{"id":295,"date":"2007-04-26T10:01:21","date_gmt":"2007-04-26T10:01:21","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-arrabal\/2007\/04\/26\/lecturas-y-trabajo-pracico-no-2\/"},"modified":"2007-04-26T10:01:21","modified_gmt":"2007-04-26T10:01:21","slug":"lecturas-y-trabajo-pracico-no-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-arrabal\/2007\/04\/26\/lecturas-y-trabajo-pracico-no-2\/","title":{"rendered":"LECTURAS Y TRABAJO PR\u00c1CICO N\u00ba 2"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" alt=\"redactar.jpg\" src=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/arrabal\/redactar.jpg\" width=\"79\" \/><br \/>\nPara la clase pr\u00f3xima deben leer los textos de la Unidad Uno que se indican en este post y traer resuelto el trabajo n\u00ba 2 &#8220;La pr\u00e1ctica de la escritura&#8221; en grupos de cuatro o cinco alumnos.<br \/>\nTexto Base 1: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/03\/dimension_compleja_de_la_escri.php\">Dimensi\u00f3n compleja de la escritura<\/a><br \/>\nTexto Fuente: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/03\/la_escritura_actividad_complej.php\">La escritura, actividad compleja<\/a><br \/>\nTexto Fuente: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/03\/no_todos_comprendemos_lo_mismo.php\">No todos comprendemos lo mismo<\/a><br \/>\nTexto Base 2: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/04\/aprendizajes_espontaneo_y_comp.php\">Aprendizajes espont\u00e1neo y comprometido<\/a><br \/>\nTexto Fuente: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/04\/prosas_de_escritor_y_de_lector.php\">Prosas de escritor y de lector<\/a><br \/>\nTexto Base 3: <a href=\"http:\/\/www.bdp.org.ar\/facultad\/catedras\/comsoc\/redaccion1\/unidades\/2003\/04\/la_escritura_como_proceso_cogn.php\">La escritura como proceso cognitivo y comunicativo<\/a><\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nTrabajo Pr\u00e1ctico N\u00ba 2<br \/>\n1-Leer el Prefacio de \u201cM\u00fasica para camaleones\u201d de Truman Capote y el discurso de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez que se publican m\u00e1s abajo.<br \/>\n2-Explicar la importancia que le otorga cada autor a la pr\u00e1ctica de la escritura.<br \/>\n3-Indicar qu\u00e9 lugar le asignan a los errores y dificultades.<br \/>\n4-Escribir una reflexi\u00f3n acerca del oficio de escribir.<br \/>\nFecha de entrega Comisi\u00f3n 7: 2\/5<br \/>\nFecha de entrega Comisi\u00f3n 12: 11\/5 (debido al paro del 4 de mayo)<br \/>\n<strong>Prefacio de \u201cM\u00fasica para camaleones\u201d de Truman Capote<\/strong><br \/>\nMi vida \u2013 como artista, por lo menos \u2013 puede ser proyectada en un gr\u00e1fico con la misma precisi\u00f3n que una fiebre, registr\u00e1ndose altos y bajos, ciclos espec\u00edficamente definidos.<br \/>\nComenc\u00e9 a escribir a los ocho a\u00f1os, inesperadamente, sin la inspiraci\u00f3n de un modelo. No conoc\u00eda a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conoc\u00eda a alguien que leyera. El hecho era que s\u00f3lo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un d\u00eda, empec\u00e9 a escribir, sin saber que me hab\u00eda encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un l\u00e1tigo, y \u00e9ste s\u00f3lo tiene por finalidad la autoflagelaci\u00f3n.<br \/>\nPero, naturalmente, yo no lo sab\u00eda. Yo escrib\u00eda historias de aventuras, novelas policiales, escenas c\u00f3micas, cuentos que me hab\u00eda narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divert\u00eda much\u00edsimo, al principio. Dej\u00e9 de divertirme cuando descubr\u00ed la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento m\u00e1s alarmante a\u00fan: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Despu\u00e9s de eso, cay\u00f3 el l\u00e1tigo.<br \/>\nAs\u00ed como algunas personas practicaban el piano o el viol\u00edn cuatro y cinco horas diarias, yo practicaba con mis lapiceras y papeles. Sin embargo, no mostraba a nadie lo que hac\u00eda. Si alguien me preguntaba en qu\u00e9 estaba ocupado todo ese tiempo, les dec\u00eda que con mis tareas escolares. En realidad, nunca hac\u00eda tareas escolares. Las literarias me manten\u00edan totalmente ocupado: se trataba de mi aprendizaje en el altar de la t\u00e9cnica, del oficio, de las endiabladas complicaciones de la divisi\u00f3n en p\u00e1rrafos, la puntuaci\u00f3n, el empleo del di\u00e1logo, para no mencionar el gran dise\u00f1o total, el gran arco que exige comienzo, medio y final. Hab\u00eda que aprender, y de tantas fuentes: no s\u00f3lo de los libros, sino de la m\u00fasica, de la pintura, de la mera observaci\u00f3n cotidiana.<br \/>\nEn realidad, lo m\u00e1s interesante que escrib\u00ed en ese tiempo fueron las simples observaciones cotidianas que asentaba en mi diario. Descripciones de un vecino. Largas transcripciones literales de conversaciones o\u00eddas. Chismes locales. Un tipo de reportaje, un estilo de \u201cver\u201d y \u201coir\u201d que m\u00e1s adelante influir\u00eda seriamente en m\u00ed, aunque entonces no me daba cuenta, pues todo lo \u201cformal\u201d que escrib\u00eda, lo que pul\u00eda y pasaba cuidadosamente a m\u00e1quina, era m\u00e1s o menos ficticio.<br \/>\nYa a los diecisiete a\u00f1os era un escritor consumado. De ser pianista, ese hubiera sido el momento propicio para el primer concierto en p\u00fablico. Siendo escritor, decid\u00ed que era el momento de publicar. Envi\u00e9 cuentos a las principales publicaciones literarias y a las revistas de distribuci\u00f3n nacional, que en aquellos d\u00edas publicaban los cuentos de mayor \u201ccalidad\u201d, como Story, The New Yorker, Harper\u2019s Bazaar, Mademoiselle, Harper\u2019s, Atlantic Monthly. Mis cuentos aparecieron, puntualmente, en las mismas.<br \/>\nLuego, en 1948, publiqu\u00e9 una novela: Otras voces, otros \u00e1mbitos. Fue bien recibida por la cr\u00edtica y result\u00f3 un best seller. Tambi\u00e9n, debido a una ex\u00f3tica fotograf\u00eda de su autor en la contratapa, fue el comienzo de una cierta notoriedad que me ha perseguido todos estos a\u00f1os. En realidad, muchas personas han atribuido el \u00e9xito comercial de la novela a la foto. Otros restaron importancia al libro, como si se tratara de un extra\u00f1o accidente: \u201cSorprendente que alguien tan joven pueda escribir tan bien\u201d. \u00bfSorprendente? \u00a1S\u00f3lo hac\u00eda catorce a\u00f1os que escrib\u00eda, d\u00eda tras d\u00eda! En general, la novela fue una conclusi\u00f3n satisfactoria del primer ciclo de mi desarrollo.<br \/>\nUna novela corta, Desayuno en Tiffany\u2019s, concluy\u00f3 el segundo ciclo en 1958. Durante diez a\u00f1os experiment\u00e9 con casi todos los estilos y formas literarios, intentando dominar una variedad de t\u00e9cnicas, lograr un virtuosismo tan fuerte y flexible como la red de un pescador. Por supuesto, fracas\u00e9 en varias de las \u00e1reas que ensay\u00e9, pero es verdad que uno aprende m\u00e1s del fracaso que del \u00e9xito. As\u00ed fue en mi caso, y m\u00e1s adelante pude aplicar con gran provecho lo que aprend\u00ed. De todos modos, durante esa d\u00e9cada de exploraci\u00f3n escrib\u00ed colecciones de cuentos cortos (Un \u00e1rbol nocturno, Recuerdo de Navidad), ensayos y retratos (Color local, Observaciones, la obra contenida en Los perros ladran), obras de teatro (El arpa de hierba, Casa de flores), libretos para pel\u00edculas (Beat the Devil, The Innocents), y una enormidad de reportajes, la mayor\u00eda para The New Yorker.<br \/>\nEn realidad, desde el punto de vista de mi destino creativo, lo m\u00e1s interesante que hice durante toda esta segunda fase apareci\u00f3 primero en The New Yorker como una serie de art\u00edculos, y posteriormente en un libro titulado Se oyen las musas. El tema era el primer intercambio cultural entre la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y los Estados Unidos: una gira hecha por Rusia, en 1955, por una serie de negros norteamericanos que representaban Porgy and Bess. Conceb\u00ed toda la aventura como una breve novela c\u00f3mica \u201cver\u00eddica\u201d, la primera de todas.<br \/>\nUnos a\u00f1os antes, Lillian Ross hab\u00eda publicado Picture, su historia de la filmaci\u00f3n de una pel\u00edcula, The Red Badge of Corage. Con sus r\u00e1pidos cortes, las escenas retrospectivas o anticipatorios, era, en s\u00ed, como una pel\u00edcula, y mientras la le\u00eda me preguntaba qu\u00e9 pasar\u00eda si la autora abandonara su dura disciplina lineal de reportaje directo y tratara el material como su fuera una novela: \u00bfganar\u00eda o perder\u00eda el libro? Decid\u00ed ver qu\u00e9 pasaba, cuando se me presentara el tema apropiado. Porgy and Bess en Rusia, en pleno invierno, me pareci\u00f3 apropiado.<br \/>\nSe oyen las musas recibi\u00f3 cr\u00edticas excelentes; incluso fue elogiada por medios generalmente poco ben\u00e9volos conmigo. Aun as\u00ed, no llam\u00f3 especialmente la atenci\u00f3n, y las ventas fueron moderadas. Sin embargo, el libro fue un acontecimiento importante para m\u00ed: mientras lo escrib\u00eda, me di cuenta de que podr\u00eda haber hallado soluci\u00f3n a lo que siempre hab\u00eda sido mi mayor dilema creativo.<br \/>\nDesde hac\u00eda muchos a\u00f1os me sent\u00eda atra\u00eddo hacia el periodismo como una forma de arte en s\u00ed mismo, por dos razones: primero, porque me parec\u00eda que nada verdaderamente innovador se hab\u00eda producido en la prosa, o en la literatura en general, desde la d\u00e9cada de 1920, y segundo porque el periodismo como arte era casi terreno virgen, por la sencilla raz\u00f3n de que muy pocos escritores se dedicaban al periodismo y, cuando lo hac\u00edan, escrib\u00edan ensayos de viaje o autobiograf\u00edas. Se oyen las musas me hizo pensar de una manera totalmente distinta. Yo quer\u00eda escribir una novela period\u00edstica, algo en mayor escala que tuviera la verosimilitud de los hechos reales, la cualidad de inmediato de una pel\u00edcula cinematogr\u00e1fica, la profundidad y libertad de la prosa y la precisi\u00f3n de la poes\u00eda.<br \/>\nS\u00f3lo en 1959 un misterioso instinto dirigi\u00f3 mis pasos hacia el tema \u2013un oscuro caso de asesinato en una regi\u00f3n aislada de Kansas- y finalmente, en 1996, pude publicar el resultado: A sangre fr\u00eda.<br \/>\nEn un cuento de Henry James, creo que The Middle Years, el protagonista, que es un escritor en las sombras de la madurez, se lamenta: \u201cVivimos en la oscuridad, hacemos lo que podemos; el resto es la locura del arte\u201d. Dice esto, m\u00e1s o menos. De todos modos, James habla con toda franqueza, nos dice la verdad. Lo m\u00e1s oscuro de la oscuridad, lo peor de la locura, es el inexorable riesgo que entra\u00f1a. Los escritores, al menos los que est\u00e1n dispuestos a correr verdaderos riesgos, los que se aventuran a todo, tienen mucho en com\u00fan con otra raza de solitarios: los que se ganan la vida jugando al billar y a los naipes. Muchos pensaron que estaba loco al pasar seis a\u00f1os recorriendo las llanuras de Kansas; otros rechazaron mi concepci\u00f3n de la \u201cnovela ver\u00eddica\u201d, decret\u00e1ndola indigna de un escritor \u201cserio\u201d. Norman Mailer la describi\u00f3 como \u201cun fracaso de la imaginaci\u00f3n\u201d, queriendo decir, supongo, que un novelista deber\u00eda escribir sobre algo imaginario y no sobre algo real.<br \/>\nS\u00ed, fue como jugar al poker con apuestas alt\u00edsimas. Durante seis largos a\u00f1os, en que sent\u00ed los nervios desquiciados, no supe si ten\u00eda o no un libro. Fueron largos veranos y helados inviernos, pero y segu\u00eda firme ante la mesa de juego, jugando la mano lo mejor posible. Luego, result\u00f3 que s\u00ed ten\u00eda un libro. Varios cr\u00edticos se quejaron que \u201cla novela no ficticia\u201d era un t\u00e9rmino para llamar la atenci\u00f3n, un fraude, y que no hab\u00eda nada de nuevo ni original en lo que yo hab\u00eda hecho. Otros, sin embargo, opinaron de manera distinta. Se dieron cuenta del valor de mi experimento y pronto lo pusieron en pr\u00e1ctica. Nadie fue m\u00e1s r\u00e1pido que Norman Mailer, que gan\u00f3 mucho dinero y obtuvo muchos premios con sus novelas no ficticias (Los Ej\u00e9rcitos de la Noche, Of a Fire on the Moon, La Canci\u00f3n del Verdugo), si bien ha tenido mucho cuidado en no describirlas nunca como \u201cnovelas ver\u00eddicas\u201d. No importa: es un buen escritor y un gran tipo, y estoy agradecido por haber podido hacerle un peque\u00f1o favor.<br \/>\nLa zigzagueante l\u00ednea en el gr\u00e1fico de mi reputaci\u00f3n como escritor alcanz\u00f3 una altura saludable, y all\u00ed la dej\u00e9 un tiempo antes de pasar a mi cuarto ciclo, que supongo ser\u00e1 el \u00faltimo. Durante cuatro a\u00f1os, aproximadamente entre 1968 y 1972, me dediqu\u00e9 a leer, seleccionar, corregir y clasificar mis propias cartas, las de otras personas, mis diarios (que contienen descripciones detalladas de cientos de escenas y conversaciones) correspondientes al per\u00edodo 1943-1965. Ten\u00eda la intenci\u00f3n de utilizar gran parte de ese material en un libro que planeaba desde hac\u00eda a\u00f1os: una variante de la novela ver\u00eddica. Lo titul\u00e9 Answered Prayers (Plegarias escuchadas), que es una cita de Santa Teresa, quien dijo: \u201cSe derraman m\u00e1s l\u00e1grimas por plegarias escuchadas que no escuchadas\u201d. Comenc\u00e9 a trabajar en este libro en 1972, escribiendo primero el \u00faltimo cap\u00edtulo (siempre es bueno saber ad\u00f3nde va uno). Luego escrib\u00ed el primero, \u201cMonstruos no malcriados\u201d, despu\u00e9s el quinto, \u201cUn severo insulto al cerebro\u201d, a continuaci\u00f3n el s\u00e9ptimo, \u201cLa c\u00f4te basque\u201d. Prosegu\u00ed de esta forma, escribiendo distintos cap\u00edtulos fuera de secuencia. Pude hacerlo porque el argumento \u2013o argumentos, m\u00e1s bien- eran ver\u00eddicos, y todos los personajes, reales. No era dif\u00edcil recordarlo todo, pues no hab\u00eda inventado nada. Sin embargo, no fue mi intenci\u00f3n escribir un roman \u00e0 clef, ese g\u00e9nero en que los hechos se disfrazan de ficci\u00f3n. Mis intenciones eran lo opuesto: quitar los disfraces, no fabricarlos.<br \/>\nEn 1975 y 1976 publiqu\u00e9 cuatro cap\u00edtulos del libro en la revista Esquire. Esto enojo en ciertos c\u00edrculos, en los que se tuvo la sensaci\u00f3n de que yo estaba traicionando confidencias, maltratando a amigos y \/ o a enemigos. No quiero discutir esto; se trata de pol\u00edtica social y no de m\u00e9rito art\u00edstico. Dir\u00e9 solamente que todo lo que tiene el escritor para trabajar es el material que ha reunido como resultado de su propio esfuerzo y de sus observaciones, y no se le puede negar el derecho de usarlo. Se podr\u00e1 condenar su uso, pero no neg\u00e1rselo.<br \/>\nNo obstante, interrump\u00ed Answered Prayers en setiembre de 1977, hecho que nada tuvo que ver con la reacci\u00f3n p\u00fablica recibida por las partes ya publicadas. La interrupci\u00f3n se debi\u00f3 a que yo estaba pasando un momento terrible: atravesaba una crisis creativa y personal al mismo tiempo. Como la faz personal no estaba relacionada, excepto muy tangencialmente, con la creativa, s\u00f3lo es necesario referirme al caos creativo.<br \/>\nA pesar de que fue un verdadero tormento, ahora me alegro de que haya ocurrido. Despu\u00e9s de todo, alter\u00f3 mi concepci\u00f3n total de la literatura, mi actitud hacia el arte, la vida, el equilibrio entre ambos y mi comprensi\u00f3n de la diferencia entre lo verdadero y lo realmente verdadero.<br \/>\nPor empezar, creo que la mayor\u00eda de los escritores, incluso los mejores, recargan las tintas. Yo prefiero aligerarlas, usar un estilo simple y cristalino como un arroyo de campo. Descubr\u00ed que mi estilo se volv\u00eda demasiado denso, que me llevaba tres p\u00e1ginas conseguir efectos que deber\u00eda lograr en un solo p\u00e1rrafo. Volv\u00ed a leer y a releer todo lo que hab\u00eda escrito en Answered Prayers, y empec\u00e9 a tener dudas, no acerca del material o de mi enfoque, sino de la textura del estilo. Rele\u00ed A sangre fr\u00eda y tuve la misma reacci\u00f3n: en muchas partes el estilo no era tan bueno como deber\u00eda ser, y no liberaba todo el potencial. Lentamente, con una alarma que iba en aumento, volv\u00ed a leer que nunca, ni una sola vez en mi carrera de escritor, hab\u00eda explotado toda la energ\u00eda ni toda la excitaci\u00f3n est\u00e9tica contenidas en el material. Me di cuenta de que, hasta en las mejores partes, trabajaba con la mitad, e incluso un tercio, de las posibilidades que ten\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\nLa respuesta, que me fue revelada despu\u00e9s de meses de meditaci\u00f3n, era sencilla pero no muy satisfactoria. No hizo nada, por cierto, para disminuir mi depresi\u00f3n. Por el contrario, la empeor\u00f3. La respuesta creaba un problema aparentemente insoluble y, si no pod\u00eda solucionarlo, mejor era dejar de escribir. El problema era el siguiente: \u00bfc\u00f3mo puede un escritor combinar con buen resultado dentro de una sola forma \u2013digamos el cuento- todo lo que sabe de todas las otras formas literarias? Pues a esto se deb\u00eda el que mi obra estuviera, a menudo, iluminada insuficientemente: el voltaje exist\u00eda, pero al restringirme a las t\u00e9cnicas de la forma en la que escrib\u00eda en ese momento, no utilizaba todo lo que sab\u00eda del arte de escribir, todo lo que hab\u00eda aprendido de libretos, obras de teatro, reportajes, poes\u00edas, cuentos, nouvelles, novelas. Un escritor deb\u00eda tener a su disposici\u00f3n, sobre su paleta, todos los colores, todas las habilidades para poderlos combinar y, cuando fuera apropiado, aplicar simult\u00e1neamente. La pregunta era: \u00bfc\u00f3mo?<br \/>\nRetom\u00e9 Answered Prayers. Descart\u00e9 un cap\u00edtulo y volv\u00ed a escribir tros dos. Mejor, decididamente, mucho mejor. Pero la verdad era que deb\u00eda volver al jard\u00edn de infantes. All\u00ed estaba, otra vez, frente a una mesa de juego, aunque excitado, pues me sent\u00eda iluminado por un sol invisible. Aun as\u00ed, mis primeros experimentos fueron torpes. Me ve\u00eda como a un ni\u00f1o con una caja de l\u00e1pices de colores.<br \/>\nDesde el punto de vista t\u00e9cnico, la mayor dificultad que tuve al escribir A sangre fr\u00eda fue no participar. Por lo general, el periodista tiene que entrar en la obra como personaje, como observador testigo, si es que quiere mantener el libro dentro del plano de lo veros\u00edmil. Yo sent\u00eda que era esencial, para el tono aparentemente objetivo del libro, que el autor permaneciera ausente. En realidad, en todos mis reportajes, siempre intent\u00e9 mantenerme lo m\u00e1s invisible que fuera posible.<br \/>\nAhora, sin embargo, me coloqu\u00e9 en el centro del escenario y empec\u00e9 a reconstruir, de una manera severa y m\u00ednima, conversaciones cotidianas con personas comunes: el encargado de mi edificio, un masajista en el gimnasio, un viejo compa\u00f1ero de escuela, mi dentista. Despu\u00e9s de escribir cientos de p\u00e1ginas sencillas, llegu\u00e9 a conseguir un estilo. Hab\u00eda descubierto un marco dentro del cual pod\u00eda asimilar todo lo que sab\u00eda del arte de escribir.<br \/>\nM\u00e1s tarde, utilizando una versi\u00f3n modificada de esta t\u00e9cnica, escrib\u00ed una nouvelle ver\u00eddica (F\u00e9retros tallados a mano) y una cantidad de cuentos. El resultado es el presente volumen, M\u00fasica para camaleones.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo ha afectado todo esto al resto de mi obra en preparaci\u00f3n, Answered Prayers? Considerablemente. Mientras tanto, heme aqu\u00ed solo, sumido en mi oscura locura, completamente solo con mi mazo de naipes y, por supuesto, con el l\u00e1tigo que Dios me dio.<br \/>\n<strong>Discurso de Gabriel Garc\u00eda Marquez en Cartagena el 26 de marzo de 2007 durante la jornada inaugural del IV Congreso Internacional de la Lengua Espa\u00f1ola.<\/strong><br \/>\n&#8220;Ni en el m\u00e1s delirante de mis sue\u00f1os, en los d\u00edas en que escrib\u00eda Cien A\u00f1os de Soledad, llegu\u00e9 a imaginar que podr\u00eda asistir a este acto para sustentar la edici\u00f3n de un mill\u00f3n de ejemplares. Pensar que un mill\u00f3n de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecer\u00eda a todas luces una locura.<br \/>\nHoy las academias de la lengua lo hacen con un gesto hacia una novela que ha pasado ante los ojos de cincuenta veces un mill\u00f3n de lectores, y hacia un artesano, insomne como yo, que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido.<br \/>\nPero no se trata ni puede tratarse de un reconocimiento a un escritor. Este milagro es la demostraci\u00f3n irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana, y por lo tanto un mill\u00f3n de ejemplares de Cien A\u00f1os de Soledad no son un mill\u00f3n de homenajes al escritor que hoy recibe, sonrojado, el primer libro de este tiraje descomunal. Es la demostraci\u00f3n de que hay millones de lectores de textos en lengua castellana esperando, hambrientos, de este alimento.<br \/>\nNo s\u00e9 a qu\u00e9 horas sucedi\u00f3 todo. S\u00f3lo s\u00e9 que desde que ten\u00eda 17 a\u00f1os y hasta la ma\u00f1ana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los d\u00edas, sentarme frente a un teclado, para llenar una p\u00e1gina en blanco o una pantalla vac\u00eda del computador, con la \u00fanica misi\u00f3n de escribir una historia a\u00fan no contada por nadie, que le haga m\u00e1s feliz la vida a un lector inexistente.<br \/>\nEn mi rutina de escribir, nada he cambiado desde entonces. Nunca he visto nada distinto que mis dos dedos \u00edndices golpeando, una a una y a un buen ritmo, las 28 letras del alfabeto inmodificado que he tenido ante mis ojos durante estos setenta y pico de a\u00f1os.<br \/>\nHoy me toc\u00f3 levantar la cabeza para asistir a este homenaje, que agradezco, y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qu\u00e9 es lo que me ha sucedido. Lo que veo es que el lector inexistente de mi p\u00e1gina en blanco, es hoy una descomunal muchedumbre, hambrienta de lectura, de textos en lengua castellana.<br \/>\nLos lectores de Cien A\u00f1os de Soledad son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, ser\u00eda uno de los veinte pa\u00edses m\u00e1s poblados del mundo.<br \/>\nNo se trata de una afirmaci\u00f3n jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ah\u00ed est\u00e1 una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su h\u00e1bito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano.<br \/>\nEl desaf\u00edo es para todos los escritores, todos los poetas, narradores y educadores de nuestra lengua, para alimentar esa sed y multiplicar esta muchedumbre, verdadera raz\u00f3n de ser de nuestro oficio y, por supuesto, de nosotros mismos.<br \/>\nA mis 38 a\u00f1os y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 a\u00f1os, me sent\u00e9 ante la m\u00e1quina de escribir y empec\u00e9: &#8220;Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, frente al pelot\u00f3n de fusilamiento, el coronel Aureliano Buend\u00eda hab\u00eda de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llev\u00f3 a conocer el hielo&#8221;.<br \/>\nNo ten\u00eda la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia d\u00f3nde deb\u00eda conducirme. Lo que hoy s\u00e9 es que no dej\u00e9 de escribir ni un solo d\u00eda durante 18 meses, hasta que termin\u00e9 el libro.<br \/>\nParecer\u00e1 mentira, pero uno de mis problemas m\u00e1s apremiantes era el papel para la m\u00e1quina de escribir. Ten\u00eda la mala educaci\u00f3n de creer que los errores de mecanograf\u00eda, de lenguaje o de gram\u00e1tica, eran en realidad errores de creaci\u00f3n, y cada vez que los detectaba romp\u00eda la hoja y la tiraba al canasto de la basura para empezar de nuevo.<br \/>\nCon el ritmo que hab\u00eda adquirido en un a\u00f1o de pr\u00e1ctica, calcul\u00e9 que me costar\u00eda unos seis meses de ma\u00f1anas diarias para terminar.<br \/>\nEsperanza Araiza, la inolvidable Pera, era una mecan\u00f3grafa de poetas y cineastas que hab\u00eda pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos, entre ellos &#8220;La regi\u00f3n m\u00e1s transparente&#8221;, de Carlos Fuentes; &#8220;Pedro P\u00e1ramo&#8221;, de Juan Rulfo, y varios guiones originales de don Luis Bu\u00f1uel.<br \/>\nCuando le propuse que me sacara en limpio la versi\u00f3n final, la novela era un borrador acribillado de remiendos, primero en tinta negra y despu\u00e9s en tinta roja, para evitar confusiones. Pero eso no era nada para una mujer acostumbrada a todo en una jaula de locos.<br \/>\nPocos a\u00f1os despu\u00e9s, Pera me confes\u00f3 que cuando llevaba a su casa la \u00faltima versi\u00f3n corregida por m\u00ed, resbal\u00f3 al bajarse del autob\u00fas, con un aguacero diluvial, y las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle. Las recogi\u00f3, empapadas y casi ilegibles, con la ayuda de otros pasajeros, y las sec\u00f3 en su casa, hoja por hoja, con una plancha de ropa.<br \/>\nLo que pod\u00eda ser motivo de otro libro mejor, ser\u00eda c\u00f3mo sobrevivimos Mercedes y yo, con nuestros dos hijos, durante ese tiempo en que no gan\u00e9 ning\u00fan centavo por ninguna parte. Ni siquiera s\u00e9 c\u00f3mo hizo Mercedes durante esos meses para que no faltara ni un d\u00eda la comida en la casa.<br \/>\nHab\u00edamos resistido a la tentaci\u00f3n de los pr\u00e9stamos con inter\u00e9s, hasta que nos amarramos el coraz\u00f3n y emprendimos nuestras primeras incursiones al Monte de Piedad.<br \/>\nDespu\u00e9s de los alivios ef\u00edmeros con ciertas cosas menudas, hubo que apelar a las joyas que Mercedes hab\u00eda recibido de sus familiares a trav\u00e9s de los a\u00f1os. El experto las examin\u00f3 con un rigor de cirujano, pas\u00f3 y revis\u00f3 con su ojo m\u00e1gico los diamantes de los aretes, las esmeraldas del collar, los rub\u00edes de las sortijas, y al final nos los devolvi\u00f3 con una larga ver\u00f3nica de novillero: &#8220;Todo esto es puro vidrio&#8221;.<br \/>\nEn los momentos de dificultades mayores, Mercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero, sin el m\u00ednimo temblor en la voz: &#8220;Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses&#8221;.<br \/>\n&#8220;Perdone se\u00f1ora \u2013le contest\u00f3 el propietario\u2013, \u00bfse da cuenta de que entonces ser\u00e1 una suma enorme?&#8221;.<br \/>\n&#8220;Me doy cuenta \u2013dijo Mercedes, impasible\u2013, pero entonces lo tendremos todo resuelto, est\u00e9 tranquilo&#8221;.<br \/>\nAl buen licenciado, que era un alto funcionario del Estado y uno de los hombres m\u00e1s elegantes y pacientes que hab\u00edamos conocido, tampoco le tembl\u00f3 la voz para contestar: &#8220;Muy bien, se\u00f1ora, con su palabra me basta&#8221;. Y sac\u00f3 sus cuentas mortales: &#8220;La espero el 7 de setiembre (sic)&#8221;.<br \/>\nPor fin, a principios de agosto de 1966, Mercedes y yo fuimos a la oficina de correos de la ciudad de M\u00e9xico, para enviar a Buenos Aires la versi\u00f3n terminada de Cien A\u00f1os de Soledad, un paquete de 590 cuartillas escritas a m\u00e1quina, a doble espacio y en papel ordinario y dirigidas a Francisco Porr\u00faa, director literario de la editorial Suramericana.<br \/>\nEl empleado del correo puso el paquete en la balanza, hizo sus c\u00e1lculos mentales y dijo: &#8220;Son 82 pesos&#8221;.<br \/>\nMercedes cont\u00f3 los billetes y las monedas sueltas que le quedaban en la cartera, y se enfrent\u00f3 a la realidad: &#8220;S\u00f3lo tenemos 53&#8243;.<br \/>\nAbrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos una a Buenos Aires, sin preguntar siquiera c\u00f3mo \u00edbamos a conseguir el dinero para mandar el resto. S\u00f3lo despu\u00e9s ca\u00edmos en la cuenta de que no hab\u00edamos mandado la primera sino la \u00faltima parte. Pero antes de que consigui\u00e9ramos el dinero para mandarla, ya Paco Porr\u00faa, nuestro hombre en la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera mitad del libro, nos anticip\u00f3 dinero para que pudi\u00e9ramos enviarla.<br \/>\nFue as\u00ed como volvimos a nacer en nuestra vida de hoy.<br \/>\nMuchas gracias&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para la clase pr\u00f3xima deben leer los textos de la Unidad Uno que se indican en este post y traer resuelto el trabajo n\u00ba 2 &#8220;La pr\u00e1ctica de la escritura&#8221; en grupos de cuatro o cinco alumnos. 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