{"id":2220,"date":"2016-03-28T19:52:26","date_gmt":"2016-03-28T19:52:26","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-margarit\/?p=2220"},"modified":"2016-03-28T19:52:26","modified_gmt":"2016-03-28T19:52:26","slug":"semiologia-y-urbanismo-roland-barthes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-margarit\/2016\/03\/28\/semiologia-y-urbanismo-roland-barthes\/","title":{"rendered":"Semiolog\u00eda y urbanismo &#8211; Roland Barthes"},"content":{"rendered":"<p><strong>Fragmentos<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/faculty-staff.ou.edu\/L\/A-Robert.R.Lauer-1\/roland-barthes.jpg\" alt=\"\" width=\"221\" height=\"196\" \/>Quien quisiera esbozar una semi\u00f3tica de la ciudad tendr\u00eda que ser a la vez semiol\u00f3go (especialista en signos), ge\u00f3grafo, historiador, urbanista, arquitecto y probablemente psicoanalista. Como es muy evidente que no es \u00e9ste mi caso \u2014de hecho, no soy ninguna de estas cosas, salvo, y aun apenas, semi\u00f3logo\u2014, las reflexiones que voy a presentar ante ustedes son reflexiones de amateur, en el sentido etimol\u00f3gico de la palabra, \u00abamante\u00bb de los signos, el que ama los signos, amante de ciudades, el que ama la ciudad. Porque amo la ciudad y los signos. Y este doble amor (que probablemente es un solo amor) me impulsa a creer, quiz\u00e1 con cierta presunci\u00f3n, en la posibilidad de una semi\u00f3tica de la ciudad.<!--more--><\/p>\n<p>La ciudad es un discurso, y este discurso es verdaderamente un lenguaje: la ciudad habla a sus habitantes, nosotros hablamos a nuestra ciudad, la ciudad en la que nos encontramos, s\u00f3lo con habitarla, recorrerla, mirarla. Sin embargo, el problema consiste en hacer surgir del estadio puramente metaf\u00f3rico una expresi\u00f3n como \u00ablenguaje de la ciudad\u00bb. Es muy f\u00e1cil hablar metaf\u00f3ricamente del lenguaje de las flores. El verdadero salto cient\u00edfico se dar\u00e1 cuando podamos hablar del lenguaje de la ciudad sin met\u00e1foras. Y podemos decir que es exactamente lo que le pas\u00f3 a Freud cuando fue el primero en hablar del lenguaje de los sue\u00f1os, vaciando esta expresi\u00f3n de su sentido metaf\u00f3rico para darle un sentido real.<\/p>\n<p>Me limitar\u00e9 a tres observaciones que no tienen relaci\u00f3n directa con la ciudad, pero que podr\u00edan ser \u00fatiles para orientamos hacia una semiolog\u00eda urbana, en la medida en que hacen un balance r\u00e1pido de la semiolog\u00eda actual y tienen en cuenta que desde hace algunos a\u00f1os el \u00abpaisaje semiol\u00f3gico\u00bb no es el mismo.<\/p>\n<p>La primera observaci\u00f3n es que el \u00absimbolismo\u00bb (que hay que entender como discurso general concerniente a la significaci\u00f3n) no se concibe ya actualmente, por lo menos por regla general, como una correspondencia regular entre significantes y significados. Dicho con otros t\u00e9rminos, una noci\u00f3n de la sem\u00e1ntica que era fundamental hace algunos a\u00f1os se ha vuelto caduca; es la noci\u00f3n de l\u00e9xico, es decir, un conjunto de listas de significados y de significantes correspondientes.<\/p>\n<p>Personalmente, empleo la palabra \u00abs\u00edmbolo\u00bb referida a una organizaci\u00f3n significante sintagm\u00e1tica y\/o paradigm\u00e1tica, pero no ya sem\u00e1ntica: hay que hacer una rotunda distinci\u00f3n entre el valor sem\u00e1ntico del s\u00edmbolo y la naturaleza sintagm\u00e1tica o paradigm\u00e1tica de ese mismo s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>Ser\u00eda una empresa absurda querer elaborar un l\u00e9xico de las significaciones de la ciudad poniendo de un lado los barrios, las funciones, y del otro las significaciones, o m\u00e1s bien poniendo de un lado los lugares enunciados como significantes y del otro las funciones enunciadas como significados. La lista de las funciones que pueden asumir los barrios de una ciudad es conocida desde hace tiempo. Se pueden enumerar alrededor de treinta funciones para el barrio de una ciudad (por lo menos, para un barrio del centro de la ciudad, zona que ha sido bien estudiada desde el punto de vista sociol\u00f3gico). Esta lista puede, por supuesto, ser completada, enriquecida, limada, pero no constituir\u00e1 m\u00e1s que un nivel sumamente elemental para el an\u00e1lisis semiol\u00f3gico, un nivel que probablemente habr\u00e1 de revisar m\u00e1s adelante, no solamente por el peso y la presi\u00f3n ejercidos por la historia sino porque, precisamente, los significados son como seres m\u00edticos, de cierta imprecisi\u00f3n y que en cierto momento se convierten siempre en significantes de otra cosa: los significados pasan, los significantes quedan. La caza del significado no puede, por consiguiente, constituir m\u00e1s que un procedimiento provisional. El papel del significado, cuando se lo llega a aislar, consiste solamente en aportamos una especie de testimonio sobre un estado definido de la distribuci\u00f3n significante. Por lo dem\u00e1s, hay que se\u00f1alar que se atribuye una importancia siempre creciente al significante vac\u00edo, al lugar vac\u00edo del significado. Dicho en otros t\u00e9rminos, los elementos se comprenden como significantes m\u00e1s por su propia posici\u00f3n correlativa que por su contenido. As\u00ed, Tokio, que es uno de los complejos urbanos m\u00e1s embrollados que pueden imaginarse desde el punto de vista sem\u00e1ntico, posee, sin embargo, una especie de centro. Pero este centro, formado por el palacio imperial y oculto por el follaje, es vivido como un centro vac\u00edo. Hablando m\u00e1s generalmente a\u00fan, los estudios realizados sobre el n\u00facleo urbano de las diferentes ciudades han mostrado que el punto central del centro de la ciudad (toda ciudad posee un centro), que nosotros llamamos \u00abn\u00facleo s\u00f3lido\u00bb, no constituye el punto culminante de ninguna actividad particular, sino una especie de \u00abfoco\u00bb vac\u00edo de la imagen que la comunidad se hace del centro. Vemos en \u00e9l un lugar en cierta medida vac\u00edo, que es necesario para la organizaci\u00f3n del resto de la ciudad.<\/p>\n<p>La segunda observaci\u00f3n es que el simbolismo tiene que definirse esencialmente como el mundo de los significantes, de las correlaciones, y sobre todo de las correlaciones que no se pueden nunca encerrar en una significaci\u00f3n plena, en una significaci\u00f3n \u00faltima. . A partir de aqu\u00ed, desde el punto de vista de la t\u00e9cnica descriptiva, la distribuci\u00f3n de los elementos, es decir, de los significantes, agota en cierta manera el descubrimiento sem\u00e1ntico. Esto vale para la sem\u00e1ntica chomskyana de Katz y Fodor y aun para los an\u00e1lisis de L\u00e9vi-Strauss que se fundan en la clarificaci\u00f3n de una relaci\u00f3n que no es ya una relaci\u00f3n anal\u00f3gica sino homol\u00f3gica (lo ha demostrado en su libro sobre el totemismo, que rara vez se cita). De esta manera descubrimos que, cuando se desee hacer la semiolog\u00eda de la ciudad, ser\u00e1 necesario probablemente llevar m\u00e1s all\u00e1 y con mayor minuciosidad la divisi\u00f3n significante. Para esto, yo apelo a mi experiencia de amateur. Sabemos que en algunas ciudades existen espacios que presentan una especializaci\u00f3n muy avanzada de funciones: es el caso, por ejemplo, del souk oriental, donde una calle est\u00e1 reservada exclusivamente a los curtidores y la otra a los orfebres; en Tokio, ciertas partes de un mismo barrio son muy homog\u00e9neas desde el punto de vista funcional: pr\u00e1cticamente s\u00f3lo se encuentran all\u00ed bares, snacks o lugares de entretenimiento. Pues bien, ser\u00e1 necesario ir m\u00e1s all\u00e1 de este primer aspecto y no limitar la descripci\u00f3n sem\u00e1ntica de la ciudad a esta unidad; habr\u00e1 que intentar disociar microestructuras de la misma manera en que se pueden aislar peque\u00f1os fragmentos oracionales dentro de un per\u00edodo largo; hay que tomar, por consiguiente, la costumbre de hacer un an\u00e1lisis muy desarrollado, que lleve a esas microestructuras, e inversamente habr\u00e1 que habituarse a un an\u00e1lisis m\u00e1s amplio, que culminar\u00e1 sin duda en las macroestructuras. Todos sabemos que Tokio es una ciudad polinuclear; tiene muchos n\u00facleos alrededor de cinco o seis centros; hay que aprender a diferenciar sem\u00e1nticamente estos centros, que, por lo dem\u00e1s, est\u00e1n se\u00f1alados por estaciones ferroviarias. Dicho en otros t\u00e9rminos, aun en este sector, el mejor modelo para el estudio sem\u00e1ntico de la ciudad estar\u00e1 dado, creo, por lo menos al comienzo, por la oraci\u00f3n gramatical del discurso. Y encontramos aqu\u00ed nuevamente la vieja intuici\u00f3n de V\u00edctor Hugo: la ciudad es una escritura; quien se desplaza por la ciudad, es decir, el usuario de la ciudad (que somos todos) es una especie de lector que, seg\u00fan sus obligaciones y sus desplazamientos, a\u00edsla fragmentos del enunciado para actualizarlos secretamente. Cuando nos desplazamos por una ciudad, estamos todos en la situaci\u00f3n de los 100000 millones de poemas de Quenau, donde puede encontrarse un poema diferente cambiando un solo verso; sin saberlo, cuando estamos en una ciudad somos un poco ese lector de vanguardia.<\/p>\n<p>La tercera observaci\u00f3n, finalmente, es que la semiolog\u00eda nunca postula actualmente la existencia de un significado definitivo. Lo cual quiere decir que los significados son siempre significantes para los otros, y al rev\u00e9s. En realidad, en todo complejo cultural, e incluso psicol\u00f3gico, cualquiera que sea, nos encontramos frente a cadenas de met\u00e1foras infinitas, cuyo significado est\u00e1 siempre en retirada o se convierte \u00e9l mismo en significante. Esta estructura comienza a ser explorada, como ustedes saben, en el psicoan\u00e1lisis por Jacques Lacan, y tambi\u00e9n en el estudio de la escritura, donde por lo menos se la postula, aunque no se la explote verdaderamente. Si aplicamos estas ideas a la ciudad, nos veremos sin duda obligados a sacar a la luz una dimensi\u00f3n que, debo decirlo, jam\u00e1s he visto citada, por lo menos claramente, en los estudios y encuestas sobre el urbanismo. A esta dimensi\u00f3n yo la llamar\u00eda la dimensi\u00f3n \u00aber\u00f3tica\u00bb. El erotismo de la ciudad es la ense\u00f1anza que podemos extraer de la naturaleza infinitamente metaf\u00f3rica del discurso urbano. Empleo la palabra \u00aberotismo\u00bb en su sentido m\u00e1s amplio: ser\u00eda rid\u00edculo asimilar el erotismo de una ciudad s\u00f3lo al barrio reservado para esta clase de placeres, porque el concepto de lugar de placer es una de las mistificaciones m\u00e1s tenaces del funcionalismo urbano; es una noci\u00f3n funcional, y no una noci\u00f3n sem\u00e1ntica; yo utilizo indiferentemente erotismo o socialidad. La ciudad, esencial y sem\u00e1nticamente, es el lugar de encuentro con el otro, y por esta raz\u00f3n el centro es el punto de reuni\u00f3n de toda ciudad; el centro de la ciudad es instituido ante todo por los j\u00f3venes, por los adolescentes. Cuando estos \u00faltimos expresan su imagen de la ciudad, siempre tiene tendencia a concentrar, a condensar el centro; el centro de la ciudad es vivido como lugar de intercambio de las actividades sociales y dir\u00eda casi de las actividades er\u00f3ticas en el sentido amplio del t\u00e9rmino. Mejor todav\u00eda; el centro de la ciudad es vivido siempre como el espacio donde act\u00faan y se encuentran fuerzas subversivas, fuerzas de ruptura, fuerzas l\u00fadicas. El juego es un tema frecuentemente subrayado en las encuestas sobre el centro; hay en Francia una serie de encuestas referentes a la atracci\u00f3n ejercida por Par\u00eds sobre su extrarradio, y a trav\u00e9s de estas encuestas se observ\u00f3 que Par\u00eds, en cuanto centro para la periferia, era vivido siempre sem\u00e1nticamente como el lugar privilegiado donde est\u00e1 el otro y donde nosotros mismos somos el otro, como el lugar donde se juega. Por el contrario, todo lo que no es el centro es precisamente todo lo que no es espacio l\u00fadico, todo lo que no es la alteridad: la familia, la residencia, la identidad. Naturalmente, ser\u00eda necesario, sobre todo en lo referente a la ciudad, investigar la cadena metaf\u00f3rica, la cadena que reemplaza a Eros. Hay que investigar particularmente por el lado de las grandes categor\u00edas, de los grandes h\u00e1bitos del hombre, por ejemplo el alimento, las compras, que son verdaderamente actividades er\u00f3ticas en la sociedad de consumo. Me refiero una vez m\u00e1s al ejemplo de Tokio: las grandes estaciones que son los puntos de referencia de los barrios principales, son tambi\u00e9n grandes tiendas. Y es seguro que la estaci\u00f3n japonesa, la estaci\u00f3n-tienda, tiene fundamentalmente una significaci\u00f3n \u00fanica, y que esta significaci\u00f3n es er\u00f3tica: compra o encuentro. Habr\u00eda que indagar luego las im\u00e1genes profundas de los elementos urbanos. Por ejemplo, numerosas encuestas han subrayado la funci\u00f3n imaginaria del paseo, que en toda ciudad es vivido como un r\u00edo, un canal, un agua. Hay una relaci\u00f3n entre el camino y el agua, y sabemos bien que las ciudades que ofrecen mayor resistencia a la significaci\u00f3n y que por lo dem\u00e1s presentan con frecuencia dificultades de adaptaci\u00f3n para sus habitantes son precisamente las ciudades que no tiene costa mar\u00edtima, plano acu\u00e1tico, sin lago, sin r\u00edo, sin curso de agua; todas estas ciudades presentan dificultades de vida, de, legibilidad.<\/p>\n<p>Para terminar, quisiera decir solamente esto: en las observaciones que acabo de exponer no abordar\u00e9 el problema de la metodolog\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n? Porque si se desea emprender una semiolog\u00eda de la ciudad, el mejor enfoque, a mi juicio, como por lo dem\u00e1s para cualquier empresa sem\u00e1ntica, ser\u00e1 cierta ingenuidad del lector. Tenemos que ser muchos los que intentemos descifrar la ciudad en la cual nos encontramos, partiendo, si es necesario, de una relaci\u00f3n personal. Dominando todas estas lecturas de diversas categor\u00edas de lectores (porque tenemos una gama completa de lectores, desde el sedentario hasta el forastero), se elaborar\u00eda as\u00ed el lenguaje de la ciudad. Por ello dir\u00eda que lo m\u00e1s importante no es tanto multiplicar las encuestas o los estudios funcionales de la ciudad, como multiplicar las lecturas de la ciudad, de las cuales, lamentablemente, s\u00f3lo los escritores nos han dado algunos ejemplos.<\/p>\n<p>A partir de esas lecturas, de esta reconstituci\u00f3n de una lengua o de un c\u00f3digo de la ciudad, podr\u00edamos orientamos hacia medios de naturaleza m\u00e1s cient\u00edfica: investigaci\u00f3n de las unidades, sintaxis, etc\u00e9tera, pero recordando siempre que nunca hay que tratar de fijar y paralizar los significados de las unidades descubiertas, porque hist\u00f3ricamente esos significados son extremadamente imprecisos, recusables e indomables.<\/p>\n<p>Toda ciudad est\u00e1 construida, hecha para nosotros un poco seg\u00fan la imagen del nav\u00edo Argo, cada una de cuyas piezas no era una pieza original, pero que segu\u00eda siendo siempre el nav\u00edo Argo, es decir, un conjunto de significaciones f\u00e1cilmente legibles o identificables. En este esfuerzo de aproximaci\u00f3n sem\u00e1ntica a la ciudad tenemos que intentar comprender el juego de los signos, comprender que cualquier ciudad, no importa cual, es una estructura, pero que no hay que tratar jam\u00e1s y no hay que querer jam\u00e1s llenar esa estructura.<\/p>\n<p>Porque la ciudad es un poema, como se ha dicho frecuentemente y Hugo expres\u00f3 mejor que nadie, pero no es un poema cl\u00e1sico, un poema bien centrado en un tema. Es un poema que despliega el significante, y este despliegue es lo que la semiolog\u00eda de la ciudad deber\u00eda tratar de aprehender y hacer cantar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo 3 de La aventura semiol\u00f3gica, Paid\u00f3s, Barcelona 1993<\/p>\n<p>1967, Conferencia organizada por el Instituto Franc\u00e9s del Instituto de Historia y de Arquitectura de la Universidad de N\u00e1poles, y la revista Op. cit. Reimpreso en L&#8217;Architecture d\u2019Aujourd\u2019hui, n. 53, diciembre 1970-enero 1971<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmentos Quien quisiera esbozar una semi\u00f3tica de la ciudad tendr\u00eda que ser a la vez semiol\u00f3go (especialista en signos), ge\u00f3grafo, historiador, urbanista, arquitecto y probablemente psicoanalista. 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