{"id":50,"date":"2006-09-13T21:13:46","date_gmt":"2006-09-13T21:13:46","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-liberatore\/2006\/09\/13\/las-palabras\/"},"modified":"2006-09-13T21:13:46","modified_gmt":"2006-09-13T21:13:46","slug":"las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-liberatore\/2006\/09\/13\/las-palabras\/","title":{"rendered":"Las palabras"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"cortazar.jpg\" src=\"http:\/\/www.dialogica.com.ar\/unr\/redaccion1\/alaura\/archivos\/cortazar.jpg\" width=\"212\" height=\"323\" \/><br \/>\nLAS PALABRAS<br \/>\nTexto in\u00e9dito de Julio Cort\u00e1zar<br \/>\nEn su texto &#8220;Julio ese vig\u00eda&#8221;, Vicente Zito Lema hace referencia a un encuentro en el centro cultural de La Villa de Madrid en 1981, donde Julio Cort\u00e1zar brind\u00f3 una charla memorable sobre el valor de las palabras. Este acto, que cont\u00f3 con el auspicio del Ayuntamiento de Madrid, recordaba el quinto aniversario del golpe militar en Argentina; tiempo m\u00e1s tarde fue considerado como uno de los eventos emblem\u00e1ticos de la resistencia democr\u00e1tica en el exilio. Hubo dos hechos afortunados para nosotros: que alguien haya tenido la feliz idea de grabar la conferencia de Cort\u00e1zar y que Carlos Laquinandi, un bahiense que particip\u00f3 de la organizaci\u00f3n, catorce a\u00f1os despu\u00e9s, nos hiciera llegar la transcripci\u00f3n que hoy reproducimos por primera vez en Argentina.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nLAS PALABRAS<br \/>\nSi algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad. En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicaci\u00f3n, p\u00e1jaros del pensamiento y de la sensibilidad, las vemos o las o\u00edmos caer como piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje, o a percibir solamente una faceta de su contenido, a sentirlas como monedas gastadas, a perderlas cada vez m\u00e1s como signos vivos y a servirnos de ellas como pa\u00f1uelos de bolsillo, como zapatos usados. Los que asistimos a reuniones como \u00e9sta sabemos que hay palabras-clave, palabras-cumbre que condensan nuestras ideas, nuestras esperanzas y nuestras decisiones, y que deber\u00edan brillar como estrellas mentales cada vez que se las pronuncia. Sabemos muy bien cuales son esas palabras en las que se centran tantas obligaciones y tantos deseos: libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo, justicia social, democracia, entre muchas otras. Y ah\u00ed est\u00e1n otra vez esta noche, aqu\u00ed las estamos diciendo porque debemos decirlas, porque ellas aglutinan una inmensa carga positiva sin la cual nuestra vida tal como la entendemos no tendr\u00eda el menor sentido, ni como individuos ni como pueblos. Aqu\u00ed est\u00e1n otra vez esas palabras, las estamos diciendo, las estamos escuchando Pero en algunos de nosotros, acaso porque tenemos un contacto m\u00e1s obligado con el idioma que es nuestra herramienta est\u00e9tica de trabajo, se abre paso un sentimiento de inquietud, un temor que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil callar en el entusiasmo y la fe del momento, pero que no debe ser callado cuando se lo siente con fuerza y con la angustia con que a m\u00ed me ocurre sentirlo. Una vez m\u00e1s, como en tantas reuniones, coloquios, mesas redondas, tribunales y comisiones, surgen entre nosotros palabras cuya necesaria repetici\u00f3n es prueba de su importancia; pero a la vez se dir\u00eda que esa reiteraci\u00f3n las est\u00e1 como limando, desgastando, apagando. Digo: &#8220;libertad&#8221; digo: &#8220;democracia&#8221;, y de pronto siento que he dicho esas palabras sin haberme planteado una vez m\u00e1s su sentido m\u00e1s hondo, su mensaje m\u00e1s agudo, y siento tambi\u00e9n que muchos de los que las escuchan las est\u00e1n recibiendo a su vez como algo que amenaza convertirse en un estereotipo, en un clich\u00e9 sobre el cual todo el mundo est\u00e1 de acuerdo porque \u00e9sa es la naturaleza misma del clich\u00e9 y del estereotipo: anteponer un lugar com\u00fan a una vivencia, una convenci\u00f3n a una reflexi\u00f3n, una piedra opaca a un p\u00e1jaro vivo. \u00bfCon qu\u00e9 derecho digo aqu\u00ed estas cosas? Con el simple derecho de alguien que ve en el habla el punto m\u00e1s alto que haya escalado el hombre buscando saciar su sed de conocimiento y de comunicaci\u00f3n, es decir, de avanzar positivamente en la historia como ente social, y de ahondar como individuo en el contacto con sus semejantes. Sin la palabra no habr\u00eda historia y tampoco habr\u00eda amor; seriamos, como el resto de los animales, mera sexualidad. El habla nos une como parejas, como sociedades, como pueblos. Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos. Y es entonces que en las encrucijadas cr\u00edticas, en los enfrentamientos de la luz contra las tinieblas, de la raz\u00f3n contra la brutalidad, de la democracia contra el fascismo, el habla asume un valor supremo del que no siempre nos damos plena cuenta. Ese valor, que deber\u00eda ser nuestra fuerza diurna frente a las acometidas de la fuerza nocturna, ese valor que nos mostrar\u00eda con una m\u00e1xima claridad el camino frente a los laberintos y las trampas que nos tiende el enemigo, ese valor del habla lo manejamos a veces como quien pone en marcha su autom\u00f3vil o sube la escalera de su casa, mec\u00e1nicamente, casi sin pensar, d\u00e1ndolo por sentado y por v\u00e1lido, descontando que la libertad es la libertad y la justicia es la justicia, as\u00ed tal cual y sin m\u00e1s, como el cigarrillo que ofrecemos o que nos ofrecen. Hoy, en que tanto en Espa\u00f1a como en muchos pa\u00edses del mundo se juega una vez m\u00e1s el destino de los pueblos frente al resurgimiento de las pulsiones m\u00e1s negativas de la especie, yo siento que no siempre hacemos el esfuerzo necesario para definirnos inequ\u00edvocamente en el plano de la comunicaci\u00f3n verbal, para sentirnos seguros de las bases profundas de nuestras convicciones y de nuestras conductas sociales y pol\u00edticas. Y eso puede llevarnos en muchos casos sin conocer a fondo el terreno donde se libra la batalla y donde debemos ganarla. Seguimos dejando que esas palabras que transmiten nuestras consignas, nuestras opciones y nuestras conductas, se desgasten y se fatiguen a fuerza de repetirse dentro de moldes avejentados, de ret\u00f3ricas que inflaman la pasi\u00f3n y la buena voluntad pero que no incitan a la reflexi\u00f3n creadora, al avance en profundidad de la inteligencia, a las tomas de posici\u00f3n que signifiquen un verdadero paso adelante en la b\u00fasqueda de nuestro futuro. Todo esto ser\u00eda acaso menos grave si frente a nosotros no estuvieran aquellos que, tanto en el plano del idioma como en el de los hechos, intentan todo lo posible para imponernos una concepci\u00f3n de vida, del estado, de la sociedad y del individuo basado en el desprecio elitista, en la discriminaci\u00f3n por razones raciales y econ\u00f3micas, en la conquista de un poder omn\u00edmodo por todos los medios a su alcance, desde la destrucci\u00f3n f\u00edsica de pueblos enteros hasta el sojuzgamiento de aquellos grupos humanos que ellos destinan a la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica y a la alienaci\u00f3n individual. Si algo distingue al fascismo y al imperialismo como t\u00e9cnicas de infiltraci\u00f3n es precisamente su empleo tendencioso del lenguaje, su manejo de servirse de los mismo conceptos que estamos utilizando aqu\u00ed esta noche para alterar y viciar su sentido m\u00e1s profundo y proponerlos como consignas de su ideolog\u00eda. Palabras como patria, libertad y civilizaci\u00f3n saltan como conejos en todos sus discursos, en todos sus art\u00edculos period\u00edsticos. Pero para ellos la patria es una plaza fuerte destinada por definici\u00f3n a menospreciar y a amenazar a cualquier otra patria que no est\u00e9 dispuesta a marchar de su lado en el desfile de los pasos de ganso. Para ellos la libertad es su libertad, la de una minor\u00eda entronizada y todopoderosa, sostenida ciegamente por masas altamente masificadas. Para ellos la civilizaci\u00f3n es el estancamiento en un conformismo permanente, en una obediencia incondicional. Y es entonces que nuestra excesiva confianza en el valor positivo que para nosotros tienen esos t\u00e9rminos puede colocarnos en desventaja frente a ese uso diab\u00f3lico del lenguaje. Por la muy simple raz\u00f3n de que nuestros enemigos han mostrado sus capacidad de insinuar, de introducir paso a paso un vocabulario que se presta como ninguno al enga\u00f1o, y si por nuestra parte no damos al habla su sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico y verdadero, puede llegar el momento en que ya no se vea con la suficiente claridad la diferencia esencial entre nuestros valores pol\u00edticos y sociales y los de aquellos que presentan sus doctrinas vestidas con prendas parecidas; puede llegar el d\u00eda en que el uso reiterado de las mismas palabras por unos y por otros no deje ver ya la diferencia esencial de sentido que hay en t\u00e9rminos tales como individuo, como justicia social, como derechos humanos, seg\u00fan que sean dichos por nosotros o por cualquier demagogo del imperialismo o del fascismo. Hubo un tiempo, sin embargo, en que las cosas no fueron as\u00ed. Basta mirar hacia atr\u00e1s en la historia para asistir al nacimiento de esas palabras en su forma m\u00e1s pura, para asentir su temblor matinal en los labios de tantos visionarios, de tantos fil\u00f3sofos, de tantos poetas. Y eso, que era expresi\u00f3n de utop\u00eda o de ideal en sus bocas y en sus escritos, habr\u00eda de llenarse de ardiente vida cuando una primera y fabulosa convulsi\u00f3n popular las volvi\u00f3 realidad en el estallido de la Revoluci\u00f3n Francesa. Hablar de libertad, de igualdad y de fraternidad dej\u00f3 entonces de ser una abstracci\u00f3n del deseo para entrar de lleno en la dial\u00e9ctica cotidiana de la historia vivida. Y a pesar de la<\/p>\n<p>s contrarrevoluciones, de las traiciones profundas que habr\u00edan de encarnarse en figuras como la de Napole\u00f3n Bonaparte y de las de tantos otros, esas palabras conservaron su sabor m\u00e1s humano, su mensaje m\u00e1s acuciante que despert\u00f3 a otros pueblos, que acompa\u00f1\u00f3 el nacimiento de las democracias y la liberaci\u00f3n de tantos pa\u00edses oprimidos a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del nuestro. Esas palabras no estaban ni enfermas ni cansadas, a pesar de que poco a poco los intereses de una burgues\u00eda ego\u00edsta y despiadada empezaba a recuperarlas para sus propios fines, que eran y son el enga\u00f1o, el lavado de cerebros ingenuos o ignorantes, el espejismo de las falsas democracias como lo estamos viendo en la mayor\u00eda de los pa\u00edses industrializados que contin\u00faan decididos a imponer su ley y sus m\u00e9todos a la totalidad del planeta. Poco a poco esas palabras se viciaron, se enfermaron a fuerza de ser viciadas por las peores demagogias del lenguaje dominante. Y nosotros, que las amamos porque en ellas alienta nuestra verdad, nuestra esperanza y nuestra lucha, seguimos dici\u00e9ndolas porque las necesitamos, porque son las que deben expresar y transmitir nuestros valores positivos, nuestras normas de vida y nuestras consignas de combate. Las decimos, s\u00ed, y es necesario y hermoso que as\u00ed sea; pero \u00bfhemos sido capaces de mirarlas de frente, de ahondar en su significado, de despojarlas de la adherencias, de falsedad, de distorsi\u00f3n y de superficialidad con que nos han llegado despu\u00e9s de un itinerario hist\u00f3rico que muchas veces las ha entregado y las entrega a los peores usos de la propaganda y la mentira? Un ejemplo entre muchos puede mostrar la c\u00ednica deformaci\u00f3n del lenguaje por parte de los opresores de los pueblos. A lo largo de la segunda guerra mundial, yo escuchaba desde mi pa\u00eds, la Argentina, las transmisiones radiales por ondas cortas de los aliados y de los nazis. Recuerdo, con asco que el tiempo no ha hecho m\u00e1s que multiplicar, que las noticias difundidas por la radio de Hitler comenzaban cada vez con esta frase: \u201cAqu\u00ed Alemania, defensora de la cultura\u201d. Si, ustedes me han o\u00eddo bien, sobre todo ustedes los mas j\u00f3venes para quienes esa \u00e9poca es ya apenas una p\u00e1gina en el manual de historia. Cada noche la voz repet\u00eda la misma frase: \u201cAlemania, defensora de la cultura\u201d. La repet\u00eda mientras millones de jud\u00edos eran exterminados en los campos de concentraci\u00f3n, la repet\u00eda mientras los te\u00f3ricos hitleristas proclamaban sus teor\u00edas sobre la primac\u00eda de los arios puros y su desprecio por todo el resto de la humanidad considerada como inferior. La palabra cultura, que concentra en su infinito contenido la definici\u00f3n m\u00e1s alta del ser humano, era presentada como un valor que el hitlerismo pretend\u00eda defender con sus divisiones blindadas, quemando libros en inmensas piras, condenando las formas m\u00e1s audaces y hermosas del arte moderno, masificando el pensamiento y la sensibilidad de enormes multitudes. Eso suced\u00eda en los a\u00f1os cuarenta, pero la distorsi\u00f3n del lenguaje es todav\u00eda peor en nuestros d\u00edas, cuando la sofisticaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n se vuelve a\u00fan m\u00e1s eficaz y peligrosa, puesto que ahora quedan los \u00faltimos umbrales de la vida individual, y los canales de la televisi\u00f3n o las ondas radiales pueden invadir y fascinar a quienes no siempre son capaces de reconocer sus verdaderas intenciones. Mi propio pa\u00eds, la Argentina, proporciona hoy otro ejemplo de esta colonizaci\u00f3n de la inteligencia por deformaci\u00f3n de las palabras. En momentos en que diversas comisiones internacionales investigaban las denuncias sobre los miles y miles de desaparecidos en el pa\u00eds, y daban a conocer informes aplastantes donde todas las formas de violaci\u00f3n de derechos humanas aparec\u00edan probadas y documentadas; la junta militar organiz\u00f3 una propaganda basada en el siguiente slogan: \u201cLos argentinos somos derechos y humanos\u201d. As\u00ed, esos dos t\u00e9rminos indisolublemente ligados desde la Revoluci\u00f3n Francesa y en nuestros d\u00edas por la Declaraci\u00f3n de las Naciones Unidas, fueron insidiosamente separados, y la noci\u00f3n de derecho pas\u00f3 a tomar un sentido totalmente disociado de su significaci\u00f3n \u00e9tica, jur\u00eddica y pol\u00edtica para convertirse en el elogio demag\u00f3gico de una supuesta manera de ser de los argentinos. V\u00e9ase como el mecanismo de ese sofisma se vale de las mismas palabras: como somos derechos y humanos, nadie puede pretender que hemos violado los derechos humanos. Y todo el mundo puede irse a la cama en paz. Pero acaso no haya en estos momentos una utilizaci\u00f3n m\u00e1s insidiosa del habla que la utilizada por el imperialismo norteamericano para convencer a su propio pueblo y a los de sus aliados europeos de que es necesario sofocar de cualquier manera la lucha revolucionaria en El Salvador. Para empezar se escamotea el t\u00e9rmino \u201crevoluci\u00f3n\u201d, a fin de negar el sentido esencial de la larga y dura lucha del pueblo salvadore\u00f1o por su libertad -otro t\u00e9rmino que es cuidadosamente eliminado-; todo se reduce as\u00ed a lo que se califica de enfrentamientos entre grupos de ultraderecha y de ultraizquierda (estos \u00faltimos denominados siempre como \u201cmarxistas\u201d), en medio de los cuales la junta de gobierno aparece como agente de moderaci\u00f3n y de estabilidad que es necesario proteger a toda costa. La consecuencia de este enfoque verbal totalmente falseado tiene por objeto convencer a la poblaci\u00f3n norteamericana de que frente a toda situaci\u00f3n pol\u00edtica considerada como inestable en los pa\u00edses vecinos, el deber de los Estados Unidos es defender la democracia dentro y fuera de sus fronteras, con lo cual ya tenemos bien instalada la palabra \u201cdemocracia en un contexto con el que naturalmente no tiene nada que ver\u201d. Y as\u00ed pod\u00edamos seguir pasando revista al doble juego de escamoteos y de tergiversaciones verbales que como se puede comprobar cien veces, golpea a las puertas de nuestro propio discurso pol\u00edtico con las armas de la televisi\u00f3n, de la prensa y del cine, para ir generando una confusi\u00f3n mental progresiva, un desgaste de valores, una lenta enfermedad del habla, una fatiga contra la que no siempre luchamos como deber\u00edamos hacerlo. \u00bfPero en qu\u00e9 consiste ese deber? Detr\u00e1s de cada palabra est\u00e1 presente el hombre como historia y como conciencia, y es en la naturaleza del hombre donde se hace necesario ahondar a la hora de asumir, de exponer y de defender nuestra concepci\u00f3n de la democracia y de la justicia social. Ese hombre que pronuncia tales palabras, \u00bfest\u00e1 bien seguro de que cuando habla de democracia abarca el conjunto de sus semejantes sin la menor restricci\u00f3n de tipo \u00e9tnico, religioso o idiom\u00e1tico? Ese hombre que habla de libertad, \u00bfest\u00e1 seguro de que en su vida privada, en el terreno del matrimonio, de la sexualidad, de la paternidad o la maternidad, est\u00e1 dispuesto a vivir sin privilegios at\u00e1vicos, sin autoridad desp\u00f3tica, sin machismo y sin feminismo entendidos como rec\u00edproca sumisi\u00f3n de los sexos? Ese hombre que habla de derechos humanos, \u00bfest\u00e1 seguro de que sus derechos no benefician c\u00f3modamente de una cierta situaci\u00f3n social o econ\u00f3mica frente a otros hombre que carecen de los medios o la educaci\u00f3n necesarios para tener conciencia de ellos y hacerlos valer? Es tiempo de decirlo: las hermosas palabras de nuestra lucha ideol\u00f3gica y pol\u00edtica no se enferman y se fatigan por s\u00ed mismas, sino por el mal uso que les dan nuestros enemigos y que en muchas circunstancias les damos nosotros. Una cr\u00edtica profunda de nuestra naturaleza, de nuestra manera de pensar, de sentir y de vivir, es la \u00fanica posibilidad que tenemos de devolverle al habla su sentido m\u00e1s alto, limpiar esas palabras que tanto usamos sin acaso vivirlas desde adentro, sin practicarlas aut\u00e9nticamente desde adentro, sin ser responsables de cada una de ellas desde lo m\u00e1s hondo de nuestro ser. S\u00f3lo as\u00ed esos t\u00e9rminos alcanzar\u00e1n la fuerza que exigimos en ellos, s\u00f3lo as\u00ed ser\u00e1n nuestros y solamente nuestros. La tecnolog\u00eda le ha dado al hombre m\u00e1quinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene una m\u00e1quina mental<\/p>\n<p>de lavar, y que esa m\u00e1quina es su inteligencia y su conciencia; con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje pol\u00edtico de tantas adherencias que lo debilitan. S\u00f3lo as\u00ed lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acci\u00f3n, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.<br \/>\nExtra\u00eddo de: http:\/\/www.revistavox.org.ar\/cortazar.htm<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LAS PALABRAS Texto in\u00e9dito de Julio Cort\u00e1zar En su texto &#8220;Julio ese vig\u00eda&#8221;, Vicente Zito Lema hace referencia a un encuentro en el centro cultural de La Villa de Madrid en 1981, donde Julio Cort\u00e1zar brind\u00f3 una charla memorable sobre el valor de las palabras. 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