por Laura Oriato
“Se pueden hacer extraordinarias crónicas de cualquier tema. De la manzana de tu casa, por ejemplo. Por supuesto que es mucho más fácil hacer una crónica sobre Birmania, porque como allí todo es exótico, uno de inmediato se da cuenta de lo que podría contar. En cambio, esa famosa crónica de la manzana de tu casa requiere mucha más agudeza, mucha más astucia para entender qué vale la pena ser contado en aquello que uno está acostumbrado a ver siempre”. Martín Caparrós
Da una vuelta a la manzana de tu casa. Puede llegar a parecerte que la ciudad está quieta, que en sus calles y veredas “no pasa nada”, sin embargo, después de haber leído el texto disparador de Arlt, ya sabemos que todo el tiempo ocurren cosas, solo hay que darse cuenta que están sucediendo y buscar la mejor manera de contarlas.
La ciudad, sus edificios, calles, actores –aun cuando no nos los crucemos- tienen algo para decirnos ¿Qué actos de habla lleva a cabo la manzana que habitamos? ¿Qué nos dice? ¿Acompaña? ¿Invade? ¿Desespera? ¿Irrita? ¿Alegra? ¿Expulsa? ¿Reclama? ¿Qué nos transmiten las veredas cuando gastamos nuestras suelas en ellas? ¿Qué se lee en los afiches que en sus paredes se despliegan? ¿Qué anuncian las obras en construcción? ¿Qué transmiten los sonidos y/o silencios? ¿Qué rol juegan los comercios, casas y otros lugares como clubes, escuelas y bares? Pensá en los mensajes que están ocultos detrás de los espacios, personas, animales que se cruzan al dar la vuelta a la manzana. Estos serán los signos que te ayuden a ilustrar la identidad de tu barrio.
Redactá una narración sobre ese recorrido que incluya:
-un primer párrafo que funcione como una puerta para entrar a leer (que convoque, que interpele al lector);
-la construcción de una escena;
-un diálogo y descripciones que retraten al lugar y a los personajes encontrados en el camino.
Recuerden poner en funcionamiento los cinco sentidos mencionados por R. Kapuscinski.
Extensión máxima: dos páginas.
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