAR EL R\u00cdO<\/h3>\n<p>Tras su asesinato el 25 de marzo de 1977, la casa que compart\u00eda con Lilia en San Vicente, a unos cincuenta kil\u00f3metros al sur de Buenos Aires, fue allanada. \u201cJuan iba por el r\u00edo\u201d form\u00f3 parte de un bot\u00edn que el Grupo de Tareas 3.3.2 rob\u00f3 al llegar de madrugada, \u00a0tras destrozar muebles y objetos, y cubrir las paredes de balazos. Tambi\u00e9n desaparecieron cuentos inacabados o bocetados como \u201cEl 27\u201d, \u201c\u00d1ancahuanz\u00fa\u201d, \u201cEl aviador y la bomba\u201d y \u201cCarta al Coronel Roualdes\u201d; una serie de copias con la carta que escribi\u00f3 tras el asesinato de su hija Vicki en septiembre de 1976 y una carpeta llamada \u201cLas Memorias\u201d. Adem\u00e1s, una recopilaci\u00f3n de sus notas period\u00edsticas. Incluso, su libreta de enrolamiento.<\/p>\n<p>Esta historia es el eje de la muestra Walsh en la Esma. A 40 a\u00f1os del secuestro y desaparici\u00f3n del periodista y escritor, el Museo Sitio de Memoria Esma inaugura una instalaci\u00f3n en su homenaje que incluye textos escritos por Lilia a lo largo del tiempo con la intenci\u00f3n de reconstruir ese cuento perdido.<\/p>\n<p>A fines de 1976, Walsh estaba convencido de que la derrota militar de Montoneros era irreversible y por eso hab\u00eda planteado a sus compa\u00f1eros la necesidad de un repliegue para evitar el aniquilamiento. La conducci\u00f3n de Montoneros no lo escuch\u00f3. Esto lo cuenta Juan Gelman en ese libro tan l\u00facido llamado Contraderrota, que re\u00fane sus conversaciones con Roberto Mero en Par\u00eds, durante 1987. Walsh consideraba que Buenos Aires era territorio cercado. Y que la salvaci\u00f3n pod\u00eda ser meditada a orillas del agua. Nada extra\u00f1o para un hombre nacido en la isla de Choele Choel, en R\u00edo Negro. En textos que escribi\u00f3 para P\u00e1gina 12 y en diversas entrevistas, Lilia Ferreyra record\u00f3 Walsh ten\u00eda un mapa de la provincia de Buenos Aires pegado en una pared. Lo miraba detenidamente. Buscaba un lugar pr\u00f3ximo a la Capital, cerca de alg\u00fan punto fluvial. \u201cHay que seguir la ruta de las lagunas porque nos quitaron el Tigre. Necesito vivir cerca del agua\u201d, dijo, pensando en aquella casa que hab\u00eda alquilado sobre el r\u00edo Carapachay, en el muelle \u201cLiberaci\u00f3n\u201d, tambi\u00e9n allanada. La laguna de San Vicente parec\u00eda un buen lugar. Walsh era un entusiasta nato as\u00ed que no se desanim\u00f3 cuando vio que m\u00e1s que un espejo de agua, ah\u00ed apenas sobreviv\u00eda un charco cubierto de yuyos.<\/p>\n<p>En esa casa modesta, sin luz el\u00e9ctrica ni agua corriente, Walsh comenz\u00f3 a escribir una serie de papeles a los que denomin\u00f3 \u201cMemorias\u201d como t\u00edtulo de entrecasa ya que, seg\u00fan Lilia, el nombre no lo convenc\u00eda. Esos textos giraban en torno de su relaci\u00f3n con la literatura, con la pol\u00edtica e incluso asomaban esbozos de su propia autobiograf\u00eda. A la vez, deseaba dejar constancia de los documentos que hab\u00eda hecho circular al interior de Montoneros con las cr\u00edticas que ten\u00eda hacia la organizaci\u00f3n. De manera paralela \u2013o en todo caso, como extensi\u00f3n de lo mismo\u2013 Walsh continu\u00f3 con la escritura literaria.<\/p>\n<p>El 9 de enero de 1977 celebr\u00f3 su cumplea\u00f1os n\u00famero 50. Esa noche Lilia y \u00e9l brindaron mirando las estrellas, siendo por un rato similares a cualquiera de esas parejas que edifican sue\u00f1os sobre el fulgor evanescente que dejan los astros. El escritor ten\u00eda un sue\u00f1o, s\u00ed, pero no ten\u00eda nada que ver con una historia de tarjeta postal. Walsh hizo a su mujer testigo de una suerte de apuesta personal consigo mismo: llegar al 24 de marzo de ese a\u00f1o con la carta a la Junta y el cuento \u201cJuan se iba por el r\u00edo\u201d terminados. Fue enf\u00e1tico en su decisi\u00f3n de usar como modo gramatical el pasado imperfecto: \u201cse iba\u201d, \u201cse iba\u201d, repet\u00eda.<\/p>\n<p>En charlas con ella, Walsh reconoci\u00f3 que el cuento era parte de una novela trunca. Y defini\u00f3 a Juan Antonio Duda como \u201cel argentino del siglo XIX, antes de las grandes corrientes inmigratorias\u201d. Es decir, el hombre de pueblo, el criollo que ya no era gaucho, que hab\u00eda sido llevado por la leva a pelear en distintas batallas, muchas veces sin entender demasiado por qu\u00e9 o para qu\u00e9 estaba peleando. Este compa\u00f1ero generacional de Mart\u00edn Fierro era testigo y protagonista de hechos hist\u00f3ricos en los que no hab\u00eda elegido participar: otros hab\u00edan marcado los rumbos de su vida. Desarraigado de su \u00e9poca, sin su amigo Ansina, s\u00f3lo quedaba Teresa que lo acompa\u00f1aba y lo cuidaba del fr\u00edo al caer la noche. Ya anciano, Juan se sienta en un banquito frente al r\u00edo (probablemente, el R\u00edo de la Plata) y evoca su pasado. As\u00ed ve pasar la cure\u00f1a con los restos del general San Mart\u00edn. Era un d\u00eda lluvioso. Juan qued\u00f3 conmovido por la repatriaci\u00f3n de un h\u00e9roe que retornaba despu\u00e9s de 30 a\u00f1os de su muerte, en 1850. Ya viejo, volver\u00e1 una y otra vez a esa escena.<\/p>\n<p>En otro tramo del cuento, los d\u00edas claros y limpios le dejan ver las casitas blancas de la Colonia en la otra orilla. Entonces empieza a gestar un deseo: cruzar el r\u00edo. El agua parece alentarlo y al tiempo, el r\u00edo va sec\u00e1ndose sin remedio. Sube el olor f\u00e9tido del fango, los peces mueren. Juan monta su caballo y se lanza a cruzar. Cuando hombre y animal son un punto \u00fanico en el horizonte, el r\u00edo vuelve a crecer, incontenible. El cuento se detiene ah\u00ed.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width470\/public\/2017-03\/sl04fo04_1.jpg?itok=NhA1CgT6\" \/><\/p>\n<p>Carnet nacional de periodismo de Walsh<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>HISTORIAS DE \u00a0SOBREVIVIENTES<\/h3>\n<p>A lo largo de su vida, Lilia evoc\u00f3 una y otra vez esa historia, intentando resta\u00f1ar esa urdimbre rota. En la muestra Walsh en la Esma se pueden ver los papeles que dan cuenta de este intento; muchos pertenecientes al archivo de Horacio Verbitsky. En algunos tramos, el cuento est\u00e1 escrito en presente; en otros, en pasado simple. En ciertos momentos, Lilia aclara que es su voz la que habla y no la de Walsh. Tacha, reconstruye, escribe con su pu\u00f1o y letra, escribe a m\u00e1quina, es ella, es otro. En una p\u00e1gina se lee: \u201cPero ah\u00ed estaba el r\u00edo y en su cabeza, la memoria. En retazos, recordaba escenas de esa otra vida, con otros hombres y otra historia. Como aquel d\u00eda antes del campamento de Cepeda, cuando lleg\u00f3 ese general flaco, bajito y con barba puntiaguda que areng\u00f3 a las tropas con una voz que desgranaba en gorgojitos los destinos y la grandeza de la Patria. Ansina lo mir\u00f3 a Juan. \u2018En la patria de ellos \u2013dijo el negro\u2013 yo me cago\u2019\u201d.<\/p>\n<p>En esa l\u00ednea de Ansina se concentra todo el drama (y la vocaci\u00f3n contrahegem\u00f3nica) que Walsh conoc\u00eda bien por investigaciones como Operaci\u00f3n masacre y por el modo en que se hab\u00eda transformado su propia vida desde entonces. Adem\u00e1s, el general de voz desgranada \u201cen gorgojitos\u201d no era otro que Bartolom\u00e9 Mitre, que se puso al frente del ej\u00e9rcito porte\u00f1o en v\u00edsperas de la Batalla de Pav\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo sab\u00eda Walsh que Mitre hablaba as\u00ed? Porque aseguraba haber escuchado su voz en una grabaci\u00f3n guardada en el Archivo General de la Naci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 25 de marzo de 1977, Mart\u00edn Gras estaba casualmente en el sector de la Esma denominado \u201cS\u00f3tano\u201d. Lo hab\u00edan secuestrado el 14 de enero de ese a\u00f1o. Las personas detenidas estaban hacinadas en el sector conocido como \u201cCapucha\u201d. Cada tanto, Gras era llamado por el oficial de inteligencia Antonio Pern\u00edas, para interrogarlo. En cercan\u00edas del \u201cS\u00f3tano\u201d, donde eran los interrogatorios, Gras recuerda que hab\u00eda unos cub\u00edculos parecidos a oficinas, con bancos de madera en los pasillos. Ah\u00ed los detenidos pod\u00edan pasar horas, seg\u00fan el capricho de los represores.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, Gras \u2013que fue llevado a la Esma a los 32 a\u00f1os y liberado en 1979\u2013 no ten\u00eda puesta la capucha de rigor con la que cubr\u00edan la cabeza de los detenidos sino un objeto que denomina \u201canteojitos\u201d. \u201cEra como un antifaz. La tela, doble, ten\u00eda adentro lana de vidrio que se incrustaba en los ojos, haci\u00e9ndolos arder. As\u00ed que nadie quer\u00eda usarlos, prefer\u00edan usar la capucha. Yo consegu\u00ed descoser los anteojitos y sacar la lana de vidrio sin que los milicos se dieran cuenta, con lo cual me quedaban flojos. Mirando por debajo de la nariz, pod\u00eda ver algo\u201d, relata ahora.<\/p>\n<p>As\u00ed es como vio una patota que bajaba por una escalera \u00ednfima. Hab\u00eda gritos de excitaci\u00f3n pero tambi\u00e9n, una preocupaci\u00f3n turbia, como si algo no hubiese salido de acuerdo a los planes. \u201cMe imagin\u00e9 que hab\u00eda alg\u00fan operativo importante y me escond\u00ed en un ba\u00f1ito cercano. Cuando todos esos tipos llegan, me hago el desentendido y aparezco subi\u00e9ndome los pantalones, con mis anteojitos. Se pusieron como locos al verme. Y empezaron a arrearme para que me fuera\u201d, dice.<\/p>\n<p>Pero antes, entre empujones, Gras vio un hombre en una camilla, a quien r\u00e1pidamente llevaron al sector de enfermer\u00eda. Conoc\u00eda a Walsh por la militancia en com\u00fan. Sab\u00eda perfectamente qui\u00e9n era ese hombre con el t\u00f3rax cosido a balazos.<\/p>\n<p>Walsh fue emboscado un d\u00eda despu\u00e9s de fechada su carta abierta. Hab\u00edan salido con Lilia en tren desde San Vicente. \u00c9l iba a una cita pero antes ten\u00eda planeado introducir un fajo de cartas en el buz\u00f3n del correo en San Juan y Entre R\u00edos. Llevaba una guayabera beige, un sombrero de paja y una pistola peque\u00f1a. Un grupo de tareas de la Esma lo sorprendi\u00f3 y le dio la orden de entregarse. \u00c9l resisti\u00f3. \u201cEl hijo de puta se parapet\u00f3 detr\u00e1s de un \u00e1rbol y se defend\u00eda con una 22. Lo cagamos a tiros y no se ca\u00eda\u201d, recordar\u00eda m\u00e1s tarde el ex oficial Ernesto Weber, condenado junto a otros represores, quienes despu\u00e9s reconocieron que la idea era que Walsh llegara con vida a su lugar de detenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gras \u2013abogado y docente universitario\u2013 recuerda estos hechos un mediod\u00eda soleado de este marzo, en un bar en cercan\u00edas de la estaci\u00f3n de Tigre. Al bar entran tres mujeres polic\u00edas de unos 25 a\u00f1os, con pantalones celestes y boinas. Se ponen a tomar caf\u00e9 durante un descanso. No hablan entre ellas. Teclean en sus handys y sus celulares. Parecen ni\u00f1as que juegan a las mu\u00f1ecas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Gras contin\u00faa su relato. \u201cYo hab\u00eda descubierto que en su oficinita, Pern\u00edas ten\u00eda un peque\u00f1\u00edsimo armario, que pod\u00eda tener un metro de profundidad. Te puede resultar extra\u00f1o, pero a veces me escond\u00eda ah\u00ed como si me fuera a Narnia. Era la \u00fanica posibilidad de una m\u00ednima intimidad\u201d, confiesa.<\/p>\n<p>En general, el armario estaba vac\u00edo. Pero esa vez, no. Un d\u00eda, que pudo ser entre fines de marzo o comienzos de abril (los detenidos-desaparecidos perd\u00edan la noci\u00f3n del tiempo), encontr\u00f3 unas carpetas con recortes policiales pegados en hojas. Se trataba de un archivo period\u00edstico. Tambi\u00e9n, una colecci\u00f3n completa de las revistas de la CGT de los Argentinos (una publicaci\u00f3n que Walsh fund\u00f3 en 1968, tras volver de Cuba, y que dirigi\u00f3 hasta 1970). Adem\u00e1s, una carpeta con hojas finas, casi transparentes, de \u00e9sas que se utilizaban para hacer copias mecanografiadas. Eran documentos pol\u00edticos dirigidos a Montoneros. No tuvo dudas: esos papeles eran de Walsh. Pero hab\u00eda m\u00e1s. Mientras le\u00eda, un t\u00edtulo le llam\u00f3 la atenci\u00f3n: \u201cJuan se iba por el r\u00edo\u201d. Se trataba de siete u ocho carillas escritas a m\u00e1quina con prolijidad. Esas hojas de textura tenue podr\u00edan haberse confundido con los documentos pol\u00edticos, pero no: era la historia de Juan Antonio Duda. D\u00edas despu\u00e9s, todo desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Hay testimonios que indican que esa documentaci\u00f3n fue llevada a una casa en N\u00fa\u00f1ez, que pertenec\u00eda a los padres del marino Jorge Radice. Ubicada a pocas cuadras de la Escuela de Mec\u00e1nica, funcionaba como base del Grupo de Tareas de la Esma. La pista del cuento \u2013y de la documentaci\u00f3n que vio Gras durante su cautiverio\u2013 se pierde a partir de entonces. Sin embargo, los familiares de Walsh no han dejado de reclamar por v\u00eda judicial la aparici\u00f3n de su cuerpo pero tambi\u00e9n de esos papeles ya que consideran, con raz\u00f3n, que se trata del patrimonio cultural de todo un pa\u00eds.<\/p>\n<p>El silencio sobre la existencia del cuento se quebr\u00f3 en 1982, en Madrid. \u201cUna amiga en com\u00fan, Lila Pastoriza, nos puso en contacto porque Lilia quer\u00eda reconstruir las \u00faltimas horas de su marido. No nos conoc\u00edamos. Como te dije, nos encontramos en un bar de La Gran V\u00eda. Hablamos largo rato del d\u00eda en que vi a Rodolfo en la Esma. La alusi\u00f3n a sus papeles, y al cuento en particular, brot\u00f3 de casualidad. Ella y yo quedamos muy sorprendidos\u201d. No era para menos: los dos \u00fanicos lectores de \u201cJuan se iba por el r\u00edo\u201d se encontraban por primera vez.<\/p>\n<p>Mientras conversaban, Lilia evoc\u00f3 la noche de 1977 en la que Walsh le hab\u00eda le\u00eddo en voz alta la versi\u00f3n final del cuento, all\u00e1 en San Vicente.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfJuan lleg\u00f3 al otro lado del r\u00edo? \u2013pregunt\u00f3 ella, tras escuchar con una atenci\u00f3n de la que seguir\u00eda dando cuenta d\u00e9cadas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Walsh sonri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013No se sabe. Lo importante es que lo intent\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width470\/public\/2017-03\/sl04fo05_0.png?itok=AnwwLF8O\" \/><\/p>\n<p>Apuntes manuscritos de Lilia Ferreyra<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ivana Romero Lectura seleccionada por M. 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