Por Ayelen Giraudo
Como es bien sabido, una vez cada siete días se producen las condiciones propicias para el desarrollo del domingo, escrito con minúscula o mayúscula, al final o al comienzo de la semana según los usos y costumbres de cada cultura.
Se trata de un día peculiar que se diferencia de los otros seis: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado; por lo tanto, requiere de un comportamiento específico que varía notablemente de aquel de, por ejemplo, el martes.
En primer lugar, el domingo se inaugura más tarde que el resto de la semana. En consiguiente, no es aconsejable despertarse hasta ya entrada la mañana; al menos no antes de las 10 am. Lo más apropiado es hacerlo cuando los rayos tibios del sol entren al cuarto a través de las hendijas de las persianas. Se sugiere no bajar completamente las persianas bloqueando el acceso de luz solar si se desea evitar dormir en exceso.
Una vez despierto, se debe permanecer en la cama por al menos una hora más. Ese tiempo se emplea en acurrucarse con su pareja o mascota, leer un libro o sencillamente “remolonear”, término que designa la acción de permanecer en la cama entre dormido y despierto.
Ya despabilado, colocarse las pantuflas para proteger los pies del frío. Este paso puede y debe omitirse en verano.
El desayuno de los domingos debe consistir en un café con leche y un par de tostadas. Se desaconseja ingerir más alimentos debido a la proximidad a la hora del almuerzo.
Se acostumbra compartir los domingos con la familia. Se verá usted en la obligación, así como todos sus parientes cercanos, lejanos, queridos y desdeñados, de desplazarse hasta el punto de encuentro, que generalmente se ubica, por una cuestión de tradición, en la casa de un abuelo.
Cuando se desplace hasta allá, procure no hacer mucho ruido. Los domingos el mundo parece detenerse, sentarse en el banco de una plaza y contemplar a su alrededor. Si presta usted atención, podrá oír el viento entre los árboles, los pájaros entre las ramas, la calle tranquila. Queda, por lo tanto, terminantemente prohibido el uso de la bocina. Se debe medir también la velocidad del automóvil. Esta no debe superar los 30 Km/h, de modo que no desentone con la tranquilidad del ambiente.
Al momento de los saludos, debe abrazar a todas las personas que se le presenten, las que les cae bien y las que no, los que están siempre y aquel primo que se fue de mochilero hace siete años y no había visto hasta la fecha; a todos. Empápese del perfume del abuelo, del padre, de la nonna, de los tíos y primos, del vecino que pasó a saludar, del olor de la casa y del asado que está en el fuego. Acabará por tener olor a familia.
Cuando se siente a la mesa, asegúrese de haber guardado el manual de etiqueta en algún cajón fuera de la vista. Los domingos el vino tinto se toma con soda, las costillitas de cerdo se comen con la mano y se permite repetir el plato. El postre de la nonna suele estar para chuparse los dedos, tómelo literalmente.
La tarde se pasa en un ambiente conocido, entre caras conocidas que cuentan historias conocidas; imágenes de la infancia. Prepare una serie de buenas anécdotas y espere que se rían también de usted. No se lo tome personal. Tampoco lo haga si la conversación se deriva hacia la política, el fútbol o la religión. Los domingos debe discutir fervientemente, gesticulando y alzando la voz, pero sin esperar que usted o alguien más tenga la razón.
El día transcurre ameno. Sin embargo cuídese. Ese manojo de recuerdos de algún lugar lejano se transforma en melancolía al caer el sol. El domingo tiene un gusto agridulce. Sabe a nostalgia de las cosas que alguna vez se tuvieron y ya no están, sabe a fatiga de volver a empezar. Se debe entonces añadir una cucharadita de ansiedad, de esperanzas renovadas, de pequeñas expectativas de que en el nuevo comienzo logrará cambiar un poco usted y, tal vez, algo más grande.
Se aconseja definir las tareas para el día siguiente y ordenar un poco su casa para que la torpeza de la mañana no lo encuentre desorientado. No se acueste muy tarde, el lunes lo recibirá con despertador.
Siguiendo estas instrucciones, habrá transcurrido un buen domingo.