{"id":920,"date":"2014-06-25T19:50:37","date_gmt":"2014-06-25T19:50:37","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-liberatore\/?p=920"},"modified":"2014-06-25T19:50:37","modified_gmt":"2014-06-25T19:50:37","slug":"para-compartir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-liberatore\/2014\/06\/25\/para-compartir\/","title":{"rendered":"Para compartir&#8230;.."},"content":{"rendered":"<p>Un relato de <strong>Melisa Sanguinetti<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>JAB, GANCHO Y UN CAMPE\u00d3N.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El vestuario evidenciaba un silencio absoluto, contradiciendo a lo que ocurr\u00eda en su mente. Sentado en el centro de uno de los bancos que acondicionaban el lugar, el boxeador se encontraba en un estado de completa reflexi\u00f3n; esa era su noche, la de su primera pelea por un t\u00edtulo internacional y la que pod\u00eda marcar a fuego su carrera, tanto en el boxeo como en la vida.<\/em><\/p>\n<p><em>A un costado de su cuerpo los guantes acordonados parec\u00edan no aguantar la espera; su brillante bata color plata declaraba en letras bordadas el apodo que lo identificaba desde su \u00e9poca de amateur: Benito \u201cel asesino\u201d G\u00f3mez. A \u00e9l no le complac\u00eda, pero sus representantes sosten\u00edan que necesitaba un sobrenombre que lo hiciera ver peligroso. Un cuadro con fotograf\u00edas de las grandes estrellas del boxeo mundial lo miraba de frente, materializando el \u00e9xito con el que so\u00f1aba desde el d\u00eda en el que entr\u00f3 al gimnasio por primera vez.<\/em><\/p>\n<p><em>Las palabras de su primer y \u00fanico entrenador aparec\u00edan como estrellas fugaces en su pensamiento: \u201cmov\u00e9 la cintura, esquiv\u00e1, camin\u00e1 el ring, pens\u00e1, no tir\u00e9s golpes porque s\u00ed, med\u00ed la distancia, reserv\u00e1 tu derecha para el momento indicado, no bajes la guardia, evit\u00e1 los rincones, acordate de los golpes en corta distancia\u201d; un sinf\u00edn de indicaciones que todo boxeador conoce, pero que en la pr\u00e1ctica no nacen tan f\u00e1cil como en la mente.<\/em><\/p>\n<p><em>Mientras su cabeza daba vueltas entre millones de pensamientos, el viejo, as\u00ed le dec\u00eda a su entrenador, exclamaba mediante un grito alentador: \u201cYa lleg\u00f3 la hora Benito, hoy vas a hacer historia\u201d. El vendaje, los masajes, el atuendo y las indicaciones encarnaban un ritual ya conocido, pero hoy era distinto, ten\u00eda otro sabor; pod\u00eda ser el inicio de una historia de la que siempre quiso ser protagonista.<\/em><\/p>\n<p><em>Al abrir la puerta del vestuario, el sonido del teatro era ensordecedor. Sus representantes hab\u00edan hecho un buen trabajo con la promoci\u00f3n de la pelea, y las entradas se hab\u00edan vendido por completo. Era l\u00f3gico, Benito ven\u00eda con una marca personal de 25 peleas ganadas, ninguna perdida y solo una empatada; de las ganadas, 15 hab\u00edan sido por knock out. Todos los que lo hab\u00edan visto pelear percib\u00edan en \u00e9l un futuro prometedor; pero m\u00e1s que los n\u00fameros, lo que lo hac\u00eda promisorio<\/em><\/p>\n<p><em>era su sed de triunfo, esa que se adquiere cuando una persona sabe que naci\u00f3 para ello.<\/em><\/p>\n<p><em>El pasillo que separaba el vestuario del ring, parec\u00eda infinito. La m\u00fasica, las luces y los gritos anunciaban que era la hora de la verdad. Las especulaciones ya no importaban y las palabras de aliento de sus amigos y familiares enmarcaban el cuadro, pero definitivamente no lo sosten\u00edan. S\u00f3lo \u00e9l, sus pu\u00f1os y su habilidad eran imprescindibles, el resto se difuminaba a medida que sus pasos avanzaban hacia el cuadril\u00e1tero.<\/em><\/p>\n<p><em>El trayecto llegaba a su fin y el centro del teatro lo esperaba. Detr\u00e1s del reflejo de las luces su rival luc\u00eda un rostro tan inexpresivo como una roca; tambi\u00e9n llegaba invicto, pero con una marca m\u00e1s intimidante: 30 peleas ganadas, sin derrotas ni empates, 25 de las cuales hab\u00edan sido por knock out. La prensa dec\u00eda que su mano era tan pesada como un yunque, por ello las apuestas se inclinaban indefectiblemente a su favor.<\/em><\/p>\n<p><em>Tras la presentaci\u00f3n, los guantes chocaron y la campana son\u00f3. Ambos cuerpos parec\u00edan bailar en una danza donde ninguno arremet\u00eda; se med\u00edan, se analizaban, como leyendo una partitura. Un golpe certero en el h\u00edgado de Benito anuncia que su rival era lo que todos presagiaban. Durante segundos el aire abandona su cuerpo y todo parec\u00eda terminar. Aunque el dolor era profundo, se recompone y termina el primer round.<\/em><\/p>\n<p><em>En la esquina visualiza los rostros de los periodistas, dirigi\u00e9ndose a \u00e9l con destellos de desconfianza. El p\u00fablico brindaba con sus vasos pl\u00e1sticos de cerveza por las apuestas que comenzaban a ganar y sus compa\u00f1eros del gimnasio denotaban su preocupaci\u00f3n con ademanes dubitativos; pero nada lo abat\u00eda, su concentraci\u00f3n era tan fuerte como su derecha, esa que tantos elogios hab\u00eda cosechado. La campana suena, era el inicio del segundo round.<\/em><\/p>\n<p><em>Su contrincante se acerca a matar, lanza un jab tan veloz como la luz, Benito esquiva y responde con un gancho en la sien de su rival tan potente que parec\u00eda hundirse en su cabeza; pero simult\u00e1neamente siente un uppercut en su mand\u00edbula, tan certero como las mirabas ineludibles de los jueces. Era una verdadera batalla, golpe tras golpe ambos intentaban demostrar que esa noche les pertenec\u00eda. Eran dos boxeadores que deseaban anunciarle al mundo que la casualidad nada ten\u00eda que ver con su presencia en ese ring. Campana. Final del asalto, a los rincones.<\/em><\/p>\n<p><em>Durante los siguientes rounds, el cuadril\u00e1tero transmit\u00eda un suspenso capaz de levantar de su asiento al m\u00e1s egoc\u00e9ntrico conocedor del boxeo que se hallara entre el p\u00fablico. Ambas esquinas gritaban t\u00e1cticas, consejos y palabras de motivaci\u00f3n mientras los periodistas tomaban notas en sus libretas. Era un escenario parad\u00f3jico, aunque la sangre, el sudor y los cuerpos marcados eran \u00edconos de una imagen realmente impresionable, los golpes aparentaban confluir en perfecta armon\u00eda, como piezas de una sinfon\u00eda de la habilidad. Cada movimiento, cada paso y cada impacto nac\u00edan de una estrategia mezcla de l\u00f3gica y de pasi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00daltimo round, los contendientes se ponen de pie, sus rostros parec\u00edan deformes y los cortes decoraban su piel cual heridas de guerra; sobre sus frentes nac\u00edan gotas de sudor para morir en sus guantes o seguir su trayectoria hacia el enlonado suelo del ring. El brincante movimiento de sus piernas contrarrestaba con la firmeza de sus miradas. Era todo o nada, uno deb\u00eda ganar.<\/em><\/p>\n<p><em>Benito conecta una derecha que hace tambalear a su rival, arremete, pero parec\u00eda tan duro como las paredes del teatro. Recibe un Cross de derecha en su ment\u00f3n que lo hace cerrar los ojos moment\u00e1neamente, para abrirlos justo en el instante en el que un gancho de izquierda se dirig\u00eda hacia su cabeza. Esquiva y abruptamente, un pensamiento invade su mente; comienza a recordar. Recuerda al viejo, su entrenador y sus palabras en el vestuario: \u201cHoy vas a hacer historia\u201d. Piensa en sus largas jornadas en el gimnasio y en el cuadro de los grandes del boxeo que minutos antes lo observaba intimidante. Toma distancia y amaga con un jab para conectar inmediatamente su derecha letal. Su rival cae, el refer\u00ed se acerca y comienza a contar, para finalizar con el adem\u00e1n m\u00e1s ansiado para un boxeador; extiende los brazos, los cruza y anuncia el fin. Los ojos que observaban la secuencia, eran los ojos de un campe\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Benito mira hacia el cielo mientras los integrantes de su esquina suben al ring y lo levantan emocionados, extiende sus brazos, besa sus guantes y golpea su pecho. Una l\u00e1grima comienza a rodar por su mejilla al mismo tiempo que el p\u00fablico asiente con gestos de aprobaci\u00f3n y aplauden de pie. Conocidos empresarios del boxeo empezaban a acercarse. Mira al viejo, qui\u00e9n con ojos vidriosos y los pu\u00f1os cerrados celebraba una noche gloriosa de su disc\u00edpulo.<\/em><\/p>\n<p><em>El boxeador baja del ring y transita el pasillo que lo lleva nuevamente al vestuario, entre aplausos, felicitaciones y abrazos de sus amigos. Se sienta en el centro del banco, con los guantes acordonados a su lado; mira el cuadro con un gesto de complicidad, como sonri\u00e9ndole a un amigo. Aquellas estrellas del boxeo y Benito ten\u00edan algo m\u00e1s en com\u00fan: la firmeza de creer en si mismos y el invaluable poder de escribir su propia historia.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato de Melisa Sanguinetti JAB, GANCHO Y UN CAMPE\u00d3N. &nbsp; El vestuario evidenciaba un silencio absoluto, contradiciendo a lo que ocurr\u00eda en su mente. 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