{"id":86,"date":"2008-05-07T16:37:23","date_gmt":"2008-05-07T16:37:23","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-liberatore\/2008\/05\/07\/periodismo-y-narracion-desafios-para-el-siglo-xxi\/"},"modified":"2008-05-07T16:37:23","modified_gmt":"2008-05-07T16:37:23","slug":"periodismo-y-narracion-desafios-para-el-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-liberatore\/2008\/05\/07\/periodismo-y-narracion-desafios-para-el-siglo-xxi\/","title":{"rendered":"Periodismo y Narraci\u00f3n: desaf\u00edos para el siglo XXI"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"TomasEloy.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/liberatore\/TomasEloy.jpg\" width=\"200\" height=\"223\" hspace=\"20\" align=\"left\" \/><br \/>\n<em>Ac\u00e1 va una propuesta de lectura&#8230; \u00a1qu\u00e9 lo disfruten!<\/em><br \/>\n<strong>Por Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/strong><br \/>\n<em>Conferencia pronunciada ante la asamblea de la SIP el 26 octubre 1997, Guadalajara, M\u00e9xico.<\/em><br \/>\nLos seres humanos perdemos la vida buscando cosas que ya hemos encontrado. Todas las ma\u00f1anas, en cualquier latitud, los editores de peri\u00f3dicos llegan a sus oficinas pregunt\u00e1ndose c\u00f3mo van a contar la historia que sus lectores han visto y o\u00eddo decenas de veces en la televisi\u00f3n o en la radio, ese mismo d\u00eda. \u00bfCon qu\u00e9 palabras narrar, por ejemplo, la desesperaci\u00f3n de una madre a la que todos han visto llorar en vivo delante de las c\u00e1maras? \u00bfC\u00f3mo seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el o\u00eddo todas las complejidades de un hecho real? Ese duelo entre la inteligencia y los sentidos ha sido resuelto hace varios siglos por las novelas, que todav\u00eda est\u00e1n vendiendo millones de ejemplares a pesar de que algunos te\u00f3ricos decretaron, hace dos o tres d\u00e9cadas, que la novela hab\u00eda muerto para siempre. Tambi\u00e9n el periodismo ha resuelto el problema a trav\u00e9s de la narraci\u00f3n, pero a los editores les cuesta aceptar que esa es la respuesta a lo que est\u00e1n buscando desde hace tanto tiempo.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nEn The New York Times del domingo 28 de septiembre, cuatro de los seis art\u00edculos de la primera p\u00e1gina compart\u00edan un rasgo llamativo: cuando daban una noticia, los cuatro la contaban a trav\u00e9s de la experiencia de un individuo en particular, un personaje paradigm\u00e1tico que reflejaba, por s\u00ed solo, todas las facetas de esa noticia. Lo que buscaban aquellos art\u00edculos era que el lector identificara un destino ajeno con su propio destino. Que el lector se dijera: a m\u00ed tambi\u00e9n puede pasarme esto. Cuando leemos que hubo cien mil v\u00edctimas en un maremoto de Bangla Desh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si ley\u00e9ramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo despu\u00e9s del maremoto y sigui\u00e9ramos paso a paso la historia de sus p\u00e9rdidas, sabr\u00edamos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas. Hegel primero, y despu\u00e9s Borges, escribieron que la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres. Esa es la gran lecci\u00f3n que est\u00e1n aprendiendo los peri\u00f3dicos en este fin de siglo.<br \/>\nVolvamos ahora a esa primera p\u00e1gina de The New York Times, el domingo 28 de septiembre de 1997. Uno de los art\u00edculos a los que alud\u00ed versaba sobre la situaci\u00f3n del Congo despu\u00e9s de la ca\u00edda y la muerte de Mobutu. Empezaba de esta manera: &#8220;Cuando Frank Kumbu se levanta cada ma\u00f1ana y observa el mundo desde el modesto escal\u00f3n de cemento que hay a la entrada de su casa, las im\u00e1genes de los chicos jugando en las calles enlodadas, del tr\u00e1nsito con sus estelas de humo, y el ruidoso desfile de soldados, mendigos y buhoneros, le recuerda c\u00f3mo las cosas fueron durante, m\u00e1s o menos, los \u00faltimos veinte a\u00f1os&#8221;.<br \/>\nEl otro art\u00edculo, sobre llamadas telef\u00f3nicas gratis en Europa, estaba fechado en Viareggio, Italia, y estas eran sus primeras l\u00edneas: &#8220;Filippo Simonelli levanta el tubo de su tel\u00e9fono, pulsa algunas teclas y una voz ladra en su o\u00eddo: \u00bfPizza reci\u00e9n hecha? Restaurante Buon Amico. Via dei Campi 24&#8242;. No, no se trata de una llamada a una pizzer\u00eda. Es parte de un curioso experimento que ofrece a ciertos europeos llamadas de tel\u00e9fono gratis a cambio de que acepten o\u00edr propagandas comerciales&#8221;. Un tercero, sobre las tensiones raciales en Estados Unidos, ten\u00eda su origen en Durham, North Carolina, y este era su comienzo: &#8220;Para John Hope Franklin el problema era enloquecedor: las orqu\u00eddeas que estaba cultivando desde hac\u00eda 37 a\u00f1os en la ventana de su apartamento de Brooklyn mor\u00edan o se negaban a florecer. Su soluci\u00f3n al problema fue t\u00edpica de su aproximaci\u00f3n al estudio sobre las relaciones raciales en Am\u00e9rica al que le hab\u00eda dedicado toda la vida: ley\u00f3 todo lo que pudo sobre el tema&#8221;.<br \/>\nCuatro de los seis art\u00edculos que The New York Times public\u00f3 en su primera p\u00e1gina ese domingo comenzaban como dije con la historia de un individuo; el quinto art\u00edculo narraba la historia de una familia; el sexto daba cuenta de ciertos acuerdos sobre impuestos entre los l\u00edderes republicanos del Congreso de los Estados Unidos. Si me detengo en esta caracter\u00edstica del periodismo es porque no se trata de algo inusual. Casi todos los d\u00edas, los mejores diarios del mundo se est\u00e1n liberando del viejo cors\u00e9 que obliga a dar una noticia obedeciendo el mandato de responder en las primeras l\u00edneas a las seis preguntas cl\u00e1sicas o en ingl\u00e9s las cinco W: qu\u00e9, qui\u00e9n, d\u00f3nde, cu\u00e1ndo, c\u00f3mo y por qu\u00e9.<br \/>\nEse viejo mandato estaba asociado, a la vez, con un respeto sacramental por la pir\u00e1mide invertida, que fue impuesta por las agencias informativas hace un siglo, cuando los diarios se compon\u00edan con plomo y antimonio y hab\u00eda que cortar la informaci\u00f3n en cualquier p\u00e1rrafo para dar cabida a la publicidad de \u00faltima hora. Aunque en todas las viejas reglas hay una cierta sabidur\u00eda, no hay nada mejor que la libertad con que ahora podemos desobedecerlas. La \u00fanica dictadura t\u00e9cnica de las \u00faltimas d\u00e9cadas es la que imponen los diagramadores, y estos, cuando son buenos periodistas, entienden muy bien que una historia contada con inteligencia tiene derecho a ocupar todo el espacio que necesita, por mucho que sea: no m\u00e1s, pero tampoco menos.<br \/>\nDe todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificaci\u00f3n de los datos, la interrogaci\u00f3n constante. All\u00ed donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta. Preguntar, indagar, conocer, dudar, confirmar cien veces antes de informar: esos son los verbos capitales de la profesi\u00f3n m\u00e1s arriesgada y m\u00e1s apasionante del mundo.<br \/>\nLa gran respuesta del periodismo escrito contempor\u00e1neo al desaf\u00edo de los medios audiovisuales es descubrir, donde antes hab\u00eda s\u00f3lo un hecho, al ser humano que est\u00e1 detr\u00e1s de ese hecho, a la persona de carne y hueso afectada por los vientos de la realidad. La noticia ha dejado de ser objetiva para volverse individual. O mejor dicho: las noticias mejor contadas son aquellas que revelan, a trav\u00e9s de la experiencia de una sola persona, todo lo que hace falta saber. Eso no siempre se puede hacer, por supuesto. Hay que investigar primero cu\u00e1l es el personaje paradigm\u00e1tico de que podr\u00eda reflejar, como un prisma, las cambiantes luces de la realidad. No se trata de narrar por narrar. Algunos j\u00f3venes periodistas creen, a veces, que narrar es imaginar o inventar, sin advertir que el periodismo es un oficio extremadamente sensible, donde la m\u00e1s ligera falsedad, la m\u00e1s ligera desviaci\u00f3n, puede hacer pedazos la confianza que se fue creando en el lector durante a\u00f1os. No todos los reporteros saben narrar y, lo que es m\u00e1s importante todav\u00eda, no todas las noticias se prestan a ser narradas. Pero antes de rechazar el desaf\u00edo, un periodista de raza debe preguntarse primero si se puede hacer y, luego, si conviene o no hacerlo. Narrar la votaci\u00f3n de una ley en el Senado a partir de lo que opina o hace un senador puede resultar in\u00fatil, adem\u00e1s de pat\u00e9tico. Pero contar el accidente de la princesa Diana a trav\u00e9s de lo que vi\u00f3 o sinti\u00f3 un testigo suponiendo que existiera ese testigo privilegiado ser\u00eda algo que s\u00f3lo se puede hacer bien con el lenguaje, no con el despojamiento de las im\u00e1genes o con los sobresaltos de la voz.<br \/>\nSin embargo, no hay nada peor que una noticia en la que el reportero se finge novelista y lo hace mal. Los diarios del siglo XXI prevelacer\u00e1n con igual o mayor fuerza que ahora si encuentran ese dif\u00edcil equilibrio entre ofrecer a sus lectores informaciones que respondan a las seis preguntas b\u00e1sicas e incluyan adem\u00e1s todos los antecedentes y el contexto que esas informaciones necesitan para ser entendidas sin problemas, pero tambi\u00e9n o sobre todo un pu\u00f1ado de historias, seis, siete o diez historias en la edici\u00f3n de cada d\u00eda, contadas por reporteros que tambi\u00e9n sean eficaces narradores.<br \/>\nLa mayor\u00eda de los habitantes de esta infinita aldea en la que se ha convertido el mundo vemos primero las noticias por televisi\u00f3n o por Internet o las o\u00edmos por radio antes de leerlas en los peri\u00f3dicos, si es que acaso las leemos. Cuando un diario se vende menos no es porque la televisi\u00f3n o el Internet le han ganado de mano, sino porque el modo como los diarios dan la noticia es menos atractivo. No tiene por que ser as\u00ed. La prensa escrita, que invierte fortunas en estar al d\u00eda con las aceleradas mudanzas de la cibern\u00e9tica y de la t\u00e9cnica, presta mucha menos atenci\u00f3n me parece a las m\u00e1s sutiles e igualmente aceleradas mudanzas de los lenguajes que prefiere su lector. Casi todos los periodistas est\u00e1n mejor formados que antes, pero tienen -habr\u00eda que averiguar por qu\u00e9- menos pasi\u00f3n; conocen mejor a los te\u00f3ricos de la comunicaci\u00f3n pero leen mucho menos a los grandes novelistas de su \u00e9poca.<br \/>\nAntes, los periodistas de alma so\u00f1aban con escribir aunque solo fuera una novela en la vida; ahora, los novelistas de alma sue\u00f1an con escribir un reportaje o una cr\u00f3nica tan inolvidables como una bella novela. El problema est\u00e1 en que los novelistas lo hacen y los periodistas se quedan con las ganas. Habr\u00eda que incitarlos, por lo tanto, a que conjuren esa frustraci\u00f3n en las p\u00e1ginas de sus propios peri\u00f3dicos, contando las historias de la vida real con asombro y plena entrega del ser, con la obsesi\u00f3n por el dato justo y la paciencia de investigadores que caracteriza a los mejores novelistas. No estoy preconizando que se escriban novelas en los diarios, nada de eso, y menos a\u00fan en el lenguaje florido y adjetivado al que suelen recurrir los periodistas que se improvisan como novelistas de la noche a la ma\u00f1ana. Tampoco estoy deslizando la idea de que el mediador de una noticia se convierta en el protagonista. Por supuesto que no.<br \/>\nUn periodista que conoce a su lector jam\u00e1s se exhibe. Establece con \u00e9l, desde el principio, lo que yo llamar\u00eda un pacto de fidelidades: fidelidad a la propia conciencia y fidelidad a la verdad. A la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el esc\u00e1ndalo sino con la investigaci\u00f3n honesta; no se la aplaca con golpes de efecto sino con la narraci\u00f3n de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al d\u00eda siguiente, sino que se lo respeta con la informaci\u00f3n precisa. Cada vez que un periodista arroja le\u00f1a en el fuego fatuo del esc\u00e1ndalo est\u00e1 apagando con cenizas el fuego genuino de la informaci\u00f3n. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida m\u00e1s digna y menos injusta.<br \/>\nUno de los m\u00e1s agudos ensayistas norteamericanos, Hayden White, ha establecido que lo \u00fanico que el hombre realmente entiende, lo \u00fanico que de veras conserva en su memoria, son los relatos. White lo dice de modo muy elocuente: &#8220;Podemos no comprender plenamente los sistemas de pensamiento de otra cultura, pero tenemos mucha menos dificultad para entender un relato que procede de otra cultura, por ex\u00f3tica que nos parezca&#8221;. Un relato, seg\u00fan White, siempre se puede traducir &#8220;sin menoscabo esencial&#8221;, a diferencia de lo que pasa con un poema l\u00edrico o con un texto filos\u00f3fico. Narrar tiene la misma ra\u00edz que conocer. Ambos verbos tienen su remoto origen en una palabra del s\u00e1nscrito, gna, conocimiento.<br \/>\nEl periodismo naci\u00f3 para contar historias, y parte de ese impulso inicial que era su raz\u00f3n de ser y su fundamento se ha perdido ahora. Dar una noticia y contar una historia no son sentencias tan ajenas como podr\u00eda parecer a primera vista. Por lo contrario: en la mayor\u00eda de los casos, son dos movimientos de una misma sinfon\u00eda. Los primeros grandes narradores fueron, tambi\u00e9n, grandes periodistas. Entendemos mucho mejor como fue la peste que asol\u00f3 Florencia en 1347 a trav\u00e9s del Decamer\u00f3n de Boccaccio que a trav\u00e9s de todas las historias que se escribieron despu\u00e9s, aunque entre esas historias hay algunas que admiro como A Distant Mirror de Barbara Tuchman. Y, a la vez, no hay mejor informe sobre la educaci\u00f3n en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX que la magistral y caudalosa Nicholas Nickleby de Charles Dickens. La lecci\u00f3n de Boccaccio y la de Dickens, como la de Daniel Defoe, Balzac y Proust, pretende algo muy simple: demostrar que la realidad no nos pasa delante de los ojos como una naturaleza muerta sino como un relato, en el que hay di\u00e1logos, enfermedades, amores, adem\u00e1s de estad\u00edsticas y discursos.<br \/>\nNo es por azar que, en Am\u00e9rica Latina, todos, absolutamente todos los grandes escritores fueron alguna vez periodistas: Borges, Garc\u00eda M\u00e1rquez, Fuentes, Onetti, Vargas Llosa, Asturias, Neruda, Paz, Cort\u00e1zar, todos, aun aquellos cuyos nombres no cito. Ese tr\u00e1nsito de una profesi\u00f3n a otra fue posible porque, para los escritores verdaderos, el periodismo nunca es un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para ganar la vida. En cada una de sus cr\u00f3nicas, aun en aquellas que nacieron bajo el apremio de las horas de cierre, los maestros de la literatura latinoamericana comprometieron el propio ser tan a fondo como en sus libros decisivos. Sab\u00edan que, si traicionaban a la palabra hasta en la m\u00e1s an\u00f3nima de las gacetillas de prensa, estaban traicionando lo mejor de s\u00ed mismos.<br \/>\nUn hombre no puede dividirse entre el poeta que busca la expresi\u00f3n justa de nueve a doce de la noche y el reportero indolente que deja caer las palabras sobre las mesas de redacci\u00f3n como si fueran granos de ma\u00edz. El compromiso con la palabra es a tiempo completo, a vida completa. Puede que un periodista convencional no lo piense as\u00ed. Pero un periodista de raza no tiene otra salida que pensar as\u00ed. El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras mismas v\u00edsceras y nuestros mismos sentimientos.<br \/>\nLas semillas de lo que hoy entendemos por nuevo periodismo fueron arrojadas aqu\u00ed, en Am\u00e9rica Latina, hace un siglo exacto. A partir de las lecciones aprendidas en The Sun, el diario que Charles Danah ten\u00eda en Nueva York y que se propon\u00eda presentar, con el mejor lenguaje posible, &#8220;una fotograf\u00eda diaria de las cosas del mundo&#8221;, maestros del idioma castellano como Jos\u00e9 Mart\u00ed, Manuel Guti\u00e9rrez N\u00e1jera y Rub\u00e9n Dar\u00edo se lanzaron a la tarea de retratar la realidad. Dar\u00edo escrib\u00eda en La Naci\u00f3n de Buenos Aires, Guti\u00e9rrez N\u00e1jera en El Nacional de M\u00e9xico, Mart\u00ed en La Naci\u00f3n y en La Opini\u00f3n Nacional de Caracas. Todos obedec\u00edan, en mayor o menor grado, a las consignas de Danah y las que, hacia la misma \u00e9poca, establec\u00eda Joseph Pulitzer: sab\u00edan cuando un gato en las escaleras de cualquier palacio municipal era m\u00e1s importante que una crisis en los Balcanes y usaban sus asombrosas plumas pensando en el lector antes que en nadie.<br \/>\nDe esa manera, por primera vez, fundieron a la perfecci\u00f3n la fuerza verbal del lenguaje literario con la necesidad matem\u00e1tica de ofrecer investigaciones acuciosas, puestas al servicio de todo lo que sus lectores quer\u00edan saber. Fue Mart\u00ed el primero en darse cuenta de que escribir bien y emocionar al p\u00fablico no son algo re\u00f1ido con la calidad de la informaci\u00f3n sino que, por lo contrario, son atributos consustanciales a la informaci\u00f3n. Tal como Pulitzer lo ped\u00eda, Mart\u00ed y Dar\u00edo pero sobre todo Mart\u00ed usaron todos los recursos narrativos para llamar la atenci\u00f3n y hacer m\u00e1s viva la noticia. No importaba cu\u00e1n larga fuera la informaci\u00f3n. Si el hombre de la calle estaba interesado en ella, la leer\u00eda completa.<br \/>\nSi hace un siglo las leyes del periodismo estaban tan claras, \u00bfpor qu\u00e9 o c\u00f3mo fueron cambiando? \u00bfQu\u00e9 hizo suponer a muchos empresarios inteligentes que, para enfrentar el avance de la televisi\u00f3n y del Internet, era preciso dar noticias en forma de p\u00edldoras porque la gente no ten\u00eda tiempo para leerlas? \u00bfPor qu\u00e9 se mutilan noticias que, seg\u00fan los jefes de redacci\u00f3n, interesan s\u00f3lo a una minor\u00eda, olvidando que esas minor\u00edas son, con frecuencia, las mejores difusoras de la calidad de un peri\u00f3dico? Que un diario entero est\u00e1 concebido en forma de p\u00edldoras informativas es no s\u00f3lo aceptable sino tambi\u00e9n admirable, porque pone en juego, desde el principio al fin, un valor muy claro: es un diario hecho para lectores de paso, para gente que no tiene tiempo de ver siquiera la televisi\u00f3n.<br \/>\nPero el prejuicio de que todos los lectores nunca tienen tiempo me parece irrazonable. Los seres humanos nunca tienen tiempo, o tienen demasiado tiempo. Siempre, sin embargo, tienen tiempo para enterarse de lo que les interesa. Cuando alguien es testigo casual de un accidente en la calle, o cuando asiste a un espect\u00e1culo deportivo, pocas cosas lee con tanta avidez como el relato de eso que ha visto, o\u00eddo y sentido. Las palabras escritas en los diarios no son una mera rendici\u00f3n de cuentas de lo que sucede en la realidad. Son mucho m\u00e1s. Son la confirmaci\u00f3n de que todo cuanto hemos visto sucedi\u00f3 realmente, y sucedi\u00f3 con un lujo de detalles que nuestros sentidos fueron incapaces de abarcar.<br \/>\nEl lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuesti\u00f3n de oficio o un desaf\u00edo est\u00e9tico. Es, ante todo, una soluci\u00f3n \u00e9tica. Seg\u00fan esa \u00e9tica, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisi\u00f3n entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a trav\u00e9s de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qu\u00e9 y el para qu\u00e9 y el c\u00f3mo de las cosas con el deslumbramiento de quien las est\u00e1 viendo por primera vez.<br \/>\nCada vez que las sociedades han cambiado de piel o cada vez que el lenguaje de las sociedades se modifica de manera radical, los primeros s\u00edntomas de esas mudanzas aparecen en el periodismo. Quien lea atentamente la prensa inglesa de los a\u00f1os 60 reencontrar\u00e1 en ella la esencia de las canciones de los Beatles, as\u00ed como en la prensa californiana de esa \u00e9poca se reflejaba la rebeld\u00eda y el hero\u00edsmo an\u00e1rquico de los beatniks o la avidez m\u00edstica de los hippies. En el gran periodismo se puede siempre descubrir y se debe descubrir, cuando se trata de gran periodismo los modelos de realidad que se avecinan y que a\u00fan no han sido formulados de manera consciente.<br \/>\nPero el periodismo, a la vez como lo saben muy bien todos los que est\u00e1n aqu\u00ed no es un partido pol\u00edtico ni un fiscal de la rep\u00fablica. En ciertas \u00e9pocas de crisis, cuando las instituciones se corrompen o se derrumban, los lectores suelen asignar esas funciones a la prensa s\u00f3lo para no perder todas las br\u00fajulas. Ceder a cualquier tentaci\u00f3n paternalista puede ser fatal, sin embargo. El periodista no es un polic\u00eda ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo: acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero s\u00f3lo un testigo. Su poder moral reside, justamente, en que se sit\u00faa a distancia de los hechos mostr\u00e1ndolos, revel\u00e1ndolos, denunci\u00e1ndolos, sin aceptar ser parte de los hechos.<br \/>\nResponder a ese desaf\u00edo entra\u00f1a una enorme responsabilidad. Ning\u00fan periodista podr\u00eda cumplir de veras con esa misi\u00f3n si cada vez, ante la pantalla en blanco de su computadora, no se repitiera: &#8220;Lo que escribo es lo que soy, y si no soy fiel a m\u00ed mismo no puedo ser fiel a quienes me lean&#8221;. Solo de esa fidelidad nace la verdad. Y de la verdad, como lo sabemos todos los que estamos aqu\u00ed, nacen los riesgos de esta profesi\u00f3n, que es la m\u00e1s noble del mundo.<br \/>\nUn periodista no es un novelista, aunque deber\u00eda tener el mismo talento y la misma gracia para contar de los novelistas mejores. Un buen reportaje tampoco es una rama de la literatura, aunque deber\u00eda tener la misma intensidad de lenguaje y la misma capacidad de seducci\u00f3n de los grandes textos literarios. Y, para ir m\u00e1s lejos a\u00fan y ser m\u00e1s claro de lo que creo haber sido, un buen peri\u00f3dico no deber\u00eda estar lleno de grandes reportajes bien escritos, porque eso condenar\u00eda a sus lectores a la saturaci\u00f3n y al empalagamiento.<br \/>\nPero si los lectores no encuentran todos los d\u00edas, en los peri\u00f3dicos que leen, un reportaje, un solo reportaje, que los hipnotice tanto como para que lleguen tarde a sus trabajos o como para que se les queme el pan en la tostadora del desayuno, entonces no tendr\u00e1n por qu\u00e9 echarle la culpa a la televisi\u00f3n o al Internet de sus eventuales fracasos, sino a su propia falta de fe en la inteligencia de sus lectores.<br \/>\nA comienzos de los a\u00f1os 60 sol\u00eda decirse que en Am\u00e9rica Latina se le\u00edan pocas novelas porque hab\u00eda una inmensa poblaci\u00f3n analfabeta. A fines de esa misma d\u00e9cada, hasta los analfabetos sab\u00edan de memoria los relatos de novelistas como Garc\u00eda M\u00e1rquez y Cort\u00e1zar por el simple hecho de que esos relatos se parec\u00edan a las historias de sus parientes o de sus amigos. Contar la vida, como quer\u00edan Charles Danah y Jos\u00e9 Mart\u00ed, volver a narrar la realidad con el asombro de quien la observa y la interroga por primera vez: esa ha sido siempre la actitud de los mejores periodistas y esa ser\u00e1, tambi\u00e9n, el arma con que los lectores del siglo XXI seguir\u00e1n aferrados a sus peri\u00f3dicos de siempre.<br \/>\nOigo repetir que el periodismo de Am\u00e9rica Latina est\u00e1 viviendo tiempos dif\u00edciles y sufriendo ataques y amenazas a su libertad por parte de varios gobiernos democr\u00e1ticos. En las dictaduras sab\u00edamos muy bien a qu\u00e9 atenernos, porque la fuerza bruta y el absolutismo agreden con f\u00f3rmulas muy simples. Pero las democracias cuando son autoritarias emplean recursos m\u00e1s sutiles y m\u00e1s tenaces, que a veces tardamos en reconocer. Los tiempos siempre han sido dif\u00edciles en Am\u00e9rica Latina. De esa carencia podemos extraer cierta riqueza. Los tiempos dif\u00edciles suelen obligarnos a dar respuestas r\u00e1pidas y l\u00facidas a las preguntas importantes.<br \/>\nCuando Atenas produjo las bases de nuestra civilizaci\u00f3n, afrontaba conflictos pol\u00edticos y padec\u00eda a l\u00edderes demag\u00f3gicos semejantes a muchos de los que hoy se ven por estas latitudes. Y sin embargo, Arist\u00f3teles imagin\u00f3 las premisas de la democracia a partir de los rasgos que ten\u00eda entonces Atenas. En el siglo XVII nadie pod\u00eda imaginar tampoco hacia d\u00f3nde se encaminaba Inglaterra. Se suced\u00edan las guerras de religi\u00f3n y de conquista, los reyes iban y ven\u00edan del cadalso, pero del magma de esas convulsiones brotaron las grandes preguntas de la modernidad y las geniales respuestas de Locke, de Hume, de Francis Bacon, de Newton, de Leibniz y de Berkeley. Del caos de aquellos a\u00f1os nacieron las luces de los tres siglos siguientes.<br \/>\nAlgo semejante est\u00e1 sucediendo ahora en Am\u00e9rica Latina. Cuando m\u00e1s afuera de la historia parecemos, m\u00e1s sumidos estamos sin embargo en el coraz\u00f3n mismo de los grandes procesos de cambio. En tanto periodistas, en tanto intelectuales, nuestro papel, como siempre, es el de testigos activos. Somos testigos privilegiados. Por eso es tan importante conservar la calma y abrir los ojos: porque somos los sism\u00f3grafos de un temblor cuya fuerza viene de los pueblos.<br \/>\nEs preciso ponernos a pensar juntos, es preciso ponernos a narrar juntos. Lo que va a quedar de nosotros son nuestras historias, nuestros relatos. Es preciso renovar tambi\u00e9n las utop\u00edas que ahora se est\u00e1n apagando en el cansado coraz\u00f3n de los hombres. Una de las peores afrentas a la inteligencia humana es que sigamos siendo incapaces de construir una sociedad fundada por igual en la libertad y en la justicia. No me resigno a que se hable de libertad afirmando que para tenerla debemos sacrificar la justicia, ni que se prometa justicia admitiendo que para alcanzarla hay que amordazar la libertad. El hombre, que ha encontrado respuesta para los m\u00e1s complejos enigmas de la naturaleza no puede fracasar ante ese problema de sentido com\u00fan.<br \/>\nTengo plena certeza de que el periodismo que haremos en el siglo XXI ser\u00e1 mejor a\u00fan del que estamos haciendo ahora y, por supuesto, a\u00fan mejor del que nuestros padres fundadores hac\u00edan a comienzos de este siglo que se desvanece. Indagar, investigar, preguntar e informar son los grandes desaf\u00edos de siempre. El nuevo desaf\u00edo es c\u00f3mo hacerlo a trav\u00e9s de relatos memorables, en los que el destino de un solo hombre o de unos pocos hombres permita reflejar el destino de muchos o de todos. Hemos aprendido a construir un periodismo que no se parece a ning\u00fan otro. En este continente estamos escribiendo, sin la menor duda, el mejor periodismo que jam\u00e1s se ha hecho. Ahora pongamos nuestra palabra de pie para fortalecerlo y enriquecerlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ac\u00e1 va una propuesta de lectura&#8230; \u00a1qu\u00e9 lo disfruten! Por Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez Conferencia pronunciada ante la asamblea de la SIP el 26 octubre 1997, Guadalajara, M\u00e9xico. Los seres humanos perdemos la vida buscando cosas que ya hemos encontrado. 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